martes, julio 13, 2021

Sólo el conocimiento salva

Quítate las gafas románticas


 

Me gusta ver video-clips de animales en su hábitat, se aprende mucho con ellos.  En esa materia hemos dado un salto cualitativo en los últimos años, tanto en producción de videos como en su fácil y masiva distribución en las redes sociales, especialmente Instagram.

Estas imágenes nos muestran la realidad salvaje como es: implacable, cruel, sin compasión, donde el sufrimiento, la dolorosa agonía y la muerte terrible son la ley.  En muchos casos la presa es comida viva. No son tan extraños los casos de animales herbívoros devorando otros animales.  La terrible muerte de los predadores cuando el envejecimiento hace sus estragos nos recuerda que el sufrimiento no es exclusividad de los débiles. No faltan los casos de "canibalismo" y de "infanticidios" (en carnívoros y en herbívoros).

Pues bien, los comentarios del público a estas imágenes son un muestrario de la mentalidad predominante.  Como dice Mauricio García Villegas al referirse a la indignación virtuosa, hoy de moda: “nuestra psiquis se acomoda mejor al oficio del sacerdote que al del científico”.  En efecto, tales comentarios están llenos de moralismo, maniqueísmo, proyección antropomórfica (atribuirles a los animales no humanos características humanas).  

El público casi siempre toma partido a favor de la presa (victimismo). Se alegra cuando escapa.  Y sufre empáticamente cuando la presa sufre.  Le reclaman con indignación al filmador que no intervenga como salvador.  Las simpatías están cargadas a favor de los mamíferos y algunos reptiles inofensivos. Los insectos los dejan más o menos indiferentes. Las serpientes suelen ser aborrecidas.  Casi me atrevo a proponer una hipótesis: “a menor distancia genética con la presa, mayor simpatía”.

Estas imágenes son muy educativas, pues chocan de frente con las visiones románticas de "la naturaleza apacible", una especie de paraíso terrenal creado por un dios bondadoso donde las criaturas viven en armonía. Algo así como la "isla del Edén“ en la tira cómica de El Fantasma, “el duende que camina” (una vieja tira cómica que no era cómica sino de aventuras y salía en El Tiempo los domingos).  La realidad del orden natural es todo lo contrario, la vida silvestre es el reino de la muerte, donde impera el intenso sufrimiento de los "inocentes", el martirio permanente de las "criaturas de Dios".  

No hay justicia en la naturaleza. No tiene por qué haberla, pues no hay" buenos" ni "malos". Pero el moralismo proyecta a la naturaleza la moral humana y si la persona es capaz de asomarse a esta realidad, se estrella contra la amoralidad del mundo objetivo.

No es difícil entender que si la especie humana estuvo sometida a los peligros de las fieras y las serpientes durante la mayor parte de su historia, ese miedo perviva en nosotros, aunque hoy no se justifique racionalmente.  El miedo es desagradable, por tanto el cerebro se las amaña para construir una visión romántica, dulcificada, del mundo natural.  Llevamos incorporadas unas “gafas rosadas”, enraizadas emocionalmente, que cuesta quitarse.    

Estamos llenos de sesgos psicológicos, las gafas románticas son apenas un ejemplo entre muchos. Eliminarlos, minimizarlos o aprender a estar alerta frente a ellos es necesario para entender la realidad.  Tal eliminación o manejo consciente es el objetivo del entrenamiento en pensamiento crítico. 

Con el estudio de la historia de la sociedad humana pasa algo similar. Nos cuesta quitarnos las gafas. Y la miramos desde el presente proyectando juicios morales apasionados.  Examinamos el pasado de manera anacrónica y maniqueísta, entonces juzgamos a los personajes históricos con los valores morales de hoy y a veces hasta con el orden jurídico actual.  Y salimos a vengarnos  insuflados de rabia y odio contra el mármol y el bronce en medio de una borrachera simbólica.

Las telenovelas turcas están de moda, como antes las mexicanas, venezolanas o nuestras propias producciones colombianas.  El melodrama siempre ha tenido éxito, con sus malos malos y sus buenos buenos, a pesar de ser una simple y tonta caricatura de las interacciones humanas, pues logra mover nuestras pasiones primarias.  El buen cine y la buena literatura se alejan de esa simpleza para poder profundizar en la complejidad de la condición humana.  La buena historiografía también, nada de leyendas blancas, rosadas o negras.  Al igual que en etología -ciencia de la conducta animal- en historia también tienes que quitarte las gafas románticas si quieres conocer la realidad.

Somos el producto del pasado que existió y que no podemos cambiar ni acomodar a nuestros valores actuales.  Reconocer el pasado es reconocernos a nosotros mismos, sin ínfulas de supremacía moral.

Nos cegamos al sufrimiento animal para crear un paisaje salvaje pero idílico.  Acomodamos la historia con relatos míticos en blanco y negro, leyendas ideológicas disfrazadas de “memoria colectiva”.  Antropomorfizamos los fenómenos naturales inventando dioses del trueno, de la lluvia, de la “madre Tierra”.  Humanizamos hasta el cosmos y nos creemos que los planetas y las estrellas giran en torno nuestro, o como suele decirse ahora, graciosamente, “el universo conspira a nuestro favor”.  Nos negamos a crecer, sumergidos en la ficción.  Deseamos permanecer por siempre en ese estado infantil, como Peter Pan, viviendo en el mundo encantado.

Blas Pascal era creyente, pero alguna vez reconoció la indiferencia absoluta del universo cuando expresó, “el silencio de los espacios infinitos me aterra”.  No lo superó, prefirió domesticar el miedo con una ingeniosa apuesta.  En el siglo XXI, huérfanos de dioses y enfrentados a la catástrofe climática, el infantilismo resulta suicida y el negacionismo es irresponsable con las futuras generaciones.  A estas alturas de la aventura humana no tenemos más alternativa que apostar a las ciencias, quitarnos todas las gafas y asumir la mayoría de edad: sólo el conocimiento salva.

@jsenior2020


Pensamiento de un sector juvenil en Barranquilla 2021



DEBATE SOBRE COLÓN Y EL PATRIMONIO CULTURAL 

Discusión sobre la destrucción de la estatua de Colón en Barranquilla hace un par de semanas.


Para lectores que no conozcan a Barranquilla: ésta es una ciudad puerto, moderna, de un millón y medio de habitantes y un área metropolitana conurbada.  No fue fundada por conquistadores, sino por el pueblo mestizo, criollo.  Es reconocida en la historia como "sitio de libres" en contraste con ciudades coloniales como Cartagena y Santa Marta.  No hubo aquí una élite esclavista o aristocrática ligada a la tierra sino una élite de comerciantes e industriales, irrigada por una inmigración cosmopolita, como la colonia italiana que donó la estatua en 1892.  Esta ciudad es un crisol de mestizaje, no es ciudad de etnias o conflictos étnicos, aunque no me cabe duda de que hay racismo supérstite disimulado.

Este evento se realizó aproximadamente una semana después de los hechos y en el lugar de los hechos.  Asistieron unas 60 personas, la mayoría jóvenes menores de 25 años.  Yo participé como invitado para sustentar la posición crítica al hecho destructivo y simbólico, como parte de un panel integrado también por otras tres personas. Sumando las intervenciones del público hubo en total unas 15 personas exponiendo opiniones durante dos horas (mis intervenciones sumarían quizás unos 20 minutos).  La deliberación fue respetuosa, sin abucheos ni comités de aplausos.

Mi objetivo fue escuchar de viva voz el pensamiento de estos jóvenes activistas y expresar ideas críticas externas al discurso decolonial que tiende a predominar en algunos sectores como éste.  En este escrito me concentro en lo que ellos dijeron, no en mis tesis.  Hago una síntesis en 27 puntos de las intervenciones individuales que escuché, lo que no significa que todos estuvieran de acuerdo con todo.  No se puede asegurar que haya unanimidad total entre ellos, pero sí hay en términos generales sintonía con un discurso que se puede caracterizar como decolonial, indigenista o afín.  Esta cuasi-unanimidad se evidencia en que prácticamente no hubo debate entre ellos sino con las tesis que logré sustentar brevemente.  No peco de inmodestia al decir que si yo no hubiese asistido el evento habría sido un monólogo.  Esto es así porque el grupo organizador me invitó precisamente por eso, ya que esta discusión presencial fue precedida por el debate en redes y yo acepté el reto del debate presencial.  

Suele suceder que los académicos no se atreven a salir de su torre de marfil y asumir el debate político, a pesar de que las ideas que circulan en las universidades, especialmente en facultades de sociales o humanidades, están profundamente imbricadas con la dinámica política de la sociedad.  Por mi parte, pienso lo contrario de los académicos acomodados, las ideas deben salir a la calle, al ágora de la polis, para decirlo en un lenguaje pseudoerudito que place a los académicos.  Eso es producto de mi historia de vida que ha sido precisamente antiacadémica, aunque irónicamente me encuentre vinculado laboralmente a este sector durante los últimos tiempos.      


SÍNTESIS DE PENSAMIENTOS EXPRESADOS

Los siguientes son los puntos de vista o intentos argumentativos expresados por integrantes del sector juvenil que está de acuerdo con la acción realizada.    

1.       El valor artístico y estético de la estatua es despreciable y además obedece a una estética nazi

2.      Se puede criticar a Char por abandono al patrimonio cultural de la ciudad y al mismo tiempo atentar contra ese patrimonio

3.       El notorio contraste entre Barranquilla y Popayán es irrelevante (maximalismo)

4.    La diferencia entre la historia de la estatua de Belalcázar en Popayán y la historia de la estatua de Colón en Barranquilla es irrelevante  (maximalismo)

5.       El relato de ciudad pionera, moderna y cosmopolita no cala, no tiene mayor aceptación

6.       La memoria urbana no parece ser importante para ellos

7.       A mayor lejanía en el tiempo y en el espacio se les hace más importante la historia (la de hace 500 en el continente es más importante que la de hace 200 en el país y mucho más que la de hace 100 en la localidad)

8.       El sentido de pertenencia con la ciudad lo percibo en un nivel muy bajo (sería interesante verificar procedencia de los jóvenes, sus padres y abuelos, buscarle explicación al fenómeno)

9.        La acción tiene como motivo alegado expresar solidaridad con indígenas como un "acto simbólico de reparación"

10.   El accionar de los jóvenes Misak es asumido como representativo de más de 80 etnias indígenas que hay en Colombia

11.   Un grupo de un centenar de jóvenes activistas sí es representativo de la ciudad, es democracia en las calles, no se necesitaba consulta previa (vanguardismo) (la ausencia del comunicado explicativo fue un fallo circunstancial dicen)

12.   Es válido igualarse al oponente, por ejemplo responder a la antidemocracia del gobierno con la antidemocracia de los activistas (toma de decisiones sin consultar a la ciudadanía)

13.   Aceptación de la estatua durante 130 años no cuenta, tampoco el respeto a la colonia italiana

14.   Creen que la acción no genera rechazo, no perjudica la valoración del Paro por la opinión pública y no beneficia a la derecha políticamente  (metidos en su burbuja)

15.   La dimensión histórica de Colón es un asunto irrelevante (el navegante explorador no les interesa ni el impacto histórico multidimensional)

16.   Creen que la leyenda rosa es aún hegemónica y por tanto hay que confrontarla (verbos muy usados: visibilizar, resignificar) (¿qué historiografía leen?)  (falacia espantapájaro o punching bag)

17.   La historiografía marxista, la de la escuela de los anales, la "Nueva Historia" en Colombia y en general la historiografía seria les resulta desconocida al parecer

18.   Eludieron la crítica a la idealización de los indígenas (los comportamientos anteriores a la llegada de europeos que son moralmente criticables desde la moral actual; las alianzas de indígenas con europeos en contra de sus opresores también indígenas, las acciones indígenas durante la guerra)

19.   Los hechos históricos son falseados en dirección a una leyenda negra hiperexagerada (un ejemplo es el desconocimiento del papel de los gérmenes como causante de la mayor parte de la mortandad; otro desfase es atribuirle a Colón eventuales hechos posteriores a su muerte en 1506)

20.   La conquista no es vista como una guerra geopolítica con todas sus complejidades sino simplemente como genocidio y robo unilateral: la visión ético-jurídica anacrónica y maniqueísta opaca todo análisis político – militar o de procesos socioeconómicos.  La moral individual de Colón (u otros protagonistas) es sometida a un juicio extemporáneo con la moral de hoy y los conceptos jurídicos de hoy.

21.   El llamado a una visión histórica como procesos sociales objetivos, sin anacronismos, moralismos o maniqueísmos, es simplemente desatendido (queda la duda sobre la enseñanza de la historia en colegios y por tanto en la formación de maestros de historia o sociales en Uniatlántico)

22.   No encuentran falacia alguna en una analogía entre Colón y los indígenas con el caso de Hitler y los judíos

23.   La idea de un “nosotros” indigenista desconoce el mestizaje, la ascendencia española, las inmigraciones e historias de 500 años; es como si “nosotros” fuésemos los indígenas de 1500 (error que también le he escuchado a la divulgadora Diana Uribe)

24.   Se minimiza la importancia de la independencia de España hasta un valor casi nulo

25.   Frente a los héroes de la independencia Bolívar aún es valorado (por ahora se salva), no así Santander y Nariño (el antisantanderismo en Colombia es viejo, pero ¿y Nariño?)

26.   La idea de progreso como un valor no cala, no es apreciada, no cuenta

27.   La memoria (subjetiva) es enfrentada y preferida a la historia (objetiva) y es extendida más allá de cualquier memoria humana.  De hecho es aplicada 5 siglos en el pasado (nuevamente el tema de visibilizar y resignificar)


Como referencia he aquí un resumen de mis argumentos en seis puntos:

1.       Defiendo la cultura y el arte sin censura.

2.       Defiendo la memoria histórica, colectiva y urbana de Barranquilla.

3.       Defiendo la toma democrática de decisiones en la comunidad (ciudad en este caso).

4.       No apoyo acciones que pudieran ser aprovechadas por la derecha para desacreditar el Paro ante la opinión pública o en la perspectiva electoral de 2022.

5.       Estoy en desacuerdo con la manipulación ideológica del pasado, sea leyenda rosa, blanca o negra; frente a ello defiendo la historiografía científica.  En este punto ubicado en las ciencias sociales rechazo el maniqueísmo, el moralismo y el anacronismo como formas de aproximación a la historia.

6.       En el campo filosófico soy crítico del posmodernismo y sus derivados, mientras que defiendo la filosofía científica.  Este punto es pertinente porque sostengo que el posmodernismo está detrás del pensamiento decolonial y éste, como ya dije, está en el meollo del discurso que defiende la acción que se debate.  (Esta tesis no se pudo desarrollar). Esta crítica es ontológica (contra el idealismo) y es epistemológica (contra el subjetivismo, el ultrarrelativismo y el irracionalismo).

 

 ¿Quedaría la semilla de algunas inquietudes y cuestionamientos?

 

El Búho, julio de 2021

viernes, julio 02, 2021

La guerra de estatuas y la izquierda mítica: caso Barranquilla



Autor: Jorge Senior

Antecedentes

Hace pocos días en la ciudad de Barranquilla, Colombia, un grupo de muchachos (creo que no había chicas o al menos no las ví en los videos), quizás un centenar, derribaron y destrozaron la estatua de Cristóbal Colón que la colonia italiana había donado a la ciudad en 1892 con motivo del cuarto centenario de una fecha que partió en dos la historia de la humanidad, como explicamos en otra entrada de este blog (enlace).  Era una obra artística realizada en mármol de carrara, algo para nada usual, tal vez único, en la ciudad. 

Para los que no conozcan a Barranquilla, resulta pertinente recordar que esta ciudad - puerto no fue fundada por conquistador alguno, sino por el pueblo mestizo, criollo, y orgullosamente se ha considerado  como un “sitio de libres”, en contraste con Cartagena y Santa Marta. Es también una ciudad de inmigrantes, abierta al mundo y como decía el filósofo Rubén Jaramillo Vélez, a comienzos del siglo XX Barranquilla era una urbe cosmopolita cuando Bogotá era todavía una aldea grande con un pueblo andino y provinciano, a pesar de ser la capital.

Pues bien, el acto destructivo sucedió en el marco de un “Paro Nacional” que no ha sido paro, pero sí un estallido social de gran magnitud durante dos meses, desde el 28 de abril (coincidente con el aniversario de Jaime Bateman Cayón).  En el contexto del Paro, que ha tenido favorabilidad de más del 80% de la ciudadanía según encuestas en mayo, ha habido todo tipo de manifestaciones, incluyendo las vías de hecho, como por ejemplo los bloqueos, pero estas modalidades de lucha han tenido menor favorabilidad de la opinión.  La represión brutal de la policía orientada por el gobierno uribista de Duque ha dejado más de 80 muertos, todos jovencitos de barriadas populares.  Además hay que decir que la mayoría de estas víctimas han ocurrido en Cali y Bogotá, dos ciudades gobernadas por el partido Alianza Verde, que se dice alternativo.

Desde mi perspectiva de izquierda mi posición sobre el acto es de rechazo, en este caso concreto.  De la misma manera que rechazo el derribamiento de estatuas de Bolívar, Santander y Nariño en el sur del país, la zona en que los indígenas se pusieron del lado de los españoles durante la guerra de independencia, señal de que aún puede haber allí una perspectiva bien diferente a la de las mayorías populares de Colombia.  Desde que los españoles invadieron tuvieron a numerosos pueblos indígenas de aliados, lo cual fue clave para que pudieran derrotar a los imperios y cacicazgos opresores de esos pueblos. La guerra de conquista fue también una guerra de indígenas contra indígenas, algo que muchos parecen olvidar.   

También hubo derribamiento de 9 estatuas de conquistadores y políticos, ninguno de gran valía, actos con los cuales me quedaría más fácil simpatizar.  Debe quedar claro que yo no tengo una posición de principio contra las vías de hecho, todo lo contrario, considero que, desafortunadamente, muchas veces son absolutamente necesarias en las luchas populares.  Es el mismo criterio de la legítima defensa, extendido a la contraofensiva.  Pero las vías de hecho mal manejadas pueden llevar al descrédito del Paro, que por su prolongada duración ya está sufriendo el desgaste natural de este tipo de procesos.  Y eso puede ser favorable a la derecha que aprovecha para ofrecer mano dura y seguridad.  Tenemos unas elecciones claves en 2022 donde por primera vez un candidato de izquierda luce como favorito, por tanto un criterio de análisis imprescindible es evaluar los efectos políticos en la opinión pública generados por las actuaciones más mediáticas que se producen en el contexto del Paro.  La idea es no favorecer a la derecha con acciones que generan repudio.

El acto de tumbar la estatua en Barranquilla no fue masivo ni una acción de un grupo étnico.  Más bien luce como un operativo aislado, imitativo, sin siquiera un comunicado explicativo y pedagógico, en una ciudad donde la dinámica del Paro ha sido muy diferente a Cali (por ejemplo unas pedreas relacionadas con partidos de fútbol).  El acto tuvo un contenido político, equivocado, pero sin duda es hecho político, no es vandalismo lumpen como lo califican erróneamente algunos.

Lo que me parece interesante y oportuno del operativo de Barranquilla es que ha generado un debate en algunos sectores de izquierda divididos en torno al hecho (curiosamente, hasta ahora, no he visto en los chats donde predominan los uribistas u otras visiones tradicionales una reacción escandalizada, sino que lo ven como otro “acto vandálico” más).  En mi concepto este debate es interesante porque permite realizar en caliente una discusión sobre la crisis teórica de la izquierda, algo que los sectores de izquierda permanentemente eluden, quizás porque el antiuribismo nos une a gran escala y el mal llamado “petrismo” a menor escala y porque la izquierda es cada vez más electorera (con mayor razón ahora cuando hay posibilidades de triunfo, al menos en el ejecutivo).

 

E L   D E B A T E

En realidad hay tres debates en uno.  El primero sobre la estatua, el segundo sobre el personaje Cristóbal Colón y el tercero, el debate sobre la izquierda mítica y su manera posmodernista y demagógica de tramitar el pasado.


La estatua:

El ataque a un monumento cualquiera en el espacio público nos plantea dos temas: uno sobre el valor artístico de la obra y otro sobre la historia específica de ese ejemplar de amoblamiento urbano, es decir, cómo se tomó la decisión sobre el monumento y todo lo que rodea esa iniciativa.

Sobre el valor artístico de la estatua de Colón no opino porque no soy experto en ese asunto, más bien me guío por lo que digan los que sí saben.  Pero sí tengo un criterio general: el arte debe ser respetado, no importa su contenido.  Y a mayor calidad, mayor respeto.  Que yo no sea experto en arte no significa que no lo admire.  No hay ciudad adonde yo vaya en que no visite el mayor número de museos de arte, gracias a lo cual conozco decenas de museos en múltiples países.  Para mí el arte es sublime, cumbre del talento humano.  Y eso es más importante que la “corrección política”.  No se puede ser humanista y destruir una obra artística de valor.  No importa si la obra representa realidades que repudio, como la monarquía, la creencia religiosa, la tiranía, la violencia, el rapto, la opulencia y el lujo, la vieja nobleza o la menos vieja burguesía.  Para mí el incendio de Notre Dame, la destrucción de los Budas de Bamiyán y el incendio del Museo Nacional de Brasil, fueron pérdidas dolorosas, auténticas tragedias.  

En muchas ocasiones el artista me genera repudio y sin embargo el talento me obliga a reconocerlo, como en otra discusión local en torno al cantante Diomedes Díaz, ídolo popular colombiano que estuvo involucrado en un homicidio y protegido por paramilitares. 

Destruir obras de arte nos convierte en talibanes, es decir, en fanáticos enceguecidos, dogmáticos e irracionales, de la misma estirpe de un quemalibros como Alejandro Ordoñez.  Nos convierte en censores o censuradores como la Inquisición católica con su índice de libros prohibidos.  ¿Qué tal que uno no pudiera conseguir y leer un libro como Mi lucha de Adolf Hitler? Todos tenemos derecho a conocer el pasado, lo que no tenemos es derecho a ocultarlo o negarlo.  No es el momento para profundizar en ello, pero me manifiesto en contra de la “cultura de la cancelación” y de lo que llamo “correcionismo político” o ideología de la corrección política, pretextos perversos para limitar la libertad de expresión (ver entrada). Y el arte es expresión que debe ser libre.

Por último, me parece despreciable que alguien que no sabe esculpir destruya la obra de un escultor.  Es un ejemplo de la brutalidad contra el talento.

El otro asunto es el carácter de amoblamiento urbano que tienen los monumentos públicos.  Entonces hay que mirar lo que representa para el patrimonio urbano y la historia de la ciudad.  En este caso la obra artística fue un obsequio de la colonia de inmigrantes italianos del siglo XIX, que al igual que otras corrientes de inmigración se integraron a la historia de la ciudad y son constitutivos de lo que somos como urbe abierta al mundo.  Es cierto que la estatua fue trasteada por varios lugares y terminó en el bulevar de la iglesia del Carmen, un lugar menos central que el Paseo Colón (1910 - 1937, convertido luego en Paseo Bolívar) o la plaza de San Nicolás (donde cogíamos el bus de Puerto Colombia para ir a la playa).  No se puede decir, sin embargo, que estuviera en estado de abandono.  Y aún si lo estuviera, eso sería criticable, pero no razón para destrucción.

Ahora bien, en Barranquilla los gobernantes casi nunca consultan a la ciudadanía sobre el amoblamiento urbano, los monumentos y sus ubicaciones.  Esa misma práctica antidemocrática la siguieron los muchachos del operativo de destrucción, pues ese puñado de personas no tiene la representatividad de la juventud ni mucho menos de la población en general.  Más aún, ni siquiera hubo una deliberación pública sobre el asunto, aunque estaba “cantado” que sucedería aquí por la moda imitativa que ya lleva unas 13 estatuas destruidas en Colombia y varias decenas en el globo. 

Las estatuas se ponen y se quitan.  Las visiones colectivas cambian con el tiempo y una ciudad puede tomar decisiones para transformar su amoblamiento urbano. Lo importante es que haya deliberación pública y refrendación democrática, puede ser a través de una consulta ciudadana o que el alcalde lo haya incluido en su campaña y su triunfo exprese entonces el apoyo a ese punto del programa.

En resumen, rechazo el acto destructivo por ser un atentado contra el arte, la democracia y la historia de mi ciudad natal con la cual tengo un fuerte sentido de pertenencia.  Estimado lector, puedes refutar esta tesis probando el escaso valor artístico de la obra, su insignificancia en la historia de la urbe y la gestación democrática del operativo.  Cosa distinta es explicar la actuación de las personas de muy corta edad involucradas en el evento, pero para esto necesitamos desarrollar los otros dos puntos, pues no desconocemos el contenido político.

 


Cristóbal Colón:

El segundo eje es el personaje: el marinero Cristóbal Colón o Christophorus Columbus (personaje que le da nombre a nuestra  patria republicana).  Ese punto lo desarrollé en 2020 en otra entrada del blog (enlace).  A Cristóbal Colón, el navegante explorador, se le hacen estatuas porque cambió de manera disruptiva la historia milenaria de la humanidad. Catorce mil años de escisión en dos de la especie humana llegaron a su fin con la hazaña de navegación de Colón.  Es una figura cimera de la historia mundial, algo que sólo puede apreciar quien conozca la historia de la especie.  Pocas figuras del pasado podrían competirle en dimensión histórica. 

Somos lo que somos por el evento que ese sujeto cristiano lideró.  Si Colón no hubiera existido, habría pasado casi lo mismo, ya que la expansión europea fue un proceso social, colectivo, comercial y militar que se desplegó durante varios siglos antes de 1492 (incluso los vikingos ya había llegado al norte del continente y fueron derrotados) y me atrevo a conceptuar que era inevitable, como argumento en otros escritos.  Pero nosotros los individuos que existimos hoy como producto de ese proceso, nunca habríamos existido (ya sea que lo miremos desde la "teoría del caos" o desde la historia como ciencia).  Se hubieran producido otras personas, no nosotros. Reconocer el pasado tal y como fue, es reconocernos a nosotros mismos. 

Los anti-Colón nunca hablan de la talla histórica del personaje, aspecto fundamental, sino que se dedican a hacer una evaluación o juicio moral (y a veces con terminología jurídica) del personaje, utilizando para ello categorías contemporáneas, inexistentes hace 500 años.  Pero Colón está muerto, por tanto no podemos llevarlo a un tribunal, ni fusilarlo, ahorcarlo o degollarlo, es decir, no podemos hacer justicia (ni correctiva ni vengativa) por los crímenes (según criterio actual) que haya cometido (y que pudiéramos probar), aunque tumbemos mil estatuas.  Tampoco podemos acusarlo de violar el orden jurídico internacional, ni el derecho internacional humanitario, ni los derechos humanos, ni el derecho de propiedad, ni la autodeterminación de los pueblos, porque nada de eso existía entonces. Puro moralismo anacrónico.

Algunos intentan compararlo con santos de la época para tratar de argumentar que se podía ser “bueno” en ese entonces.  Craso error, como si la historia la hicieran los santos y no los guerreros e inventores.  La historia se hace con ideas y acción.  Colón encarna las ideas y la acción de su época que confluyen en su talento de navegante.  Esos santos no hicieron la hazaña, la parasitaron desde su nicho funcional en esa sociedad.  Ponen de ejemplo a Bartolomé De las Casas, un tipo dedicado a "lavar cerebros" ("salvar almas"), adoctrinándolos con la ideología mítico - religiosa medieval mientras promovía el comercio esclavista de africanos para reemplazar el trabajo indígena.  Si Colón era un hijueputa (según nuestros parámetros de hoy), De las Casas era otro hijueputa.  Y entre esos dos hijueputas me quedo con el que tiene el mérito de la gran hazaña.  ¿Quién en Europa se opuso a la exploración y conquista del Nuevo Mundo?  (compárese con la guerra de Vietnam que dividió al pueblo estadounidense)

El columnista Mauricio García Villegas aborda lo que podríamos llamar “el sesgo de los indignados” contando lo siguiente (cita larga): 

“El profesor Robert P. George, de la Universidad de Princeton, cuenta que de tanto en tanto les pregunta a sus estudiantes qué posición habrían tenido sobre la esclavitud si hubiesen sido blancos en Georgia, al sur de los Estados Unidos, a principios del siglo XIX, es decir, antes de la abolición de la esclavitud. Casi todos responden que habrían sido abolicionistas. Pero es casi seguro que habrían sido esclavistas como lo fueron todos en esa época. A los humanos no solo nos cuesta ponernos en los zapatos de los otros, sino imaginar lo que haríamos si estuviésemos en circunstancias completamente diferentes a las presentes. Las personas de mi edad solemos hacer una lista de cosas que ocurrían cuando éramos niños y que hoy son, a todas luces, inaceptables, como conducir con tragos o ser indiferentes ante el confinamiento de las mujeres en el hogar. Éramos indolentes y no lo sabíamos. Soy un defensor de la naturaleza y del medio ambiente y nací en el seno de una familia que ama la naturaleza, pero cuando era niño mataba pájaros con cauchera y gozaba pescando truchas en las quebradas y no recuerdo haber sentido congoja alguna con el chapaleo agonizante de esos animales en mis manos. Cuando pienso que ese joven y yo somos la misma persona, dudo de mis certezas actuales.

Nuestra mente está bien diseñada para proclamar y defender principios, no para entender el comportamiento humano como un resultado de las circunstancias. Estamos más predispuestos para la indignación virtuosa que para entender una realidad llena de causas y efectos, por eso nuestra psiquis se acomoda mejor al oficio del sacerdote que al del científico. Los psicólogos hablan del “error fundamental de atribución”, que refleja nuestra tendencia a apañarnos con una explicación de todo lo que ocurre en la que solo hay sujetos, no contextos, ni condicionantes, ni estructuras, ni azar. Vemos la vida como actores de un culebrón de televisión en el que todo depende de lo que hacen los malos y los buenos.

Tenemos en cuenta las circunstancias para justificar nuestros fracasos, pero cuando se trata del fracaso de los otros solo su persona cuenta. Si alguien no hace bien su trabajo pensamos que eso se debe, por ejemplo, a su pereza, pero cuando nosotros no hacemos bien el trabajo pensamos que eso se debe, por ejemplo, al hecho de tener un jefe autoritario”.

Hasta allí la cita.  Así pues, los ilusos del siglo XXI, como buenos idealistas (antimaterialistas), creen que si vivieran en el siglo XVI serían antiesclavistas.  También tienen la ilusión contrafáctica de que el “encuentro de dos mundos” pudo ser pacífico.  Primero, aún ese caso habrían muerto millones de indígenas por los gérmenes, los agentes patógenos que traían los europeos (que era sobrevivientes de la peste bubónica).  Segundo, esa ilusión es tan improbable que sólo es posible imaginarla desde un desconocimiento de la historia de la humanidad desde el paleolítico, pues la guerra, el desplazamiento y el saqueo han sido recurrentes.  

Los europeos también se expandieron por todos los otros continentes y la historia es similar.  El caso de Asia es interesante, porque ahí la pelea era pareja y no era posible una conquista tan fácil como la de los imperios Inca o Mexica derrotados por una fuerza española asombrosamente pequeña (gracias a los aliados indígenas).  Aún así hubo violencia, los españoles dominaron a Filipinas (nombre en honor a Felipe II, 1543) y varias islas, al igual que los portugueses.  Con el tiempo China, India, Indonesia y otros territorios terminaron dominados por Inglaterra y Francia principalmente y Rusia llegó hasta el Pacífico (también es bueno comparar la situación de Asia hoy, que sin victimismo llorón se ha sabido poner al mismo nivel de las potencias de Occidente).

Para terminar este punto toca ir más allá de Colón, pues sus críticos no sólo caen en el error de anacronismo sino también en el de maniqueísmo cuando se trata de mirar todo el proceso, ya no la figura individual.  Los ingenuos de hoy dicen: “en el colegio no nos enseñaron la historia verdadera”.  Se refieren a la historia contada en la versión española de la leyenda blanca.  No sé si a estas alturas del siglo XXI todavía hay profesores de historia en Colombia enseñando la leyenda blanca, pero lo dudo.  El punto es que estos desengañados de la leyenda blanca entonces abrazan de manera igualmente acrítica la leyenda negra según la cual la conquista y colonización fue una masacre unilateral de europeos malos contra indígenas buenos.  Ocultan o desconocen la política de alianzas.  Ocultan o desconocen que cada vez que pudieron los indígenas masacraron a los españoles (bien por ellos, guerra es guerra).  Ocultan o desconocen que en el Nuevo Mundo, antes de Colón, había opresión, esclavitud, servidumbre, patriarcado, castas y clases sociales, dominación de unos sobre otros, genocidios, asesinatos, torturas, sacrificios humanos, canibalismo, violaciones, epidemias, desastres ambientales, civilizaciones desaparecidas (el caso de los mayas es un ejemplo de guerras y mala gestión ambiental del territorio).  No se ha probado, pero es probable que estos asiáticos, que fueron los primeros humanos en llegar al continente por Bering, tuvieron su cuota de responsabilidad de la coincidente extinción de la megafauna.  En síntesis, los habitantes del Nuevo Mundo eran seres humanos, no ángeles.  Y como tales exhibían las mismas características de la naturaleza humana que los humanos del Viejo Mundo.  

 


La Izquierda mítica:

Llamo izquierda mítica a esos sectores que tramitan el pasado desde el sesgo de las subjetividades y las identidades, es decir, la ideología en últimas, sin rigor ni respeto alguno por la verdad y negando la idea de progreso, como hemos visto someramente en el caso de la conquista española y su narrativa anacrónica y maniquea.  Pretenden reemplazar la historia objetiva por la “memoria subjetiva” a pesar de que la memoria no puede abarcar más atrás del siglo XX, por tanto lo que hay es la invención de un relato victimista y moralista con fines políticos y jurídicos (que muchas veces resultan ser demagógicos). 

Todo esto tiene su origen en un fenómeno intelectual que aconteció en la Europa de los años setenta, cuando el marxismo entró en decadencia y el posmodernismo empezó a imponerse.  El marxismo tenía defectos, pero el posmodernismo fue la debacle.  Al menos el marxismo era materialista (aunque flaqueó al flirtear con el construccionismo social), objetivista, universalista, contrario al irracionalismo, con visión de progreso (incluso excesivamente optimista y determinista).  Por tanto el marxismo, mal que bien, era ilustrado o moderno, pro-ciencia y humanista.  El posmodernismo era lo contrario en todos los aspectos: idealista (exagerando la importancia del lenguaje y lo simbólico), subjetivista (no hay verdad sino poder), ultrarrelativista (sobre todo cultural), enemigo de la razón, por tanto rechaza idea de progreso.  En consecuencia, el posmodernismo debería llamarse antimodernismo pues es antilustración y anticiencia, de ahí que lo califico de oscurantista (ver enlace).  En vez de un humanismo universal, el posmodernismo niega la naturaleza humana para enfatizar el construccionismo social y las identidades de grupo.

El posmodernismo, que es una versión moderna de los sofistas griegos, surgió de Weber (desencantamiento del mundo y jaula de hierro), Escuela de Frankfurt (Dialéctica de la Ilustración de Adorno y Horkheimer), psicoanálisis, giro lingüístico, giro historicista en filosofía de la ciencia, programa fuerte de sociología de la ciencia, entre otras fuentes.

No entró directo a los partidos de izquierda, estos siguieron en su inercia durante los años 80 o retomando a Gramsci.  El posmodernismo se metió por la vía de la academia, las protociencias sociales, los estudios culturales, luego por medio de ciertos feminismos de tercera ola, fue colonizando sectores liberales que aparecían triunfantes tras la caída del muro de Berlín y del bloque soviético (esto llevaría a la actual fractura liberal (ver enlace)).

Al ser la antropología su fuerte con el relativismo cultural, el posmodernismo también circuló por las problemáticas raciales o étnicas, los estudios postcoloniales y de ahí se pasó al autodenominado “pensamiento decolonial” (ver enlace), el cual ha intentado una polarización Norte/Sur de nuevo tipo, pues no se centra en el desarrollo o progreso, sino que asume un carácter antioccidental.  Mientras la critica anterior al eurocentrismo era por presentar como universales ideas, visiones, creencias y valores que en realidad eran locales de Europa y por tanto su corrección consistía en buscar una auténtica universalidad, ahora el relativismo posmo-decolonial renuncia a la universalidad y por tanto su critica al eurocentrismo (incluido el posmodernismo) lo que busca es equiparar las culturas locales, enclaustrando sus identidades sobre todo frente al Otro Occidental, lograr su reconocimiento por vías políticas, jurídicas y éticas, no por logros tecnológicos, militares, artísticos o de conocimiento (por ejemplo utilizando conceptos como “epistemologías del sur” o “justicia epistémica”).  

Los partidos de izquierda liberales y socialdemócratas fueron cooptados por el consenso de Washington, es decir, por el neoliberalismo.  Mientras tanto los partidos de izquierda marxista sufrieron el debilitamiento de su discurso marxista (por derrota intelectual y debacle de países socialistas) y de su sujeto político supuestamente redentor, la clase obrera (por el cambio tecnológico de la producción más el embate neoliberal contra el sindicalismo). Ante eso se vieron precisados a transmutarse en nuevas agrupaciones o fueron permeados por nuevos “sujetos sociales” y "grupos de presión" de tipo identitario que reivindicaban subjetividades y buscaban reconocimiento (político, jurídico y ético).  Me refiero a grupos feministas, de minorías sexuales y de minorías étnicas. Las condiciones materiales de existencia y la contradicción principal de carácter socioeconómico (la desigualdad, la concentración de la riqueza y el ingreso) dejaron de ser el eje principal y aspectos simbólicos, lingüísticos, de identidad, memoria, víctimización y sexualidad, pasaron a primer plano.  La preocupación por libertades colectivas, como por ejemplo la de asociación, dió paso a un nuevo énfasis en libertades individuales de carácter liberal (aborto, eutanasia, matrimonio gay, dosis personal, etc). 

De esta manera, para complacencia del 1% más rico y de las élites en general, la contradicción principal que debiera aglutinar a la gran masa de la población (99% vs 1%) quedó en segundo plano opacada por luchas sectoriales y simbólicas que dividen al pueblo (a veces son marcadamente segregacionistas).  El horizonte eutópico de la revolución basado en la idea de progreso y el humanismo universal se ha diluido.  En su reemplazo aparece el concepto meramente negativo de resistencia, discriminaciones positivas (ventajas o privilegios temporales), horizontes de reparación simbólica, objetivos individualistas (cuotas) disfrazados de colectivos. 

No he mencionado el tema clave del medio ambiente que es otra contradicción principal, pero ya no dentro del capitalismo, sino entre capitalismo y naturaleza.  El cambio climático está en el centro de la política en el siglo XXI (por eso hablamos de política antropocénica, ver enlace) y merecería un análisis aparte que no será abordado en este escrito.

Como consecuencia de todo lo anterior, la izquierda ya no tiene un marco teórico unificado de referencia, sino un popurri de ideologías, relatos míticos, pseudociencias, pseudoteorías conspiranoicas, ciencias sociales especulativas, marxismo residual, reduccionismo culturalista, antioccidentalismo inconsecuente (de la boca para afuera), indigenismo, ambientalismo fundamentalista, vegetarianismo y veganismo y un largo etcétera.  Desde luego también hay sectores afines a la socialdemocracia clásica, al liberalismo social, al progresismo ilustrado siglo XXI, al humanismo, al populismo, al anarquismo.  Me identifico con estos últimos, excepto el anarquismo.

Hablar de vieja y nueva izquierda es equívoco.  No hay tal.  Toda esa especie de torre de Babel que hemos descrito escuetamente, es actual.  Sería paradójico que el progresismo fuera “viejo” y el antiprogresismo "nuevo”. ¿Qué progreso sería ese?

En términos generales todas las izquierdas apoyan causas de inclusión, justicia social e igualdad, libertades, equidad de género, antirracismo, ambientales, en fin, toda una herencia ético – política de la revolución francesa y su consigna de libertad, igualdad y solidaridad (Bien común).  Pero lo hacen de manera distinta y a veces las diferencias son profundas (para una buena causa son tan peligrosos sus enemigos como sus malos defensores que la hacen quedar mal).  Casi todas las izquierdas descuidan temas de seguridad o competitividad y en el caso de los sectores de izquierda impactados por el posmodernismo tienen una relación conflictiva con la ciencia y con la tecnología, a veces son abiertamente anticiencia.

En el fondo hay una disputa filosófica doble, primero entre “continentales” y “empírico-analíticos”, y segundo, dentro de los “continentales” está la batalla entre los posmodernistas de diverso pelambre y sus críticos.

El debate ontológico de fondo sigue siendo entre idealismo y materialismo.

El debate epistemológico de fondo es triple: objetivismo vs subjetivismo, racioempirismo vs irracionalismo, universalismo o relativismo moderado vs ultrarrelativismo.

A diferencia de las ciencias sociales, las ciencias naturales poco se ven perjudicadas por el posmodernismo.

Los que justifican la tumbada de la estatua de Colón se alinean en últimas con el posmodernismo, es decir, con el idealismo, subjetivismo, irracionalismo y ultrarrelativismo.  Además apuestan por la memoria en contra de la historia (lo cual no tiene sentido a distancias de más de 100 o como mucho 150 años).  Mi crítica se alinea con el materialismo, objetivismo, racioempirismo y universalismo. También me alineo con el relativismo moral histórico (coincidente con el marxismo), que se deriva del materialismo y no es contrario al universalismo, pues hay una base universal (la naturaleza humana) modulada por las culturas particulares (códigos morales particulares, que muchas veces son contranatura en diversos aspectos).  Y me alineo con la ciencia de la historia, no con el moralismo (un buen historiador debe suspender el juicio moral suprahistórico productor de sesgos).

En el tema de memoria, admito la dualidad memoria/historia en los últimos 100 años, más allá sólo queda el trabajo histórico.  En el tema de víctimas me interesan los vivos, sus reivindicaciones actuales, su futuro a construir, la resiliencia en vez del victimismo (baja autoestima o aprovechamiento ventajoso).  El presente y el futuro es lo que podemos cambiar, el pasado no.  Lo que sí podemos hacer con el pasado es investigarlo científicamente, conocerlo lo más objetivamente posible, en vez de armar una estúpida guerra de relatos inventados, con leyendas blancas y negras, maniqueísmos y anacronismos. 

Este tema no se agota aquí, apenas está esbozado.  Cierro con dos conclusiones generales.

1. Detrás de un simple evento como la tumbada de una estatua hay un trasfondo filosófico que marca el pasado reciente, el presente y el futuro de la izquierda y de las ciencias sociales.

2. La Izquierda colombiana y mundial están en mora de reconocer su crisis teórica y asumir el debate filosófico, siempre eludido con el pretexto del antiintelectualismo o por el encerramiento de cada quien en su parcela teórica.      

Nota Bene: un resumen superapretado de este tema está en los 21 puntos compilados en una sola página, en la entrada Alertas antidecoloniales (ver enlace)

Barranquilla, sitio de libres, ciudad de mestizos criollos e inmigrantes, Julio 2 de 2021


OTRAS LECTURAS RELACIONADAS

-El desafío de la izquierda, primera parte (enlace)

-Anticipo de la segunda parte: Los 3 oscurantismos (enlace)

viernes, junio 25, 2021

Reseña crítica de El país de las emociones tristes de Mauricio García Villegas


 Reseña crítica de El país de las emociones tristes de Mauricio García Villegas

Subtítulo: Una explicación de los pesares de Colombia, desde las emociones, las furias y los odios.

Primera parte: La ética de la vida

Segunda parte: Las emociones tristes

Tercera parte: La representación del mal

 

Este libro de 326 páginas fue publicado en diciembre de 2020 por Editorial Planeta (Ariel) y ya va por la segunda edición (2021).  Su autor es el abogado y politólogo paisa Mauricio García Villegas (1959).  Lo de paisa es un dato relevante pues el libro tiene mucho de autobiográfico y la cultura montañera lo impregna, a pesar de que el autor es también un cosmopolita que ha vivido en decenas de países.  El texto es un ensayo diletante que recoge un esfuerzo fundamentalmente bibliográfico para tratar de entender a Colombia como sociedad atravesada por la conflictividad, a partir del “arreglo emocional” de la nación, producto de su herencia española y dos siglos de historia republicana. 

El propio autor reconoce el carácter diletante del trabajo que involucra conocimientos de disciplinas distintas al derecho, “las ciencias políticas” y la sociología jurídica, que son su experticia.  En la primera parte, sobre todo, se adentra en terrenos diversos como la biología evolutiva, la psicología evolucionista (que García erróneamente llama “evolutiva”), la sociobiología, la neurociencia, las ciencias cognitivas, la psicología experimental, que tienen su médula en el concepto de “naturaleza humana”.  Esa es la que podríamos llamar la base científica.  Por otro lado, también incursiona en la historiografía, la filosofía clásica, la filosofía política, la literatura y las humanidades.

García también cuenta como llegó al género literario del ensayo, liberándose hasta cierto punto de las ataduras y la rigidez del estilo académico.  Es una elección adrede.  En el texto no aparecen estadísticas ni datos que sustenten la argumentación, sino básicamente se soporta con fuentes secundarias condimentadas con citas y evocaciones literarias que refrescan el texto, sin caer en un exceso de erudición (su bibliografía es bastante conocida, nada rebuscado o especializado ni papers).  Y como ya dijimos utiliza experiencias vivenciales autobiográficas y algunas reflexiones propias de su evolución intelectual.

De las tres grandes subdeterminaciones que tiene la historia social humana (ver otras entradas del blog), García descuida la ambiental, geológica y biogeográfica, para enfocarse en la biogenética y la sociocultural.  Trabaja la base biológica de la especie humana en la primera parte para enfatizar el transfondo (background) genético y evolutivo del animal humano, lo que le permite resaltar la primacía de las emociones y la relativa subordinación de la racionalidad: ese sería como el marco teórico.  Sin embargo, no hay determinismo genético alguno, pues reconoce que la cultura y la historia de los pueblos modula su naturaleza biológica que es común a toda la especie (no hay análisis alguno de razas, etnias, linajes, clusters genéticos o algún tipo de grupo humano definido desde la biología). 

Así que la genética es causa última, pero la causa inmediata y específica es netamente sociocultural e histórica. Por eso en la segunda parte, hace un estudio interpretativo un tanto esquemático de la historia de España y de Colombia, pasando por la conquista y la colonia (un amigo español que leyó un pedazo del capítulo sobre España lo consideró ligero y lleno de clisés, y el propio autor reconoce que se interesó tarde en la historia de España y su cultura).  Sin embargo, al comienzo de esta segunda parte y antes de hablar del proyecto de nación colombiana y de la madre patria, García introduce de contrabando (digo yo) otros dos elementos al marco teórico que le dan el título al libro: las emociones tristes y la identidad de país o carácter nacional. 

La categorización de las emociones proviene del filósofo Spinoza que en su Ética, según la interpretación de García, traza una separación entre emociones tristes (odio, miedo, ira, envidia, resentimiento, indignación, venganza, etc) y emociones amables o plácidas (júbilo, gozo, alegría, entusiasmo, alborozo, benevolencia, simpatía, compasión, respeto, civilidad, etc).  El autor simpatiza con el enfoque de Spinoza y trata de convencernos de hacer lo mismo, intentando conectar al filósofo del siglo XVII con la neuropsicología actual, pero ese puente es muy débil.  De hecho, García trabaja muy poco en el conocimiento actual de la psicología de las emociones (salvo en su impacto sobre la cognición) y no lo digo porque ni siquiera mencione a Daniel Goleman y la inteligencia emocional, sino porque en general no profundiza en el asunto y se queda con la división maniquea y especulativa de Spinoza, algo que el lector no tiene razones para aceptar.  

Más arriesgado aún es el otro elemento: el de la identidad nacional.  En el siglo XXI están en pleno furor los movimientos identitarios que esparcen sus ondas sísmicas desde su epicentro en Estados Unidos.  Pero este libro ni siquiera toca esos temas, salvo algunas mínimas alusiones “políticamente correctas” a la subordinación de la mujer.  En cambio, al hablar de identidades colectivas resucita un viejo concepto ampliamente trabajado en los siglos XVIII, XIX y hasta la segunda guerra mundial: el del “carácter nacional”.  No es sólo que el concepto esté desueto o haya pasado de moda, es que la movilidad de los seres humanos y la globalización han desdibujado y revuelto los que antes eran fronteras culturales más o menos claras.  El autor admite que la base empírica es débil.  Pasar de la personalidad de un individuo a la de una nación es un salto mortal, carece de fundamento más allá de una somera analogía.  En ese sentido, los trabajos de neuropsicología individual o de grupos pequeños invocados en la primera parte, no son aplicables a colectivos inmensos como una nación.  La tesis de García es que así como los seres humanos tienen distintas personalidades, de tal modo que en un individuo priman unos arreglos emocionales (por combinación de genética y ambiente) y en otros individuos priman otros, así sucede con los países.  En conclusión, la explicación diferencial a las peculiaridades de Colombia, en especial a su violenta conflictividad, recae en la matriz o “arreglo emocional” que nos dejó España y la historia republicana, con la religión ocupando un lugar central.    

Esa tesis no es nueva.  Lo novedoso sería el intento de conectarla con avances de lo que Pinker (La tabla rasa, 2003) llama “ciencias de la naturaleza humana”.  Estoy plenamente de acuerdo con lo que he llamado “biologización de las ciencias sociales” (ver otras entradas del blog) y creo que el intento de García Villegas va en esa dirección, lo cual aplaudo, pero le falta mucho.  El autor insiste una y otra vez en la complejidad de los fenómenos psicológicos y sociales, pero su análisis de las emociones es muy simple, se encuentra demasiado lejos aún del nivel de complejidad de la realidad, colombiana o universal.

En la tercera parte, que bien podría titularse “elogio de la temperancia”, el autor se centra en la ética, aunque ésta ha estado presente en todo el libro. En filosofía moral hay diversas corrientes, desde Spinoza y Hume, que han manejado un enfoque basado en los sentimientos y las emociones.  García va en esa línea y redondea su faena desembocando su argumentación en nuestra concepción colombiana del bien y del mal, y en dos maneras de ser, la moderada y la radical.  Aquí toca un tema que he trabajado en el análisis del movimiento guerrillero colombiano: la construcción del “enemigo”.  Uno puede coincidir con la idea de fondo.  Sin embargo, el autor en su elogio de la temperancia merodea una tibieza de la cual él mismo es tan consciente que debe hacer una serie de aclaraciones y matizaciones para no quedar como un pusilánime sin carácter. En su alegato revuelve radicalidad, dogmatismo y emociones exaltadas, que son tres cosas diferentes. En realidad las polarizaciones que menciona son la de los extremos armados y en otro nivel la de Uribe y Santos o la de los debates acalorados en las redes.   

En resumen, el argumento central del libro es el siguiente:

·         En el animal humano las emociones y sentimientos tienen predominancia sobre la razón (base científica).

·         El esquema bipolar spinoziano de emociones tristes y emociones plácidas es válido para configurar los “arreglos emocionales” que caracterizan las personalidades de los individuos y de instituciones culturales como la religión (en particular la católica)

·         Análogo a las personas, las naciones también tienen “arreglos emocionales” y en el caso colombiano predominan las emociones tristes como legado histórico español católico.

·         La educación sentimental es la salida a nuestros ciclos de violencia para cambiar el “arreglo emocional” del país.

El autor aclara que ese no es el único aspecto, ni mucho menos. Él reconoce los problemas estructurales objetivos.  Lo que quiere indicar que esos problemas estructurales objetivos se podrían resolver mejor o de manera más pacífica, fructífera y eficaz si los abordamos desde un “arreglo emocional” más balanceado hacia las emociones plácidas que a las tristes.

El libro tiene un componente anticatólico y antirreligioso interesante.  Eso en Colombia es de destacar. 

Otros comentarios

-          Mauricio García Villegas cita pocos autores colombianos, algo curioso para un libro que intenta entender a Colombia.  Del Caribe colombiano sólo cita uno, aparte de Gabo que sí aparece varias veces.  A Orlando Fals Borda no lo menciona, a pesar de que el concepto de Ethos de Fals se relaciona mucho con lo que García desarrolla aquí.  Más aún, Fals diferenciaba ethos regionales.  Y efectivamente, el problema de la violencia fue diferente en el Caribe colombiano al interior del país y la hipótesis de Fals hacía referencia del “ethos costeño”.  La cultura montañera paisa que García conoció de niño y en la que se crió, no es la del país en su conjunto.  En cierto sentido, este libro merece la misma crítica de libros como Historia Mínima de Colombia de Jorge Orlando Melo y Los años sesenta de Álvaro Tirado Mejía, también intelectuales paisas (ver sendas reseñas en otras entradas del blog).  Me refiero al regionalismo que los lleva a confundir su región con el país entero.  Si nos atenemos a la tesis de García podríamos proponer la siguiente modificación: el arreglo emocional del Caribe colombiano es diferente al arreglo emocional andino, sea bogotano o paisa.

-          Otro punto es una especie de vitalismo que se cuela en la concepción de lo biológico que maneja García.  Permanentemente habla de “pulsiones” e “impulsos”, como si tales términos tuviesen poder explicativo.  Incluso hasta un concepto como “homeostasis” lo interpreta como una fuerza vital o un impulso vitalista. ¿Será influencia de Onfray?

-          La psicología evolucionista y la sociobiología son bien interesantes, pero tienen muchos problemas y discusiones no resueltas, sobre todo por su debilidad metodológica para la contrastación empírica.  Lo mismo pasa con conceptos neurológicos como las “neuronas espejos”.  García Villegas toma de manera acrítica muchos resultados de estas disciplinas que siguen siendo todavía provisionales.  Para hacer un alegato anti-dogmatismo como el que suelta al final del libro, la primera parte resulta ser bastante dogmática. 

lunes, abril 19, 2021

Día cenital en Barranquilla y otros datos curiosos


 

19 de abril, mediodía sin sombra en Barranquilla

Por Jorge E. Senior Martínez, fundador del Planetario de Barranquilla y de la RAC

 Tema de esta entrada: astronomía diurna, astronomía de posición solar

Hoy 19 de abril es el mediodía sin sombra en Barranquilla, es decir, el día en que el Sol pasa justo sobre nuestras cabezas al mediodía.  A esa hora nuestra sombra está bajo nuestros pies, estamos parados sobre ella.  A esto se le denomina día cenital, pues el cénit es el punto de orientación que queda exactamente encima de nosotros.  Este dato no es valido para Medellín, Bogotá o Cali y demás ciudades de Colombia que tienen su día cenital en fecha diferente puesto que se encuentran en latitudes distintas a Barranquilla.  Recordemos que nuestra querida Killatown se encuentra muy cerca de los 11 grados de latitud al Norte de la línea del ecuador.

Este fenómeno del mediodía sin sombra ocurre dos veces en el año.  Primero cuando el Sol va de Sur a Norte y pasa sobre la latitud de 11 grados el 19 de abril y luego cuando el Sol va de Norte a Sur y pasa sobre nosotros el 23 de agosto.  ¿Cómo así, dirá el lector, acaso el Sol no se mueve aparentemente de Este a Oeste cada día?  En efecto, debido a la rotación de la Tierra hacia el Oriente vemos un movimiento aparente del Sol hacia el Occidente, o sea hacia el Poniente, como se le llama precisamente porque por allí “se pone” el Sol.  Pero debido a la traslación de la Tierra alrededor del Sol y la inclinación del eje de rotación, vemos un movimiento aparente día tras día de Sur a Norte la mitad del año y de Norte a Sur la otra mitad.  Por ejemplo, si usted mira el punto por donde sale el Sol todos los días verá que de diciembre 21 a junio 21 se va desplazando de Sur a Norte y luego se devuelve.  Lo mismo sucede si observa el punto por donde el Sol se pone. 

En resumen el 19 de abril el Sol pasa por nuestra latitud rumbo al norte y el 21 de junio es el solsticio, el cual indica que el Sol ha llegado al Trópico de Cáncer, su punto más norteño, a 23 grados y medio del ecuador.  Se devuelve entonces en movimiento aparente hacia el Sur, pasa sobre nuestra latitud el 23 de agosto y el 21 de diciembre ha llegado al Trópico de Capricornio, a 23 grados y medio al Sur del ecuador.  Por encima de la línea del ecuador pasa el 21 de marzo y el 23 de septiembre, lo que se conoce como el equinoccio, cuando el día y la noche son iguales.

Debido a estos movimientos solares aparentes originados en la traslación de la Tierra en su órbita y la inclinación del eje de rotación, observamos que la luz solar su cuela en nuestras casas desde diferentes ángulos a lo largo del año. También observamos que amanece y anochece a diferentes horas. 

Por cierto, para el caso de Barranquilla, ¿cuáles son los días más largos y más cortos? ¿cuándo amanece más temprano y más tarde? ¿cuándo anochece más temprano y más tarde? He aquí las respuestas:

-De mayo 20 a junio 7 son los días en que amanece más temprano, a las 5:36 am

-De junio 16 a junio 27, es decir, alrededor del solsticio, son los días más largos del año, entendiendo “día” como el período de luz diurna, con una duración de 12 horas y 46 minutos.

-De julio 10 a julio 14 son los anocheceres más tardíos, a las 6:28 pm.

-De noviembre 15 al 19 son los anocheceres más tempranos, a las 5:32 pm.     

-De diciembre 14 a 30, es decir alrededor del solsticio, son los días más cortos, 11 horas y 29 minutos.

-De enero 25 a 30 son los amaneceres más tarde, a las 6:25 am.

La diferencia entre los dos extremos del amanecer son 49 minutos y entre los dos extremos del anochecer son 56 minutos.  Y la diferencia entre el “día” (luz diurna) más largo y el más corto es de 77 minutos, o lo que es lo mismo, una hora y 17 minutos.

Todos los datos mencionados son para Barranquilla y cualquier otro lugar ubicado en su misma latitud.  Con Santa Marta y Cartagena la diferencia es muy poca, así que pueden guiarse por estos mismos datos.

Ahora sólo falta, estimado lector, que usted esté atento al cielo y corrobore lo que aquí hemos dicho.

@jsenior2020

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