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jueves, mayo 28, 2020

El desafío del Relativismo: A manera de reseña


Este escrito de 2001 y publicado en revista Advocatus en 2011, se basa en el libro El desafío del Relativismo de autores varios publicado en 1997 por Editorial Trotta.  No es exactamente una reseña, sino una síntesis comentada de un aspecto que se desarrolla en el libro, cual es la elaboración de una tipología de relativismos.

El título ambiguo del presente texto, donde el relativismo puede ser el desafiante o el desafiado, demarca lo que a mi modo de ver constituye el principal problema filosófico de nuestro tiempo, presente en los más connotados debates intelectuales de la actualidad.

Este planteamiento lo considero válido tanto para la filosofía de la ciencia como para la ética y la filosofía política.  Y como estos territorios filosóficos están en la base del derecho, de la ciencias políticas, sociales y humanas, de los estudios culturales y la lingüística, de la lógica y de las ciencias duras, entonces se trata de un tema de gran interés para los que ejercen estas áreas y no sólo para los filósofos.  Es, por tanto, una encrucijada de caminos propicia para construir un fluído escenario interdisciplinario donde circulen las ideas y se pueda generar una dinámica académica extracurricular que enriquezca la vida intelectual de la universidad y fecunde el terreno para futuros eventos de altos kilates como la Conferencia Internacional de Filosofía de la Ciencia a realizarse en septiembre de 2001.

La razón por la cual el Relativismo se constituye en el gran desafío filosófico de nuestra época radica en la muerte de los fundacionalismos, el derrumbe de los Absolutos de toda índole, el desvanecimiento en el aire de los otrora sólidos fundamentos del conocimiento científico, de la moral, del progreso y de la universalidad del modernismo, erigidos todos ellos por la civilización occidental y por ella misma cuestionados en el siglo XX.

Ahora bien, no hay un relativismo sino muchos, aunque todos comparten algo que los caracteriza y permite englobarlos bajo un mismo apelativo.

También hay varias tipologías de los relativismos, varias formas de clasificarlos dependiendo, desde luego, de los criterios utilizados.  Una obvia manera de clasificarlos sería a lo largo de una gama lineal cuasicontínua de acuerdo a su grado de Radicalidad, desde un relativismo extremo o absoluto donde todo vale o nada vale (como un agnosticismo radical) hasta la total ausencia de relativismo propia del dogmático o de quienes creen poseer una base firme y antisísmica para sus edificios discursivos, un fundamento inamovible, universal, transhistórico y supracultural.

Alterno a la Radicalidad existen otros criterios, tales como:
·      el objeto relativizado,
·      el campo de discusión y
·      el contexto que limita la validez para los enunciados del caso.

Así, según el objeto, encontraremos los Relativismos Ontológico, Metodológico y Semántico.

Según el campo, tendremos los Relativismos Epistémico, Ético, Religioso, Estético y Jurídico, entre otros.

Según el contexto, habrá Relativismo Cultural, Histórico, Sociológico, Específico (relativo a la especie), Individual, cognitivo, etc.

Probablemente, los relativismos de mayor interés en nuestro medio -por ser los más frecuentes- serían:

·      El Relativismo Cultural, cuyo cuartel general se halla en la Antropología.
·      El Relativismo Histórico, con sede en la ciencia de la Historia.
·      El Relativismo Ético, residente en la filosofía Moral.
·      El Relativismo Epistémico, con epicentro en la Filosofía de la Ciencia.
·      El Relativismo Lingüístico, presente en todos los ámbitos pero, por supuesto, con énfasis en la Filosofía Analítica y en la propia Lingüística.
·      El Relativismo Cognoscitivo, muy fuerte en la Psicopedagogía o Psicología del Aprendizaje.
·      El Relativismo Jurídico, afincado de varias formas en el Derecho.

El Relativismo es una trinchera desde donde se dispara contra nociones como: objetividad, razón, racionalidad, verdad, significado, progreso, universalidad, modernidad.  Todos estos conceptos se ven problematizados por la crítica relativista, lo cual debe ser visto por todos como sano y enriquecedor.  Estos ataques, muy notorios en la últimas décadas, llevan a algunos a la eliminación tajante de varios de tales conceptos y a redefinir otros, mientras que para aquellos de talante antirrelativista estos debates han servido para afilar esos conceptos, ganando en precisión y rigor en sus argumentos.

La discusión filosófica sobre las tesis relativistas no sólo tienen gran interés teórico sino que, además, conlleva implicaciones prácticas y sociales muy importantes para los sitemas jurídicos y políticos, para los procesos educativos y formativos, las relaciones internacionales e interétnicas y la investigación científica, entre otros aspectos.

La polémica filosófica más conspicua de los últimos 20 años ha sido sin duda, el debate de Modernidad - Posmodernidad.  Pues bien, el meollo del asunto allí es precisamente el desafío relativista, es lo que abre la argumentación. 

Algo similar sucede con el manido tema de la globalización (un proceso que empezó hace 570 años con Enrique el navegante).  Las relaciones de lo Global y lo Local, de lo Universal y lo Particular, así como temas tan trajinados en nuestro medio como el de la “Identidad Cultural” del Caribe colombiano, tienen un eje vertebral en el problema que el relativismo instaura.

El relativismo se enmascara con disfraces multicolores en el carnaval de las ideas: pensamiento débil, constructivismo, instrumentalismo, convencionalismo, primado del contexto, posmodernismo.  Estas corrientes intelectuales o ideas de moda muestran que el relativismo está pasando por un cierto auge y por ello es que hablamos de desafío, ya que todas ellas inoculan mayores o menores dosis de subjetivismo, lo cual resulta problemático, por decir lo menos.

En estas corrientes de moda existen unas categorías de estirpe kantiana que guardan entre sí un aire de familia.  Una lista parcial de tales categorías es la siguiente: paradigmas, matrices disciplinares, programas de investigación, tradiciones, esquemas mentales, marcos teóricos, marcos conceptuales, epistemes, cosmovisiones, concepciones del mundo, juegos de lenguaje, culturas, sistemas, estructuras.  Estas dos últimas, en realidad van siempre acompañadas de adjetivos que las ubican en un determinado campo (estructuras mentales o sociales, sistemas jurídicos o económicos, por ejemplo).

¿Por qué califico de raíces kantianas a estas categorías?  Porque todas ellas se mueven en la misma dirección del famoso “giro copernicano” de Kant, subjetivizando y relativizando el percibir, el conocer y el juzgar a la manera como el pensador de Könisberg trabajó la intuición y el entendimiento, pero con una gran diferencia que es la que evita que Kant pueda ser considerado relativista.  Y es que para el filósofo prusiano las categorías, esquemas o marcos a priori en el sujeto eran infalibles, estáticos, absolutos, apodícticos, mientras que para los autores de hoy, son cambiantes, falibles y, por ende, relativos (además de pragmáticos y contingentes).

Creo que todos estamos de acuerdo con la muerte de los absolutos en materia de percepción, conocimiento o decisión racional, pero donde no hay acuerdo es en los pasos que se han de dar en dirección al relativismo y, sobre todo, en los límites de esa andadura, pues muchos no estamos dispuestos a abandonar la razón, la verdad o la objetividad.



lunes, agosto 19, 2019

El pensamiento racional no es racionalista

En lenguaje coloquial se le llama “racionalista” a cualquier persona que defiende o está a favor de la “razón” o la “racionalidad”, que la prioriza por encima de revelaciones, fanatismos, autoridades, intuiciones, emociones, sentimientos, voluntarismos, etcétera. Por lo tanto es fácil asociar “pensamiento racional” con “racionalismo”. Bien.

Pero el “racionalismo” es también una posición epistemológica o gnoseológica. Así es en filosofía, campo de la cultura al cual pertenece la epistemología o gnoseología como frente específico para atacar el problema del conocer y el conocimiento. Y en este sentido el pensamiento racional no es racionalista. La pareja dialéctica*, esto es, la oposición filosófica al racionalismo, es el empirismo. El pensamiento racional tampoco es empirista.

Sin retroceder a los antecedentes clásicos griegos, partamos del debate del siglo XVII sobre las “ideas innatas” y la “experiencia”. Los racionalistas, como Descartes y Leibniz, defendieron las “ideas innatas” como principios o fundamentos últimos del conocimiento, no en sentido genético, sino entendidas como ideas a priori. El concepto “a priori” no significa “antes de”. El concepto “a posteriori” no significa “después de”. Lo que estos conceptos significan es “independiente de la experiencia” en el caso de “a priori” y “dependiente de la experiencia” en el caso de “a posteriori”. En este último caso, lo que depende de la experiencia tiene que haberse generado, en la práctica, después de la experiencia. De ahí que se mezcle con la idea de tiempo, pero eso es más bien circunstancial. Al depurarse filosóficamente la idea de la pareja “a priori” / “a posteriori”, hay que abstraerse del factor tiempo, que no resulta determinante. Esto se ve más claro si nos enfocamos en el concepto “a priori”, pues “independiente de la experiencia” no significa anterioridad ni que el tiempo sea relevante al caso.

En otras palabras, los racionalistas del siglo XVII eran aprioristas y para ellos el conocimiento era trascendente a la experiencia. Parece un enfoque poco científico, y ciertamente no era muy disruptivo con la escolástica, pero estaba inspirado en la matemática. Usaban el método deductivo a partir de axiomas o “primeros principios” (aunque suene pleonástico), al “modo geométrico euclidiano”, como hizo el racionalista Spinoza con su ética. El problema para los racionalistas era explicar de dónde salían esos axiomas o principios. La solución escolástica era Dios (dios cristiano). La solución cartesiana era psicologista, una especie de “intuición racional” que captaba “verdades evidentes” como el cogito ergo sum. Una solución tan mágica como la escolástica, así que no sorprende que igual se terminara colando la divinidad cristiana. [En mi concepto el iniciador de la Modernidad es Bacon, no Descartes como suelen exponerlo los manuales, pero ese es otro tema].

Los empiristas, por su lado, defendían la tabula rasa y usaban el método inductivo como vía ascendente desde la experiencia a las leyes generales. Era la posición de los filósofos británicos posteriores a Francis Bacon, como Locke o el caso extremo del obispo Berkeley que reducía la experiencia a la percepción, tal cual haría el antropólogo Carlos Castaneda en el siglo XX al narrar sus aventuras con el brujo Juan Matus. El empirismo encajaba mejor con la ciencia empírica, como bien lo indica Isaac Newton en sus Principia de 1687. No es casual que la Royal Society colocara el cuadro de Bacon presidiendo sus reuniones, en las cuales era común que se hicieran experimentos en vivo. Pero la idea de la tabula rasa es tan mítica como las ideas innatas o a priori.

El debate era entonces: Razón trascendente vs los fácilmente engañables sentidos humanos. Ambas posiciones estaban equivocadas. Algunos como Hume o Kant exploraron combinaciones, pero fracasaron porque faltaba Darwin, es decir, la perspectiva de la evolución biológica.

Nota Bene: Sobre el empirista Hume y el apriorista trascendental Kant ver mi artículo La filosofía biopsicologista de David Hume en revista Amauta de Uniatlántico: http://investigaciones.uniatlantico.edu.co/revistas/index.php/Amauta/article/view/657 También está en Academia.edu y Research Gate.


¿Cómo resolvió este problema epistemológico el dúo dinámico de la ciencia y la filosofía del siglo XX y la filosofía científica del siglo XXI?

Con las siguientes ideas:
  • Los axiomas son postulados, no verdades evidentes
  • La lógica y la matemática son ficción, juegos formales
  • La estructura axiomática de una teoría empírica es hipotético - deductiva
  • Lo innato en un organismo cualquiera es producto de la evolución biológica, por tanto el a priori ontogenético es un a posteriori filosgenético. Así que nada es a priori.
  • La observación tiene carga teórica y sesgos biopsicológicos. Un objetivo de la metodología científica, en cualquier ciencia empírica, debe ser perfeccionar la depuración de datos y, a la vez, hacer explícitos sus presupuestos.
  • Los datos tienen la última palabra, pero no son absolutos. Por tanto la crítica de datos exige nuevos datos.
  • No existe un fundamento último del conocimiento, no hay verdades apodícticas, el fundacionalismo ha muerto.
  • No hay Razón trascendente, apriorística. Hay razón animal como función del sistema nervioso central de algunos organismos, no necesariamente humanos. La podemos exosomatizar parcialmente en artefactos lingüísticos y no lingüísticos.
  • No podemos asignarle un valor de verdad a una teoría empírica, pero sí podemos establecer que una teoría es mejor que otra.
  • Las teorías científicas son aparatos conceptuales constructores de modelos; son los modelos, no las teorías, los que se contrastan empíricamente.
  • Dado que el conocimiento no es trascendental ni apriorístico, la epistemología debe “naturalizarse”, esto es, el problema del conocimiento debe abordarse científica y tecnológicamente. Científicamente utilizando biología evolutiva, neurociencia y psicología experimental. También usando disciplinas sociales pues el conocimiento científico es colectivo, no individual. Tecnológicamente desde la robótica e inteligencia artificial. La filosofía es transversal a todo ello.

Todo lo anterior confluye en dos conceptos que actúan como ideal regulador:
  • Rigor lógico
  • Rigor experimental
La ciencia y la filosofía actúan en llave con el objetivo de optimizar el control de calidad del conocimiento maximizando el rigor lógico y el rigor experimental.

Volviendo al tema inicial. Solía decir que la pelea secular de racionalismo y empirismo terminó en empate. Ahora prefiero decir que, cual partido de baloncesto escolar, el empirismo ganó 51 a 49.
Agregando: finalmente el pensamiento racional es racioempirista.

Jorge Senior

Coletilla: al no haber Razón Trascendental, el concepto de “universal” pierde toda connotación racionalista y se torna un concepto empírico que se refiere a una totalidad de facto como, por ejemplo, la especie humana, la humanidad actual, el planeta Tierra o el universo observable.

*“Dialéctica” aquí se debe entender en sentido clásico, griego, no comprometido con la dialéctica marxista o hegeliana.

miércoles, agosto 14, 2019

En defensa de la Ilustración: reseña

Somera y provisional reseña crítica del libro En defensa de la Ilustración (Enlightment now) de Steven Pinker realizada por Jorge Senior 

Así como Fukuyama tuvo un gran impacto a comienzos de los 90 con su artículo “Fin de la historia”, luego convertido en libro, es posible que de manera similar el nuevo texto de Pinker tenga también un gran impacto. En el caso de Fukuyama los intelectuales lo despreciaron, pero muchos se dedicaron a la exégesis de Hegel (asunto secundario) en vez de rebatir la tesis del fin de la historia. Años después Fukuyama reconoció que la historia no había terminado debido al progreso tecnológico que lleva a la humanidad hacia nuevos escenarios. Cualquiera con un enfoque Big History entendería la coyuntura del derribamiento del muro de Berlín y la desconfiguración de la URSS en un marco no tan estrecho. Y en efecto el debate sobre el progreso sigue abierto, más vivo que nunca.

Comparto la tesis central de este libro que es, quizás, la mejor obra del psicólogo canadiense. Esa tesis se resume en el título en español y en el subtítulo que reza “Por la razón, la ciencia, el humanismo y el progreso”. Esos cinco conceptos constituyen el núcleo de lo que podríamos considerar la cosmovisión del siglo XXI (no tan vanguardista como el transhumanismo).

También comparto la metodología consistente en basar el argumento en la evidencia empírica. El libro trae más de 60 gráficos que soportan la argumentación. Sin embargo, vale recalcar que los datos no son los hechos, aunque sean las proposiciones más próximas a ellos. Los datos son cuasifácticos. Por tanto, los datos pueden (y deben) ser criticados. Esa tarea vale la pena pero me resulta imposible abordarla por ahora (es más factible que otros con el tiempo y los recursos necesarios lo hagan).

Teniendo en cuenta lo dicho no criticaré ni la tesis ni los datos. Me centraré entonces en la argumentación que enlaza datos y tesis. Primero haré una descripción y luego abordaré sucintamente la crítica a algunos aspectos del alegato. O para ser más exactos: primero un énfasis descriptivo con algunos comentarios y luego un énfasis crítico.

El libro tiene tres partes. 

En la primera parte, utilizando implícitamente un enfoque Big History, Pinker actualiza la cosmovisión ilustrada, puesto que la “defensa de la Ilustración” no se refiere estrictamente a las ideas del siglo XVIII sino a sus ideales, su proyecto inacabado, para usar la expresión de Habermas (que no usa Pinker), es decir, hablamos de la Ilustración a la altura del siglo XXI. El capítulo “Entro, evo, info” es magistral. En esta parte también acota quiénes son los enemigos de la Ilustración, que son bastantes y variados, por la derecha y por la izquierda, desde los románticos hasta los adalides de la progresofobia actual. Pinker saca el balde y comienza a repartir baldazos a diestra y siniestra. Perdón por la caricatura, el autor siempre utiliza argumentos racionales, con uno que otro adjetivo que desliza por ahí, sólo que llama la atención que Pinker no se ahorró ningún blanco, debate en todos los frentes. Intelectuales, religiosos, políticos y periodistas están en la mira. 

La segunda parte ocupa la mayor parte del libro y de la argumentación. Es la defensa del progreso con base empírica, abarcando aspectos como la vida, la salud, el bienestar, la riqueza, la desigualdad, el medio ambiente, la paz, la seguridad, la democracia, los derechos, el conocimiento, la calidad de vida, la felicidad, el significado de la vida humana, las amenazas existenciales y la prospectiva. En la base de esta argumentación están los datos y sus gráficas, cubriendo diversas extensiones de tiempo y espacio (esto depende obviamente de la disponibilidad).

La tercera parte es un debate un poco más teórico sobre razón, ciencia y humanismo. Pinker defiende la democracia liberal, pero en cierta parte hay una crítica realista que matiza esa defensa. Tal aporte clave del autor es presentado al abordar el tema del pensamiento crítico y los sesgos cognitivos (importante para la educación). A lo largo del libro, pero sobre todo en esta parte, el psicólogo explica 10 tipos de sesgos cognitivos que afectan al animal humano al examinar la realidad (al final de la reseña los enuncio). Más adelante defiende a la ciencia frente al viejo Kuhn, los posmos y los “estudios sociales” de corte relativista que la toman como objeto. Y finalmente defiende el humanismo con su núcleo de ética (en parte consecuencialista, en parte deontológica) y Derechos Humanos, frente a la moral de las religiones teístas y frente a la moral nietzscheana de los nacionalismos populistas, autoritarios y neofascistas. En una entrevista Pinker se refiere a la crítica que hace Yuval Harari al humanismo y dice que el historiador israelí malentiende el humanismo (en últimas lo acusa de la falacia muñeco de paja). Vale la pena enunciar aquí los puntos del manifiesto humanista III (2003) citado por Pinker:
-El conocimiento del mundo deriva de la observación, la experimentación y el análisis racional
-Los humanos somos una parte integral de la naturaleza, el resultado de un cambio evolutivo no guiado 
-Los valores éticos derivan de la necesidad y el interés humanos contrastados con la experiencia
-La realización vital surge de la participación individual al servicio de los ideales humanos
-Los humanos somos seres sociales por naturaleza y hallamos sentido en las relaciones
-El trabajo para beneficiar a la sociedad maximiza la felicidad individual.

Para cerrar la parte descriptiva de la reseña anticipémosle al posible lector el listado de los blancos atacados por Pinker en el texto:

  • Critica frontalmente a la derecha, los republicanos (EEUU), los trumpistas, los conservadores, los fascistas, los fundamentalistas religiosos, los populistas autoritarios, los nacionalistas (el tema de Trump es el centro de la parte coyuntural del análisis)
  • Hay una crítica más leve al liberalismo libertariano, manchesteriano, esto es, el neoliberalismo que quiere minimizar el estado, el gasto social y los impuestos a los ricos.
  • Critica en forma matizada a la religión y al periodismo
  • Critica sin matices a la izquierda marxista-comunista (pero el combo del socialismo y la socialdemocracia es eludido, como veremos más adelante)
  • Critica con matices a ciertas formas de progresismo, ambientalismo, feminismo, y sectores de la academia en las humanidades, todos ellos ubicados a la izquierda 
  • Critica frontalmente a la intelectualidad anti-ilustración representada en la “segunda cultura” (se refiere al famoso “síndrome de las dos culturas” de C.P. Snow, cuya segunda cultura incluye artistas, críticos literarios, estudios culturales, sectores de las ciencias sociales y humanidades, etc), o en filosofía a los posmodernistas, deconstruccionistas, postestructuralistas, la escuela de Frankfurt (teoría crítica); también de refilón a los poscoloniales y bioéticos (a los decoloniales ni los menciona puesto que son desconocidos por fuera del barrio latino). El construccionismo social no es abordado en este libro, pero fue el tema central de La Tabula Rasa. (Nota: recalco mi tema de combate diario: para la izquierda democrática y progresista latinoamericana el principal peligro, aparte de la derecha y la izquierda ortodoxa se encuentra en tres corrientes intelectuales nefastas infiltradas: el posmodernismo que ya tiende a desaparecer, el decolonialismo (a quienes no les gusta que los llamen así sino dizque “pensamiento decolonial” que es la misma cosa) y el construccionismo social que es una forma de idealismo en ciencias sociales que lleva a exageraciones y absurdos al desconocer la biología).  Ver en este Blog las entradas sobre Los desafíos de la Izquierda.
Vamos ahora a examinar someramente algunos puntos críticos del libro. Mi propósito aquí es apenas llamar la atención sobre ellos, no desarrollar una contraargumentación, lo que exigiría mucho más tiempo. Mencionaré cuatro puntos, el último de los cuales ni siquiera es una crítica.

Primer punto: el libro es provinciano. Si bien el autor pretende hacer un análisis mundial, todo el tiempo regresa al ámbito nacional estadounidense. Eso es comprensible por razones editoriales de ventas y por razones de coyuntura política (el fenómeno Trump). Pero le baja la talla al libro a pesar de que EEUU es un país de extraordinaria importancia en el acontecer mundial y que los sucesos en esa nación a veces repercuten en todos los rincones del globo. El asunto no termina ahí. Ese provincialismo afecta gravemente el contenido histórico – filosófico del libro. Recordemos que es un libro sobre la Ilustración, un pensamiento que nació en Europa. Y no desconocemos la importancia de la revolución norteamericana de 1776. Pero el sesgo provinciano de Pinker lo lleva a desconocer casi por completo la corriente intelectual y política socialista democrática (socialdemócrata). En EEUU la izquierda es liberal. En Europa la izquierda es socialista (aunque la socialdemocracia se haya desdibujado de los 90 hacia acá). Y eso marca una gran diferencia a la hora de contar la historia de la sociedad y de las ideas. Los méritos que Pinker le atribuye al liberalismo, en buena parte corresponden al socialismo democrático (socialdemocracia europea). La síntesis de socialismo y democracia liberal que hizo esta corriente europea es lo que Pinker más valora: el estado de bienestar. El autor incluso reconoce que EEUU, a pesar de su poderío económico y tecnológico, es de los países más atrasados (entre los desarrollados) en la escala compleja del progreso que el propio Pinker elabora. Pero al reconstruir narrativamente la historia Pinker sufre un “olvido”: que el socialismo es tan moderno e ilustrado como el liberalismo. Este sesgo se puede demostrar a la Pinker, usando el análisis cuantitativo. El autor menciona 143 veces palabras que comienzan con “liberal-“ y sólo una palabra que comienza con “socialdem-“ y apenas aparecen 8 veces palabras que comienzan con “socialis-“. Al incluir otras palabras que inician con “marx-“, “comunis-“, que aparecen 17 y 29 veces o “populismo” que sale en 28 ocasiones, se hace notoria la omisión del socialismo democrático que es precisamente la principal corriente de pensamiento que plasmó en la realidad el estado de bienestar. Si el análisis cuantitativo de términos lo afinamos para discriminar el texto de la bibliografía nos encontramos que la bibliografía de Pinker también es sesgada, no sólo con respecto al socialismo sino al propio Marx y el marxismo (aunque esté pasado de moda).

El segundo punto es sólo un ejemplo de la manera como Pinker combina su análisis cuantitativo con un análisis cualitativo deficiente. Me refiero a su análisis de la igualdad y de la violencia. Al parecer para Pinker la violencia es mala per se, pero la igualdad no es buena per se. Pinker sabe, pero omite, que la violenta revolución francesa y la ilustración son uña y mugre, o que la ciencia y la tecnología recibieron un gran impulso durante las dos guerras mundiales y la guerra fría, así como contribuyeron a cambiar el valor social de mujeres y negros en EEUU. Los fenómenos humanos son complejos, llenos de matices, paradojas, efectos intrincados. Pinker sabe matizar y complejizar el análisis cuando quiere, pero parece que no siempre desea hacerlo. En unos casos sabe reconocer aspectos positivos en algo que está criticando, pero en otros casos su enfoque es plano, maniqueo, sobresimplificado. En esos ires y venires tengo la sospecha de que hay contradicciones, una sospecha que tengo que mirar con lupa en una segunda lectura. Por ejemplo, desechar una crítica por moralista pero defender una ética humanista. Tendría que demostrar que esa crítica moral no es humanista. En mi concepto la igualdad es un valor humanista ilustrado (con antecedentes desde luego) y subestimarlo no es precisamente una actitud coherente para un humanista ilustrado.

El tercer punto tiene que ver con el tinglado Pinker vs Harari. Ambos autores coinciden más o menos al aproximarse a temas como la guerra nuclear o el cambio climático, pero difieren notablemente en el tema de la disrupción tecnológica y, por supuesto, en la valoración del humanismo y el liberalismo que son fuertemente criticados por Harari en Sapiens y Homo Deus. Ya ambos autores se han lanzado dardos en los libros y en entrevistas. Esa pelea estelar está casada. Pero aparte del combate directo está la confrontación dentro de nuestras cabezas (o cuerpos para ser más exactos) o en tertulias y seminarios que nosotros hagamos por nuestra cuenta. Como lectores tenemos la oportunidad de hacerlo. Y no sólo con Harari, también con Piketty, Rifkin y otros, cuyos análisis de la riqueza y la desigualdad, o sobre los procomunes y la tendencia al costo marginal cero tienen mucho que ver con el contenido del libro de Pinker que estamos reseñando. El punto al que voy es que Pinker establece un vínculo inextricable, mejor dicho una ecuación, entre la Ilustración y el Capitalismo que los otros autores mencionados no comparten (ni yo). Dejemos esto allí sobre la mesa y retirémonos lentamente hacia el siguiente punto que no es una crítica.

El cuarto punto es que Pinker nos deja “iniciados” en varios temas muy interesantes. Ya mencioné el del pensamiento crítico. Otro es el de la diferenciación entre felicidad y significado. Y uno más es el de los límites de la prospectiva, un tema en el cual insinúa levemente que hay aspectos donde el horizonte de predicción no pasa de 5 años y otros donde existe una especie de inercia o momentum que marca cierta predictibilidad (o predecibilidad). Parte de la riqueza del libro es que trae temas colaterales que vale la pena tener muy en cuenta para ulterior exploración.

Finalmente, como lo prometido es deuda, termino esta somera e incompleta reseña con los 10 sesgos cognitivos trabajados en mayor o menor grado por el autor y que provienen de las investigaciones de Kahneman y Tversky, entre otros:
  • Heurística de la disponibilidad (lo que es fácilmente accesible a la mente se ve como probable)
  • Razonamiento motivado
  • Sesgo confirmatorio
  • Negatividad (lo negativo pesa más que lo positivo en la memoria)
  • Yo estoy bien, ellos no (refiriéndose a la situación del país)
  • Evaluación sesgada (es como la atención selectiva en la evaluación)
  • De la ilusión de la profundidad explicativa (sobrevaloramos nuestro conocimiento)
  • Razonamiento anecdótico
  • Confundir correlación con causación
  • Sesgo del sesgo

El Búho