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lunes, diciembre 04, 2023

Emergencia vs. Superveniencia en Filosofía

Emergencia vs. Superveniencia en filosofía

Por Rafael González del Solar (el traductor de Bunge).

Tomado del capítulo 6, Systemic Materialism in Biology en el libro Contemporary Materialism: its Ontology and Epistemology (Springer, 2022). 

[Traducción libre de Jorge Senior]

Existe otra noción relacionada con la idea de que la materia está organizada en una estructura de niveles, la cual está ontológicamente menos comprometida que la noción de ‘emergencia’, es la noción de ‘superveniencia’. Considerada por algunos como un concepto central de la filosofía analítica (McLaughlin y Bennet 2018), superveniencia es usualmente caracterizada de la siguiente manera: “Un conjunto de propiedades A superviene a otro conjunto B sólo en el caso de que dos cosas no puedan diferir respecto a las propiedades A sin diferir también sobre las propiedades B”.

Uno de los problemas con la idea de superveniencia es que parece asumir la existencia de propiedades  en sí mismas [existencia autónoma]. En contraste, los procesos de emergencia siempre son descritos como procesos concretos que ocurren en las cosas. Otro problema de la superveniencia es que es biyectiva, si es analizada como una relación lógica estática, y en este caso es simétrica y como tal sólo puede describir correlaciones entre propiedades en dos niveles. En contraste, los procesos de emergencia son siempre descritos dinámicamente, a lo largo de un eje temporal que establece la precedencia de algunas cosas (precursores) sobre otras cosas (sistemas). Para más análisis crítico de la noción de ‘superveniencia’ ver Fundamentos de biofilosofía (1997) de Mahner y Bunge, y Materia y mente (2010) de Bunge.

martes, noviembre 28, 2023

Ontología de la mecánica cuántica de Gustavo Romero


 Nota: pensaba elaborar una reseña de uno de los mejores capítulos escrito por Gustavo Romero en el libro sobre materialismo contemporáneo, pero preferí hacer una traducción libre del último acápite del texto en inglés, esto es, el sumario y las conclusiones.

Entre corchetes van comentarios aclaratorios de mi parte y entre paréntesis van palabras en inglés como aparecen en el original, por si acaso la traducción no es idónea.

Ontología de la mecánica cuántica

Tomado de Contemporary Materialism: its Ontology and Epistemology (Materialismo contemporáneo: su ontología y epistemología). Capítulo 4: Quantum Matter (Materia Cuántica) por Gustavo Romero. Sección 4.8: Sumario y conclusiones.

La mecánica cuántica es una teoría extraordinaria. Es extraordinaria por sus logros y triunfos, y es extraordinaria por su opacidad de significado y la distancia que va desde su profunda visión a los dictados del sentido común. La extrañeza de la teoría se manifiesta principalmente a través del entrelazamiento, la dualidad onda – partícula, y la carencia de nítida definición (sharpness) de algunas propiedades cuánticas [indeterminación – superposición]. Todas estas características pueden encajarse dentro de una interpretación realista y objetiva [objetivista] de la teoría. En tal interpretación los referentes de la mecánica cuántica son los sistemas cuánticos y sus entornos.

Los estados de estos sistemas son representados por funciones complejas que corresponden a un espacio funcional llamado espacio de Hilbert. Las propiedades específicas de un sistema particular son dadas por operadores autoadjuntos (self-adjoints) que actúan a través del correspondiente espacio de Hilbert. Los valores propios (eigenvalues) de los operadores son identificados con los valores de las propiedades. Dado que los valores son discretos, se dice que el sistema está cuantizado. Si dos operadores no conmutan, los correspondientes valores propios no son simultaneamente definidos (sharp). Tal indeterminación de propiedades, llamadas desigualdades de Heisenberg o relaciones de dispersión, nada tienen que ver con observaciones. Simplemente reflejan el modo de ser de los objetos cuánticos [no se trata de que el observador altere lo observado, como se suele decir equivocadamente].

La evolución de los sistemas cuánticos obedece a una ecuación linear [determinista]. Esta ecuación puede ser formulada para estados o propiedades. La aplicación del Principio de Superposición a estados lleva naturalmente al entrelazamiento. Una vez un sistema es preparado de una manera particular, evoluciona de tal modo que sus propiedades globales se preservan. Como resultado de esto se da la existencia de correlaciones no-locales entre estados cuánticos de los componentes del sistema. Este entrelazamiento, muy bien verificado desde el punto de vista experimental, no es amenaza para la interpretación realista, en contravía de lo que pensaba Einstein. Sólo implica que las correlaciones cuánticas en sistemas entrelazados son no-locales [No hay conexión causal no-local, ni transmisión de energía o información instantáneas o a mayor velocidad que c (velocidad de la luz y la ondas gravitacionales), no hay “spooky action at a distance” como dijera Einstein].

La linealidad de las ecuaciones dinámicas de la mecánica cuántica también implica que la teoría es plenamente determinista. En cada punto del espacio-tiempo el estado de un sistema cuántico no interactuante está completamente determinado desde las condiciones iniciales. Sin embargo, la teoría es probabilística en el sentido de que a partir de un estado dado sólo las propensiones pueden ser evaluadas para diferentes posibles resultados (outcomes). Tales propensiones son matemáticamente representadas por probabilidades que son determinadas por la regla dada por la ecuación 4.5. En la evolución de las propensiones los observadores no están involucrados, sino únicamente las interacciones con el entorno, las cuales pueden ser artificiales –como en un experimento- o naturales –como en la mayoría de los casos-.

La llamada dualidad onda – partícula en realidad no existe. Los sistemas cuánticos no son ondas ni partículas. Ellos pueden mostrar bajo ciertas condiciones un comportamiento que puede asemejarse (resemble) al de una onda y bajo otras condiciones un comportamiento semejante a una partícula, pero ellos no son ni lo uno ni lo otro: son entidades sui generis. ¿Qué clase de entidades? En este capítulo he sustentado que los sistemas cuánticos son campos extendidos sobre el espacio-tiempo. Lo que llamamos partículas individuales son sólo excitaciones de este campo. El hecho de que las partículas sean propiedades del campo y no entidades se revela cuando nos damos cuenta de que no son relativisticamente invariantes [o sea para diferentes sistemas de referencia]. Diferentes estados del vacío [vacío cuántico] pueden ser encontrados en el mismo campo. Esto resulta en que hay partículas detectadas en un marco de referencia y no en otro.

La propiedad que caracteriza la existencia ontológica [óntica] es la energía: la capacidad de cambiar y producir cambios. La densidad de energía del campo siempre está bien definida en todos los marcos de referencia y no puede ser nivelada (leveled) por un cambio de marco. Esto muestra que las entidades subyacentes en la teoría son los campos cuánticos. Dado que estos campos interactúan entre ellos, decimos que son materiales.

Finalmente, el espacio-tiempo en el que estos campos existen es material también, porque también tiene energía, aunque con una distribución no local [en regiones de espacio-tiempo].

Podemos decir que, de acuerdo a nuestros actuales puntos de vista del mundo físico, todo lo que existe es material. Parece haber dos clases de materia: campos y espacio-tiempo [37 campos cuánticos y un campo clásico que es el espacio-tiempo; en el recuento de Romero se mencionan 25 campos cuánticos, pero ahí faltan las anti-partículas de los 12 fermiones]. Que estas dos clases de materia puedan reducirse una a la otra es algo que está por verse [ya sea por el camino de Einstein y Wheeler o por el camino “inverso” de la gravedad cuántica de bucles u otros similares].

 

 

martes, diciembre 13, 2022

El ateísmo racioempirista es una extraordinaria hazaña del intelecto humano

El ateísmo racioempirista es un extraordinario y admirable logro del intelecto humano.  Así debe ser considerado si apreciamos el esfuerzo que significó superar las explicaciones antropomórficas, la vanidad complaciente del antropocentrismo, el peso de la tradición, las cadenas de los dogmas, la seducción de los mitos, la inercia de la costumbre, la prisión del contexto idiosincrásico, el facilismo de pensar con el deseo (wishful thinking, fé), la comodidad de un paternalismo protector.  

Durante milenios no hubo alternativa.  

En los filósofos presocráticos hubo un atisbo, pero realmente el ateísmo racional y empirista es un logro moderno que va de la mano de la revolución científica y la Ilustración.  El ateísmo no es sólo la tesis contraria a la religión, la fé y la creencia acrítica en dioses (sean múltiples o uno solo). También es la tesis contraria a la afirmación de lo sobrenatural, del alma inmaterial e inmortal y del pensamiento sin soporte neural. Y asimismo es la tesis contraria al antropocentrismo, esto es, a la idea de que el ser humano ocupa un lugar especial en el cosmos, en la naturaleza.

Ser ateo es superar el infantilismo, es decir, esa etapa en que el ser humano no es capaz de distinguir entre la realidad y la fantasía, entre la verdad como atributo basado en la evidencia (aunque no nos guste) y la ficción que no se somete a la contrastación de la prueba empírica.

El pensamiento mágico es infantil pues sustenta sus creencias en el deseo meramente subjetivo.  Por ejemplo, los deseos de tener protección contra los peligros, de tener ayuda poderosa (sobrenatural, o sea mágica) para lograr ciertos anhelos, de vivir eternamente o de que nos volveremos a encontrar con nuestros seres queridos en "la otra vida".  Es infantil no aceptar la realidad y darle crédito a la fantasía.  Entonces se niega nuestra naturaleza animal mortal.  Se niega la naturaleza fantástica de los mitos o narrativas inventadas por cada pueblo o cultura, o peor aún, se acepta esa naturaleza fantástica para los mitos de los otros grupos humanos pero no para los mitos del grupo al cual pertenecemos, en el colmo de la incoherencia patente.    


Ser ateo, entonces, es alcanzar la madurez, el estado adulto, la mayoría de edad. 

Ser ateo es superar el parroquialismo y las cárceles identitarias, es ser cosmopolita, universal. Es ser crítico frente a cualquier tradición, dogma o argumento de autoridad.  Crítica que debe ser racioempirista, es decir racional, lógica, basada en la evidencia.  Evidencia que también está sujeta a control de calidad con los métodos que hemos aprendido en el ámbito científico en los últimos cuatro siglos.

El ateísmo es la consecuencia del pensamiento crítico que, al igual que la ciencia, se fundamenta en el rigor lógico y experimental, en la contrastación empírica y en la valoración máxima de la verdad objetiva como propósito de la búsqueda, sin llenar los vacíos con ficciones voluntaristas.  El pensamiento crítico es el detector permanentemente en guardia frente a falacias y sesgos.  

En llave con la ciencia y el pensamiento crítico está la filosofía científica y juntos integran una cosmovisión científica.  Esta cosmovisión científica puede responder en gran parte a las preguntas ¿de dónde venimos? y ¿qué somos? a través de lo que se ha denominado Big History o Gran Historia, el metarrelato que la ciencia ha logrado construir en los últimos 70 años.  Y lo que la ciencia aún no puede explicar no se llena o se soluciona con fantasías o pensando con el deseo.

En el campo de la ontología el ateísmo es naturalista / materialista.  Por tanto es contrario al idealismo.

En el campo de la epistemología el ateísmo es racioempirista y objetivista.  Se opone al irracionalismo y al subjetivismo.  El ateísmo también se opone al absolutismo, pero no cae en el relativismo exagerado, pues reconoce a la especie humana como una sola, reconoce a la naturaleza humana más allá de nuestras diferencias individuales y nuestra diversidad grupal. Y acepta el principio cosmológico, esto es, que la Tierra, el Sol, nuestro sistema solar y nuestra galaxia, no ocupan el centro ni un lugar especial.  Por tanto el ateísmo acepta que nuestra capacidad de conocer no está limitada en términos absolutos por nuestra condición de especie animal de la biosfera terrestre. 

El ateísmo es cientificista, es decir, pro-ciencia. El cientificismo bien entendido afirma que lo que llamamos "ciencia" es el mejor modo de conocer el mundo (no afirma que sea el único modo de conocer y no entiende la "ciencia" de manera esencialista).  

El ateo racioempirista no es dogmático. Si la contraparte puede puede mostrar evidencia de dioses, fantasmas, espíritus, almas, ángeles, magia o cualquier fenómeno sobrenatural, con mucho gusto se somete a investigación.  Si la contraparte presenta argumentos bien elaborados con mucho gusto se someten a crítica racional. 

¿Y el agnosticismo?  Hay otra entrada en el blog sobre ese tema.   

¿Y el humanismo progresista?  Habrá otra entrada en el blog sobre ese tema.  

 



viernes, julio 02, 2021

La guerra de estatuas y la izquierda mítica: caso Barranquilla



Autor: Jorge Senior

Antecedentes

Hace pocos días en la ciudad de Barranquilla, Colombia, un grupo de muchachos (creo que no había chicas o al menos no las ví en los videos), quizás un centenar, derribaron y destrozaron la estatua de Cristóbal Colón que la colonia italiana había donado a la ciudad en 1892 con motivo del cuarto centenario de una fecha que partió en dos la historia de la humanidad, como explicamos en otra entrada de este blog (enlace).  Era una obra artística realizada en mármol de carrara, algo para nada usual, tal vez único, en la ciudad. 

Para los que no conozcan a Barranquilla, resulta pertinente recordar que esta ciudad - puerto no fue fundada por conquistador alguno, sino por el pueblo mestizo, criollo, y orgullosamente se ha considerado  como un “sitio de libres”, en contraste con Cartagena y Santa Marta. Es también una ciudad de inmigrantes, abierta al mundo y como decía el filósofo Rubén Jaramillo Vélez, a comienzos del siglo XX Barranquilla era una urbe cosmopolita cuando Bogotá era todavía una aldea grande con un pueblo andino y provinciano, a pesar de ser la capital.

Pues bien, el acto destructivo sucedió en el marco de un “Paro Nacional” que no ha sido paro, pero sí un estallido social de gran magnitud durante dos meses, desde el 28 de abril (coincidente con el aniversario de Jaime Bateman Cayón).  En el contexto del Paro, que ha tenido favorabilidad de más del 80% de la ciudadanía según encuestas en mayo, ha habido todo tipo de manifestaciones, incluyendo las vías de hecho, como por ejemplo los bloqueos, pero estas modalidades de lucha han tenido menor favorabilidad de la opinión.  La represión brutal de la policía orientada por el gobierno uribista de Duque ha dejado más de 80 muertos, todos jovencitos de barriadas populares.  Además hay que decir que la mayoría de estas víctimas han ocurrido en Cali y Bogotá, dos ciudades gobernadas por el partido Alianza Verde, que se dice alternativo.

Desde mi perspectiva de izquierda mi posición sobre el acto es de rechazo, en este caso concreto.  De la misma manera que rechazo el derribamiento de estatuas de Bolívar, Santander y Nariño en el sur del país, la zona en que los indígenas se pusieron del lado de los españoles durante la guerra de independencia, señal de que aún puede haber allí una perspectiva bien diferente a la de las mayorías populares de Colombia.  Desde que los españoles invadieron tuvieron a numerosos pueblos indígenas de aliados, lo cual fue clave para que pudieran derrotar a los imperios y cacicazgos opresores de esos pueblos. La guerra de conquista fue también una guerra de indígenas contra indígenas, algo que muchos parecen olvidar.   

También hubo derribamiento de 9 estatuas de conquistadores y políticos, ninguno de gran valía, actos con los cuales me quedaría más fácil simpatizar.  Debe quedar claro que yo no tengo una posición de principio contra las vías de hecho, todo lo contrario, considero que, desafortunadamente, muchas veces son absolutamente necesarias en las luchas populares.  Es el mismo criterio de la legítima defensa, extendido a la contraofensiva.  Pero las vías de hecho mal manejadas pueden llevar al descrédito del Paro, que por su prolongada duración ya está sufriendo el desgaste natural de este tipo de procesos.  Y eso puede ser favorable a la derecha que aprovecha para ofrecer mano dura y seguridad.  Tenemos unas elecciones claves en 2022 donde por primera vez un candidato de izquierda luce como favorito, por tanto un criterio de análisis imprescindible es evaluar los efectos políticos en la opinión pública generados por las actuaciones más mediáticas que se producen en el contexto del Paro.  La idea es no favorecer a la derecha con acciones que generan repudio.

El acto de tumbar la estatua en Barranquilla no fue masivo ni una acción de un grupo étnico.  Más bien luce como un operativo aislado, imitativo, sin siquiera un comunicado explicativo y pedagógico, en una ciudad donde la dinámica del Paro ha sido muy diferente a Cali (por ejemplo unas pedreas relacionadas con partidos de fútbol).  El acto tuvo un contenido político, equivocado, pero sin duda es hecho político, no es vandalismo lumpen como lo califican erróneamente algunos.

Lo que me parece interesante y oportuno del operativo de Barranquilla es que ha generado un debate en algunos sectores de izquierda divididos en torno al hecho (curiosamente, hasta ahora, no he visto en los chats donde predominan los uribistas u otras visiones tradicionales una reacción escandalizada, sino que lo ven como otro “acto vandálico” más).  En mi concepto este debate es interesante porque permite realizar en caliente una discusión sobre la crisis teórica de la izquierda, algo que los sectores de izquierda permanentemente eluden, quizás porque el antiuribismo nos une a gran escala y el mal llamado “petrismo” a menor escala y porque la izquierda es cada vez más electorera (con mayor razón ahora cuando hay posibilidades de triunfo, al menos en el ejecutivo).

 

E L   D E B A T E

En realidad hay tres debates en uno.  El primero sobre la estatua, el segundo sobre el personaje Cristóbal Colón y el tercero, el debate sobre la izquierda mítica y su manera posmodernista y demagógica de tramitar el pasado.


La estatua:

El ataque a un monumento cualquiera en el espacio público nos plantea dos temas: uno sobre el valor artístico de la obra y otro sobre la historia específica de ese ejemplar de amoblamiento urbano, es decir, cómo se tomó la decisión sobre el monumento y todo lo que rodea esa iniciativa.

Sobre el valor artístico de la estatua de Colón no opino porque no soy experto en ese asunto, más bien me guío por lo que digan los que sí saben.  Pero sí tengo un criterio general: el arte debe ser respetado, no importa su contenido.  Y a mayor calidad, mayor respeto.  Que yo no sea experto en arte no significa que no lo admire.  No hay ciudad adonde yo vaya en que no visite el mayor número de museos de arte, gracias a lo cual conozco decenas de museos en múltiples países.  Para mí el arte es sublime, cumbre del talento humano.  Y eso es más importante que la “corrección política”.  No se puede ser humanista y destruir una obra artística de valor.  No importa si la obra representa realidades que repudio, como la monarquía, la creencia religiosa, la tiranía, la violencia, el rapto, la opulencia y el lujo, la vieja nobleza o la menos vieja burguesía.  Para mí el incendio de Notre Dame, la destrucción de los Budas de Bamiyán y el incendio del Museo Nacional de Brasil, fueron pérdidas dolorosas, auténticas tragedias.  

En muchas ocasiones el artista me genera repudio y sin embargo el talento me obliga a reconocerlo, como en otra discusión local en torno al cantante Diomedes Díaz, ídolo popular colombiano que estuvo involucrado en un homicidio y protegido por paramilitares. 

Destruir obras de arte nos convierte en talibanes, es decir, en fanáticos enceguecidos, dogmáticos e irracionales, de la misma estirpe de un quemalibros como Alejandro Ordoñez.  Nos convierte en censores o censuradores como la Inquisición católica con su índice de libros prohibidos.  ¿Qué tal que uno no pudiera conseguir y leer un libro como Mi lucha de Adolf Hitler? Todos tenemos derecho a conocer el pasado, lo que no tenemos es derecho a ocultarlo o negarlo.  No es el momento para profundizar en ello, pero me manifiesto en contra de la “cultura de la cancelación” y de lo que llamo “correcionismo político” o ideología de la corrección política, pretextos perversos para limitar la libertad de expresión (ver entrada). Y el arte es expresión que debe ser libre.

Por último, me parece despreciable que alguien que no sabe esculpir destruya la obra de un escultor.  Es un ejemplo de la brutalidad contra el talento.

El otro asunto es el carácter de amoblamiento urbano que tienen los monumentos públicos.  Entonces hay que mirar lo que representa para el patrimonio urbano y la historia de la ciudad.  En este caso la obra artística fue un obsequio de la colonia de inmigrantes italianos del siglo XIX, que al igual que otras corrientes de inmigración se integraron a la historia de la ciudad y son constitutivos de lo que somos como urbe abierta al mundo.  Es cierto que la estatua fue trasteada por varios lugares y terminó en el bulevar de la iglesia del Carmen, un lugar menos central que el Paseo Colón (1910 - 1937, convertido luego en Paseo Bolívar) o la plaza de San Nicolás (donde cogíamos el bus de Puerto Colombia para ir a la playa).  No se puede decir, sin embargo, que estuviera en estado de abandono.  Y aún si lo estuviera, eso sería criticable, pero no razón para destrucción.

Ahora bien, en Barranquilla los gobernantes casi nunca consultan a la ciudadanía sobre el amoblamiento urbano, los monumentos y sus ubicaciones.  Esa misma práctica antidemocrática la siguieron los muchachos del operativo de destrucción, pues ese puñado de personas no tiene la representatividad de la juventud ni mucho menos de la población en general.  Más aún, ni siquiera hubo una deliberación pública sobre el asunto, aunque estaba “cantado” que sucedería aquí por la moda imitativa que ya lleva unas 13 estatuas destruidas en Colombia y varias decenas en el globo. 

Las estatuas se ponen y se quitan.  Las visiones colectivas cambian con el tiempo y una ciudad puede tomar decisiones para transformar su amoblamiento urbano. Lo importante es que haya deliberación pública y refrendación democrática, puede ser a través de una consulta ciudadana o que el alcalde lo haya incluido en su campaña y su triunfo exprese entonces el apoyo a ese punto del programa.

En resumen, rechazo el acto destructivo por ser un atentado contra el arte, la democracia y la historia de mi ciudad natal con la cual tengo un fuerte sentido de pertenencia.  Estimado lector, puedes refutar esta tesis probando el escaso valor artístico de la obra, su insignificancia en la historia de la urbe y la gestación democrática del operativo.  Cosa distinta es explicar la actuación de las personas de muy corta edad involucradas en el evento, pero para esto necesitamos desarrollar los otros dos puntos, pues no desconocemos el contenido político.

 


Cristóbal Colón:

El segundo eje es el personaje: el marinero Cristóbal Colón o Christophorus Columbus (personaje que le da nombre a nuestra  patria republicana).  Ese punto lo desarrollé en 2020 en otra entrada del blog (enlace).  A Cristóbal Colón, el navegante explorador, se le hacen estatuas porque cambió de manera disruptiva la historia milenaria de la humanidad. Catorce mil años de escisión en dos de la especie humana llegaron a su fin con la hazaña de navegación de Colón.  Es una figura cimera de la historia mundial, algo que sólo puede apreciar quien conozca la historia de la especie.  Pocas figuras del pasado podrían competirle en dimensión histórica. 

Somos lo que somos por el evento que ese sujeto cristiano lideró.  Si Colón no hubiera existido, habría pasado casi lo mismo, ya que la expansión europea fue un proceso social, colectivo, comercial y militar que se desplegó durante varios siglos antes de 1492 (incluso los vikingos ya había llegado al norte del continente y fueron derrotados) y me atrevo a conceptuar que era inevitable, como argumento en otros escritos.  Pero nosotros los individuos que existimos hoy como producto de ese proceso, nunca habríamos existido (ya sea que lo miremos desde la "teoría del caos" o desde la historia como ciencia).  Se hubieran producido otras personas, no nosotros. Reconocer el pasado tal y como fue, es reconocernos a nosotros mismos. 

Los anti-Colón nunca hablan de la talla histórica del personaje, aspecto fundamental, sino que se dedican a hacer una evaluación o juicio moral (y a veces con terminología jurídica) del personaje, utilizando para ello categorías contemporáneas, inexistentes hace 500 años.  Pero Colón está muerto, por tanto no podemos llevarlo a un tribunal, ni fusilarlo, ahorcarlo o degollarlo, es decir, no podemos hacer justicia (ni correctiva ni vengativa) por los crímenes (según criterio actual) que haya cometido (y que pudiéramos probar), aunque tumbemos mil estatuas.  Tampoco podemos acusarlo de violar el orden jurídico internacional, ni el derecho internacional humanitario, ni los derechos humanos, ni el derecho de propiedad, ni la autodeterminación de los pueblos, porque nada de eso existía entonces. Puro moralismo anacrónico.

Algunos intentan compararlo con santos de la época para tratar de argumentar que se podía ser “bueno” en ese entonces.  Craso error, como si la historia la hicieran los santos y no los guerreros e inventores.  La historia se hace con ideas y acción.  Colón encarna las ideas y la acción de su época que confluyen en su talento de navegante.  Esos santos no hicieron la hazaña, la parasitaron desde su nicho funcional en esa sociedad.  Ponen de ejemplo a Bartolomé De las Casas, un tipo dedicado a "lavar cerebros" ("salvar almas"), adoctrinándolos con la ideología mítico - religiosa medieval mientras promovía el comercio esclavista de africanos para reemplazar el trabajo indígena.  Si Colón era un hijueputa (según nuestros parámetros de hoy), De las Casas era otro hijueputa.  Y entre esos dos hijueputas me quedo con el que tiene el mérito de la gran hazaña.  ¿Quién en Europa se opuso a la exploración y conquista del Nuevo Mundo?  (compárese con la guerra de Vietnam que dividió al pueblo estadounidense)

El columnista Mauricio García Villegas aborda lo que podríamos llamar “el sesgo de los indignados” contando lo siguiente (cita larga): 

“El profesor Robert P. George, de la Universidad de Princeton, cuenta que de tanto en tanto les pregunta a sus estudiantes qué posición habrían tenido sobre la esclavitud si hubiesen sido blancos en Georgia, al sur de los Estados Unidos, a principios del siglo XIX, es decir, antes de la abolición de la esclavitud. Casi todos responden que habrían sido abolicionistas. Pero es casi seguro que habrían sido esclavistas como lo fueron todos en esa época. A los humanos no solo nos cuesta ponernos en los zapatos de los otros, sino imaginar lo que haríamos si estuviésemos en circunstancias completamente diferentes a las presentes. Las personas de mi edad solemos hacer una lista de cosas que ocurrían cuando éramos niños y que hoy son, a todas luces, inaceptables, como conducir con tragos o ser indiferentes ante el confinamiento de las mujeres en el hogar. Éramos indolentes y no lo sabíamos. Soy un defensor de la naturaleza y del medio ambiente y nací en el seno de una familia que ama la naturaleza, pero cuando era niño mataba pájaros con cauchera y gozaba pescando truchas en las quebradas y no recuerdo haber sentido congoja alguna con el chapaleo agonizante de esos animales en mis manos. Cuando pienso que ese joven y yo somos la misma persona, dudo de mis certezas actuales.

Nuestra mente está bien diseñada para proclamar y defender principios, no para entender el comportamiento humano como un resultado de las circunstancias. Estamos más predispuestos para la indignación virtuosa que para entender una realidad llena de causas y efectos, por eso nuestra psiquis se acomoda mejor al oficio del sacerdote que al del científico. Los psicólogos hablan del “error fundamental de atribución”, que refleja nuestra tendencia a apañarnos con una explicación de todo lo que ocurre en la que solo hay sujetos, no contextos, ni condicionantes, ni estructuras, ni azar. Vemos la vida como actores de un culebrón de televisión en el que todo depende de lo que hacen los malos y los buenos.

Tenemos en cuenta las circunstancias para justificar nuestros fracasos, pero cuando se trata del fracaso de los otros solo su persona cuenta. Si alguien no hace bien su trabajo pensamos que eso se debe, por ejemplo, a su pereza, pero cuando nosotros no hacemos bien el trabajo pensamos que eso se debe, por ejemplo, al hecho de tener un jefe autoritario”.

Hasta allí la cita.  Así pues, los ilusos del siglo XXI, como buenos idealistas (antimaterialistas), creen que si vivieran en el siglo XVI serían antiesclavistas.  También tienen la ilusión contrafáctica de que el “encuentro de dos mundos” pudo ser pacífico.  Primero, aún ese caso habrían muerto millones de indígenas por los gérmenes, los agentes patógenos que traían los europeos (que era sobrevivientes de la peste bubónica).  Segundo, esa ilusión es tan improbable que sólo es posible imaginarla desde un desconocimiento de la historia de la humanidad desde el paleolítico, pues la guerra, el desplazamiento y el saqueo han sido recurrentes.  

Los europeos también se expandieron por todos los otros continentes y la historia es similar.  El caso de Asia es interesante, porque ahí la pelea era pareja y no era posible una conquista tan fácil como la de los imperios Inca o Mexica derrotados por una fuerza española asombrosamente pequeña (gracias a los aliados indígenas).  Aún así hubo violencia, los españoles dominaron a Filipinas (nombre en honor a Felipe II, 1543) y varias islas, al igual que los portugueses.  Con el tiempo China, India, Indonesia y otros territorios terminaron dominados por Inglaterra y Francia principalmente y Rusia llegó hasta el Pacífico (también es bueno comparar la situación de Asia hoy, que sin victimismo llorón se ha sabido poner al mismo nivel de las potencias de Occidente).

Para terminar este punto toca ir más allá de Colón, pues sus críticos no sólo caen en el error de anacronismo sino también en el de maniqueísmo cuando se trata de mirar todo el proceso, ya no la figura individual.  Los ingenuos de hoy dicen: “en el colegio no nos enseñaron la historia verdadera”.  Se refieren a la historia contada en la versión española de la leyenda blanca.  No sé si a estas alturas del siglo XXI todavía hay profesores de historia en Colombia enseñando la leyenda blanca, pero lo dudo.  El punto es que estos desengañados de la leyenda blanca entonces abrazan de manera igualmente acrítica la leyenda negra según la cual la conquista y colonización fue una masacre unilateral de europeos malos contra indígenas buenos.  Ocultan o desconocen la política de alianzas.  Ocultan o desconocen que cada vez que pudieron los indígenas masacraron a los españoles (bien por ellos, guerra es guerra).  Ocultan o desconocen que en el Nuevo Mundo, antes de Colón, había opresión, esclavitud, servidumbre, patriarcado, castas y clases sociales, dominación de unos sobre otros, genocidios, asesinatos, torturas, sacrificios humanos, canibalismo, violaciones, epidemias, desastres ambientales, civilizaciones desaparecidas (el caso de los mayas es un ejemplo de guerras y mala gestión ambiental del territorio).  No se ha probado, pero es probable que estos asiáticos, que fueron los primeros humanos en llegar al continente por Bering, tuvieron su cuota de responsabilidad de la coincidente extinción de la megafauna.  En síntesis, los habitantes del Nuevo Mundo eran seres humanos, no ángeles.  Y como tales exhibían las mismas características de la naturaleza humana que los humanos del Viejo Mundo.  

 


La Izquierda mítica:

Llamo izquierda mítica a esos sectores que tramitan el pasado desde el sesgo de las subjetividades y las identidades, es decir, la ideología en últimas, sin rigor ni respeto alguno por la verdad y negando la idea de progreso, como hemos visto someramente en el caso de la conquista española y su narrativa anacrónica y maniquea.  Pretenden reemplazar la historia objetiva por la “memoria subjetiva” a pesar de que la memoria no puede abarcar más atrás del siglo XX, por tanto lo que hay es la invención de un relato victimista y moralista con fines políticos y jurídicos (que muchas veces resultan ser demagógicos). 

Todo esto tiene su origen en un fenómeno intelectual que aconteció en la Europa de los años setenta, cuando el marxismo entró en decadencia y el posmodernismo empezó a imponerse.  El marxismo tenía defectos, pero el posmodernismo fue la debacle.  Al menos el marxismo era materialista (aunque flaqueó al flirtear con el construccionismo social), objetivista, universalista, contrario al irracionalismo, con visión de progreso (incluso excesivamente optimista y determinista).  Por tanto el marxismo, mal que bien, era ilustrado o moderno, pro-ciencia y humanista.  El posmodernismo era lo contrario en todos los aspectos: idealista (exagerando la importancia del lenguaje y lo simbólico), subjetivista (no hay verdad sino poder), ultrarrelativista (sobre todo cultural), enemigo de la razón, por tanto rechaza idea de progreso.  En consecuencia, el posmodernismo debería llamarse antimodernismo pues es antilustración y anticiencia, de ahí que lo califico de oscurantista (ver enlace).  En vez de un humanismo universal, el posmodernismo niega la naturaleza humana para enfatizar el construccionismo social y las identidades de grupo.

El posmodernismo, que es una versión moderna de los sofistas griegos, surgió de Weber (desencantamiento del mundo y jaula de hierro), Escuela de Frankfurt (Dialéctica de la Ilustración de Adorno y Horkheimer), psicoanálisis, giro lingüístico, giro historicista en filosofía de la ciencia, programa fuerte de sociología de la ciencia, entre otras fuentes.

No entró directo a los partidos de izquierda, estos siguieron en su inercia durante los años 80 o retomando a Gramsci.  El posmodernismo se metió por la vía de la academia, las protociencias sociales, los estudios culturales, luego por medio de ciertos feminismos de tercera ola, fue colonizando sectores liberales que aparecían triunfantes tras la caída del muro de Berlín y del bloque soviético (esto llevaría a la actual fractura liberal (ver enlace)).

Al ser la antropología su fuerte con el relativismo cultural, el posmodernismo también circuló por las problemáticas raciales o étnicas, los estudios postcoloniales y de ahí se pasó al autodenominado “pensamiento decolonial” (ver enlace), el cual ha intentado una polarización Norte/Sur de nuevo tipo, pues no se centra en el desarrollo o progreso, sino que asume un carácter antioccidental.  Mientras la critica anterior al eurocentrismo era por presentar como universales ideas, visiones, creencias y valores que en realidad eran locales de Europa y por tanto su corrección consistía en buscar una auténtica universalidad, ahora el relativismo posmo-decolonial renuncia a la universalidad y por tanto su critica al eurocentrismo (incluido el posmodernismo) lo que busca es equiparar las culturas locales, enclaustrando sus identidades sobre todo frente al Otro Occidental, lograr su reconocimiento por vías políticas, jurídicas y éticas, no por logros tecnológicos, militares, artísticos o de conocimiento (por ejemplo utilizando conceptos como “epistemologías del sur” o “justicia epistémica”).  

Los partidos de izquierda liberales y socialdemócratas fueron cooptados por el consenso de Washington, es decir, por el neoliberalismo.  Mientras tanto los partidos de izquierda marxista sufrieron el debilitamiento de su discurso marxista (por derrota intelectual y debacle de países socialistas) y de su sujeto político supuestamente redentor, la clase obrera (por el cambio tecnológico de la producción más el embate neoliberal contra el sindicalismo). Ante eso se vieron precisados a transmutarse en nuevas agrupaciones o fueron permeados por nuevos “sujetos sociales” y "grupos de presión" de tipo identitario que reivindicaban subjetividades y buscaban reconocimiento (político, jurídico y ético).  Me refiero a grupos feministas, de minorías sexuales y de minorías étnicas. Las condiciones materiales de existencia y la contradicción principal de carácter socioeconómico (la desigualdad, la concentración de la riqueza y el ingreso) dejaron de ser el eje principal y aspectos simbólicos, lingüísticos, de identidad, memoria, víctimización y sexualidad, pasaron a primer plano.  La preocupación por libertades colectivas, como por ejemplo la de asociación, dió paso a un nuevo énfasis en libertades individuales de carácter liberal (aborto, eutanasia, matrimonio gay, dosis personal, etc). 

De esta manera, para complacencia del 1% más rico y de las élites en general, la contradicción principal que debiera aglutinar a la gran masa de la población (99% vs 1%) quedó en segundo plano opacada por luchas sectoriales y simbólicas que dividen al pueblo (a veces son marcadamente segregacionistas).  El horizonte eutópico de la revolución basado en la idea de progreso y el humanismo universal se ha diluido.  En su reemplazo aparece el concepto meramente negativo de resistencia, discriminaciones positivas (ventajas o privilegios temporales), horizontes de reparación simbólica, objetivos individualistas (cuotas) disfrazados de colectivos. 

No he mencionado el tema clave del medio ambiente que es otra contradicción principal, pero ya no dentro del capitalismo, sino entre capitalismo y naturaleza.  El cambio climático está en el centro de la política en el siglo XXI (por eso hablamos de política antropocénica, ver enlace) y merecería un análisis aparte que no será abordado en este escrito.

Como consecuencia de todo lo anterior, la izquierda ya no tiene un marco teórico unificado de referencia, sino un popurri de ideologías, relatos míticos, pseudociencias, pseudoteorías conspiranoicas, ciencias sociales especulativas, marxismo residual, reduccionismo culturalista, antioccidentalismo inconsecuente (de la boca para afuera), indigenismo, ambientalismo fundamentalista, vegetarianismo y veganismo y un largo etcétera.  Desde luego también hay sectores afines a la socialdemocracia clásica, al liberalismo social, al progresismo ilustrado siglo XXI, al humanismo, al populismo, al anarquismo.  Me identifico con estos últimos, excepto el anarquismo.

Hablar de vieja y nueva izquierda es equívoco.  No hay tal.  Toda esa especie de torre de Babel que hemos descrito escuetamente, es actual.  Sería paradójico que el progresismo fuera “viejo” y el antiprogresismo "nuevo”. ¿Qué progreso sería ese?

En términos generales todas las izquierdas apoyan causas de inclusión, justicia social e igualdad, libertades, equidad de género, antirracismo, ambientales, en fin, toda una herencia ético – política de la revolución francesa y su consigna de libertad, igualdad y solidaridad (Bien común).  Pero lo hacen de manera distinta y a veces las diferencias son profundas (para una buena causa son tan peligrosos sus enemigos como sus malos defensores que la hacen quedar mal).  Casi todas las izquierdas descuidan temas de seguridad o competitividad y en el caso de los sectores de izquierda impactados por el posmodernismo tienen una relación conflictiva con la ciencia y con la tecnología, a veces son abiertamente anticiencia.

En el fondo hay una disputa filosófica doble, primero entre “continentales” y “empírico-analíticos”, y segundo, dentro de los “continentales” está la batalla entre los posmodernistas de diverso pelambre y sus críticos.

El debate ontológico de fondo sigue siendo entre idealismo y materialismo.

El debate epistemológico de fondo es triple: objetivismo vs subjetivismo, racioempirismo vs irracionalismo, universalismo o relativismo moderado vs ultrarrelativismo.

A diferencia de las ciencias sociales, las ciencias naturales poco se ven perjudicadas por el posmodernismo.

Los que justifican la tumbada de la estatua de Colón se alinean en últimas con el posmodernismo, es decir, con el idealismo, subjetivismo, irracionalismo y ultrarrelativismo.  Además apuestan por la memoria en contra de la historia (lo cual no tiene sentido a distancias de más de 100 o como mucho 150 años).  Mi crítica se alinea con el materialismo, objetivismo, racioempirismo y universalismo. También me alineo con el relativismo moral histórico (coincidente con el marxismo), que se deriva del materialismo y no es contrario al universalismo, pues hay una base universal (la naturaleza humana) modulada por las culturas particulares (códigos morales particulares, que muchas veces son contranatura en diversos aspectos).  Y me alineo con la ciencia de la historia, no con el moralismo (un buen historiador debe suspender el juicio moral suprahistórico productor de sesgos).

En el tema de memoria, admito la dualidad memoria/historia en los últimos 100 años, más allá sólo queda el trabajo histórico.  En el tema de víctimas me interesan los vivos, sus reivindicaciones actuales, su futuro a construir, la resiliencia en vez del victimismo (baja autoestima o aprovechamiento ventajoso).  El presente y el futuro es lo que podemos cambiar, el pasado no.  Lo que sí podemos hacer con el pasado es investigarlo científicamente, conocerlo lo más objetivamente posible, en vez de armar una estúpida guerra de relatos inventados, con leyendas blancas y negras, maniqueísmos y anacronismos. 

Este tema no se agota aquí, apenas está esbozado.  Cierro con dos conclusiones generales.

1. Detrás de un simple evento como la tumbada de una estatua hay un trasfondo filosófico que marca el pasado reciente, el presente y el futuro de la izquierda y de las ciencias sociales.

2. La Izquierda colombiana y mundial están en mora de reconocer su crisis teórica y asumir el debate filosófico, siempre eludido con el pretexto del antiintelectualismo o por el encerramiento de cada quien en su parcela teórica.      

Nota Bene: un resumen superapretado de este tema está en los 21 puntos compilados en una sola página, en la entrada Alertas antidecoloniales (ver enlace)

Barranquilla, sitio de libres, ciudad de mestizos criollos e inmigrantes, Julio 2 de 2021


OTRAS LECTURAS RELACIONADAS

-El desafío de la izquierda, primera parte (enlace)

-Anticipo de la segunda parte: Los 3 oscurantismos (enlace)

viernes, febrero 26, 2021

Preguntas y respuestas sobre el espacio y el tiempo

 


Preguntas

 

1.       ¿El espacio y el tiempo existen objetivamente o sólo en nuestra mente?

[Problema de la objetividad / subjetividad]

 

2.       ¿En ausencia de materia existen el espacio y el tiempo?

[Problema de la existencia independiente o debate substancialismo vs relacionismo]

 

3.       ¿El espacio-tiempo es discreto o continuo?

[El problema de la microestructura cuántica]

 

4.       ¿El espacio y el tiempo son emergentes?

[Integra las preguntas 2 y 3]

 

5.       ¿Espacio y tiempo son entidades separadas?

[El problema de la doble naturaleza] [¿En qué sentido son distintos entonces?]

 

6.       ¿El tiempo fluye? ¿Existe sólo el presente?

[Debate presentismo vs eternalismo (universo de bloque)]

 

7.       ¿Qué define el sentido del tiempo?

[El problema de la flecha del tiempo]

 

8.       ¿El espacio es un mero escenario inmutable y pasivo? ¿Un punto espacial permanece idéntico a sí mismo a lo largo del tiempo?

[Problema del carácter absoluto del espacio]

 

9.       ¿El espacio-tiempo es de carácter material?

[El problema de la naturaleza del espacio-tiempo]

 

10.   ¿El tiempo fluye a un ritmo constante?

 

11.   ¿El tiempo propio fluye a un ritmo constante?

 

 

Respuestas

 

1.       ¿El espacio y/o el tiempo existen objetivamente o sólo en nuestra mente?   Agustín de Hipona, Hume y Kant dan respuesta subjetivista.  Esta ruta no tiene importancia para entender el tiempo o el espacio como tales, pero da pié a investigación empírica, científica, en psicología y biología.  Aquí el problema es otro: ¿cómo un animal percibe o calcula el tiempo o el espacio? (en particular el Homo Sapiens) Otros problemas similares: investigación sobre los ritmos biológicos, celulares, etc.

Respuesta actual: el espacio y el tiempo tienen existencia independiente de los sujetos humanos o de cualquier otro sujeto cognoscente.

 

2.       ¿En ausencia de materia existen el espacio y/o el tiempo?  La respuesta relacionista es defendida por Aristóteles, Descartes (1644), Leibniz (1715), Mach (1883).  Newton es substancialista (1687).  Einstein es influido heurísticamente por el relacionismo para construir la teoría de la relatividad especial (1905) y luego la general (1915), pero finalmente, tras el debate con De Sitter (1916-17), se torna substancialista (1920) (Gutfreund y Renn).  Bunge es relacionista (1983), pero al parecer cambió al final de su vida tras la detección de ondas gravitacionales en 2015.

Respuesta actual: el espacio-tiempo tiene existencia independiente de la materia.

 

3.       ¿El espacio-tiempo es discreto o contínuo?   En física relativista se entiende el espacio-tiempo como un campo continuo.  Y ese es el conocimiento científico válido hoy.  Pero hay exploraciones en gravedad cuántica (ver Carlo Rovelli) que apuntan a una microestructura a nivel de la escala de Planck.  Lo cierto es que la física relativista encuentra el límite en la escala de Planck, así como en las singularidades en el centro de agujeros negros y en el inicio del Big Bang.

Respuesta actual: la Relatividad General está vigente y no está probado que el espacio-tiempo tenga una microestructura.

 

4.       ¿El espacio y/o el tiempo son emergentes?   La visión relacionista puede entenderse como un enfoque emergentista, aunque el concepto “emergencia” es posterior.  Este concepto aplica mejor para la gravedad cuántica de bucles que concibe al espacio-tiempo como emergente a partir de una microestructura aún en investigación (Rovelli).

Respuesta actual: la misma de la pregunta anterior, no hay prueba de emergencia por ahora.


 

5.       ¿Espacio y tiempo son entidades separadas?  Siempre se consideraron entidades separadas hasta Einstein y Minkowski (1908).  Hoy está claro que constituyen una sola entidad (el campo espacio-temporal), así como electricidad, magnetismo y luz constituyen una sola entidad, el campo electromagnético.  Más aún, espacio-tiempo y gravedad son una sola entidad.  Lo que antes eran tres entes diferentes, espacio, tiempo y gravedad, hoy son uno solo, acorde a la TGR (Teoría General de la Relatividad).  Pero la inseparabilidad de fondo no niega que se trata de dos manifestaciones distintas.  El espacio-tiempo es un continuo cuatridimensional, pero el tiempo, como cuarta dimensión no es una dimensión espacial.  El ente espacio-tiempo tiene una geometría física de cuatro dimensiones, tres espaciales y una temporal.  El componente espacial y el componente temporal son relativos al sistema de referencia, pero el intervalo espacio-temporal no.

Respuesta actual: espacio, tiempo y gravedad constituyen una sola entidad, son inseparables, pero el tiempo no se reduce a una dimensión espacial (queda un toque de misterio).

 

6.       ¿El tiempo fluye? ¿Existe sólo el presente?   Este debate sigue abierto, pero parece imponerse el eternalismo a pesar de lo contraintuitivo (en la vida práctica cotidiana todos somos presentistas).  Einstein, al final de su vida, negaba el fluir del tiempo, un pronunciamiento que algunos confunden con la negación del tiempo objetivo.  Que el fluir del tiempo sea una ilusión no significa que el tiempo sea una ilusión.  La opción eternalista se expresa con la idea del “universo de bloque”, una idea al mejor estilo de Parménides.  Según esta idea existe el universo pasado-futuro, todo como un solo bloque.

Respuesta actual: abierta.

 

7.       ¿Qué define la dirección (sentido) del tiempo?   Hay dominios de la física donde la dirección (sentido) del tiempo es irrelevante.  Es con el desarrollo de la termodinámica que aparece la “flecha del tiempo” como si fuese una propiedad emergente. Sin embargo, hay fenómenos como la radiactividad o la expansión del universo y quizás ciertos fenómenos de los agujeros negros que también presentan un sentido unidireccional del tiempo.  El asunto sigue siendo materia de debate.

Respuesta actual: abierta.

 

8.       ¿El espacio es un mero escenario inmutable y pasivo? ¿Un punto espacial permanece idéntico a sí mismo a lo largo del tiempo?   El único que defendió la idea de espacio absoluto fue Newton.  Sin embargo, su impacto fue tal que la idea terminó siendo aceptada gracias al enorme éxito predictivo de su dinámica.  Sin embargo, hoy sabemos que la dinámica de Newton no exige el espacio absoluto (ver Maudlin, Penrose).  Ese concepto metafísico que Newton utilizó para poder desarrollar su dinámica fue como un andamio, del cual podemos prescindir una vez aparecen nuevas herramientas matemáticas. 

El espacio absoluto de Newton tiene 4 características:

·         Existe objetivamente, esto es, con independencia del sujeto

·         Existe con independencia de la materia  (choca con Leibniz)

·         Es un escenario inmutable y pasivo (no cambia nada, nada lo cambia)

·         Cada punto espacial mantiene su identidad a través del tiempo  (choca con Galileo)

La Relatividad General no destruyó las dos primeras, pero sí la tercera.  Y al parecer la cuarta característica también la destruyó (como corresponde a los tres principios de relatividad, el de Galileo, el de la Especial y el de la TGR) (ver Maudlin), pero aún tengo una duda que se relaciona con las ondas gravitacionales.

Respuesta actual: la idea de espacio absoluto fue desechada.


 

9.       ¿El espacio-tiempo es de carácter material?   Las ideas de espacio como éter aristotélico, extensión cartesiana, éter luminífero mecánico (siglo XIX), estaban equivocadas en diversos aspectos.  La idea de vacío que viene desde los atomistas y fue defendida por Newton triunfó hasta el siglo XX.  Pero la ironía es que hoy por hoy, tanto desde la física cuántica como la relativista, no existe un auténtico vacío.  Y acorde a la TGR el espacio-tiempo es un campo energético, es decir, de carácter material.

Respuesta actual: el espacio-tiempo es de carácter material.


 

10.   ¿El tiempo fluye a un ritmo constante?   La variabilidad en el fluir del tiempo siempre se pensó en términos subjetivos, como tiempo psicológico.  Pero Einstein, en 1905, mostró que el tiempo objetivo depende del movimiento (velocidad) con respecto al sistema de referencia que lo mide y con la relatividad general mostró que el tiempo depende de la gravedad, o mejor, que el tiempo intrínsecamente unido al espacio es la gravedad misma.  Pero también mostró que el tiempo propio no varía.  El ritmo del tiempo varía entre sistemas de referencias que se muevan entre sí, pero no hay ningún cambio de ritmo observable o medible por un reloj o un ser vivo en el sistema de referencia propio.

Respuesta actual: el tiempo no fluye a un ritmo constante.

 

11.   ¿El tiempo propio fluye a un ritmo constante?   En 1918 Herman Weyl exploró un desarrollo matemático que llevaba a la extraordinaria conclusión de que el tiempo propio y la masa eran “dependientes del camino”, es decir, que eran afectados por su historia en el espacio-tiempo (su línea de universo).  Einstein no puso objeción a la construcción matemática que parecía ser consistente, pero sí a su conclusión física que era contradictoria con los experimentos.

Respuesta actual: el tiempo propio es absoluto.

 

Barranquilla, 26 de febrero de 2021

miércoles, octubre 14, 2020

Democracia de pacotilla

Con un enroque ajedrecístico el presidente Iván Duque mueve dos fichas burocráticas de la entraña uribista: Margarita Cabello Blanco y Miguel Ceballos Arévalo, ambos abogados.  Sale Cabello y entra Ceballos en la cabeza del Ministerio de Justicia.  Un enroque de vocales con un mensaje antidemocrático para el país, como vamos a analizar. 

Cabello Blanco, más conocida como “canita” desde hace medio siglo cuando estudiaba en el colegio Lourdes de Barranquilla, fue elegida en plenaria presencial del Senado de la República como la primera mujer Procuradora General de la Nación (período 2021-2024).  Abogada de la CUC, aún no se ha graduado en la maestría en derecho procesal contemporáneo de la Universidad de Medellín, pero sí ha hecho un largo recorrido burocrático de la mano de varios clanes políticos.  La Casa Name y la Casa Char, dos dinastías y poderosas empresas electorales de su natal Barranquilla le dieron el impulso inicial.  Esa cercanía con un sector de la masonería no impidió que el exprocurador ultraconservador Alejandro Ordoñez (destituído en 2016 por el Consejo de Estado) le sirviera de puente para desembocar en el uribismo. 

Al mover la puerta giratoria y tomarse la Procuraduría, el uribismo practica lo que critica, la aniquilación del principio democrático de la separación de poderes, tal como ha hecho el gobierno de Maduro de Venezuela y el anterior gobierno de Santos en Colombia y, por supuesto, el propio Álvaro Uribe en su doble presidencia.  Hoy por hoy ninguna rama del estado colombiano tiene independencia del poder ejecutivo, hasta la Corte Suprema de Justicia está cercada y amenazada.  El Tribunal Administrativo de Cundinamarca, en un fallo de tutela interpuesta por un joven estudiante, tuvo que llamarle la atención a Duque Márquez por su interferencia manifiesta en los casos judiciales de su jefe político, Uribe Vélez.

Al momento de escribir esta columna se da por hecho que el abogado javeriano y exdecano de la Universidad Sergio Arboleda, Miguel Ceballos Arévalo, será el reemplazo de Cabello Blanco en el Ministerio de Justicia, donde ya había sido viceministro en el gobierno Uribe.  Como es usual en la administración Duque se premia el mal desempeño, pues no de otra manera se puede calificar la gestión de Ceballos en la Oficina del Alto Comisionado para la Paz (OACP), donde se dedicó a ralentizar –por decir lo menos- la implementación de los Acuerdos con las FARC, mientras los excombatientes son asesinados a cuenta gotas. Es un caso similar al de Darío Acevedo Carmona en el Centro Nacional de Memoria Histórica.  El objetivo es claro: hacer trizas los acuerdos y sabotear la paz. 

El aumento de las masacres, del asesinato de jóvenes y de líderes sociales, el nulo avance de posibles diálogos con el ELN, todo en la realidad colombiana muestra un fracaso del Alto Comisionado saliente.  Y como si fuera poco, esta semana aparece la cereza en el pudín, una frutilla ideológica.  Justo cuando sale del cargo se conoce una patética cartilla producida por su oficina para la Escuela Superior de Administración Pública ESAP, que es la institución que forma a los funcionarios públicos. El opúsculo va dirigido a la Unidad 2 de un Diplomado de la ESAP titulado Paz, convivencia y cultura de la legalidad.  El autor de la cartilla es un antiguo estudiante de Ceballos, el abogado católico conservador de la Universidad Sergio Arboleda, Camilo Noguera Pardo.  Ya que están de moda los perfilamientos, digamos que ese es el mismo perfil del presidente Duque y el fiscal general Francisco Barbosa, todos ellos abogados, católicos, conservadores y egresados de la Sergio, la universidad cristiana fundada por Álvaro Gómez Hurtado y el exprocurador Rodrigo Noguera Laborde.

Agosto parece ser el mes de los escándalos producidos por cartillas. En 2016 fue la cartilla apoyada por la ministra de educación, Gina Parody, acusada de promover la “ideología de género” en las escuelas, pretexto para una reacción que terminó incidiendo de manera decisiva en el resultado a favor del No en el Plebiscito por la Paz.  Ahora aparece otra Cartilla, publicada hace un par de meses, pero conocida públicamente apenas esta semana a raíz del artículo de Laura Ardila en La Silla Vacía.

Respaldada con los logos de la OACP y la ESAP, el documento, entre la página 5 y la 16, acusa a la “ideología progresista” de ser causa teórica de las violencias secundarias a través de sus “pilares”, a saber: materialismo pragmático, ética relativista, mercantilización de la vida social, ateísmo, escepticismo y consumismo.  Dice que el paradigma progresista predomina en las sociedades contemporáneas, y que eso explica el aumento de las violencias y el fracaso de las experiencias de paz.  Según Noguera la ideología progresista se basa en la autonomía del individuo y, por ende, se identifica con el individualismo ético lo cual lleva al “extravío moral”. Frente a eso opone la doctrina social de la iglesia (se sobreentiende que se refiere a la católica) y la escolástica de Aristóteles y Santo Tomás, que el autor llama “ética de las virtudes” y “realismo filosófico”, que viene a constituir el marco teórico de la enseñanza que el diplomado ofrece.

He aquí otro principio democrático que se viola diariamente en Colombia, la separación iglesia – estado, como se puede observar en las oficinas de gobernaciones, alcaldías, ministerios y en eventos oficiales, donde los funcionarios con poder exhiben e imponen su credo.  Para la profesora de la Universidad del Norte, Laetitia Ruiz, la cartilla vulnera este principio liberal y viola los derechos humanos de los ateos o los que tienen otras creencias distintas a las defendidas por el autor de la cartilla, dado que aparece en una publicación oficial.  En contraste, yo prefiero aceptar la excusa de Miguel Ceballos, jefe de Camilo Noguera, cuando se refugia en la libertad de cátedra dando a entender a La Silla Vacía que la cartilla es la opinión personal del profesor Noguera, pero no le creo cuando dice no compartir el planteamiento. Es evidente por sus antecedentes y trabajo conjunto que Ceballos y Noguera comparten una visión ultraconservadora católica que recuerda las posiciones del quemador de libros Alejandro Ordoñez.  Comparten, por ejemplo, la filosofía de Jacques Maritain, de la orden de los hermanitos de Jesús.  Ideas obsoletas, mal argumentadas en ese texto que no parece escrito por un magíster y doctor.  Ante este adefesio de mala filosofía fácil de refutar lo que procede es el debate, que la propia ESAP debiera organizar.  Un indicio del bajo nivel académico de la cartilla de marras es su pobre bibliografía.

Veamos rápidamente algunos errores (horrores). La cartilla confunde autonomía con individualismo y revuelve materialismo ontológico con materialismo moral vulgar, un nivel de estudiante de bachillerato a lo sumo.  Define “escepticismo” de tal manera que se corresponde con el enfoque relativista del posmodernismo, una corriente antiprogresista, pero se lo atribuye al progresismo.  El tema 2 es una gigantesca falacia “hombre de paja”, inventando “ismos” y atribuyéndoles características de manera arbitraria.  Noguera dice apoyarse en la ciencia, la razón y la objetividad, pero luego se ancla en el concepto “alma espiritual” que nada tiene de científico u objetivo, pues no es más que un dogma de la tradición religiosa medieval.  La cartilla acierta en criticar la mercantilización de la vida, equivalente a lo que llamo el “totalitarismo de mercado”, pero yerra al no identificar el origen neoliberal de esa ideología, que el propio uribismo abraza.  Y así podríamos seguir. 

Coletilla: después de este recorrido por la semana que termina queda el sinsabor de una nación sin separación de poderes, sin contrapesos ni separación iglesia – estado.  En suma, somos una democracia de pacotilla.   

Publicado el 30 de agosto de 2020 en mi columna Buhografías en el portal El Unicornio