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jueves, mayo 28, 2020

El desafío del Relativismo: A manera de reseña


Este escrito de 2001 y publicado en revista Advocatus en 2011, se basa en el libro El desafío del Relativismo de autores varios publicado en 1997 por Editorial Trotta.  No es exactamente una reseña, sino una síntesis comentada de un aspecto que se desarrolla en el libro, cual es la elaboración de una tipología de relativismos.

El título ambiguo del presente texto, donde el relativismo puede ser el desafiante o el desafiado, demarca lo que a mi modo de ver constituye el principal problema filosófico de nuestro tiempo, presente en los más connotados debates intelectuales de la actualidad.

Este planteamiento lo considero válido tanto para la filosofía de la ciencia como para la ética y la filosofía política.  Y como estos territorios filosóficos están en la base del derecho, de la ciencias políticas, sociales y humanas, de los estudios culturales y la lingüística, de la lógica y de las ciencias duras, entonces se trata de un tema de gran interés para los que ejercen estas áreas y no sólo para los filósofos.  Es, por tanto, una encrucijada de caminos propicia para construir un fluído escenario interdisciplinario donde circulen las ideas y se pueda generar una dinámica académica extracurricular que enriquezca la vida intelectual de la universidad y fecunde el terreno para futuros eventos de altos kilates como la Conferencia Internacional de Filosofía de la Ciencia a realizarse en septiembre de 2001.

La razón por la cual el Relativismo se constituye en el gran desafío filosófico de nuestra época radica en la muerte de los fundacionalismos, el derrumbe de los Absolutos de toda índole, el desvanecimiento en el aire de los otrora sólidos fundamentos del conocimiento científico, de la moral, del progreso y de la universalidad del modernismo, erigidos todos ellos por la civilización occidental y por ella misma cuestionados en el siglo XX.

Ahora bien, no hay un relativismo sino muchos, aunque todos comparten algo que los caracteriza y permite englobarlos bajo un mismo apelativo.

También hay varias tipologías de los relativismos, varias formas de clasificarlos dependiendo, desde luego, de los criterios utilizados.  Una obvia manera de clasificarlos sería a lo largo de una gama lineal cuasicontínua de acuerdo a su grado de Radicalidad, desde un relativismo extremo o absoluto donde todo vale o nada vale (como un agnosticismo radical) hasta la total ausencia de relativismo propia del dogmático o de quienes creen poseer una base firme y antisísmica para sus edificios discursivos, un fundamento inamovible, universal, transhistórico y supracultural.

Alterno a la Radicalidad existen otros criterios, tales como:
·      el objeto relativizado,
·      el campo de discusión y
·      el contexto que limita la validez para los enunciados del caso.

Así, según el objeto, encontraremos los Relativismos Ontológico, Metodológico y Semántico.

Según el campo, tendremos los Relativismos Epistémico, Ético, Religioso, Estético y Jurídico, entre otros.

Según el contexto, habrá Relativismo Cultural, Histórico, Sociológico, Específico (relativo a la especie), Individual, cognitivo, etc.

Probablemente, los relativismos de mayor interés en nuestro medio -por ser los más frecuentes- serían:

·      El Relativismo Cultural, cuyo cuartel general se halla en la Antropología.
·      El Relativismo Histórico, con sede en la ciencia de la Historia.
·      El Relativismo Ético, residente en la filosofía Moral.
·      El Relativismo Epistémico, con epicentro en la Filosofía de la Ciencia.
·      El Relativismo Lingüístico, presente en todos los ámbitos pero, por supuesto, con énfasis en la Filosofía Analítica y en la propia Lingüística.
·      El Relativismo Cognoscitivo, muy fuerte en la Psicopedagogía o Psicología del Aprendizaje.
·      El Relativismo Jurídico, afincado de varias formas en el Derecho.

El Relativismo es una trinchera desde donde se dispara contra nociones como: objetividad, razón, racionalidad, verdad, significado, progreso, universalidad, modernidad.  Todos estos conceptos se ven problematizados por la crítica relativista, lo cual debe ser visto por todos como sano y enriquecedor.  Estos ataques, muy notorios en la últimas décadas, llevan a algunos a la eliminación tajante de varios de tales conceptos y a redefinir otros, mientras que para aquellos de talante antirrelativista estos debates han servido para afilar esos conceptos, ganando en precisión y rigor en sus argumentos.

La discusión filosófica sobre las tesis relativistas no sólo tienen gran interés teórico sino que, además, conlleva implicaciones prácticas y sociales muy importantes para los sitemas jurídicos y políticos, para los procesos educativos y formativos, las relaciones internacionales e interétnicas y la investigación científica, entre otros aspectos.

La polémica filosófica más conspicua de los últimos 20 años ha sido sin duda, el debate de Modernidad - Posmodernidad.  Pues bien, el meollo del asunto allí es precisamente el desafío relativista, es lo que abre la argumentación. 

Algo similar sucede con el manido tema de la globalización (un proceso que empezó hace 570 años con Enrique el navegante).  Las relaciones de lo Global y lo Local, de lo Universal y lo Particular, así como temas tan trajinados en nuestro medio como el de la “Identidad Cultural” del Caribe colombiano, tienen un eje vertebral en el problema que el relativismo instaura.

El relativismo se enmascara con disfraces multicolores en el carnaval de las ideas: pensamiento débil, constructivismo, instrumentalismo, convencionalismo, primado del contexto, posmodernismo.  Estas corrientes intelectuales o ideas de moda muestran que el relativismo está pasando por un cierto auge y por ello es que hablamos de desafío, ya que todas ellas inoculan mayores o menores dosis de subjetivismo, lo cual resulta problemático, por decir lo menos.

En estas corrientes de moda existen unas categorías de estirpe kantiana que guardan entre sí un aire de familia.  Una lista parcial de tales categorías es la siguiente: paradigmas, matrices disciplinares, programas de investigación, tradiciones, esquemas mentales, marcos teóricos, marcos conceptuales, epistemes, cosmovisiones, concepciones del mundo, juegos de lenguaje, culturas, sistemas, estructuras.  Estas dos últimas, en realidad van siempre acompañadas de adjetivos que las ubican en un determinado campo (estructuras mentales o sociales, sistemas jurídicos o económicos, por ejemplo).

¿Por qué califico de raíces kantianas a estas categorías?  Porque todas ellas se mueven en la misma dirección del famoso “giro copernicano” de Kant, subjetivizando y relativizando el percibir, el conocer y el juzgar a la manera como el pensador de Könisberg trabajó la intuición y el entendimiento, pero con una gran diferencia que es la que evita que Kant pueda ser considerado relativista.  Y es que para el filósofo prusiano las categorías, esquemas o marcos a priori en el sujeto eran infalibles, estáticos, absolutos, apodícticos, mientras que para los autores de hoy, son cambiantes, falibles y, por ende, relativos (además de pragmáticos y contingentes).

Creo que todos estamos de acuerdo con la muerte de los absolutos en materia de percepción, conocimiento o decisión racional, pero donde no hay acuerdo es en los pasos que se han de dar en dirección al relativismo y, sobre todo, en los límites de esa andadura, pues muchos no estamos dispuestos a abandonar la razón, la verdad o la objetividad.



lunes, agosto 19, 2019

Debate sobre ideología de género Parte V

BIBLIOGRAFÍA PARA COLEGIOS (2016)

A petición de varios docentes suministro una bibliografía relacionada con el tema de la conferencia Elementos para la deliberación racional en torno a los ambientes escolares sin discriminación, expuesta el pasado jueves 25 de agosto de 2016 en el Colegio Sofía Camargo de Lleras por invitación de la Fundación Caribe Rector. 

Debo decir que me sorprendió negativamente que las bibliotecas hayan perdido terreno en los colegios en virtud de las TIC. Me explico: está bien que se aprovechen al máximo las TIC, pero no debería ser en detrimento de la lectura de textos y de los espacios para bibliotecas. Tenemos que ayudar a fortalecerlas. 

La idea en esta nota es simplemente referenciar algunos libros conseguibles, que ojalá se adquieran para las bibliotecas de los colegios, que se encuentren en español y que no sean excesivamente técnicos o especializados; textos serios de divulgación por autores reconocidos; que no se necesite ser biólogo para leer los de biología o filósofo para leer los de epistemología; que no tengan jerga esotérica ni galimatías pseudointelectuales. El rigor está en que se fundamenten en investigación científica empírica, nada de ese tipo de literatura filosófica o pseudofilosófica pergeñada por “pensadores” de escritorio que escriben sobre otros “pensadores” de escritorio que escriben sobre otros “pensadores” de escritorio y así ad infinitum (en voz baja: no pierdan el tiempo leyendo pseudointelectuales intoxicados de pseudoerudición y que viven en la estratosfera). Hoy por hoy hay demasiada graforragia, demasiada información y hay que saber seleccionar las lecturas, pues la vida es corta; así que mal haríamos en darle a nuestros estudiantes literatura bazofia. 

TEMAS 
(Nota: Biología vs Cultura, o “nature vs nurture”, es un tema que está implícito en varios de los ítems que menciono) 

1. Las 2 grandes vertientes filosóficas y la “guerra de las ciencias” 
2. Pluralismo moral y ética de mínimos. 
3. Crítica al construccionismo social 
4. Naturaleza Humana 
5. Genética 
6. Evolución y debates de nuestro tiempo 
7. Evolución y sexo 
8. Coevolución biológico-cultural 
9. Sexo en la naturaleza 
10. Sexo en la sociedad actual 
11. Filogénesis reciente e historia humana 
12. Epistemología de las ciencias sociales 

UN LIBRO RECOMENDADO PARA CADA TEMA 

1. Imposturas intelectuales. Por Alan Sokal y Jean Bricmont. Barcelona, Planeta, 1999 (1997). Creo que hay varias ediciones en español. Esta es la prueba reina contra las irracionalidades de los galimatías posmodernistas. En tantas discusiones en Facebook nunca he visto una refutación de Sokal. Sobre el affaire Sokal se puede encontrar mucha información en internet. En 1997 escribí un artículo en El Heraldo sobre este caso, quizás el primer escrito que apareció en Colombia sobre el tema. 

2. El mundo de los valores. Ética mínima y educación. Adela Cortina. Bogotá, editorial El Búho (bien!), 1998. Uno de tantos libros de Adela Cortina sobre este tema, este manualito es muy didáctico como introducción a ética de mínimos. Adela Cortina es ampliamente reconocida en filosofía moral. 

3. ¿La construcción social de qué? Ian Hacking. Barcelona, Paidós, 2001 (1998). Hacking es uno de los más reconocidos filósofos de la ciencia y aquí hace una genial problematización del concepto de moda “construcción social” con más de 25 ejemplos. Recomiendo otros libros de este autor como “El surgimiento de la probabilidad” y “Representar e intervenir”. 

4. La tabula rasa. La negación moderna de la naturaleza humana. Steven Pinker. Penguin Books, 2003. Creo que hay varias ediciones en español. Yo tengo el de Penguin, regalo de mi amigo Jaime Rodríguez en EEUU, 2007. A Pinker tuve oportunidad de escucharlo en Cartagena en 2015 y ha sido entrevistado varias veces por los medios colombianos. En estos días publicó un escrito en conjunto con Juan Manuel Santos en el New York Times a propósito de la paz en Colombia. The Blank Slate es uno de los libros más importantes en lo que va del siglo XXI y sin duda de obligatoria lectura, se esté o no de acuerdo con Pinker. Pinker tiene múltiples libros traducidos al español. Sólo he leído El mundo de las palabras. 

5. Genoma. Matt Ridley. Madrid, punto de lectura (Santillana), 1999 (1998). Ya está viejito y desactualizado en temas como secuenciación del genoma humano o epigenética, pero sigue siendo insuperado como lección didáctica para mostrar cromosoma por cromosoma cómo funciona la genética. 

6. Evolución. Los grandes temas: sexo, raza, feminismo, religión y otras cuestiones. David Stamos. España, biblioteca Buridán, 2008. Crítica al modelo estándar de las ciencias sociales en torno a los temas indicados. La biblioteca Buridán es una colección excelente. 

7. Los diez grandes inventos de la evolución. Nick Lane. Barcelona, Ariel, 2009 (2008). Son 10 capítulos, 10 “inventos”. El quinto es el sexo. 

8. La conquista social de la tierra. ¿De dónde venimos? ¿Qué somos? ¿Adónde vamos? Edward Wilson. Random House Mondadori, impreso en Colombia en 2012. Wilson es el “padre” de la sociobiología y el más famoso entomólogo del mundo. De Harvard. En este libro hace gala de honestidad intelectual cuando reconoce que la hipótesis que trabajó y defendió durante 30 años (selección por parentesco) fue refutada. En este libro sustenta la tesis de la coevolución genético-cultural (últimos 60 mil años) 

9. ¿Qué es el sexo? Lynn Margulis y Dorion Sagan. Metatemas, 1998 (1997). Ya está viejito pero es una buena síntesis del tema por el hijo y la esposa de Carl Sagan. Margulis pasará a la historia por su hipótesis de la simbiogénesis y aunque es menos famosa que Carl, quizás será aún recordada cuando éste ya haya sido olvidado. (Nota chismosa aparte: Hay un triángulo amoroso viajando por el espacio más allá del sistema solar). 

10. S=EX2. La ciencia del sexo. Pere Estupinyá. Colombia, editorial Norma (Mondadori), 2013. Un trabajo de periodismo científico con fundamentación bioquímica y en neurociencias. Recomiendo su otro libro “Ladrón de cerebros”. Pere superó de lejos a su maestro, Eduard Punset (el de Redes, aquel programa de tv española con entrevistados de talla mundial) 

11. De animales a dioses. Breve historia de la humanidad. Yuval Noah Harari (2014). Hay varias ediciones en español, una colombiana. Como Pinker, este macrohistoriador es un superstar y su libro es un bestseller. Tuve oportunidad de escucharlo este año 2016 en Cartagena. No es por nada de esto que lo recomiendo. En esta misma sección de notas de mi muro Facebook puedes encontrar una amplia reseña y verás por qué lo recomiendo. Además, antes de leer a Harari yo había escrito en 2015 una larga nota en mi muro Facebook titulada El gran relato y otra sobre El regreso de los metarrelatos. En ambas anticipo estos temas. 

12. Epistemología de las ciencias sociales. Una visión internalista. Jorge Gibert Galassi. Chile, Escaparate ediciones, Colección de Filosofía Contranorma, 2012. Texto chileno con una crítica dura pero fresca a las epistemologías posmodernistas. Lástima sea difícil de conseguir en Colombia. 

13. La epigenética. Carlos Romá Mateo (2016). CSIC - Catarata. Un buen resumen del estado de la cuestión en epigenética (excelente colección además).

DEUDAS 

Temas pendientes sobre los que hace falta una síntesis metaanalítica. Se escuchan recomendaciones. 

-Investigación empírica sobre sexualidad en Colombia, incluyendo estadísticas, elemento clave de la discusión que brilló por su ausencia. La investigación social en Colombia en general tiene una fuerte deuda de pertinencia y rigor, y un grave problema de datos. 

-Epigenética: tema de moda en lo que va del siglo pero que amerita una síntesis. Quizás el texto de Eva Jablonka y Marion Lamb que me llegó en pdf, y aún no leo, sirva para eso. Ver este link: http://www.scienceinschool.org/es/2006/issue1/evolution

-Diversidad cultural frente a la sexualidad. Tema típico de la antropología cultural que empezó con el chasco de Margaret Mead, pero que hoy por hoy amerita una buena síntesis como hizo Estupinyá con la sexualidad occidental. Algunas series de Discovery abordan esta temática, pero no tienen la seriedad o profundidad que amerita el asunto, aunque pueden ayudar a curarnos de provincianismo. 

Por su parte el discurso de género hoy a la moda (incluyendo maestrías y doctorados donde está el nicho académico de quienes se autodenominan sin ningún empacho como “expertos en género”) tiene su propia vertiente literaria (y las ONGs por su parte, chupan rueda a la academia). Parte de esa moda son los llamados “estudios culturales”, un invento de EEUU y Reino Unido que se atrincheró en la academia y es imitado por el tercer mundo. Al menos la denominación es honesta y reconoce que no es ciencia (algo similar pasa con su gemelo los “estudios sociales”). Por lo general la parte biológica en este enfoque se reduce al subtema “salud sexual y reproductiva” y al igual que la cartilla 2016 olvida el cerebro y la naturaleza humana, las neurociencias y las ciencias biológicas. Pero hay que reconocer que afortunadamente existen múltiples corrientes y escuelas, y con algunas de ellas el diálogo racional es posible. Por eso en otras notas hablo de feminismo racional y feminismo irracional. Como ejemplo de feminismo racional recomiendo este resumen panorámico titulado Un llamado a la razón y escrito por Neisy Sofía Vadori: http://adsiderum.blogspot.com.co/2016/08/un-llamado-la-razon_22.html

Debate sobre ideología de género Parte IV

Informe sobre conferencia a rectores, maestros y estudiantes

Agosto 28 de 2016

Breve informe sobre la Conferencia “Elementos para la deliberación racional en torno a los Ambientes escolares sin discriminación”

El jueves 25 de agosto, ante cerca de 100 docentes, coordinadores y rectores de varios colegios públicos distritales de Barranquilla, cumplí con la invitación que me había formulado la Fundación Caribe Rector. 

La conferencia duró más de 90 minutos (y eso que me tocó “machetearla” al final!). Y el foro participativo con intervenciones, preguntas y respuestas, duró otro tanto, así que la actividad copó toda la mañana de una manera afortunadamente productiva en un colegio de viejos recuerdos. 

La presencia femenina era notoriamente mayoritaria, no sé si eso refleja la actual proporción en la profesión del magisterio. Había también algunos estudiantes de últimos años de secundaria y padres de familia. Esta actividad es colofón de toda esa profusa, confusa y difusa discusión que se dio en este mes de agosto 2016 en los medios y las redes sociales, y que ya venía presentándose desde antes en los talleres organizados por el Ministerio de Educación (MEN) y las secretarías de educación en todo el territorio nacional. Y es a la vez inicio de otra fase más reposada del debate, donde la sindéresis y la ecuanimidad iluminen los discursos. 

Por circunstancias judiciales el tema de la discriminación y el bullying (hostigamiento, acoso) en las escuelas y colegios se vio sesgado y enfocado hacia un solo aspecto: la sexualidad, y el detonante fue una combinación de cartilla (UNFPA, 2016), guía y talleres, que impulsados desde el MEN, evidenciaban una específica orientación en torno al tema, la cual generó el rechazo de amplios sectores de la sociedad colombiana. 

Debe quedar claro que la educación para la sexualidad y el reto de superar el problema de la discriminación y el bullying son dos asuntos mucho más amplios y abarcan más que los puntos específicos que generaron la polémica. 

También debe quedar claro que más allá de las mentiras, los insultos de ambos lados y de los errores del MEN en la manera impositiva y excluyente de implementar la evaluación de los manuales de convivencia, existe en verdad una discusión de fondo sobre contenidos que debe ser depurada de todo ese ruido. 

Y a pesar del giro polarizante que tomó, el debate no es entre cavernarios y pervertidos sino entre un pensamiento conservador tradicional (en gran parte ligado a las religiones cristianas) y un pensamiento liberal (hoy asumido por diversas organizaciones sociales y denominaciones partidistas de centro derecha, centro izquierda e izquierda). 

Personajes de filiación liberal, como Vivian Morales, o de origen liberal, como Álvaro Uribe, están claramente ubicados en la posición conservadora. Es notorio que en este debate la fractura de la sociedad corre por una ruta distinta a las que tiene la polarización en torno a temas como la paz y el plebiscito sobre los acuerdos Estado – Farc y otros temas de alinderamiento político. 

Por ejemplo, muchas personas afines a la izquierda o antiuribistas radicales, en este punto de la sexualidad coinciden con la posición conservadora. Lo cual no es raro si tenemos en cuenta que hasta hace unos pocos años hasta las corrientes marxistas de la época consideraban la diversidad sexual como “decadencia burguesa” o “degeneración”. Esto muestra que los partidos desideologizados de hoy no determinan las concepciones de sus afiliados y que ahora el pensamiento de los individuos se mueve de manera independiente a tales agrupaciones (el panorama ideológico hoy se parece al movimiento browniano!). Los partidos ya no son organizaciones de ideas sino empresas, herramientas o maquinarias para los negocios políticos. 

En la conferencia propuse tres tesis principales: 

1. La polarización apasionada opacó un consenso subyacente en la mayoría de la población colombiana en torno a la no discriminación (unos la asumen plenamente, otros están en el proceso de aprenderla). Sin embargo, esto aún puede ser reversible y es posible aprovechar esta oportunidad para el uso público de la razón y la maduración como sociedad capaz de convivir y manejar sus conflictos y diferencias (esto va ligado a otros temas como la paz, por ejemplo). La ética de mínimos es lo recomendable para construir consensos en contextos de pluralismo moral como es el caso colombiano. 

2. La Cartilla 2016 va más allá de la ley 1620, la sentencia T-478 y la cartilla 2008, en tal sentido, se extralimita. La cartilla 2016 puede entenderse como una radicalización notable de la cartilla 2008 y se observa más permeada por una ideología ultraliberal basada en el construccionismo social. Esto no lo comprendieron aquellos que utilizaron el argumento de la cartilla 2008 para justificar la cartilla 2016, entre ellos la ministra, sin realizar un serio análisis comparativo. 

3. Existe una tercera posición, distinta a la conservadora tradicional y a la liberal basada en el construccionismo social, cual es el enfoque biológico-cultural integral de la sexualidad humana. En sus consecuencias prácticas este enfoque puede coincidir en gran parte con el pluralismo sexual liberal del mundo adulto con fundamento en la valoración integral del cuerpo humano tal cual es y en el carácter lúdico de la sexualidad (legitimidad del placer) sobre la premisa de un manejo responsable de la salud y la reproducción. Pero difiere en ciertos casos extremos y, en particular, frente a los procesos formativos de infantes, impúberes y adultos menores, una discusión imbricada con el debate en torno al “libre desarrollo de la personalidad”, una ficción útil típicamente liberal. 

Imposible resumir ahora el desarrollo de la argumentación esbozada, que además, como ya dije, duró hora y media y no pudo desenvolverse de manera completa (era la primera vez que hacía esta conferencia, preparé un esquema, unos apuntes y unas citas, pero no tenía medida su duración, como sí sucede cuando se trata de leer un escrito o de una charla que uno ha dado anteriormente). 

Finalmente excúsenme este párrafo enrevesado. En el oscuro territorio de los “ismos” y la jerga de los filósofos se trata de, por un lado, refutar las acusaciones de “esencialismo” y de “naturalización” y por el otro lado, de elaborar la crítica al construccionismo social por su reduccionismo culturalista de ontología idealista-dualista, y su epistemología subjetivista de inspiración posmodernista y, por ende, alejada de la ciencia.

Debate sobre ideología de género Parte II

El sancocho trifásico: La moral y las buenas costumbres vs. La tolerancia y el respeto al diferente (y el tercer ojo?)

En Colombia se desató un debate y como suele pasar aquí hay polarización, calumnias, juego sucio, ataques personales, etc (para posibles lectores extranjeros: los gustos sexuales de la ministra, un asunto anecdótico y sin importancia alguna, se volvió el ojo del huracán de odios y agresiones, desviando por completo la discusión del fondo real del asunto).

El tema es la formación de niños en asuntos relativos a la sexualidad. Y ambas posiciones desean el bien, no hacer daño, aunque paradójicamente con la polarización se disparan los odios y "bajas pasiones" a veces en formas bastante agresivas.

Una posición se ancla en la tradición, la religión y "la moral y las buenas costumbres". Es una posición conservadora pero creo, por las discusiones, que mucha gente conservadora ha aceptado (o debo decir "había"?) tesis liberales como la no discriminación, el respeto al otro, la tolerancia a lo diferente e incluso habían dejado atrás la homofobia (o al menos lo intentaban), pero en esta coyuntura se sintieron agredidos, amenazados, por una ofensiva "colonizadora" de lo que denominan la "ideología de género" (hasta el papa se ha referido al asunto). 

La otra posición agenciada desde el gobierno (Ministerio de Educación) y apoyada por la ONU adoptó el construccionismo social (equivalente al modelo estándar de las ciencias sociales) para impulsar la causa justa del pluralismo sexual, que es otra forma de decir respeto y tolerancia entre diferentes a raíz de una ley y una sentencia. Al fundamentar la causa justa del pluralismo sexual en una teoría culturalista que desconoce la biología, lo que debería ser la implementación de una Ley y de una sentencia (que en sí no son construccionistas) se convirtió en un discurso exagerado que va más allá de la ley y la sentencia, especialmente cuando se mete con el delicado tema de la formación de infantes. Esas son las consecuencias del construccionismo o culturalismo o modelo estándar de las ciencias sociales, que cree que el ser humano es tabula rasa al nacer, infinitamente plástico o moldeable, carente de naturaleza. Es este discurso exagerado que cree que el género es una construcción social independiente del sexo y de la biología el que se convirtió en amenazante no sólo para los conservadores recalcitrantes como el procurador Ordoñez y demás ilustres del club de “la caverna”, sino para miles, quizás millones, de padres de familia comunes y corrientes. Ese discurso está plasmado en un libro publicado por el Ministerio que se titula “Ambientes escolares sin discriminación”, el cual no es un borrador sino una obra publicada y que apunta a la realización de ajustes en los manuales de convivencia que cada colegio, público o privado, debe tener. Y también el discurso de marras se irradió desde el Ministerio a través de decenas de contratistas que hicieron las veces de multiplicadores para “capacitar” a directivos de colegios y maestros en talleres que ya se han realizado en gran cantidad con la colaboración de las secretarías de educación de departamentos y municipios. Una vez estalló el alboroto, ahora sí el ministerio se apresura a aclarar que los colegios son “autónomos” (lo cual no creo que aplique para los públicos).

Lo curioso es que ambas posiciones: la religiosa y la culturalista, tienen mucho en común: son idealistas y dualistas en ontología (sean o no conscientes de ello) y, por tanto, se encuentran alejadas de la ciencia, que es materialista y monista en lo ontológico.

Así que hay una tercera posición, una tercera mirada, un tercer ojo, el realismo científico, materialista y monista, pues este es un sancocho trifásico. Y es que el construccionismo social no tiene ni mucho menos la propiedad exclusiva de la causa justa (liberal) del pluralismo sexual y la tolerancia. Aunque hay que reconocer que el construccionismo social sí se ha convertido en una especie de discurso hegemónico en las ONGs, movimientos sociales y grupos de presión (léase feminismos, LGTBI, etc), pero es porque todos estos sectores “progres”, al igual que las izquierdas, afectadas del virus posmoderno desde los 80 o 90, le han dado la espalda a la ciencia de la mano de "papers" académicos o libros que son en realidad manifiestos políticos sin fundamento científico, pero que pueden tener la complicidad de toda esa corriente pseudocientífica que se ha apoderado de las "ciencias sociales", el denominado “modelo estándar” (construccionista, culturalista).

Esa tercera posición no comete el mismo error de unilateralismo en el extremo opuesto, es decir, no es una concepción biologista opuesta al culturalismo, sino un enfoque que reconoce la complejidad humana biológica y cultural, desde la biología evolutiva, la genética, la epigenética y biología del desarrollo -el campo llamado "evo-devo"-, las neurociencias, la psicología experimental y desde luego también la investigación seria en las propiedades emergentes de los sistemas sociales (socioculturales) y su feed back sobre el individuo (como se expresa, por ejemplo, en la epigenética y el desarrollo neural). La biología no rechaza de plano el carácter binario de la sexualidad, pero sí la matiza, tanto para animales no humanos como para los humanos, pues se manifiesta en toda una complejidad de expresiones en cuanto a estructuras, funciones, identidades, orientaciones, roles y comportamientos. El pluralismo sexual tiene fundamentación biológica y no sólo cultural. Es imprescindible conocer las causalidades, constricciones y límites que impone la biología (tanto en sentido explicativo como estadístico) para no caer en exageraciones. Por ejemplo, los últimos 60 mil años de historia humana sólo se entienden desde la coevolución biológica-cultural. Y el individuo Homo Sapiens es también un sistema/proceso integral biológico-cultural. Pero resulta muy preocupante que esta posición que sí tiene fundamento científico, poco se expresa más allá de los ámbitos de la ciencia y la divulgación científica para "nerds" o especímenes por el estilo. Al menos en países como Colombia (en EEUU quizás es diferente debido a los combates intelectuales contra el fundamentalismo religioso evangélico).

Toda esta temática es filosófica. Incluso es más de filosofía de la ciencia y filosofía de la mente que de filosofía moral. Y aunque la filosofía parece un juego académico que poco le interesa al gran público, a la sociedad, coyunturas como ésta muestran que desde las élites académicas surgen discursos errados que afectan a la sociedad, probablemente porque dentro de la Academia en vez de darse los debates, cada quien se encierra en su nicho, en su torre, y se deja proliferar la pseudociencia y la falta de rigor.

Nota: no quise referirme aquí a la problemática ética. Baste decir que vivimos en tiempos y países de pluralismo moral y que la convivencia entre múltiples éticas de máximos es posible si compartimos una ética de mínimos, como son los derechos humanos por ejemplo. En un contexto democrático ha de haber pluralismo político y en tal contexto no es aceptable la homogenización o imposición de un determinado código moral a toda la población. Lo que sí es deseable es consensuar los mínimos fundamentales para la convivencia (“el acuerdo sobre lo fundamental” que decía un icónico personaje conservador). Pluralismo político, pluralismo moral y pluralismo sexual se interrelacionan y bien manejados permiten una sana convivencia. No es fácil, pero se puede lograr si aprendemos a deliberar con altura, con argumentos que van y vienen, con empatía (ponerse en el lugar del otro), y con información adecuada (y en esto la ciencia pude aportar mucho).

Debate sobre ideología de género Parte I

El 10 de agosto de 2016, en plena campaña del plebiscito sobre los Acuerdos de Paz con las Farc, se realiza en Colombia una gran marcha en protesta contra la cartilla Ambientes escolares sin discriminación financiada por el ministerio de educación que en ese momento estaba a cargo de Gina Parody, política que ha reconocido abiertamente su orientación homosexual.  La cartilla tocaba temas de sexualidad y género, y estaba dirigida a la educación básica y media.  Esto desató una deliberación pública sobre la llamada "ideología de género", el cual terminaría afectando los resultados del plebiscito por la paz, siendo ésta una de las múltiples trampas realizadas por el partido de ultraderecha denominado "Centro Democrático", pues nada tenía que ver la cartilla con el proceso de paz.

Cuelgo ahora en el blog cinco notas que publiqué en ese entonces (agosto 2016) sobre el debate en sí y la conferencia que desarrollé por invitación del magisterio en Barranquilla.

He aquí la primera nota:

PREPARANDO CHARLA SOBRE SEXUALIDAD Y GÉNERO EN LA ESCUELA

Elementos para la deliberación pública en torno a ambientes escolares sin discriminación

1. Alcance de la charla: mostrar que hay como mínimo una tercera posición distinta a la religiosa y a la que algunos denominan “ideología de género”

2. El problemático concepto de “construcción social” (desde la filosofía de la ciencia)

3. La biologización de las ciencias sociales: una pertinente tendencia actual

4. La mirada naturalista (realismo científico crítico)
  a. No es esencialista
  b. No es moral (la falacia naturalista)
  c. Reciclaje de antiguas discusiones filosóficas

5. Subdeterminación genética: cómo funciona

6. Visión científica de la sexualidad
  a. Naturalista (biológica)
     i. Filogenética
     ii. Ontogenética
  b. Histórica
  c. Estadística

7. Filosofía moral:
  a. Éticas de mínimos y de máximos en contextos de pluralismo moral
  b. El ideal ascético y diversos tipos de hedonismos

8. ¿Existe la ideología de género?
  a. Movimientos sociales o grupos de presión?
  b. Origen del discurso: ciencia o lucha política?
  c. El problemático concepto de “ideología”

9. El caso de la cartilla, la guía y los talleres: ¿van más allá de la sentencia T-478 de 2015 y de la Ley 1620 de 2013 o no?

10. El sueño ilustrado de la emancipación

miércoles, agosto 14, 2019

La naturaleza humana no tiene misterio

La naturaleza humana no tiene misterio, pero sí mucho por investigar


Junio de 2017

En divulgación científica nos gusta usar la palabra “misterio” para referirnos a preguntas intrigantes de las cuales aún se busca respuesta por medio de la investigación científica. En ese sentido, la naturaleza está llena de misterios, muchísimos de ellos resueltos en los últimos 400 años, y sobre todo en los últimos 150 años, pero desde luego, quedan no pocos por resolver, e incluso aparecen nuevos, precisamente a raíz de los nuevos conocimientos. Pero en otros contextos se le da a la palabra “misterio” una connotación trascendental, radical, que roza lo sobrenatural o marca diferencias cualitativas profundas, incluso de carácter ontológico. Es en este sentido que afirmamos que la naturaleza humana no tiene misterio alguno.

Desde 1859 o, si se quiere desde 1871, hace aproximadamente siglo y medio, el ser humano pudo entenderse a sí mismo como un ser natural común y corriente, un animal como tantos otros, que comparte el mismo origen y el mismo código genético que todos los seres vivos que habitan el tercer planeta del sistema solar, carente por completo de condición ontológica especial. Nada trascendente, sobrenatural o misterioso hay en esta especie de primate del género Homo que se ha autodenominado Sapiens. Tampoco hay nada especial en el planeta o en la estrella de la cual depende.

Que en este planeta mediocre se haya desarrollado lo que hasta ahora es un hecho único, la vida, se explica de modo naturalista por una conjunción de las leyes naturales con circunstancias fortuitas favorables, improbables, pero no tanto si consideramos los trillones de planetas que puede haber en el universo observable. En todo caso cualquier cálculo de probabilidades es espurio si no conocemos el número de combinaciones. Ninguna señal nos indica algo especial que viole el principio cosmológico o copernicano (que dice que no ocupamos un lugar especial). Lo mismo aplica para esta especie singular, el Sapiens, cuyos logros de eusocialidad, lenguaje complejo y técnicas de intervención en el mundo, que confluyen en esto que llamamos la civilización humana, son también únicos. Ninguna señal de algo especial en esta especie, sólo diferencias de grado con otras especies animales. No hay rastro de ánima, alma, espíritu o soplo divino alguno. Sólo un primate con pulgar oponible y cerebro grande. En la naturaleza hay otras especies con cerebros aún más grandes, con extremidades más finas en la manipulación, con aparatos fonadores más versátiles, con mayor sociabilidad. Lo que hace especial a esta especie es que en ella confluyen todas esas características. 

METARRELATO

Hace menos de cien mil años existían cinco especies (algunos dirían subespecies) en la cuales también confluían estas cuatro características: Sapiens, Denisovianos, Neanderthales, Erectus, Floresiensis (en ese orden si los rankeamos por expansión geográfica y éxito demográfico), pero todas pertenecientes al mismo género, Homo, originado hace dos millones de años (probablemente en África, pero no se puede descartar Eurasia), descendientes de un mismo linaje ramificado y reticulado, los homininos, que se separaron hace unos 6 millones de años de la línea evolutiva de chimpancés/bonobos, que son los homínidos actuales más cercanos a nosotros. Todas dominaban el fuego y en el caso de Sapiens, Denisovianos y Neanderthales, el desarrollo técnico era similar. Cuatro se extinguieron y sólo el Sapiens sobrevivió aunque estuvo al borde la extinción también en los tiempos de la explosión del volcán Toba. Sin embargo, Neanderthales y Denisovianos se hibridaron con Sapiens en algunos lugares y algunos de sus alelos aún están presentes en la actual humanidad (actualmente conocemos la secuencia del genoma Sapiens, Neanderthal y Denisoviano y podemos compararlos). 

Pero la evolución no se detiene. Una pequeña población de Sapiens de hace unos 60 mil años dio un salto evolutivo extraordinario en tecnología y expansión geográfica y demográfica (a este subgrupo lo podríamos denominar Sapiens Sapiens). Se sospecha de un cambio genético como el detonante, pero eso está aún por determinar. El hecho es que la humanidad actual desciende de estos Sapiens Sapiens africanos recientes, con algunas mezclas regionales diferenciadas. A partir de aquí la oleada expansiva llegó hasta Australia (45.000 años), América (16.000 años) y finalmente las islas del Pacífico Sur hace 3 mil años. Esa expansión está correlacionada con la extinción masiva de megafauna y la extinción de las otras especies humanas, así que se sospecha del Sapiens Sapiens como perpetrador o factor causal, pero no hay certeza (como sabemos que hubo hibridación hay también modelos que hablan de asimilación de la poblaciones nativas en Asia y Europa). La diversidad humana actual, genotípica y fenotípica, las razas o linajes de grupos poblacionales, son entonces de origen relativamente reciente. Todo este metarrelato se basa en la nueva disciplina de la genografía, sustentada en datos o evidencias provenientes del uso de nuevas técnicas genómicas y bioinformáticas (estudios de ADNmt y de cromosoma Y), la paleogenómica, la genómica comparada, y desde luego el registro fósil y arqueológico acumulado en más de un siglo.

Nótese que en este contexto lo “universal” no es equivalente a lo lógicamente necesario, en el sentido racionalista. Lo universal viene dado por el origen común y la estructura biológica común de la especie y tiene algo de contingente. Mientras que la diversidad viene dada por diferencias biológicas, ambientales y culturales (nótese que lo biológico sustenta tanto igualdad como diversidad). Las diferencias biológicas a nivel genotípico entre grupos poblacionales son las frecuencias alélicas (pues los genes son universales) y eventualmente aspectos epigenéticos (esto apenas empieza a estudiarse) con sus expresiones fenotípicas. La diversidad medioambiental determina diversidad de potencialidades y restricciones, presiones selectivas y retos, problemas diferentes con diferentes soluciones. Sobre lo anterior se despliega la diversidad cultural, donde el equivalente a las mutaciones son las innovaciones, que pueden ser respuestas adaptativas, deriva o efectos fundacionales que se prolongan a veces como accidentes congelados, inercias (resistencia al cambio) y quizás planificaciones conscientes (¿?) 

Edward Wilson plantea la coevolución biológico-cultural como característica del período de hace 60 k.a. a hace 10 k.a. y, ¿por qué no?, hasta el presente.

Desde la revolución neolítica (domesticación de plantas y animales) hasta la era de los metales (rueda, escritura, riego) se establecen las primeras civilizaciones supratribales en los valles fértiles y empiezan la historia escrita y los imperios. La gran historia milenaria de la civilización humana es objeto de la macrohistoria, una disciplina en auge que se centra en las causas últimas o distales, y no en las causas proximales o inmediatas de los fenómenos sociales a gran escala. Desde este plano señalamos tres tipos de subdeterminaciones interrelacionadas del proceso histórico:

  • Subdeterminaciones biológicas (epidemiológicas, demográficas, energéticas, dietéticas, comunicacionales, ¿cognitivas?)
  • Subdeterminaciones geográficas y medio ambientales (materiales, epidemiología, demografía, energía, dieta, comunicaciones)
  • Subdeterminaciones sociales (Entramado: organización social, creencias, costumbres, instituciones, saberes)

NATURALEZA HUMANA

El concepto de naturaleza humana no tiene por supuesto nada de esencialista. En el marco teórico de la biología evolutiva el concepto de especie no puede ser esencialista pues la evolución de la vida es un torrente de información circulando y cambiando a través de las generaciones. Esencialistas son las concepciones dualistas de naturaleza humana que fantasean con una supuesta alma o espíritu o cualquier idea de naturaleza humana no evolutiva. Irónicamente, los que critican el concepto de naturaleza humana, caen implícitamente en esencialismo, al sumergirse en las particularidades culturales y olvidar o minimizar la biología, pues de esta manera están abrazando el idealismo (ya sea de manera adrede o sin conciencia). Es el caso de ciertas concepciones del ser humano como el “construccionismo social” (y otros enfoques similares relacionados con la filosofía continental y con la moda posmodernista).

Para acotar el concepto de “naturaleza humana” se necesita, pues, la paleoantropología y la biología evolutiva, puesto que de lo que se trata es de caracterizar a la especie humana actual y para ello es necesario develar sus orígenes y su ubicación en el contexto natural. Se trata de determinar lo que tenemos en común todos los humanos y lo que nos diferencia de otras especies. La primatología es clave en ese aspecto. 

A partir de ese marco general filogenético hay que pasar al nivel ontogenético, describiendo la estructura y funcionamiento multinivel del organismo humano. La neotenia y las particularidades de nuestro biodesarrollo individual implican lazos sociales imprescindibles. En el nivel anatómico la estructura bípeda y de locomoción, el dimorfismo, la aparente piel lampiña del mono desnudo, la genitalia y la copulación frontal, la mano prensil ultrafina, la dentadura y el aparato fonador merecen atención especial, pero la estrella es el supercerebro, asociado a todo el sistema nervioso central, sus exigencias metabólicas, sistema digestivo y dieta energética, y a ciertas constricciones en las condiciones de parto.

Gran parte de la respuesta a la pregunta sobre la naturaleza humana se concentra en responder lo siguiente: ¿qué tiene de especial el cerebro humano? Sabemos que el volumen tiene algo que ver pero es insuficiente. El índice cerebro/cuerpo en volumen o en peso, afina un poco el asunto pero tampoco es suficiente. Los tres complejos: cerebro/mano; cerebro/aparato-fonador/lenguaje; cerebro/eusocialidad nos dan una buena triple-pista. Esto significa que en nuestra estructura cerebral (o del SNC) debemos identificar las subestructuras y sus mecanismos que actúan en esos tres complejos. Pero además, la mente, el sí-mismo y la conciencia nos plantean tres desafíos adicionales. Al parecer (según Damasio) la mente es un concepto aplicable al cerebro de muchas especies superiores, el sí-mismo parece más restringido a unas pocas especies de cerebros relativamente grandes y la conciencia es un atributo aparentemente exclusivo del Sapiens (y tal vez de las especies hermanas extintas). 

En términos evolutivos los cerebros más simples manejan mecanismos disposicionales de respuesta a estímulos externos o internos (yo diría que a través de procesos probabilísticos y umbrales que involucran a cierto número de neuronas) (El C.Elegans actual nos ofrece un modelo). Más adelante, siguiendo a Damasio, vendría el manejo de mapas. Pero en el desarrollo evolutivo del cerebro a través de cientos de millones de años, mente, sí-mismo y conciencia aparecerían en momentos diferentes en ese orden, pues si bien la evolución no tiene dirección, la complejidad sí es función del tiempo en el sentido de que el tiempo es necesario pero no suficiente para el desarrollo de niveles de complejidad en pequeñas porciones de la biomasa.

El cerebro es, pues, una frontera actual en el acotamiento del concepto naturaleza humana. Su estructura y funcionamiento en los niveles molecular, celular y las sutiles configuraciones de capas, módulos y áreas en el órgano, la “circuitería” variable, su plasticidad funcional, su enigmática articulación de análisis y síntesis (sectores especializados y asociaciones entre sectores) no se resuelven en la mera comparación anatómica entre encéfalos de simios, delfines, ballenas, elefantes y humanos. 

En un giro sorprendente, en los últimos años hemos aprendido que, como organismos, somos simbiontes. Tenemos más bacterias que células en nuestro ser. Y tenemos parásitos, los cuales no siempre son enemigos y pueden ser poderosos manipuladores (entre otras cosas a ellos les debemos que exista el sexo). Pero tener microbioma incorporado y altamente funcional no es característica exclusiva del Homo Sapiens. Hasta donde sabemos no tenemos una dependencia tan alta del microbioma como tienen las termitas, pero cada día se descubren nuevas funciones o efectos causales del microbioma sobre el cuerpo humano, su funcionamiento y su comportamiento. Incluir el microbioma en la caracterización de la naturaleza humana, más allá de mencionar que somos simbiontes, se justificaría plenamente si se trata de un microbioma específico y si dependemos de ese microbioma para la supervivencia.

Pero aquí no acaban los retos investigativos en la mira de caracterizar la naturaleza humana. La eusocialidad representa una característica que, aparte de humanos, sólo se da en insectos, lo cual trata de aprovechar Wilson para forzar inferencias. Harari y otros proponen la construcción de ficciones como el aglutinante de grandes estructuras sociales. Lo que empezó como narraciones al calor del hogar, derivó en el vertebrador de megagrupos sociales, capaces de colaboración entre extraños. Pero la base neuronal de esto debe aclararse (por ejemplo, neuronas espejo, neuronas Von Economo)

Preocupa que las ciencias sociales se encuentren mayormente ajenas a trabajar el tema de la naturaleza humana. Para ello es necesario tender puentes entre biología y ciencias sociales. La psicología evolutiva y la sociobiología son intentos en esa dirección, pero son ciencias incipientes y aún débiles. La genética del comportamiento en llave dialéctica con la epigenética también estudian al alimón las bases biológicas de la conducta humana en relación de retroalimentación con su entorno. La epidemiología y la demografía son también disciplinas biosociales, pero lamentablemente subutilizadas por la mayoría de cientistas sociales. Buena parte de las ciencias sociales se dedica a microciencia (microhistoria, microsociología, etc), debido probablemente a la orfandad de teoría generada por la decadencia del marxismo y que llevó a cierto personaje nefasto a proclamar la muerte de los metarrelatos. En la economía sí hay corrientes que trabajan neuroeconomía, pero sobre todo para manipular el consumo cimentando la mercadotecnia. Sin embargo, esperamos que nuevas corrientes de la ciencia económica se desarrollen sobre la comprensión de los agentes reales de la economía. 

Las particularidades sociales de los pueblos, las diversidades culturales, expresan diferentes formas de manifestación de lo biológico, modulan la naturaleza humana, fuerzan sus límites, experimentan sus posibilidades. Sabemos que el peso causal de lo genético respecto al peso del entorno social, varían para los distintos aspectos del comportamiento individual en un gradiente que puede ir, quizás, de extremo a extremo. En lo social también, en sentido estadístico, pues las frecuencias alélicas varían entre grupos poblacionales (linajes o razas) y eso se expresa en los fenotipos, incluida la conducta. Pero también se debe estudiar la dirección causal contraria, cómo lo social afecta lo biológico. La epigenética es clave para cerrar el bucle y poder completar un enfoque sistémico.

EPÍLOGO

Finalmente, hay que decir que el punto de la historia al cual hemos llegado en la modernidad, desde la revolución industrial y los alcances de la tecnociencia para intervenir la naturaleza, incluyendo la naturaleza humana, nos ubica ya en una encrucijada cósmica, al menos a escala del planeta Tierra y, quizás del sistema solar. La especie humana se constituye en un bucle evolutivo, un hecho definitivo a la hora de caracterizarla. E incluso para caracterizar el período actual de la historia planetaria: el antropoceno. Dios deja de ser imaginario y se materializa en Homo Deus. Esperemos que este diosecillo real no resulte ser tan de pacotilla como tantos otros de ficción.

El Búho

Los desafíos de la Izquierda (segunda parte): Los tres oscurantismos y su contexto histórico

Los desafíos de la Izquierda - Segunda Parte

Los tres oscurantismos y su contexto histórico

Por Jorge Senior

Esta nota es la segunda parte o continuación de una nota anterior titulada “Los desafíos de la izquierda actual”, la cual hace referencia a desafíos intelectuales de derecha e izquierda, pero se concentra en los de la propia izquierda, los que en cierto sentido son internos.

Por “izquierda” entenderemos desde la antisistémica o anticapitalista hasta la izquierda democrática reformista, dependiendo del contexto y teniendo en cuenta que sus expresiones varían de un país a otro. En ambos casos con la pretensión de ser intérprete de los intereses de “los de abajo”.

Los tres oscurantismos del título son: posmodernismo, construccionismo social y pensamiento decolonial (que yo denomino a veces “decolonialismo”). La etiqueta de “oscurantistas” la adjudico, como dije en la nota anterior, porque estas corrientes intelectuales tienen en común que son contrarias a la ciencia, al realismo científico y al cientificismo, también al materialismo (son idealistas), a la razón (son irracionalistas), a la objetividad (son subjetivistas). Dos de ellas, el posmodernismo y el decolonialismo, son netamente contrarias a la modernidad, a la ilustración y al progreso. (Nota: hoy por hoy la defensa de la ciencia no tiene que ver con esencialismos de ninguna especie y la defensa del progreso está lejos de las ingenuidades del siglo XVIII; en ningún momento rechazamos una visión crítica de la ciencia o del progreso, todo lo contrario, lo que rechazamos son las criticas subjetivistas y/o irracionalistas que hacen estas tres corrientes). En teoría las tres pueden aparecer como anticapitalistas, pero en la práctica no le hacen mella ni al capitalismo ni a la política de derecha, pero sí a la izquierda. Por eso también les adjudico otra etiqueta: caballos de Troya. 

La pregunta que trataré de responder es: ¿cómo fue que la izquierda, que era moderna, ilustrada, materialista, objetivista, progresista, racionalista y favorable a la ciencia y la tecnología, se convirtió (al menos en parte y en mayor o menor grado según el país) en todo lo contrario?

La respuesta será esquemática, por razones de brevedad, y provisional, por razones de tiempo. Lo que haré será una especie de mapa de la ruta de ese giro de 180 grados por parte de sectores de izquierda. Y como el punto de viraje fueron los años 70 haré la ruta década por década, en cinco segmentos. Pero aclaro de antemano que lo que narro de los setenta venía incubándose desde antes.

(Nota 1: “racionalista” o “racionalismo” en este contexto se refiere simplemente a darle la mayor importancia a la razón y a cierto optimismo sobre su potencial. Gracias a los avances de las psiconeurociencias, ciencias cognitivas, lógica, metamatemática, robótica, Inteligencia Artificial y biología evolutiva, en la actualidad conocemos mucho mejor que en el siglo de las luces las limitaciones del raciocinio humano, pero aun así seguimos priorizando a las funciones mentales cognitivas de la corteza prefrontal o sea la traducción al presente de la vieja “razón”. Y tenemos claros que esas funciones cognitivas no existen en estado puro pues son inseparables del resto del sistema nervioso central y su electrobioquímica. Subnota: Palabras como “racionalista” o “racionalismo” tienen otro significado en epistemología.)

(Nota 2 para los no filósofos: la filosofía del siglo XX está partida en dos vertientes enfrentadas llamadas “filosofía continental” y “filosofía analítica” (también llamada “empírico-analítica”, “positivista” o “anglosajona”), todos ellos pésimos nombres. La primera más cercana a la literatura y el arte, con tendencia a la elucubración, la segunda más cercana a la ciencia, con tendencia a razonar con rigor lógico sobre evidencias, configuraron así dos maneras muy distintas de hacer filosofía. Lo de “continental” y “anglosajona” se refiere a los países que fueron epicentros de estas dos formas de hacer filosofía: Francia y Alemania son continentales y las islas británicas y EEUU son anglosajones. Pero esta división geográfica es equívoca, pues las dos formas de hacer filosofía se desarrollaron en mayor o menor grado en todos los países, incluyendo América Latina. Y etiquetas como “filosofía analítica” o “filosofía positivista” se refieren a sólo una parte de un campo mucho más amplio. Yo diría que la mayoría de los que nos ubicamos en este campo de la “filosofía científica” no somos ni analíticos ni positivistas.) 

AÑOS SETENTA

Se contrae el marxismo y en el vacío que deja brota el posmodernismo.

En esa década el marxismo, que era hegemónico en la vida intelectual pero ya estaba fragmentado en múltiples vertientes, entra en crisis teórica y práctica. Praga y París en 1968 le movieron el piso. Los modelos de URSS y China hacen agua, mientras que la socialdemocracia logra avanzar con el estado de bienestar, hasta ahora la mejor sociedad jamás creada. Los partidos comunistas de Europa Occidental producen el “eurocomunismo” que se aproxima a la socialdemocracia. Japón y Alemania, derrotados en la segunda guerra mundial y sin gastos militares, vuelven a ser potencias tecnológicas, pero mansas. También el psicoanálisis y el estructuralismo, concubinos del marxismo, decaen y entran en crisis, aunque al primero le aparece un brote juvenil llamado lacanismo. En 1979 Lyotard publica “La condición posmoderna”. El concepto “posmoderno” que venía de la arquitectura, pega. La chispa incendia la pradera. La etiqueta “posmodernismo” recoge afluentes como el post-estructuralismo y el deconstruccionismo, entre otras, y se riega como pólvora en los años ochenta y noventa. Foucault, Vattimo, Derrida, Deleuze, Baudrillard, Barthes, Latour, entre otros, son los profetas de la nueva era. Sólo Habermas les hará contrapeso significativo en el territorio continental y defenderá la modernidad como proyecto inacabado.

Los antecedentes del posmodernismo en la filosofía continental los encontramos en Nietzsche, Heidegger, Weber, Adorno y Horkheimer. Los dos primeros oscuros pensadores fueron precursor de los nazis uno, y nazi activo el otro. Weber no era filósofo, pero hay dos ideas suyas inundadas de pesimismo que fueron precursoras: la “jaula de hierro” y “el desencantamiento del mundo”. En realidad el desencantamiento del mundo es una magnífica noticia que hay que celebrar, pues tiene que ver con la superación del pensamiento mágico – religioso (desafortunadamente tal superación sigue siendo minoritaria, casi que elitista, pero el objetivo sigue siendo masificarla, tarea que la educación no ha sido capaz de cumplir). Adorno y Horkheimer de la escuela de Frankfurt (también llamada “teoría crítica” como si tuvieran el monopolio de la crítica) publicaron después de la segunda guerra mundial uno de los libros más pesimistas jamás escritos: “Dialéctica de la ilustración”. Todos estos señores atacaron con sevicia y alevosía a la Ilustración. Puede que tuvieran una pizca de razón en algunas críticas, pero el signo pesimista los llevó a la incontinencia y la exageración en los aspectos negativos, mientras se minimizaban o invisibilizaban los aspectos positivos.

Aunque usted no lo crea el posmodernismo también bebió de la vertiente “empírico-analítica” de la filosofía. Por un lado, (1) el señor Wittgenstein desató lo que se llamaría “el giro lingüístico”. Y por otra parte, (2) la filosofía de la ciencia superó críticamente la etapa positivista. Podemos decir que desde los años sesenta la filosofía no continental, OJO, es post-positivista, aunque muchos continentales siguen viendo el fantasma positivista por todos lados. Para los que creen que la filosofía no avanza vale informar que la filosofía de la ciencia del siglo XX llegó a la siguiente conclusión: el conocimiento empírico, incluyendo el optimizado conocimiento científico, no tiene ni puede tener un fundamento último absoluto, ni por la vía racionalista, ni por la empirista. Última palabra. Simplemente el conocimiento apodíctico (absoluto) sobre el mundo no existe. Una de las consecuencias fue el auge del relativismo epistémico en el despliegue de lo que se llamó “el giro historicista” (que también fue sociologista y que en otra parte denominé “la venganza de las ciencias sociales”). Pues bien, el posmodernismo, ni corto ni perezoso, aprovechó el “papayazo” y explotó a fondo tanto el giro lingüístico como el giro historicista, abrazó el relativismo de ambos y los usó para impulsar el irracionalismo y atacar a la ciencia como sirvienta del “poder” (confundiendo la ciencia con su aspecto institucional) y siguen haciéndolo desde hace 40 años. En esos 40 años las ciencias naturales básicas y aplicadas, así como la matemática, progresaron enormemente sin que les importaran para nada las tesis posmodernas. Pero en las ciencias sociales el impacto fue brutal, desastroso.

AÑOS OCHENTA

El marxismo socialdemocratizado sobreviviente se aferra a Gramsci. La “hegemonía cultural” pasa a primer plano. En el útero feminista se gesta el construccionismo social. 

Veamos tres viñetas que ayudan a ilustrar cómo se incubó el construccionismo social.

Uno. Ya el marxismo había vivido un conflicto entre el materialismo histórico y el materialismo dialéctico, en el cual el primero aplastó al segundo. Esto es explicable pero nefasto. Es explicable porque Marx trabajó materialismo histórico, mientras que el materialismo dialéctico fue más bien un producto intelectual de Engels desarrollado después por Lenin y los soviéticos, principalmente. Los filósofos de Europa Occidental se apuntaron al materialismo histórico, pero no tanto al materialismo dialéctico. Resulta que el materialismo histórico lleva un alien idealista en su seno, pues su “materialismo” consiste en la prioridad que le concede a la economía, al trabajo y a lo que podríamos llamar la cultura material, pero se olvida que el ser humano es material en un sentido más básico, es un animal, un ser biológico. Marx y Engels recibieron con alborozo la teoría de Darwin, pero es entendible que el desarrollo de la biología en el siglo XIX era aún escaso, así que Marx y Engels dejaron de lado el concepto de “naturaleza humana” y sólo vieron al “ser social”, infinitamente plástico, moldeable por el sistema social. Y aunque no lo dijeron con este término, la idea de fondo, implícita, es que el ser humano es un “constructo social”. Desconocer la base biológica del ser humano es caer en el idealismo. El materialismo dialéctico podría haber subsanado este error desde la ciencia, pero el carácter dogmático e ideológico del marxismo soviético se impuso y en tiempos stalinistas Lysenko revivió el lamarckismo, proscribió el darwinismo, obstaculizó la genética, atrasó la biología y afectó negativamente la agricultura soviética, uno de los factores que incidirá en la caída del régimen.

Dos. En medio de la invasión soviética a Afganistán y luego las tribulaciones de la perestroika, las victorias de la derecha con Reagan y Thatcher, el nombramiento estratégico del polaco Karol Wojtila como papa Juan Pablo II tras lo que parece ser un asesinato del efímero y olvidado papa Juan Pablo I, el terremoto ideológico del sindicato Solidaridad en Polonia, en medio de todo eso, digo, el marxismo occidental encontró en Antonio Gramsci un posible salvavidas en la medida en que su teoría quizás ayudaría a entender lo que estaba pasando, la debacle de la URSS y el auge de la derecha. El concepto de “hegemonía cultural” reemplazó a “los aparatos ideológicos del estado” (Althusser). La cultura pasó a primer plano en el análisis político estructural y coyuntural. La superestructura no era tan superflua después de todo. La revolución debía ser, ante todo, una revolución cultural. 

Tres. El desarrollo del capitalismo en el siglo XX cambió la estructura del empleo, desplegó la sociedad de consumo, expandió las clases medias y el sector servicios, automatizó varias funciones domésticas con artefactos eléctricos. El socialismo y el liberalismo impulsaron el sufragio universal en varias naciones. Las guerras mundiales removieron el orden social en la vida cotidiana en dirección igualitaria. Ya en los sesenta el movimiento hippie contracultural y la tecnología anticonceptiva liberalizaron valores y costumbres en torno al sexo y al amor. Todo esto dio pie a lo que se llamó “la liberación de la mujer” (de manera análoga también se alteraron las relaciones intergeneracionales, el rol de la juventud se transformó y el racismo retrocedió en EEUU a partir de grandes movilizaciones por los derechos civiles). En resumen, la tradicional familia patriarcal se disolvió y el rol de la mujer cambió en un sentido incluyente en la educación, el trabajo, la política y con consecuencias en el ámbito familiar. En este contexto surgen a nivel intelectual la segunda y luego la tercera ola del feminismo. Memes como “la mujer no nace, se hace” (paráfrasis de El segundo sexo de Simone de Beauvoir) se reprodujeron por doquier y el construccionismo social fue asumido al menos por una parte de los diversos grupos de presión feministas. La distinción entre “sexo” y “género” data de los años 50, pero con el construccionismo social la distancia entre lo biológico y lo cultural podía estirase como un elástico, tanto que incluso podría romperse, como en efecto sucedió hasta llegar a la idea de “género fluido” en el siglo XXI. Si el género es una construcción social podemos alterarlo como sea. Las tesis más exageradas en esta dirección hoy son denominadas por la derecha “ideología de género” y atribuidas al “marxismo cultural”, pero la realidad es que la mayoría de los grupos feministas y activistas LGTBI que asumieron la idea extrema de que la identidad sexual, el rol de género y algunos aspectos de la sexualidad son meros constructos sociales en un 100%, derivaron del marxismo al liberalismo individualista hace décadas.

Así pues, materialismo histórico, el pensamiento gramsciano y sectores radicales del feminismo más las ideas posmodernistas que ya se estaban desplegando impusieron en esta década un reduccionismo socioculturista en el estudio de la especie humana. El construccionismo social exagerado, esto es, el que desconoce por completo el factor biológico es una posición idealista en ontología, una filosofía clásicamente conservadora y ligada a la religión. Y para completar la ironía, la derecha conservadora que se va al otro extremo y se opone a la liberalización en estos temas, se aferra a la base biológica como si fuesen materialistas. El mundo al revés. La idea anticientífica de “un alma de mujer en el cuerpo de un hombre” o viceversa, debería ser afín a la ideología conservadora apegada a la religión. Mientras que los supuestos progresistas liberales deberían rechazar semejante adefesio expresivo. Pero sucede todo lo contrario. 

Ahora bien, ¿por qué en el tema de la tensión entre biología y cultura como factores determinantes de identidades y comportamientos la biología fue apropiada por la derecha conservadora y la izquierda asumió el reduccionismo culturista? La razón parece obvia: la biología cambia lento y la cultura cambia más rápido. Por tanto, un conservador le apuesta a la biología que parece fija y un progresista le apuesta a la revolución cultural para cambiar el “ser social” y producir “el hombre nuevo” como soñaba el “Ché” Guevara o “la mujer nueva” que dejó atrás todos los trapos patriarcales. En los dos extremos reduccionistas, el biologista y el culturista, lo que hay es una mala comprensión de la biología y de la interacción entre un organismo y su entorno. Hay conductas que son casi en un 100% determinadas genéticamente. Hay conductas que son casi en un 100% determinadas por el ambiente. Y hay conductas, la mayoría, que son determinadas, en diversos %, por factores genéticos y ambientales. Además, lo biológico no es sólo genético y en el siglo XXI es menos fija que nunca. El ambiente influye en la biología del organismo afectando su proceso de desarrollo, por ejemplo mediante efectos epigenéticos, endocrinos o en los “circuitos” cerebrales.

AÑOS NOVENTA

Cae el muro y se impone el consenso de Washington. Se proclama el fin de la historia con el triunfo de la democracia liberal como expresión suprema de la modernidad. El eje del planeta se inclina a la derecha con un solo polo. Surge la Unión Europea. En el espacio intelectual contestatario se presenta un auge del posmodernismo en sinergia con el construccionismo social. Despega la tercera revolución industrial.

A pesar de los problemas de la izquierda mencionados en las dos décadas anteriores, lo cierto es que en ese mismo período EEUU fue derrotado militarmente en Vietnam, Laos y Camboya, el FSLN logra la revolución en Nicaragua y Centroamérica arde (Colombia no se queda atrás), la Socialdemocracia gobierna en Europa y el estado de bienestar alcanza su máximo, Cuba gana en África, el “socialismo real” sobrevive aún. Es decir, aún medio groggy la izquierda daba pelea.

Pero con la caída del muro la estantería del campo socialista se viene al suelo. En esos territorios al otro lado de la antigua “cortina de hierro”, los factores étnicos y religiosos, que permanecieron soterrados durante décadas, afloran con ímpetu. Sobrevive China con una economía de mercado bajo la dirección del partido comunista, seguido de Vietnam y otros. Cuba entra en el período especial. La socialdemocracia, cuyo auge se basó en ser el fiel de la balanza entre el socialismo soviético y el capitalismo salvaje, pierde su situación de privilegio, se derechiza y corrompe. EEUU es el gran hegemón (como gendarme global invadió Grenada, Panamá, Irak). El denominado consenso de Washington impone una línea económica neoliberal en el mundo. Ahora más que nunca, los Estados Unidos son El Imperio en un mundo monopolar. 

Mas un inédito contrapeso emerge al otro lado del Atlántico: la Unión Europea, primer experimento de gobernanza supranacional. A través de los tratados de Maastricht, Amsterdam, Niza y Lisboa, los dos primeros en esta década y los dos siguientes al doblar el siglo, por vez primera en la modernidad, surge una institucionalidad fuertemente vinculante e integradora por encima de los estados nacionales. En gran parte este logro es producto de la socialdemocracia.

Sin embargo, los filósofos continentales tienen otros temas en su agenda: multiculturalismo, memoria y víctimas, por ejemplo, y se enfocan en la guerra de la fragmentada Yugoslavia para anunciar el fracaso de la modernidad. Los Balcanes le recuerdan a Europa que la barbarie no está allende las fronteras sino en el propio continente, muy cerca del lugar de origen de la cultura occidental. Es como si el horror nazi regresara de ultratumba. Pero las campanas doblan por la izquierda.

En esta década el posmodernismo alcanza su apogeo y el construccionismo social conquista nuevos territorios. Por ejemplo, en 1998 la mesa ejecutiva de la Asociación Americana de Antropología en un famoso statement declara que las razas no existen, son un constructo social. Poco antes el Informe de la comisión Gulbenkian, liderada por Immanuel Wallerstein, había evaluado el estado de confusión de las ciencias sociales a escala mundial, proponiendo una reestructuración que nunca se cumplió.

En el ámbito tecnocientífico la biotecnología y la nanotecnología avanzan aceleradamente. Internet, GPS y celulares revolucionan las comunicaciones y de la genética surge con fuerza la genómica. La tercera revolución industrial BIO+INFO está despegando (nota: no hay que dejarse confundir con el cuento de la “cuarta” revolución industrial propagandeada por el Foro Económico Mundial).

PRIMERA DÉCADA DEL SIGLO XXI

La unificación europea topa su límite. El desafío yihadista a las potencias occidentales y el ascenso de Asia transforman el tablero geopolítico. La izquierda renace de las cenizas en América Latina y florece su primavera pendular. En nichos académicos aparece un nuevo oscurantismo, esta vez con sabor latinoamericano, el llamado “pensamiento decolonial”. Es un eco marginal de los oscurantismos de Europa y Norteamérica. 

El 9/11 marca el “choque de civilizaciones” en reemplazo de la guerra fría bipolar. El islam premoderno se erige como retador del campeón mundial yankee. El yihadismo o guerra santa asume la forma de Al Qaeda, Talibanes, ISIS, hermanos musulmanes, Hezbolá y Hamas que reemplaza a Al Fatah. La etiqueta en boga es “terrorismo” y acapara la agenda pública imperial. Bush II protagoniza Irak II. Esta nueva realidad, que pone la contradicción Islam vs Occidente en primer lugar, no encaja en los esquemas de la izquierda histórica. Sin capacidad de enfrentar o ser alternativa frente al capital globalizado, la izquierda confusa y desorientada por sus derrotas y el auge posmodernista le apuesta al retador de la otra “civilización”. Una periodista, autora de “Nada y así sea”, “Entrevista con la Historia” y “Un hombre” (sobre el anarquista griego Alexandros “Alekos” Panagoulis, con quien tuvo una relación) acusa a la izquierda europea de ser antioccidental y escribe una trilogía sobre la amenaza islámica. Se llama Oriana Fallaci y uno de sus libros se titula “La fuerza de la Razón”. Es un llamado de atención válido.

Mientras el imperio se enfoca en Oriente Medio, dos extraordinarios fenómenos lo sorprenden por la retaguardia: el ascenso incontenible del Asia occidentalizada y la primavera latinoamericana. 

En el continente asiático un gigante despierta y se convierte en la locomotora de la economía mundial, produciendo el boom de los commodities. El vertiginoso ascenso económico del este asiático no distingue entre regímenes o tipos de gobierno, en lo que podría ser un contraejemplo de las teorías institucionalistas. 

Y en América Latina, cuando ya nadie daba un peso por la izquierda global de referencia, los pueblos sorprenden al mundo con una serie de insurrecciones electorales en todos los países de Suramérica, excepto Colombia y las Guayanas. La famosa “teoría del dominó” se plasmó en las circunstancias de tiempo, modo y lugar que el imperio menos esperaba. El primer fenómeno, el desarrollo capitalista tardío, pero arrollador, de Asia, parece de largo aliento. No así el auge electoral de la izquierda democrática latinoamericana que parece obedecer más bien a un patrón pendular.

En este amanecer del nuevo milenio surge también, de la mano de internet y las novedosas redes sociales telemáticas, una faceta contestataria de la globalización del capital. Multitudes juveniles de los países más ricos se manifiestan con nuevas formas de organización espontáneas y en una nueva escala de movilidad internacional: es la alterglobalización. Los vientos primaverales soplan también en el sur de América. Convocado por el PT brasilero en enero de 2001, se reúne en Porto Alegre el primer Foro Social Mundial, un sancocho alternativo que al principio parece una torre de Babel, y aunque no está claro su potencial al menos ha sabido sostenerse hasta la actualidad como un espacio de encuentro y referencia para la diversidad de movimientos periféricos del sistema planetario. Habían pasado 35 años entre la primera Tricontinental y este primer FSM. El contraste es abismal. Ya no hay campo socialista ni hegemonía intelectual marxista. Tampoco una nueva ideología que haya reemplazado a la doctrina del pensador renano. El posmodernismo resulta demasiado eurocéntrico y el construccionismo social demasiado individualista para los pueblos del “Sur”. 

En tal contexto ve su oportunidad un puñado de autores, académicos e intelectuales de Portugal, Puerto Rico, México, Colombia, Argentina, Perú, Ecuador y otros países (pero la mayoría con cátedras en universidades de EEUU) que inventan un discurso aparentemente nuevo que pretende diferenciarse del posmodernismo europeo (en mi opinión siguen pareciéndose demasiado). El novísimo movimiento intelectual se denomina “pensamiento decolonial” (también decolonialismo o giro decolonial) y al igual que el posmodernismo son enemigos verbales del capitalismo, pero también de la modernidad, el progreso, la ciencia, la razón, la objetividad, la verdad, los universales y la cultura occidental. Este círculo académico está lejos de tener el impacto global del pomosdernismo o el construccionismo social, pero cabalgando sobre los movimientos indigenistas tiene capacidad de hacer daño en la izquierda latinoamericana, justo cuando ésta se encuentra en ascenso. 

No es el propósito central de este escrito rebatir a los tres oscurantismos, sino tratar de explicar cómo parte de la izquierda pasó de moderna y progresista a antimoderna y reaccionaria en cuestión de medio siglo. Sin embargo, aprovechemos para señalar, provisionalmente, los tres puntos críticos del decolonialismo. 

Antes, digamos que los progresistas estamos de acuerdo con:

  • Proteger la homeostasis del planeta y la biosfera, esto es, defender el medio ambiente y la biodiversidad, luchar técnica y socialmente contra el calentamiento global, minimizar la huella de carbono, consolidar la sostenibilidad de la economía y la gestión de los recursos planetarios. La discusión sobre los derechos de la naturaleza, de los animales, de las futuras generaciones y los derechos colectivos de los pueblos es pertinente y se encuentra en la línea de progreso ético y de toma de conciencia de las ciudadanías modernas. Ciencia y ética humanista convergen en estos puntos. Las poesías sobre la Madre Tierra pueden aportar su granito de arena. Lo que está en juego es la propia supervivencia de la humanidad.

  • La unidad de la humanidad y los logros en la universalización y la hibridación son compatibles con la defensa de la diversidad cultural, la autodeterminación de los pueblos, la multiculturalidad concebida como riqueza, el respeto a las minorías en el marco de las democracias y la autonomía relativa de minorías étnicas raizales. Entendemos que la problemática de las migraciones y las luchas identitarias merecen una deliberación racional y reflexiva que evite las sobresimplificaciones, pues no se puede descartar que en diversos casos sean retrógradas y perjudiciales. La izquierda no debe actuar de forma automática e irreflexiva sobre fenómenos complejos bajo la lógica de “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”. 

  • Y desde luego, el progresismo mantiene en primer término la bicentenaria lucha de la izquierda por la justicia social, la equidad y la resolución del conflicto social. La consigna de la revolución francesa, “libertad, igualdad y fraternidad” sigue vigente, pues la historia mostró las debilidades del liberalismo respecto a la bandera igualitaria, así como también mostró las equivocaciones de algunos de los modelos socialistas en torno a las libertades. En resumen, el progresismo apoya la ampliación y la profundización de la paz y la democracia tal y como visionó Jaime Bateman Cayón en 1980, un año que fue punto de inflexión en el sistema global como veremos más adelante.

  • La búsqueda de sentido y la crítica al consumismo. Reconceptualizar la vida buena e integrar los aportes del sumak kawsay.

  • La ética de mínimos en contextos plurales.

Ahora sí procedamos a exponer los tres puntos críticos que hacen del decolonialismo un oscurantismo neoconservador y reaccionario, además de actuar como un distractor estratégico al interior de la izquierda (un caballo de Troya).

Uno. El decolonialismo está desfasado epistemológicamente al desconocer el carácter objetivo del conocimiento científico (en ciencias blandas puede ser discutible pero en ciencias duras es un desfase). Esta corriente relativista desconoce los límites entre ficción y no ficción, pone al mythos al nivel del logos, por tanto niega la verdad como ideal regulativo, cayendo en una especie de “todo vale” caótico. Las “epistemologías del sur” son una entelequia y la “sociología de las ausencias” (Boaventura Santos) es un lloriqueo inútil que defiende la automarginación de los pueblos en vez de oponerse a la exclusión y favorecer la inclusión (de las críticas de Boaventura Santos a los 5 modos de producir “ausencias”, 4 y media están equivocadas y, además, caen en el “hombre de paja”). En todo caso en este punto el decolonialismo es heredero del posmodernismo, toma el testigo y continúa su arremetida contra la ciencia y la razón. Y esto sucede en un mundo donde la ciencia y la tecnología son la principal fuerza de transformación, los determinantes del futuro.

Dos. El decolonialismo confunde adrede capitalismo con modernidad. Además, no reconoce nada bueno ni en el uno ni en la otra (contrástese Pinker vs Santos, pareciera que hablan de dos planetas distintos; me refiero a un libro de Pinker titulado En defensa de la Ilustración y uno de Santos llamado Decolonizar el saber). Con esta jugada los decoloniales tratan de poner a la izquierda, crítica del capitalismo, en contra de la modernidad. El mayor crítico del capitalismo, Karl Marx, por ejemplo, nunca estuvo en contra de las fuerzas productivas, sino de las relaciones sociales de producción que las hacían funcionar en el siglo XIX tras la primera revolución industrial. Marx era moderno como el que más. El talante neoconservador del decolonialismo se pone en evidencia en la idealización de la premodernidad, al menos en algunas de sus manifestaciones (idealización del mundo indígena, por ejemplo).

Tres. El decolonialismo pone en segundo plano contradicciones principales y pasa a primer plano contradicciones secundarias, algo en lo cual confluye con el construccionismo social. La excepción es el tema ambiental, en el cual todos coincidimos que es el asunto principal en este siglo. El conflicto social, la contradicción democracia / antidemocracia, la posibilidad de guerra nuclear, la contradicción desarrollo / subdesarrollo, secularismo vs fundamentalismo religioso, el manejo de la disrupción tecnológica, nihilismo vs sentido, son las verdaderas “líneas abisales” y no el colonialismo o la dicotomía Occidente/Sur. El colonialismo generó una deuda histórica y ambiental que se puede cobrar argumentativa y políticamente, no con un tribunal de Nuremberg, pero también produjo cambios irreversibles que hicieron a toda la humanidad contemporánea de sí misma, habitantes de una aldea global. Y esta realidad planetaria es un hecho positivo, grandioso, aunque al igual que las pirámides y la muralla china haya tenido un costo inmenso en sufrimiento en las generaciones pasadas. Y lo más importante: este hecho es un punto de partida, no de llegada, por más que algunos padezcan la nostalgia de un idílico pasado imaginario. Es el futuro planetario lo que nos interesa. No podemos caer en el error de muchos antropólogos culturales, que ponen un énfasis exagerado en destacar las diferencias entre los pueblos y ello les impide ver lo que tenemos en común todos los seres humanos en nuestra corta historia sobre la faz de la Tierra.

En el contexto global el fenómeno de la corriente intelectual decolonial es marginal y su incidencia en la primavera latinoamericana es oportunista y negativa. En un plano mucho más relevante en la década inaugural del milenio suceden hechos como los siguientes: la aprobación de la constitución europea fracasa y la UE parece haber llegado a su tope, la economía del primer mundo sufre la crisis más grave desde 1929 y conduce a un rescate bancario ignominioso, el retorno del partido demócrata con el primer presidente negro marca un hito pero también reacciones que van llevando a EEUU a una cada vez mayor polarización de imprevisibles consecuencias.

SEGUNDA DÉCADA DEL SIGLO XXI

Migraciones, identidades, corrección política y cambio climático aparecen en el centro del ágora global y generan como reacción un nuevo fenómeno ascendente: el populismo de derecha. Rusia retorna a la escena, mas el BRICS no cuaja, es sólo un efecto colateral. La izquierda se diluye. Pero los hechos claves no están en el batiburrillo de la política global sino en el silencio de los laboratorios: la tercera revolución industrial es el tablero decisivo. 

Década intensa. Primavera árabe, guerra en Siria, ofensiva rusa, auge económico chino, BRICS, ruta de la seda, Occupy Wall Street, #metoo, de Obama a Trump, Brexit, péndulo hacia la derecha en América Latina, olas migratorias del tercer mundo escalan los muros del primer mundo. Mientras tanto, CRISPR/Cas9, Smartphones, drones, robótica+IA, IoT, impresión 3D.

La izquierda histórica, centrada en lo socioeconómico, se diluye en medio de nuevos desafíos del orden cultural y tecnológico que la rebasan. Alguien podría decir que “son los nuevos tiempos”, pero no es tan así. Los problemas sociales y económicos no están resueltos. Cierto es que la tercera revolución industrial genera cambios inusitados y que el movimiento obrero es cada vez más marginal, pero la desigualdad sigue en el orden del día. Desde la gran crisis de 1929 hasta 1980 la igualdad avanza en diferentes niveles nacionales e internacionales. Pero en 1980 hay un punto de inflexión y la concentración de la riqueza y el ingreso se hace cada vez mayor sin que eso signifique un decrecimiento de la clase media (ver Piketty, El capital en el siglo XXI). La deuda social no se ha zanjado, ni mucho menos, en la mayor parte del mundo y el estado de bienestar, donde lo había, retrocede. Así que la izquierda tiene ahí dos primeras tareas: defender y profundizar el estado de bienestar en el primer mundo y zanjar la deuda social en el tercer mundo. 

Además la tercera revolución industrial trae noticias que le pueden dar vigencia a la izquierda histórica si es capaz de reinventarse con inteligencia. 

Las noticias optimistas nos indican que las nuevas tecnologías parecen llevar a diversos sectores de la economía hacia un costo marginal cercano a cero, a un ascenso del procomún colaborativo y la aparición de un nuevo sujeto económico, el prosumidor (Jeremy Rifkin). Así, más allá del estado y el mercado hay un futuro prometedor para la economía solidaria de nuevo tipo. 

Las noticias pesimistas referentes a las nuevas tecnologías de manipulación e intervención llevan a pensadores como Harari a vislumbrar en el horizonte de unas cuantas décadas la posibilidad de la desigualdad más profunda que jamás haya existido, la desigualdad biológica. Pero algunas de esas tecnologías permiten pensar que la economía planificada y automatizada tiene mucho futuro y que el trabajo humano será reemplazado por máquinas a escalas inimaginables, lo cual conllevaría a la disminución de la jornada de trabajo y la creciente abundancia del tiempo libre. No se entiende que reivindicaciones antes utópicas y hoy posibles, como la renta mínima universal, no sean lideradas por la izquierda histórica sino por sectores liberales progresistas. 

Por otra parte, identidad y xenofobia son viejos temas de la derecha conservadora. Basta recordar el nazismo. La diferencia es que hoy no hacen parte de una ofensiva estratégica sino de una reacción defensiva que se debe estudiar desapasionadamente. Además, la “identidad” tiene muchas caras, individual y colectiva, nacional y étnica, sexual y de género, tradicional y contracultural, todo lo cual tiende a opacar el conflicto social y a fragmentar al “pueblo”, impidiendo cualquier posibilidad de “bloque histórico”. En general, las luchas identitarias se podría clasificar en una matriz con dos ejes: tradición-novedad e individual-colectivo. Las llamadas “nuevas ciudadanías” pueden ser tanto progresistas como reaccionarias, susceptibles a los populismos de izquierda y derecha dado que los viejos partidos no las interpretan, lo que explicaría por qué la izquierda histórica tiende a perder vigencia frente a izquierdas o pseudoizquierdas sectoriales que se expresan a través de liberalismos radicales, movimientos étnicos, feminismos, grupos contraculturales, etc. Nuevas ofertas como Podemos en España, Syriza en Grecia o Colombia Humana aquí en nuestro país, tratan de convocar a toda esa amalgama en convergencia con la izquierda histórica, con cierto éxito. En todo caso la Izquierda nunca puede dar por sentado que todo lo identitario, minoritario o etnicista es progresista, porque de hecho puede no serlo.

Otro aspecto de la presente década es la imposición de “lo políticamente correcto” como fruto del construccionismo social, del empuje liberal que se creyó triunfante en 1990 y del período Obama. El construccionismo social, a diferencia de los otros dos oscurantismos, no es antimoderno ni antiprogresista, al contrario, quiere acelerar y llevar al límite las posibilidades abiertas por la modernidad y el progreso social. Pero al abandonar la ciencia y el materialismo se vuelve filosóficamente reaccionario y en la arena política, aunque aparece como ultraprogresista, sus exageraciones y ultrasensibilidades victimistas, contrarias al diálogo racional, generan reacciones tanto de la derecha conservadora y populista, que puede ser igual de irracionalista, como del progresismo racional.

El liberalismo tiene múltiples facetas, veamos tres ejemplos. 

  • El viejo liberalismo económico manchesteriano es hoy neoliberalismo o libertarianismo y su objetivo es minimizar el estado, favorecer la libertad de mercados y, por ende, a los ricos. Esta ideología de derecha es asumida en mayor grado por partidos conservadores que por partidos liberales. 

  • El liberalismo radical individualista que se centra en temas culturales como sexismo, racismo y las clásicas reivindicaciones liberales: aborto, eutanasia, “matrimonio gay” y dosis personal de tal o cual alucinógeno o psicotrópico. 

  • El liberalismo ilustrado que defiende la razón, la ciencia, la tecnología y el progreso, así como la regulación de mercados, el gasto social y la responsabilidad ambiental, es afín a la socialdemocracia y al estado de bienestar. La izquierda democrática reformista tiene la posibilidad de alianza y convergencia con el (2) y el (3), incluso de búsqueda de consensos. El progresismo es la plataforma común.

Un hecho interesante es que por primera vez en la historia se presenta un choque entre ciencia y liberalismo. Las psiconeurociencias socavan los fundamentos individualistas del liberalismo. No se trata de un mero reto teórico, sino de un desafío político para la democracia liberal y las libertades individuales. Algunos antiguos problemas filosóficos hoy son problemas de ingeniería y, por ende, de política. En la elección de Trump y la votación del Brexit ya vimos el primer campanazo. Con el hacking de animales humanos la alienación alcanza un nuevo nivel y un totalitarismo feliz puede estar a la vuelta de la esquina. 

CONCLUSIÓN

En 50 años la Izquierda histórica perdió el liderazgo intelectual que tenía, se diluyó en el desconcierto y dejó de ser alternativa. En gran parte esto se debió a los pensamientos oscurantistas que se gestaron en la academia de Europa y EEUU, pues las condiciones objetivas no desaparecieron: el problema de la desigualdad se agudizó a partir de 1980, al aumentar la concentración de riqueza e ingreso y retroceder el estado de bienestar. La orfandad de teoría le impidió a la Izquierda histórica entender qué estaba sucediendo en la sociedad global. En especial, la tercera revolución industrial, que es más bien una revolución tecnológica posindustrial, dejó a la izquierda tradicional desubicada. 

En América Latina la izquierda mantiene cierta vigencia debido a las tres deudas impagadas: la social, la ambiental y la histórica. Pero resistencia y espíritu contestatario es el reconocimiento de la carencia de liderazgo. De la primavera latinoamericana de estas dos décadas queda, quizás, un referente intelectual de América Latina para el mundo: Pepe Mujica. 

EPÍLOGO

Paz perpetua, homeóstasis planetaria, minimización del sufrimiento y exploración de las posibilidades vitales, constituyen el horizonte de los fines últimos. Y aunque no lo parezca, han estado ahí desde el paleolítico. Pero entre esos cuatro fines la armonía no es perfecta. Algunos de sus problemas y contradicciones desafían a la democracia liberal e incluso a la supervivencia humana. La alternativa no es el freno ni el retorno a la premodernidad, sino el humanismo progresista moderno. 

Una vez resueltos los desafíos del cambio climático, la guerra nuclear, la disrupción tecnológica y los rezagos premodernos, si no desaparecemos en el intento, surgirán de seguro nuevos problemas y retos. Cuenta la leyenda que Marx, el moderno optimista, solía decir que “la humanidad sólo se plantea los problemas que puede resolver”. Así sea. 

El Búho