viernes, febrero 26, 2021

Preguntas y respuestas sobre el espacio y el tiempo

 


Preguntas

 

1.       ¿El espacio y el tiempo existen objetivamente o sólo en nuestra mente?

[Problema de la objetividad / subjetividad]

 

2.       ¿En ausencia de materia existen el espacio y el tiempo?

[Problema de la existencia independiente o debate substancialismo vs relacionismo]

 

3.       ¿El espacio-tiempo es discreto o continuo?

[El problema de la microestructura cuántica]

 

4.       ¿El espacio y el tiempo son emergentes?

[Integra las preguntas 2 y 3]

 

5.       ¿Espacio y tiempo son entidades separadas?

[El problema de la doble naturaleza] [¿En qué sentido son distintos entonces?]

 

6.       ¿El tiempo fluye? ¿Existe sólo el presente?

[Debate presentismo vs eternalismo (universo de bloque)]

 

7.       ¿Qué define el sentido del tiempo?

[El problema de la flecha del tiempo]

 

8.       ¿El espacio es un mero escenario inmutable y pasivo? ¿Un punto espacial permanece idéntico a sí mismo a lo largo del tiempo?

[Problema del carácter absoluto del espacio]

 

9.       ¿El espacio-tiempo es de carácter material?

[El problema de la naturaleza del espacio-tiempo]

 

10.   ¿El tiempo fluye a un ritmo constante?

 

11.   ¿El tiempo propio fluye a un ritmo constante?

 

 

Respuestas

 

1.       ¿El espacio y/o el tiempo existen objetivamente o sólo en nuestra mente?   Agustín de Hipona, Hume y Kant dan respuesta subjetivista.  Esta ruta no tiene importancia para entender el tiempo o el espacio como tales, pero da pié a investigación empírica, científica, en psicología y biología.  Aquí el problema es otro: ¿cómo un animal percibe o calcula el tiempo o el espacio? (en particular el Homo Sapiens) Otros problemas similares: investigación sobre los ritmos biológicos, celulares, etc.

Respuesta actual: el espacio y el tiempo tienen existencia independiente de los sujetos humanos o de cualquier otro sujeto cognoscente.

 

2.       ¿En ausencia de materia existen el espacio y/o el tiempo?  La respuesta relacionista es defendida por Aristóteles, Descartes (1644), Leibniz (1715), Mach (1883).  Newton es substancialista (1687).  Einstein es influido heurísticamente por el relacionismo para construir la teoría de la relatividad especial (1905) y luego la general (1915), pero finalmente, tras el debate con De Sitter (1916-17), se torna substancialista (1920) (Gutfreund y Renn).  Bunge es relacionista (1983), pero al parecer cambió al final de su vida tras la detección de ondas gravitacionales en 2015.

Respuesta actual: el espacio-tiempo tiene existencia independiente de la materia.

 

3.       ¿El espacio-tiempo es discreto o contínuo?   En física relativista se entiende el espacio-tiempo como un campo continuo.  Y ese es el conocimiento científico válido hoy.  Pero hay exploraciones en gravedad cuántica (ver Carlo Rovelli) que apuntan a una microestructura a nivel de la escala de Planck.  Lo cierto es que la física relativista encuentra el límite en la escala de Planck, así como en las singularidades en el centro de agujeros negros y en el inicio del Big Bang.

Respuesta actual: la Relatividad General está vigente y no está probado que el espacio-tiempo tenga una microestructura.

 

4.       ¿El espacio y/o el tiempo son emergentes?   La visión relacionista puede entenderse como un enfoque emergentista, aunque el concepto “emergencia” es posterior.  Este concepto aplica mejor para la gravedad cuántica de bucles que concibe al espacio-tiempo como emergente a partir de una microestructura aún en investigación (Rovelli).

Respuesta actual: la misma de la pregunta anterior, no hay prueba de emergencia por ahora.


 

5.       ¿Espacio y tiempo son entidades separadas?  Siempre se consideraron entidades separadas hasta Einstein y Minkowski (1908).  Hoy está claro que constituyen una sola entidad (el campo espacio-temporal), así como electricidad, magnetismo y luz constituyen una sola entidad, el campo electromagnético.  Más aún, espacio-tiempo y gravedad son una sola entidad.  Lo que antes eran tres entes diferentes, espacio, tiempo y gravedad, hoy son uno solo, acorde a la TGR (Teoría General de la Relatividad).  Pero la inseparabilidad de fondo no niega que se trata de dos manifestaciones distintas.  El espacio-tiempo es un continuo cuatridimensional, pero el tiempo, como cuarta dimensión no es una dimensión espacial.  El ente espacio-tiempo tiene una geometría física de cuatro dimensiones, tres espaciales y una temporal.  El componente espacial y el componente temporal son relativos al sistema de referencia, pero el intervalo espacio-temporal no.

Respuesta actual: espacio, tiempo y gravedad constituyen una sola entidad, son inseparables, pero el tiempo no se reduce a una dimensión espacial (queda un toque de misterio).

 

6.       ¿El tiempo fluye? ¿Existe sólo el presente?   Este debate sigue abierto, pero parece imponerse el eternalismo a pesar de lo contraintuitivo (en la vida práctica cotidiana todos somos presentistas).  Einstein, al final de su vida, negaba el fluir del tiempo, un pronunciamiento que algunos confunden con la negación del tiempo objetivo.  Que el fluir del tiempo sea una ilusión no significa que el tiempo sea una ilusión.  La opción eternalista se expresa con la idea del “universo de bloque”, una idea al mejor estilo de Parménides.  Según esta idea existe el universo pasado-futuro, todo como un solo bloque.

Respuesta actual: abierta.

 

7.       ¿Qué define la dirección (sentido) del tiempo?   Hay dominios de la física donde la dirección (sentido) del tiempo es irrelevante.  Es con el desarrollo de la termodinámica que aparece la “flecha del tiempo” como si fuese una propiedad emergente. Sin embargo, hay fenómenos como la radiactividad o la expansión del universo y quizás ciertos fenómenos de los agujeros negros que también presentan un sentido unidireccional del tiempo.  El asunto sigue siendo materia de debate.

Respuesta actual: abierta.

 

8.       ¿El espacio es un mero escenario inmutable y pasivo? ¿Un punto espacial permanece idéntico a sí mismo a lo largo del tiempo?   El único que defendió la idea de espacio absoluto fue Newton.  Sin embargo, su impacto fue tal que la idea terminó siendo aceptada gracias al enorme éxito predictivo de su dinámica.  Sin embargo, hoy sabemos que la dinámica de Newton no exige el espacio absoluto (ver Maudlin, Penrose).  Ese concepto metafísico que Newton utilizó para poder desarrollar su dinámica fue como un andamio, del cual podemos prescindir una vez aparecen nuevas herramientas matemáticas. 

El espacio absoluto de Newton tiene 4 características:

·         Existe objetivamente, esto es, con independencia del sujeto

·         Existe con independencia de la materia  (choca con Leibniz)

·         Es un escenario inmutable y pasivo (no cambia nada, nada lo cambia)

·         Cada punto espacial mantiene su identidad a través del tiempo  (choca con Galileo)

La Relatividad General no destruyó las dos primeras, pero sí la tercera.  Y al parecer la cuarta característica también la destruyó (como corresponde a los tres principios de relatividad, el de Galileo, el de la Especial y el de la TGR) (ver Maudlin), pero aún tengo una duda que se relaciona con las ondas gravitacionales.

Respuesta actual: la idea de espacio absoluto fue desechada.


 

9.       ¿El espacio-tiempo es de carácter material?   Las ideas de espacio como éter aristotélico, extensión cartesiana, éter luminífero mecánico (siglo XIX), estaban equivocadas en diversos aspectos.  La idea de vacío que viene desde los atomistas y fue defendida por Newton triunfó hasta el siglo XX.  Pero la ironía es que hoy por hoy, tanto desde la física cuántica como la relativista, no existe un auténtico vacío.  Y acorde a la TGR el espacio-tiempo es un campo energético, es decir, de carácter material.

Respuesta actual: el espacio-tiempo es de carácter material.


 

10.   ¿El tiempo fluye a un ritmo constante?   La variabilidad en el fluir del tiempo siempre se pensó en términos subjetivos, como tiempo psicológico.  Pero Einstein, en 1905, mostró que el tiempo objetivo depende del movimiento (velocidad) con respecto al sistema de referencia que lo mide y con la relatividad general mostró que el tiempo depende de la gravedad, o mejor, que el tiempo intrínsecamente unido al espacio es la gravedad misma.  Pero también mostró que el tiempo propio no varía.  El ritmo del tiempo varía entre sistemas de referencias que se muevan entre sí, pero no hay ningún cambio de ritmo observable o medible por un reloj o un ser vivo en el sistema de referencia propio.

Respuesta actual: el tiempo no fluye a un ritmo constante.

 

11.   ¿El tiempo propio fluye a un ritmo constante?   En 1918 Herman Weyl exploró un desarrollo matemático que llevaba a la extraordinaria conclusión de que el tiempo propio y la masa eran “dependientes del camino”, es decir, que eran afectados por su historia en el espacio-tiempo (su línea de universo).  Einstein no puso objeción a la construcción matemática que parecía ser consistente, pero sí a su conclusión física que era contradictoria con los experimentos.

Respuesta actual: el tiempo propio es absoluto.

 

Barranquilla, 26 de febrero de 2021

sábado, febrero 13, 2021

Tres novedades en la Big History

Tres noticias en esta semana que agregan novedades a la Big History

1. Condiciones para el surgimiento de la vida en un planeta no dependen sólo de la "zona habitable" (distancia a la estrella) sino además de la composición atmosférica, con una gran importancia de un gas neutro al que no se le había puesto mucha atención en astrobiología.  El rol del nitrógeno es complejo, dependiendo de ciertos factores (como humedad) puede contribuir a aumentar o a disminuir la temperatura.

2. Un experimento con organoides de cerebro humano de dos tipos, uno normal y otro con un gen alterado (NOVA1) para que se pareciese al genoma Neanderthal, mostró diferencias claves entre ambos. Esto puede significar que este gen fue determinante de diferencias esenciales que potenciaron al Homo Sapiens.

3. Estudios geológicos a nivel microscópico muestran que la corteza terrestre se adelgazó en el eón proterozoico (el millardo aburrido le dicen) y los continentes se aplanaron perdiendo su montañas. Todo esto conllevó a que la dinámica evolutiva de la vida se ralentizara. 

El Búho

sábado, enero 09, 2021

¿Qué es eso de "Ensayo clínico sistemático, aleatorio, controlado y replicable"?

En esta entrada del blog queremos contribuir a una cultura popular educada en un tema vital: la salud.  En concreto se busca explicar cómo podemos averiguar si una sustancia X sirve para curar una enfermedad Y. 

El contexto de pandemia es un momento oportuno.  Mucha gente parece no entender que las evidencias anecdóticas del tipo “a mí me funcionó” no prueban nada y, en particular, no sirven para fundamentar el uso de una sustancia, medicamento o alimento para tratar o prevenir una determinada enfermedad.  Ese es un error común de razonamiento en el cual se pueden identificar falacias tales como: generalización apresurada, falsa autoridad, post hoc ergo propter hoc (despúes de… luego… a causa de), ad populum, y quizás otras.  Para contrastar esa falta de rigor queremos ofrecer una aproximación al procedimiento correcto para sustentar la eficacia de un tratamiento clínico.

 

¿Cómo podemos averiguar si una sustancia X sirve para curar una enfermedad Y? 

La única manera es poniendo la sustancia a prueba sin caer en errores humanos o sistemáticos, es decir, garantizando el rigor lógico y experimental, razón por la cual tales pruebas deben ser realizadas por personal idóneo, con conocimiento y experiencia.  En otras palabras es necesario hacer experimentos in vitro, luego probarla en modelos animales y finalmente someterla a prueba en humanos mediante múltiples ensayos clínicos sistemáticos, aleatorios, controlados y replicables. 

Pero, ¿qué significan estas palabras que condicionan el diseño experimental? ¿Qué quiere decir sistemático, aleatorio, controlado y replicable?

ALEATORIO: significa al azar.  Alude al cumplimiento de condiciones estadísticas que permitan generalizar la efectividad del tratamiento para una población de millones de personas a partir de pruebas en una muestra de algunos centenares de voluntarios (con consentimiento informado).  Para poder hacer inferencia estadística a partir de una muestra, ésta debe tener un tamaño suficientemente grande, debe ser escogida al azar para evitar sesgos, debe ser estratificada, esto es, representativa de la población, debe cumplir unos criterios de inclusión y debe excluir casos que correspondan a criterios llamados “de exclusión”. 

Los criterios de inclusión y de exclusión se definen a partir del conocimiento médico teniendo en cuenta características que puedan afectar los resultados (para excluir esos casos) y características que correspondan a lo que se quiere probar (para incluirlos).  Un criterio de inclusión obvio es el diagnóstico positivo de la enfermedad a tratar. 

Escoger al azar no es seleccionar “a la loca” o en desorden aparente, sino literalmente utilizar un sistema de sorteo entre un número suficiente de voluntarios.  De otra manera la escogencia estará viciada por sesgos ocultos que pueden alterar los resultados.  El tamaño mínimo de la muestra obedece a un cálculo técnico matemático.  La estratificación implica subdividir la muestra en segmentos que guarden las mismas proporciones que la población en general respecto a ciertas variables que se consideren relevantes (porque pueden afectar los resultados) como la edad, el sexo, el nivel socioeconómico.  La muestra debe tener entonces los mismos porcentajes de hombres y mujeres, de segmentos etarios (o sea de edad) y de estratos sociales que tiene el país, departamento o ciudad objetivo del ensayo, de otro modo se debilitan las inferencias.  Menciono las variables típicas a controlar, pero puede haber otras y para determinarlas el grupo de investigación debe basarse en el conocimiento médico previo.    

CONTROLADO: que tiene grupo de control.  Un organismo tiene millones de variables, desde el nivel molecular, pasando por el celular y tisular hasta el fenotípico. Y cada organismo tiene un sistema inmune que constituye su defensa natural frente a agentes patógenos (virus, bacterias, hongos, parásitos) que por lo general han coevolucionado en una dinámica de “carrera armamentista”. En medicina no se pueden aislar las variables para controlarlas una por una como se hace en un laboratorio de física, por ejemplo.  Lo que se hace para poder controlar las variables es dividir (nuevamente al azar) la muestra en dos grupos similares en todas las variables relevantes (como la edad, el sexo, el estadio de la enfermedad, otras que se consideren con capacidad de afectar resultados).  La única diferencia entre los dos grupos es que a uno se le va a administrar el tratamiento y al otro un placebo mediante un sistema de “doble ciego”.  A este segundo grupo se le llama “grupo de control” y al primero se le puede denominar “grupo experimental”. 

Un placebo es un falso medicamento (sin la sustancia X e inocuo) pero de apariencia similar al verdadero (que sí tiene la sustancia X). “Doble ciego” significa que ningún paciente voluntario del experimento sabe a cuál grupo le tocó pertenecer, y la persona encargada de administrar el tratamiento tampoco sabe a cuál grupo pertenece cada paciente. De esta manera se evita que el efecto psicosomático denominado “efecto placebo” altere los resultados.  Esto significa también que para que un tratamiento sea considerado eficaz debe obtener resultados significativamente superiores en el grupo al cual que se aplica con respecto al grupo al cual se le aplica el placebo.

REPLICABLE.  Es una característica de la experimentación científica en general, pues un experimento aislado o único no sirve de mucho.  Se necesita repetir los experimentos muchas veces, por diferentes grupos de investigación, en diferentes laboratorios o instituciones, en distintos países.  Para esto el grupo de investigación debe publicar un informe o artículo con todo el rigor metodológico, es decir, con información completa, precisa y clara sobre el experimento realizado, de modo tal que otros grupos puedan replicarlo con idénticas características para ver si se producen los mismos resultados o para criticar con argumentos cualquier aspecto de la investigación.  Para que un tratamiento sea considerado eficaz debe dar resultados positivos en la inmensa mayoría de ensayos realizados.  Para cotejar y evaluar resultados de múltiples ensayos se realiza un trabajo de revisión denominado metaanálisis (también se le denomina revisión sistemática) que es de donde pueden eventualmente salir conclusiones generales y recomendaciones para que las autoridades de salud pública del país avalen o no el tratamiento.

SISTEMÁTICO.  Una sustancia X por sí sola no es un tratamiento.  Para configurar un tratamiento toca definir dosis y forma de administración. Y para cada dosis y forma de administración es imprescindible hacer los correspondientes ensayos. Asimismo hay que tener en cuenta que los diagnósticos de enfermedades son variables que pueden tener más de dos estados, positivo y negativo, pues puede haber diversos estadios o variantes, y cada una exige sus correspondientes ensayos.  La evaluación de los potenciales tratamientos clínicos debe tener en cuenta todos estos aspectos de manera sistemática, así como todos los conocimientos médicos previos y todos los informes posibles a nivel mundial. 

Por otro lado, ninguna investigación clínica debe ser una rueda suelta o una exploración aislada.  En primer lugar debe ser evaluada como proyecto de investigación antes de realizarse cualquier ensayo. Dicha evaluación es médica, metodológica y ética y exige un cumplimiento riguroso de los protocolos. No puede haber investigación clínica que no haya pasado por la aprobación de un comité de ética de la investigación y de un comité científico (o pares evaluadores). Nota: esto fue lo que no cumplió la Ministra de Ciencia, Tecnología e Innovación de Colombia Mabel Torres, lo que ocasionó un escándalo y la protesta de numerosas asociaciones médicas del país a comienzos de 2020, sin embargo el gobierno no tomó medidas y la ministra se atornilló en el cargo.  Al respecto escribimos tres columnas en El Unicornio en enero de 2020.  El mal ejemplo viene desde arriba.     

Bien, he resumido de manera un tanto esquemática lo que significa ensayo clínico sistemático, aleatorio, controlado y replicable.  Ahora bien, si un tratamiento resulta eficaz despúes de todas estas exigentes pruebas, de todos modos es sólo un resultado estadístico, por tanto su eficacia es probabilística, medible en porcentaje distinto a 100.  Nadie puede garantizar una eficacia total para todos los casos.  Cada organismo es diferente y cualquiera de sus millones de variables internas o del entorno del paciente puede afectar un tratamiento, en su inocuidad o en su eficacia.

La medicina puede avanzar más allá del ensayo clínico hacia la medicina de precisión.  Para eso se necesita conocer el mecanismo causal mediante el cual opera el principio activo del tratamiento en los niveles molecular, celular, tisular, orgánico y sistémico.  Pero en muchísimos casos no conocemos aún el mecanismo y el ensayo clínico es lo mejor que tenemos para respaldar un determinado tratamiento.

Finalmente, debe quedar claro que la evidencia anecdótica, el “a mí me funcionó”, el voz a voz que rueda rumores o chismes sobre supuestas eficacias de tal o cual sustancia, fármaco o alimento contra una determinada enfermedad, no cumple con ninguna de las exigencias metodológicas mencionadas y por tanto carece de fundamento.  Hacer recomendaciones de tratamientos clínicos con base en evidencia anecdótica es irresponsable e inmoral.  Y acoger tales recomendaciones es estúpido e irracional, así sea una costumbre milenaria proveniente de la época en que no había medicina científica.  Aún una sustancia inocua puede producir daño indirecto al hacer que el enfermo demore en someterse a un tramiento eficaz, lo cual puede resultar en que cuando lo haga sea demasiado tarde.

martes, diciembre 29, 2020

Contenido del curso en línea La Gran Historia

 


Curso de Gran Historia 

Presentado por Fundación Stellam 

Orientado por Jorge Senior

Enlace al curso





Este curso sale al aire en enero de 2021


Tabla de contenido

Profesor Jorge Senior

 

Gran Historia o Gran Relato es la expresión en español del concepto Big History, cuyo referente es la narración de la historia del universo, del Sistema Solar, la Tierra, la vida terrestre y la especie humana a través de ocho umbrales de complejidad.  Esta narración expone nuestra cosmovisión científica actual.

El curso se desarrolla en seis capítulos.  Cada capítulo es una sesión grabada con duración aproximada de 90 a 120 minutos (capítulo = sesión = video).  Además del video, cada capítulo cuenta con su archivo de  diapositivas.

El curso ofrece también material de lectura, básico y complementario.

En este curso se mantiene la tradicional secuencia del Big History Project que consta de ocho umbrales, pero se proponen subdivisiones que también constituyen umbrales de complejidad.

Capítulo I: es la Introducción al curso.  Consta de tres partes.

  1. Presentación inicial: minuto 0 a 25
  2. Así cambió la Gran Relato en los últimos 20 años: minuto 25 a 43
  3. Visión panorámica de los ocho umbrales: minuto 43 a 117.

Capítulo II: desarrolla el Umbral 1, el Big Bang.  Consta de tres partes.

  1. Recapitulación y aspectos pedagógicos y didácticos: minuto 0 a 11.
  2. Historia de la cosmología: minuto 12 a 84.
  3. Relato del primer umbral, desde una fracción del primer segundo de la expansión hasta los 380.000 años. Minuto 84 a 111. 

Capítulo III: aquí se despliegan los umbrales 2 y 3. El umbral 2 se refiere a la formación de macroestructuras, galaxias y estrellas, mientras que el tercer umbral se centra en la nucleosíntesis que da origen a los elementos químicos de la tabla periódica.  Consta de cuatro secciones. 

  1. Edad oscura y formación de estructuras: minuto 0 a 20. 
  2. Nuestra ubicación en el universo y el dominio de los grandes números: minuto 20 a 42. 
  3. Umbral 2: Galaxias y estrellas:  minuto 42 a 78. 
  4. Umbral 3: Nucleosíntesis: minuto 78 a 83.

Capítulo IV: contiene el cuarto umbral que trata del origen de sólidos y líquidos, así como del origen del Sistema Solar, la Luna y la Tierra. Consta de cuatro partes, pero los primeros dos minutos se dedican a responder la pregunta que se dejó al final del capítulo anterior. 

  1. Gas y polvo.  Origen de líquidos y sólidos: minuto 2 a 15. 
  2. Origen y características del Sistema Solar: minuto 15 a 47. 
  3. Origen de la Tierra y la Luna: minuto 47 a 70 (pero en el minuto 54 hay un paréntesis con las “preguntas pringamoceras”) 
  4. Respuesta a las preguntas pringamoceras: minuto 70 a 77.

Capítulo V: es el quinto umbral y se centra en el origen y evolución de la biosfera terrestre.  Consta de dos partes. 

  1. Origen de la vida terrestre: minuto 0 a 50. 
  2. Evolución de la biosfera terrestre: minuto 51 a 105.

Capítulo VI: abarca los tres últimos umbrales, todos ellos relativos a la historia humana.  Consta de cuatro partes. 

  1. Introducción: era cenozoica: minuto 0 a 18. 
  2. Umbral 6: hominización, coevolución biológico-cultural y aprendizaje colectivo. Minuto 18 a 52. 
  3. Umbral 7: revolución del neolítico y los inicios de la civilización. Minuto 52 a 69. 
  4. Umbral 8: revolución científica e industrial, modernidad y antropoceno. Minuto 69 a 94.

 

viernes, diciembre 25, 2020

Las dudas de Einstein


1.   1.  
Expansión del universo: pudo predecirla en 1916, pero prefirió rechazarla; luego la aceptó en 1931.

2.   2. Ondas gravitatorias: las predijo en 1916, trató de negarlas en 1937, luego las retomó.

3.   3.  Ecuaciones de campo de TGR no admiten soluciones sin materia: porfió que así era en 1916, frente a De Sitter; finalmente terminó aceptando que sí eran factibles soluciones sin materia y dijo adiós al principio de Mach.

4.   4. No hay nada más abajo del radio de Schwarzchild, es decir, no existen los agujeros negros. Se equivocó, pero su teoría tenía razón.

5. 5.  Las ecuaciones de campo del campo gravitatorio no pueden ser plenamente covariantes: tesis sostenida en el Entwurf de 1912 y 1913 (a regañadientes), pero afortunadamente abandonada en octubre de 1915.

6.  6.   Las ecuaciones de campo permiten un término cosmológico (constante cosmológica): lo incluyó en 1916 y 1917, para luego abandonarlo.  Sin embargo, científicos posteriores la resucitarían.

domingo, noviembre 22, 2020

Los maximalistas


Un maximalista es alguien que tiende a ver la cosa política, la historia y la evolución social en blanco y negro, todo o nada.  No hay cambio, evolución, logro o reforma que los alegre, pues viven en la amargura de un mundo idealizado, una utopía que jamás se concreta. Bueno, al menos en los maximalistas de izquierda, que son los referentes de este escrito.

Por ejemplo, para un maximalista la derrota de Trump no tiene mayor importancia, pues para esta forma de pensar el partido demócrata y el republicano son la misma cosa.  No hay gran diferencia entre liberales y conservadores, muy a pesar de la intensa polarización de la sociedad estadounidense y la inmensa diferencia en la base social de ambos partidos y en sus políticas frente aspectos tan sustanciales como el cambio climático, la ciencia y la tecnología, temas sociales, tributarios, raciales o de género.  Para racionalizar esta idea que va contra la evidencia suelen hacer cherrypicking, seleccionando a conveniencia las más derechistas actuaciones demócratas a modo de prueba. A veces les toca ir muy atrás en la historia para buscar ejemplos que favorezcan su tesis, sin profundizar en esos casos ni analizarlos de manera integral.  Menos aún realizan un examen del proceso evolutivo de las agrupaciones políticas y sus proyectos políticos, como si los partidos y sus ideologías no cambiaran a través del tiempo. Si son ciegos a las diferencias entre los partidos o a los cambios a través del tiempo, mucho menos van a ver las diferencias dentro de cada partido.  Por ejemplo, da lo mismo Biden o Kamala que Sanders o AOC. 

En resumen, un maximalista es ciego a los matices y por eso sus “análisis” son simplones, sobresimplificaciones.

Este mismo tipo de visión la encontramos en otros temas.  Por ejemplo, la independencia frente a España por parte de los países hispanoamericanos no significó nada. Un simple cambio de amo. Y ni que decir de los procesos de descolonización en África y Asia tras la segunda guerra mundial.  Los maximalistas tienen mucho en común con los conspiranoicos.  Así como estos creen que un grupito de poderosos maneja el mundo, de similar manera, los maximalistas, cuando no son del todo conspiretas, creen que el imperialismo o el neocolonialismo es un poder absoluto, unificado, una opresión infinita que no deja margen de maniobra a las repúblicas ni a los pueblos. No hay contrapesos, ni matices, ni gradientes, ni complejidades en tales visiones absolutamente binarias, como si una nación-imperio, digamos Estados Unidos, no tuviera un pueblo en su seno y multitud de fuerzas y grupos diferentes en los aspectos político, ideológico, social, cultural.  

Los “decoloniales”, otro ejemplo, consideran a “Occidente” el mal absoluto, aunque en la vida personal gozan de sus logros, entonces dividen al mundo en dos: el norte malo y el sur bueno.  Porque todo maximalista es altamente vulnerable al maniqueísmo, precisamente como consecuencia de su ceguera ante los matices.  La mirada maniquea es la expresión moralista del maximalismo.

Para el maximalista la socialdemocracia y el neoliberalismo son casi la misma cosa, ya sea que se examine históricamente o en una coyuntura.  Logros como la Constitución de 1991 en Colombia son minimizados por los maximalistas y los cambios reformistas son menospreciados.  Debido a esa actitud terminan haciéndole el juego a las contrarreformas y ayudan al retroceso. Son funcionales a la derecha. Y además, con su ruido, confunden a las izquierdas y perturban los movimientos sociales que buscan reivindicaciones concretas.

El progreso científico y tecnológico, según ellos, no cambia nada, no es generador de cambios sociales, a pesar de ser la mayor fuerza transformadora de la historia de la sociedad humana.  Los grandes cambios en los modos de vida para ellos son superficiales o aparentes, pues en el fondo todo sigue igual, nada nuevo bajo el sol.  De ahí que no sea extraño que permanezcan fosilizados en el pensamiento, aferrándose dogmáticamente a doctrinas o teorías del siglo XIX.  Por ejemplo, este es el caso de marxistas de viejo cuño, tengan 20 o 70 años de edad, que se quedaron respirando en la atmósfera cultural de los años sesenta y setenta. Pero es seguro que no han leido “La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo” de Vladimir Ilich Ulianov.  En la actitud maximalista se nota la pereza mental, el facilismo, el nulo esfuerzo por enfrentarse a la complejidad.

Pero el maximalismo no es una enfermedad infantil exclusiva de la vieja izquierda.  La supuesta “nueva izquierda” de carácter identitario la sufre quizás en mayor grado dado que está infectada de varios oscurantismos o anticientificismos.  El maximalismo daña los conceptos o categorías de análisis, pues los elastifica al máximo y los vuelven amorfos con el objeto de lograr que la realidad binaria que sus talanqueras les permiten percibir, quepa en ellos.  Por ejemplo, los significados de origen de conceptos como “fascismo”, “colonia” o “patriarcado”, languidecen cuando los inflan para abarcar los más diversos fenómenos.  Así termina sucediendo que tanto Suecia como Arabia Saudí son patriarcales, cualquier autoritarismo es fascista sin más, y por supuesto no hemos dejado nunca de ser colonias. 

La ideología radical liberal de la “corrección política”, con sus exageraciones que llegan hasta el absurdo o el ridículo, su “cultura de la cancelación” que atenta contra la libertad de expresión y su victimismo patético, expresa nuevas formas de maximalismos a tono con una mentalidad generacional pletórica de “ansiedad” y “depresión”.  Es la psicologización de la política en una extraña combinación de individualismo y totalitarismo.  Pero este nuevo fenómeno, desafiante y complejo, amerita un estudio más profundo y tendrá que ser objeto de otra mirada del Búho.

Ya seguiremos elaborando aportes en este proceso reflexivo sin fin.  Por ahora, te la dejo ahí.

miércoles, noviembre 18, 2020

Habermas y las concepciones de la modernidad


Reseña crítica por Jorge Senior

Concepciones de la modernidad: una perspectiva sobre dos tradiciones es una conferencia de Habermas dictada en Corea del Sur en 1996 y publicada en 1998, revisada en 2009 y traducida al español en 2011, con una extensión de 36 páginas.  Este escrito es una reseña sobre esa charla con comentarios críticos al comienzo y al final.

Se trata de una síntesis sobre un hilo filosófico que va de Kant al propio autor, quien varias veces se excusa por tener que simplificar o resumir a vuelapluma. 

Habermas pertenece al ala inteligible de la filosofía continental, proviene de una tradición cuya forma de reflexionar es lo que suelo llamar “filosofía de gabinete”, pero este representante es más sensato, ecuánime y cercano a la realidad concreta que otros pensadores de esa vertiente que prefieren la especulación sin límites, la exageracíon, el abuso de la sinécdoque, el juego conceptual más literario que riguroso, la oscuridad del lenguaje abstruso y las barreras a la entrada propias de una secta esotérica que gusta de inventar su jerga para iniciados.  No obstante, Habermas no está totalmente exento de algunos de esos defectos.

La charla se desenvuelve en un alto nivel de abstracción, los ejemplos al nivel de lo concreto están totalmente ausentes, no hay hechos ni datos, sólo juegos conceptuales.  Reconozco que Habermas es menos abstruso que otros continentales, pero su vocabulario está lleno de conceptos clisés prefabricados que exigen un conocimiento previo de la tradición filosófica racionalista e idealista alemana. 

La charla se desarrolla como una conversación entre alemanes, una tertulia germanocéntrica en una sesión espiritista, con Habermas como médium invocando a Kant, Hegel, Marx, Weber, Husserl, Lukács, Heidegger, Wittgenstein, Horkheimer, Adorno, Benjamin y en un nivel secundario, Dilthey, Cassirer, Jaspers, Rothacker, todos ellos germanoparlantes, incluyendo al húngaro y al checo.  Al inicio, Descartes es mencionado como de pasada, pero no es invitado a pesar de que se le adjudica la fundación de la filosofía de la conciencia centrada en el sujeto, supuestamente un evento fundante de la modernidad incipiente.  Al final se cuelan el angloparlante Rorty y el francófono Foucault.  En ninguna parte aparece el empirismo.  Y la Ilustración, que es medular en la temática, pareciera reducirse a Kant, a pesar de que fue un proceso histórico con epicentro en Francia, vertebrado por la Enciclopedia, y otro epicentro en Escocia.  Aunque el Círculo de Viena fuese también germanoparlante y se ocupa del lenguaje, es completamente desconocido por el recuento habermasiano y aunque se habla de ciencia y de tecnología ni un solo científico es mencionado, ni un innovador tecnológico.  La filosofía de la ciencia tampoco es tenida en cuenta a pesar de que es razón reflexiva, pero sí aparecen conceptos como paradigma, inconmensurabilidad, contexto de descubrimiento, contexto de justificación.  Los autores de estos conceptos no son mencionados, Jürgen sólo introduce la mano en la caja de herramientas y roba algunos artefactos.

Con la descripción crítica anterior quiero mostrar la estrechez y la limitación de esta forma de hacer filosofía encerrada en una cofradía.  Es notorio el sesgo antiempirista y consecuente con ello se elude toda contrastación empírica.  A ratos da la sensación de que está hablando de un universo imaginario y no de la comprensión de una realidad histórica y social que contiene tanto historia de las ideas como historia integral de sociedades europeas que realmente existieron en el mundo de lo concreto.  Por ejemplo, está claro que si algo caracteriza la modernidad es que el tribunal de la experiencia está por encima del tribunal de la razón.  Hasta Leonardo en el siglo XV lo tenía claro, como lo tendrán claro los filósofos empiristas y los propios científicos.  Por la misma época en que Habermas soltó esta conferencia en Seúl, finales del milenio, otros más lúcidos, al hacer el balance de ese período, resaltaron al método experimental como el rasgo clave de ese lapso histórico.

Pasemos a la reseña descriptiva.

En la conversación orquestada por Habermas participan seis generaciones, a saber:

1G: Kant

2G: Hegel

3G: Marx (muy poco tenido en cuenta)

4G: Weber y en menor grado Husserl (el concepto “mundo de la vida” es central en Habermas)

5G: Horkheimer y Adorno, por un lado, Heidegger y Wittgenstein, por otro.

6G: Habermas enfrentado a Rorty y a Foucault y la gavilla posmodernista.

 

El desarrollo está dividido en tres partes que señalo con un número.  (1) El punto de partida es la crítica de Hegel a Kant de la que surge el concepto clásico de modernidad.  (2) De allí se deriva la línea de la teoría de la sociedad que elaboran Marx, Weber, el primer Lukács y la primera Escuela de Frankfurt.  Esta tradición se vió atrapada en la autorreferencialidad de “una crítica totalizante de la razón”(¿?). La salida viene de una segunda línea, el giro lingüístico, con un concepto distinto de razón, una razón situada, lingüísticamente encarnada.  Trabajo que es realizado  en dos formas diferentes por Heidegger y Wittgenstein.  Pero de aquí surgen dos perspectivas, la de los posmodernistas y la de Habermas (cuyo giro lingüístico personal ocurre entre 1967 y 1971).  La primera como supuesta “superación” (comillas burlescas de JH) de la autocomprensión normativa de la modernidad y (3) la segunda como reformulación intersubjetivista del concepto clásico de modernidad o, en otras palabras, la concepción neoclásica de la modernidad.

 

De otra manera: las tres partes de la conferencia son:

  • Crítica de Hegel a Kant: concepción clásica de la modernidad
  • Desarrollo de dos líneas: la teoría de la sociedad y el giro lingüístico que lleva hasta el posmodernismo.
  • La crítica de Habermas al posmodernismo oponiéndole su concepción neoclásica de la modernidad.

 

Parte I

 

La primera parte, la crítica de Hegel a Kant, se subdivide en tres también:

  • a.       La condición moderna se torna objeto de estudio de la filosofía
  • b.      Esta interpretación filosófica cobra la forma de crítica de la razón
  • c.       La filosofía delega en la “teoría de la sociedad” el desarrollo de esta interpretación

 

a)     El uso del término “moderno” expresa la conciencia de una nueva época, una ruptura con la tradición.  A finales del siglo XVIII aparece en escena “La Historia”.  La conciencia histórica, la conciencia del tiempo, alcanza o afecta a la filosofía, pues hasta entonces la filosofía era exposición de la esencia inmutable del mundo, los rasgos universales, necesarios y eternos de la realidad en sí.  Aprehender la verdad cobra ahora un índice temporal.  El contexto de justificación se entrelaza con el contexto de descubrimiento.  Para que la validez de las ideas filosóficas sea independiente del contexto, la filosofía no tiene otra opción sino penetrar el presente y traerlo a concepto.  El primero en penetrar conceptualmente la modernidad es Hegel, según Habermas, aprehendiendo su tiempo en conceptos.

 b)      Dada la ruptura con la tradición, la modernidad tiene que apoyarse en la autoridad de la razón.  La filosofía, constituída en guardiana de la razón, se hace concepto de la modernidad considerando a ésta una hija de la Ilustración. Desde Descartes la razón había sido explicada con la autorreferencia de un sujeto cognoscente.  Hegel caracteriza a la época por un “principio de subjetividad” conforme al cual la libertad queda asegurada mediante la reflexión.  La modernidad está orgullosa de su espíritu crítico que no acepta nada como obvio y evidente si no es a la luz de buenas razones.  En lo teorético, autorreflexión, autocomprensión, autoconciencia, y en lo moral autorrealización y autodeterminación. Según Hegel este contenido normativo de la razón tiene su asiento en la estructura de la razón misma y su explicación en el principio de subjetividad.  Y Kant, con sus tres críticas, se constituye en la interpretación canónica de la autocomprensión de la modernidad.  En Kant la razón teórica, la razón práctica y el juicio son tres facultades del sujeto trascendental, pero a finales del siglo XVIII ya se habían diferenciado entre sí institucionalmente como las esferas culturales de la ciencia, el derecho y el arte que Hegel entonces conceptúa como encarnaciones del principio de subjetividad, objetivaciones que también se ofrecían a una crítica de la razón, al igual que las facultades mismas.

c)       En este punto Habermas empieza por conectar “crítica” y “crisis”.  Interpreto que esa crisis tiene que ver con la irrupción del futuro en el presente (los futuros posibles), con la creciente complejidad social y con la desintegración social.  La visión kantiana del “ser racional del mundo moderno” es incompleta, según el Hegel de Habermas, porque si bien captó las diferenciaciones de la razón, incluso a nivel cultural, no vió su “reverso” negativo: lo que en el nivel discursivo eran ganancias de diferenciación, dentro del horizonte de los mundos de la vida éticamente integrados era experimentado como “desgarramientos” (comillas de JH) de esa totalidad intuitiva.  Entonces el principio de subjetividad y su autoconciencia se revelan como una visión parcial de la razón que no debe identificarse con “el todo de la razón” (¿?).  La razón remueve a la religión, pero carece de la fuerza unificadora que ésta tenía.  Al poner la reflexión y la racionalidad con arreglo a fines (= entendimiento) en el lugar de la razón esa cultura de la Ilustración cae en una idolatría de la razón.  La positividad despoja a la religión de su carácter vinculante y penetra en la ciencia (empírica), la moral (abstracta), el arte (romántico), el derecho (individualista), el mercado y en el estado (el poder instrumental de las grandes potencias).  El extrañamiento, la alienación y la cosificación de las relaciones sociales e instituciones muestran el carácter represivo y violento de la razón, que se funda en su estructura autorreflexiva.  La misma subjetividad que aparecía en principio como emancipadora y libertaria se delata como origen de una objetivación “salvaje”.  La fuerza analítica de la reflexión objetiva y manipula todo a su alrededor, descompone las relaciones intersubjetivas y aísla a los individuos de las raíces de su origen común.  De todos modos Hegel debe hacer un acto de reflexión, pero de un nivel superior, para trascender los límites de la razón instrumental: he ahí la dialéctica de la Ilustración.  La Filosofía del Derecho de Hegel es el intento de traer a concepto las ambivalentes materializaciones de la razón en la sociedad (familia, mercado, Estado).  En ese esfuerzo de interpretación crítica la filosofía se ve remitida a una teoría de la sociedad para hacer el diagnóstico de la época, con su propio método pero en el marco de una dialéctica de la Ilustración.  En resumen: la interpretación filosófica de la modernidad asume la forma de una crítica a la razón, pero el desarrollo de ese programa corresponde a una teoría de la sociedad.

 Termina ahí la primera parte que me parece una narrativa prisionera de los mitos de la cofradía del idealismo alemán.  Estamos ante un mito fundacional de la modernidad, que tiene visos reales como la ruptura con el argumento de autoridad (tradición y religión), el ascenso del individualismo, el carácter complejo (y contradictorio) de la dinámica social (el progreso), el convencionalismo positivista que se va instituyendo y la alienación ante los resultantes de todo ese proceso.  En esta mitología se exagera el papel de la filosofía, que ni siquiera es el conjunto de la filosofía europea sino apenas su vertiente racionalista e idealista, como si la realidad gravitara alrededor de las ideas o los discursos. Y se montan en la película de un enfrentamiento entre una razón instrumental y una razón no instrumental,  drama que sólo parece transcurrir en las cabezas de la cofradía y en sus libros (más adelante, en el caso de Habermas, la razón no instrumental, y heroína rescatadora, será la comunicativa).

 

Parte II

 

En la segunda parte se aborda en primer término la división del trabajo entre filosofía y sociología desplegada en la primera mitad del siglo XX por Weber, Lukács y la Escuela de Frankfurt, la cual desemboca en un aporético callejón sin salida.  Viene entonces el divorcio.  La sociología empírica toma un sendero que se bifurca en teoría de la elección racional (atomista) y teoría de sistemas (semiholística).  La filosofía (es decir, la vertiente filosófica continental que ya empieza a distinguirse de la otra vertiente a veces llamada anglosajona y otras veces empírico-analítica) opta por el giro lingüístico en dos versiones: a la manera de Heidegger y a la de Wittgenstein.  El posmodernismo hereda la crítica a la razón de estos dos pensadores (entre otros) y la desarrolla por otros medios.  Pero los enfoques posmodernistas renuncian a los criterios con los que poder distinguir entre los logros universalistas y los rasgos colonizadores de la modernidad. Frente al problema de la inconmensurabilidad de los juegos de lenguaje y los discursos, Habermas vislumbra una vía alterna, pero eso lo desarrollará en la tercera parte.

a)      Weber asume la Ilustración como un proceso de desencantamiento y entiende la modernización de la sociedad como una institucionalización de la acción racional con arreglo a fines en el Estado y la economía (razón instrumental o funcionalista). Ni la razón teórica (ciencia) ni la razón práctica (moral) tienen la fuerza unificadora intersubjetiva y comprehensiva de la cosmovisión religiosa perdida (moral y religión se privatizan). La base motivacional de las élites portadoras de estas nuevas instituciones se halla en la afinidad electiva entre las sectas protestantes y “el espíritu del capitalismo”.  Pero esto es sólo la línea base de un ciclo evolutivo autodestructivo en el marco (negativo) de una dialéctica de la Ilustración que Weber considera paralizada (a diferencia de Marx digo yo).  La progresiva modernización lleva a que la racionalidad organizativa de los ámbitos administrativos (Estado) y económicos vaya ganando autonomía desligándose de aquellas bases motivacionales (valores religiosos).  En la creciente complejidad de los sistemas de acción autonomizados Weber ve una conversión de las libertades en disciplinas.  Lo que al principio era emancipador ahora se transforma en “jaula de hierro” con las coerciones disciplinarias de la burocratización y de la juridificación.  El desgarramiento o desintegración social conlleva a desafíos existenciales.  Ese es el oscuro panorama de la sociedad administrada.  Sólo queda la absurda esperanza de un obstinado individualismo.

Esta visión de la sociedad administrada fue radicalizada en la tradición de Lukács a Adorno en el contexto del ascenso de los totalitarismos fascistas y stalinista.  En la primera Teoría Crítica el psicoanálisis es usado como herramienta para defender la suposición de que los modelos de socialización dominantes transfieren los imperativos funcionales del Estado y la economía del nivel de las instituciones a las estructuras de la personalidad.  La ciencia y la técnica aparecen como las fuentes principales de una racionalidad instrumental que penetra la sociedad en su conjunto, mientras que la industria cultural y los medios de comunicación de masas se consideran  instrumentos de control social.

El texto Dialéctica de la Ilustración de Adorno y Horkheimer traduce las tesis weberianas al lenguaje hegeliano-marxista de la historia.  Pero en este dúo la racionalidad subjetiva ocupa el lugar de la razón que se reduce a razón instrumental.  Los rasgos ambivalentes, las contrapartes, son borrados en la homogeneizadora imagen de una modernidad totalitaria y, por ende, la crítica de la razón instrumental ya no puede hacerse en nombre de la razón misma, cae en una aporía.  La crítica de la modernidad pierde su fundamento normativo (Adorno muere fiel a la dialéctica negativa).  Es un callejón sin salida.

b)      Heidegger y Wittgenstein ofrecen un concepto alternativo de razón y un nuevo procedimiento de crítica de la razón, dentro de lo que se ha denominado el giro lingüístico. Ambos hacen a la tradición filosófica (y por ende a la metafísica) la objeción de ignorar esta dimensión de la generación lingüística de mundo. Para los dos la apariencia trascendental de una razón incondicionada y pura, independiente del contexto, y universal, alcanza en el paradigma mentalista su punto más alto de obcecación. La crítica de la razón se transforma más bien en una hermenéutica de la sospecha. Es una crítica recontextualizadora de la razón. En el uno (Heidegger) el "lugar de control" se desplaza desde los sujetos sobrecargados a los aconteceres de una "historia del ser" que tiene el carácter de un destino y en el otro (Wittgenstein) a los entrelazamientos contingentes que forman la historia natural de los juegos de lenguaje.

 c)       Habermas ve como positiva la insistencia de los posmodernistas en lo fragmentario, local, singular, diferente, excluido, etc, que en cuanto refuerzan la resistencia a lo abstractamente universal y a la uniformidad retoman los motivos de Hegel, pero señala que estas bienvenidas consecuencias se deben a premisas cuestionables que de aceptarse resultarían, traduzco al lenguaje popular, como “el remedio que es peor que la enfermedad”. Y enseguida indica dos debilidades del enfoque posmodernista: caer en el idealismo lingüístico y la falta de comprensión de los logros universalistas de la modernidad.  Veamos ambas.

La crítica recontextualizadora de la razón se basa en la función del lenguaje de “abrir mundo”, pero sobrevalora la importancia de gramáticas y vocabularios para la constitución de infraestructuras sociales.  La historia, en Heidegger, se vuelve historia del discurso (metafísico) (como si el lenguaje tuviese el superpoder de crear la realidad social, JH).  En Wittgenstein el asunto es menos dramático (menos exagerado), cuando asimila la estructura de las formas de vida a la gramática de los juegos de lenguaje.  Del enfoque sociológico de Marx, Durkheim y Weber se pasa, con Heidegger y Wittgenstein, a un enfoque centrado en ontologías o gramáticas.  En estos se estudia un poder más sublimado: el poder de selectividad de los discursos, de ahí que los “programas de investigación” (¿?) posmodernistas operan con instrumentos de crítica filológica y estética y no tanto de crítica sociológica.  Aquí Habermas lanza un dardo a Foucault y “sociólogos recientes” (P.Wagner?) que escriben la historia como si las estructuras materiales de la sociedad hubiesen sido constituidas por los conceptos básicos y los discursos de los científicos.

La crítica recontextualizadora de la razón tiene la virtud de liberar a la razón de sus falsas abstracciones, pero ahí tiene también su punto ciego, como si todo planteamiento universalista fuese un enmascaramiento (eurocentrista).  Si bien es fundado el recelo en los discursos universalistas, al enfoque posmodernista le falta la suficiente sensibilidad en lo que respecta a la constitución específica de los discursos surgidos en y caracteristicos de la modernidad.  De la correcta premisa  de que no hay razón sin contexto, sacan la falsa conclusión de que los criterios de la razón cambian en cada nuevo contexto.  También había discursos universalistas premodernos (religiones por ejemplo). Lo que caracteriza a los discursos modernos (ciencia, derecho, moral) no es el mero universalismo, sino el someterse a principios y estándares autorreferenciales que permiten autocontrol y autocorrección recursivos. Y si bien tal práctica discursiva puede emplearse espuriamente por el poder político, social y cultural, eso no es razón para revocarla, dado que en ella se encuentran los criterios y medios para cumplir la promesa asociada a ella.  Los planteos posmodernistas denuncian con razón los efectos colonizadores de discursos occidentales que dominan en todo el mundo (vía mercado y medios de comunicación), pero dichas críticas están mal equipadas para distinguir entre discursos colonizadores (difundidos por coerciones sistémicas) y discursos convincentes que se difunden por la fuerza de su evidencia.  La ciencia y la tecnología “occidentales” son convincentes y tienen éxito no sólo conforme a criterios “occidentales”.  Y los DDHH hablan un lenguaje que puede expresar la opresión de los disidentes de sus respectivos regímenes, en todos los continentes, a pesar de ciertas discusiones culturales en detalles de su interpretación.

 

Parte III

 

Tras el giro lingüístico el concepto mentalista clásico de una razón centrada en el sujeto (filosofía de la conciencia) es sustituido por el concepto destrascendentalizado de una razón situada, abriendo camino a una crítica posclásica de la modernidad.  Pero la actitud hipercrítica de los posmodernistas es difícil de conciliar con la inconmensurabilidad de los paradigmas y sus racionalidades internas (dicho sin mencionar a Kuhn o Feyerabend).

 

Habermas se propone tres cosas en esta tercera parte:

·         Investigar la inconmensurabilidad  y fundamentar un giro a una consideración pragmática del lenguaje

·         El giro pragmático lleva a un concepto de razón comunicativa (concepción neoclásica de la modernidad)

·         Regreso a la división del trabajo entre filosofía y teoría de la sociedad recurriendo al teorema de la modernización reflexiva

 a)      Los estándares de racionalidad, supuestamente incondicionados, están en verdad ligados a un trasfondo local (raíces particulares). Posmodernistas (MacIntyre, Lyotard) descubren una pluralidad de tradiciones o discursos (formas de vida, culturas, paradigmas, cosmovisiones), cada uno con sus propios estándares de racionalidad. Para moverse entre ellos no hay puentes o intersecciones hermenéuticas, sino cambios gestalticos (inconmensurabilidad).  Allí no puede haber una crítica trascendedora que permita ordenar las racionalidades en una escala de grados de validez o “verosimilitud”, una es tan aceptable como cualquier otra (relativismo). Tampoco el filósofo que propone esta imagen de razón fragmentada puede pretender una visión de conjunto (la misma vieja crítica al relativismo: si “todo es relativo” es verdad universal entonces es falso que todo es relativo, el relativismo se niega a sí mismo).  Rorty (Objetividad, relativismo y verdad, Paidós 1996) propone una alternativa a esta paradoja de autorreferencia: el etnocentrismo confesado.  Habermas lo rebate alegando que tal posición pasa por alto la idea básica de la hermenéutica de que la situación de entendimiento tiene una estructura simétrica (Pensamiento postmetafísico, Taurus 1990, 176-79).  Esa naturalización de la razón con mundos cerrados autorreferencialmente hace perecer el derecho propio que asiste al empleo comunicativo del lenguaje.  La pragmática del lenguaje parte de cómo los participantes de la comunicación (en el contexto de mundos de la vida compartidos, solapados suficientemente) pueden llegar a entenderse acerca de algo en el mundo.  Estas relaciones simétricas de libertades y obligaciones comunicativas recíprocas reconocidas explican el principio de caridad de Davidson o la fusión de horizontes de Gadamer, esto es, la expectativa hermenéutica de superar la inconmensurabilidad.

b)      Advirtiendo que aquí no puede hacerlo en profundidad, Habermas pone sobre la mesa su teoría de la acción comunicativa y de la razón comunicativa inserta en los contextos del mundo de la vida (el mundo de la vida es condición de posibilidad de la acción comunicativa que lo reproduce). En la modernización social la racionalización del mundo de la vida (distinto a racionalización de la acción económica o administrativa) alcanza a tres componentes: tradición cultural, socialización de los individuos e integración de la sociedad.  Estos se vuelven reflexivos, críticos, abstractos, basados en principios morales universales y procedimientos universales de imposición del derecho.  Esto permite reformular el diagnóstico de Weber.  En este autor, sistema económico y aparato estatal penetran en los ámbitos del mundo de la vida (reproducción cultural, socialización e integración social) y son institucionalizados, produciendo “efectos de extrañamiento” debido a monetarización y burocratización (sociedad disciplinante vs vulnerable subjetividad de los individuos en Weber, Lukács y Escuela de Frankfurt).  Pero con la conceptuación intersubjetivista que propone Habermas esta confrontación queda conceptualmente sustituida por procesos circulares entre el mundo de la vida y los sistemas, lo cual permite mayor sensibilidad para la ambivalencia de la modernidad social.  Una creciente complejidad social no produce per se efectos de extrañamiento.  Puede producir efectos positivos como ampliar espacios de opción y elección y capacidades de aprendizaje, pero cuando mercado y estado invaden las esferas privadas y públicas del mundo de la vida vienen las patologías sociales, las cuales no se limitan a lo psicológico sino que pueden abarcar además el sentido y la dinámica de la integración social.  Esta interacción sistemas – mundo de la vida se refleja en la desequilibrada división del trabajo entre los 3 poderes: solidaridad por un lado y dinero y poder administrativo por el otro.

c) Esta propuesta de reformulación permite responder a problemas de la “modernización reflexiva” (Beck, Giddens y Lash, 1996, 2008).  A la sociedad postindustrial cada vez le es menos posible echar mano de los recursos de la tradición o la naturaleza, por tanto tiene que autofundamentarse con sus propios presupuestos.  Pero esta autonormatización puede hacerse (1) desde la razón funcionalista sistémica que sólo entiende su propia lengua y es sorda a los ruidos externos que genera (monetarización, administración)(enfoque de teoría de sistemas) o (2) desde la racionalidad comunicativa del mundo de la vida que habría de expresarse en forma de conciencia y voluntad política.  Esta última es la opción habermasiana o concepción neoclásica de la modernidad elaborada desde una teoría de la comunicación, apoyada en una teórica crítica de la sociedad y capaz de una visión estereoscópica de las ambivalencias de la modernidad.  Para esta forma de autointervención democrática es decisivo y determinante el establecimiento de procedimientos de formación discursiva de la opinión y la voluntad políticas (Facticidad y validez, 1998). La vida privada de los ciudadanos también depende de la fuente de la solidaridad discursivamente generada: hay que descubrir, construir, inventar, crear, nuevas regulaciones o vinculaciones sociales por medio de sus propios esfuerzos comunicativos.  La esperanza y el optimismo habermasiano se apoya en su confianza en la fuerza productiva de la comunicación.

Comentario final: 

Termina aquí la reseña de la conferencia.  Observo un clásico relato tríptico al estilo de la dinámica clásica hegeliana de tesis, antítesis, síntesis.  En este caso al optimismo inicial de la Ilustración le sigue un pesimismo (Weber, teoría crítica, posmodernismo) y como síntesis superadora está la concepción neoclásica de la modernidad de Jürgen Habermas.  De todos modos comparto la visión ambivalente, ni optimismo ingenuo, ni pesimismo apocalíptico maximalista.

Como intento de comprensión de la modernidad este desarrollo habermasiano no escapa de los límites de la tradición filosófica en la cual se enmarca.  Límites que se expresan en el método de trabajo y en los referentes que utiliza, dejando por fuera la vertiente filosófica no continental y las ciencias naturales.  Lo positivo es que Habermas sí lograr eludir los cuatro lastres del posmodernismo: idealismo, irracionalismo, subjetivismo y relativismo.  Eso ya es bastante.  Pero concebir la ciencia y la tecnología como meramente instrumentales y no reflexivas es, digámoslo con contundencia, un exabrupto.  Cierto es que la ciencia y la tecnología son constantemente instrumentalizadas por el capitalismo (o el socialismo) y que buena parte de los científicos son meros obreros de una fábrica de producción de fragmentos de conocimientos, pero hay muchos cerebros en la historia de la ciencia, la tecnología y la filosofía que ponen en cuestión los fundamentos mismos del conocimiento en general y de los conocimientos o know how particulares. 

A esto se dedica la investigación metacientífica: filosofía de la ciencia, historia de la ciencia, sociología de la ciencia.  También la filosofía de la tecnología, historia de la tecnología, bioética, inteligencia artificial, biología universal y evolutiva, astronomía y cosmología, macrohistoria social.  Y más allá hay elaboración constructiva de cosmovisión integral como es el caso de la filosofía científica que incluye semántica filosófica, ontología, epistemología, ética y estética.  En todos estos casos se profundiza en la reflexión sobre la naturaleza y estructura de la realidad, y sobre la naturaleza humana, ubicando a la especie humana en el cosmos.  Y es una reflexión que no se desliga de la contrastación empírica y la heurística empírica generadora de nuevo conocimiento.  Para el caso de la comprensión de la modernidad, el enfoque denominado Big History ofrece una concepción más amplia y profunda centrada en el concepto de Antropoceno, apoyándose en todas las ciencias y en la filosofía científica.  Desde esta perspectiva queda en evidencia la estrechez de la filosofía continental con sus talanqueras y obsesiones, sus métodos academicistas y su sesgo especulativo.