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lunes, diciembre 04, 2023

Emergencia vs. Superveniencia en Filosofía

Emergencia vs. Superveniencia en filosofía

Por Rafael González del Solar (el traductor de Bunge).

Tomado del capítulo 6, Systemic Materialism in Biology en el libro Contemporary Materialism: its Ontology and Epistemology (Springer, 2022). 

[Traducción libre de Jorge Senior]

Existe otra noción relacionada con la idea de que la materia está organizada en una estructura de niveles, la cual está ontológicamente menos comprometida que la noción de ‘emergencia’, es la noción de ‘superveniencia’. Considerada por algunos como un concepto central de la filosofía analítica (McLaughlin y Bennet 2018), superveniencia es usualmente caracterizada de la siguiente manera: “Un conjunto de propiedades A superviene a otro conjunto B sólo en el caso de que dos cosas no puedan diferir respecto a las propiedades A sin diferir también sobre las propiedades B”.

Uno de los problemas con la idea de superveniencia es que parece asumir la existencia de propiedades  en sí mismas [existencia autónoma]. En contraste, los procesos de emergencia siempre son descritos como procesos concretos que ocurren en las cosas. Otro problema de la superveniencia es que es biyectiva, si es analizada como una relación lógica estática, y en este caso es simétrica y como tal sólo puede describir correlaciones entre propiedades en dos niveles. En contraste, los procesos de emergencia son siempre descritos dinámicamente, a lo largo de un eje temporal que establece la precedencia de algunas cosas (precursores) sobre otras cosas (sistemas). Para más análisis crítico de la noción de ‘superveniencia’ ver Fundamentos de biofilosofía (1997) de Mahner y Bunge, y Materia y mente (2010) de Bunge.

martes, noviembre 28, 2023

Ontología de la mecánica cuántica de Gustavo Romero


 Nota: pensaba elaborar una reseña de uno de los mejores capítulos escrito por Gustavo Romero en el libro sobre materialismo contemporáneo, pero preferí hacer una traducción libre del último acápite del texto en inglés, esto es, el sumario y las conclusiones.

Entre corchetes van comentarios aclaratorios de mi parte y entre paréntesis van palabras en inglés como aparecen en el original, por si acaso la traducción no es idónea.

Ontología de la mecánica cuántica

Tomado de Contemporary Materialism: its Ontology and Epistemology (Materialismo contemporáneo: su ontología y epistemología). Capítulo 4: Quantum Matter (Materia Cuántica) por Gustavo Romero. Sección 4.8: Sumario y conclusiones.

La mecánica cuántica es una teoría extraordinaria. Es extraordinaria por sus logros y triunfos, y es extraordinaria por su opacidad de significado y la distancia que va desde su profunda visión a los dictados del sentido común. La extrañeza de la teoría se manifiesta principalmente a través del entrelazamiento, la dualidad onda – partícula, y la carencia de nítida definición (sharpness) de algunas propiedades cuánticas [indeterminación – superposición]. Todas estas características pueden encajarse dentro de una interpretación realista y objetiva [objetivista] de la teoría. En tal interpretación los referentes de la mecánica cuántica son los sistemas cuánticos y sus entornos.

Los estados de estos sistemas son representados por funciones complejas que corresponden a un espacio funcional llamado espacio de Hilbert. Las propiedades específicas de un sistema particular son dadas por operadores autoadjuntos (self-adjoints) que actúan a través del correspondiente espacio de Hilbert. Los valores propios (eigenvalues) de los operadores son identificados con los valores de las propiedades. Dado que los valores son discretos, se dice que el sistema está cuantizado. Si dos operadores no conmutan, los correspondientes valores propios no son simultaneamente definidos (sharp). Tal indeterminación de propiedades, llamadas desigualdades de Heisenberg o relaciones de dispersión, nada tienen que ver con observaciones. Simplemente reflejan el modo de ser de los objetos cuánticos [no se trata de que el observador altere lo observado, como se suele decir equivocadamente].

La evolución de los sistemas cuánticos obedece a una ecuación linear [determinista]. Esta ecuación puede ser formulada para estados o propiedades. La aplicación del Principio de Superposición a estados lleva naturalmente al entrelazamiento. Una vez un sistema es preparado de una manera particular, evoluciona de tal modo que sus propiedades globales se preservan. Como resultado de esto se da la existencia de correlaciones no-locales entre estados cuánticos de los componentes del sistema. Este entrelazamiento, muy bien verificado desde el punto de vista experimental, no es amenaza para la interpretación realista, en contravía de lo que pensaba Einstein. Sólo implica que las correlaciones cuánticas en sistemas entrelazados son no-locales [No hay conexión causal no-local, ni transmisión de energía o información instantáneas o a mayor velocidad que c (velocidad de la luz y la ondas gravitacionales), no hay “spooky action at a distance” como dijera Einstein].

La linealidad de las ecuaciones dinámicas de la mecánica cuántica también implica que la teoría es plenamente determinista. En cada punto del espacio-tiempo el estado de un sistema cuántico no interactuante está completamente determinado desde las condiciones iniciales. Sin embargo, la teoría es probabilística en el sentido de que a partir de un estado dado sólo las propensiones pueden ser evaluadas para diferentes posibles resultados (outcomes). Tales propensiones son matemáticamente representadas por probabilidades que son determinadas por la regla dada por la ecuación 4.5. En la evolución de las propensiones los observadores no están involucrados, sino únicamente las interacciones con el entorno, las cuales pueden ser artificiales –como en un experimento- o naturales –como en la mayoría de los casos-.

La llamada dualidad onda – partícula en realidad no existe. Los sistemas cuánticos no son ondas ni partículas. Ellos pueden mostrar bajo ciertas condiciones un comportamiento que puede asemejarse (resemble) al de una onda y bajo otras condiciones un comportamiento semejante a una partícula, pero ellos no son ni lo uno ni lo otro: son entidades sui generis. ¿Qué clase de entidades? En este capítulo he sustentado que los sistemas cuánticos son campos extendidos sobre el espacio-tiempo. Lo que llamamos partículas individuales son sólo excitaciones de este campo. El hecho de que las partículas sean propiedades del campo y no entidades se revela cuando nos damos cuenta de que no son relativisticamente invariantes [o sea para diferentes sistemas de referencia]. Diferentes estados del vacío [vacío cuántico] pueden ser encontrados en el mismo campo. Esto resulta en que hay partículas detectadas en un marco de referencia y no en otro.

La propiedad que caracteriza la existencia ontológica [óntica] es la energía: la capacidad de cambiar y producir cambios. La densidad de energía del campo siempre está bien definida en todos los marcos de referencia y no puede ser nivelada (leveled) por un cambio de marco. Esto muestra que las entidades subyacentes en la teoría son los campos cuánticos. Dado que estos campos interactúan entre ellos, decimos que son materiales.

Finalmente, el espacio-tiempo en el que estos campos existen es material también, porque también tiene energía, aunque con una distribución no local [en regiones de espacio-tiempo].

Podemos decir que, de acuerdo a nuestros actuales puntos de vista del mundo físico, todo lo que existe es material. Parece haber dos clases de materia: campos y espacio-tiempo [37 campos cuánticos y un campo clásico que es el espacio-tiempo; en el recuento de Romero se mencionan 25 campos cuánticos, pero ahí faltan las anti-partículas de los 12 fermiones]. Que estas dos clases de materia puedan reducirse una a la otra es algo que está por verse [ya sea por el camino de Einstein y Wheeler o por el camino “inverso” de la gravedad cuántica de bucles u otros similares].

 

 

lunes, noviembre 16, 2020

Reseña de Every Thing Must Go (En defensa del cientificismo)

 Reseña del primer capítulo e introducción del capítulo 2 del libro Every Thing Must Go

El título del Capítulo 1 es En defensa del cientificismo. 

Por Jorge Senior

Diciembre 2019

 

Autores del capítulo: James Ladyman, Don Ross y David Spurret

El subtítulo del libro es Metafísica naturalizada, el cual define su temática mucho mejor que el título.

El libro Every Thing Must Go fue publicado en 2007, tiene 6 capítulos y 4 coautores: James Ladyman, Don Ross, David Spurret y John Collier.  Ladyman y Ross son coautores en todos los capítulos, Spurret es coautor en capítulos 1 y 5, Collier es coautor del capítulo 4.  Los dos autores principales, Ladyman y Ross, son coautores exclusivos del Prefacio (fechado 2006), los capítulos 2 y 3 (que contienen la propuesta específica de matefísica naturalizada) y del capítulo 6 que es la conclusión.

Títulos de los capítulos:

  1.           En defensa del cientificismo (65)
  2.       Realismo científico, empirismo constructivo y estructuralismo (65)
  3.       Realismo óntico estructural y filosofía de la física (60)
  4.       Realismo “exuberante” (Rainforest Realism) y la Unidad de la Ciencia.  (68)
  5.       Causación en un mundo estructurado  (40)
  6.       Conclusión: suficiente filosofía (12)

El capítulo 1 tiene 3 características

  •         Es el único capítulo que contiene una parte “destructiva”, esto es, desata una crítica arrasadora de la metafísica analítica, también apodada por los autores como “metafísica neoescolástica”
  •         Contiene una parte constructiva que anticipa algo de la propuesta de metafísica naturalizada que se desarrolla en los siguientes capítulos
  •         Es también el capítulo en que se aborda el tema de la actitud filosófica o las maneras de hacer filosofía.

Se subdivide de la siguiente manera:

1.1   Metafísica naturalizada

1.2   Metafísica neoescolástica

1.2.1                      -Intuiciones y sentido común en metafísica

1.2.2                      -Metafísica apriorística

1.2.3                      -Metafísica pseudocientífica

1.3   Principio del cierre naturalista

1.4   La primacía de la física (o Principio de Primacía de la Física) (se refiere a la física fundamental, no a toda la física)

1.5   Unidad de la Ciencia y Reduccionismo (un análisis detallado de varios tipos de reduccionismo)

1.6   Nivel fundamental y otros niveles (fundamental: cuántica y relatividad)

1.7   Posiciones, normas y doctrinas (sobre el hacer filosófico)

La propuesta de filosofía científica de Mario Bunge, expuestas en el Tratado de Filosofía Básica (8 tomos 1974-1989) no es considerada en este libro (sin embargo, llegué a este texto gracias a que Gustavo Romero lo cita en varias ocasiones).  Tampoco es mencionado Otto Neurath, a pesar de que fue el integrante del Círculo de Viena que más trabajó el tema de la unidad de la ciencia (del círculo referencian principalmente a Carnap y Feigl).  Otros autores que no aparecen en el índice son Popper y Lakatos, escasamente sale algo de Kuhn, Feyerabend, pero sí Laudan, Poincaré, Russell, Quine, sorprendentemente está Cassirer.

En contraste, los autores manifiestan su cercanía con Bas van Fraasen, Daniel Dennet, Philip Kitcher, D. Lewis y mantienen un debate con el grupo de Stanford (Dupré, Cartwright).

Otros viejos conocidos que aparecen son Nelson Goodman, Ronald Giere, Jerry Fodor, Carl Hempel y Ernst Nagel, Tim Maudlin, S. French, Hillary Putnam, F. Suppe, W. Salmon.  Y no podían faltar clásicos, en especial Hume, Kant, Aristóteles y Peirce.

La filosofía de Ross y Ladyman puede ubicarse en la tradición materialista, pero los autores prefieren el término “naturalismo” al de “materialismo”.

Los dos autores principales resumen el primer capítulo de la siguiente manera:

“El capítulo 1 tiene, en parte, un propósito destructivo.  Se pretende persuadir al lector que la metafísica analítica estándar (o metafísica ‘neoescolástica’ como la denominamos) no contribuye en nada al conocimiento humano y, cuando tiene algún impacto, sistemáticamente tergiversa la significancia relativa de lo que sabemos sobre los fundamentos de la ciencia.  A continuación explicamos y sustentamos nuestra particular forma de naturalismo y nuestra concepción de la relación entre la física y el resto de la ciencia.  Éste es el capítulo más accesible del libro, y es posible que algunos lectores, más enfocados en las actitudes de los filósofos respecto a la ciencia que en la metafísica en sí, no les interese el resto.”

Este resumen no menciona el cientificismo que da título al capítulo y ocupa un lugar preponderante.  Tal cientificismo implica entender (1) la superioridad epistémica de la ciencia, que los autores sustentan sobre una base sociohistórica no exenta de contenido cognitivo y (2) que para hacer buena filosofía en el siglo XXI hay que partir del conocimiento científico actual.  En otras palabras, la buena filosofía es la filosofía científica (en especial en los campos fundamentales de la epistemología y la ontología) (nota: los autores no parecen interesarse de manera explícita en la semántica filosófica, aunque desde luego el análisis lógico y lingüístico se asume como prerrequisito)

En definitiva, la posición que defienden los autores principales enmarcada en una metafísica naturalizada consiste en un “realismo ontico estructural” basado en la física fundamental sobre el cual extienden un “realismo exuberante” (traduzco así el metafórico “Rainforest Realism” que literalmente sería “realismo de selva pluvial”) para sustentar la unidad de la ciencia.  El principio de cierre naturalista y el principio de primacía de la física fundamental actúan como pilares.

 

Capítulo 2: realismo científico, empirismo constructivista y estructuralismo

Realismo estructural parte de reflexiones en 2 dominios: (1) Problemas de historia de la ciencia en torno al abandono de compromisos ontológicos debido al avance de la ciencia (teorías más adecuadas empíricamente)y (2) preguntas que surgen desde el debate entre realismo científico y empirismo constructivista.  Sostendremos que la concepción semántica o modelo-teorética de la representación científica de la naturaleza se ajusta bien con el realismo estructural que propondremos.

El argumento es dialéctico, no analítico.  Una propuesta metafísica es mejor que otra en la medida en que unifica mejor la ciencia actual de un modo más iluminante (virtud de consiliencia).

Nuestra metafísica es una síntesis de empirismo constructivista y realismo científico basada en un verificacionismo peirceano.  El realismo estructural óntico de Ladyman es tal síntesis.

John Worrall introdujo el realismo estructural en 1989 para resolver el problema del cambio teórico para el realismo científico.  El realismo estructural es la visión de que la ciencia describe la estructura de la realidad y que esto es más que salvar los fenómenos pero menos que proveer una descripción verdadera de la naturaleza de las entidades inobservables que causan los fenómenos.

Hay múltiples variantes de realismo estructural en la literatura de filosofía de la ciencia, divisible en 2 grupos (Ladyman 1998): epistemológico y metafísico.  El realismo estructural óntico enfatiza el compromiso con estructura modal objetiva.

El realismo estructural no es sólo una respuesta al cambio de teorías, sino que tiene otras motivaciones relativas a la virtud de consiliencia con relación a diversos problemas de filosofía de la ciencia, y es compatible con todas las teorías científicas actuales. En combinación con la teoría de los patrones reales es posible dar cuenta de leyes, causación y explicación y de la relación entre física fundamental y ciencias especiales.

Orden de argumentación en capítulo 2:  (1) primero revisamos la definición de realismo científico, sus pros y contras, concluyendo que la historia de novedosas predicciones científicas exitosas es la mejor evidencia de cualquier forma de realismo, pero también (2) que la discontinuidad ontológica en los cambios de teorías hace que el realismo científico estándar sea indefendible.  Luego introducimos (3) el estructuralismo científico y repasamos en detalle el empirismo de Van Fraasen.  Estamos de acuerdo con Bas en muchas cosas, incluyendo lo apropiado de la concepción semántica de las teorías, pero sostenemos que un compromiso con la modalidad objetiva es necesario para hacer defendible esta forma de empirismo estructuralista.  Posteriormente introducimos una nueva terminología que será utilizada en el resto del libro y finalmente (4) pasamos a exponer el realismo estructural.  Argumentamos contra el realismo estructural puramente epistémico y concluímos el capítulo introduciendo el realismo estructural óntico y poniendo las bases para su defensa y desarrollo en el siguiente capítulo.

domingo, julio 19, 2020

Ontología: Naturaleza de los objetos conceptuales


Ontología bungiana

Materialismo conceptualista y ficcionista

Hay dos tipos de objetos: materiales o concretos (cosas) y conceptuales o constructos.

Los objetos materiales son referentes de las ciencias fácticas. Estos objetos están en un lugar, tienen energía y son capaces de cambiar. Toda ley de cambio es una condición o restricción sobre las variables de estado que representan las propiedades de la cosa en cuestión.

Los objetos conceptuales son referentes de las ciencias formales. No están en un lugar, no tienen energía, no cambian. Las leyes satisfechas por los objetos conceptuales no involucran variables de estado ni representan nada en la realidad, sólo son relaciones conceptuales entre objetos conceptuales.

Los objetos conceptuales no son físicos ni mentales.  Son ficciones, pertenecen a contextos ficticios (como la matemática o la literatura). Su modo de existencia es convencional o fingida (no tienen existencia autónoma).

Hay cuatro clases de objetos conceptuales o constructos: conceptos, proposiciones, contextos abiertos y contextos cerrados (teorías).

Los conceptos son los “átomos” conceptuales, las unidades mínimas básicas y con ellos se construyen las proposiciones.

Las proposiciones son constructos que satisfacen un cálculo proposicional y que pueden ser evaluados en su grado de verdad.

Un contexto es un conjunto de proposiciones formadas por conceptos con referentes comunes.

Una teoría es un concepto cerrado a las operaciones lógicas.  Una teoría es un conjunto de proposiciones articuladas lógicamente entre sí y que poseen referentes en común.

Desde el punto de vista matemático (teoría de conjuntos) un concepto es un individuo o elemento, o un conjunto, o una relación.

Hay relaciones funcionales o no funcionales.

Las relaciones más interesantes son las funcionales o sea las funciones.  Una función es una relación entre dos conjuntos de modo tal que a cada miembro del primero le corresponde uno del segundo.

Hay dos clases de funciones: proposicionales y no proposicionales.

En una función proposicional los valores (miembros del segundo conjunto) son proposiciones.  También se la llama predicado o atributo.

En una función no proposicional los valores (miembros del segundo conjunto) no son proposiciones (pueden ser, por ejemplo, números).

Síntesis por Jorge Senior
Libro: Epistemología
Autor: Mario Bunge
Fecha: original de 1980, revisado y editado en 1997

domingo, mayo 10, 2020

¿De qué está hecho el mundo?




Ver esta entrada comentada en video aquí.

La gran pregunta ontológica sobre los constituyentes últimos o fundamentales de la realidad ha tenido diversas respuestas a lo largo de los siglos.  Algunas han sido descartadas por completo, como aquellas producidas por el desconcierto del pensamiento cuando se piensa a sí mismo y que dio lugar a respuestas fantasiosas como espíritu, alma, ideas, dioses, fantasmas y toda una fauna de seres mitológicos.  También quedaron enterradas aquellas ideas antiguas sobre los elementos agua, aire, tierra, fuego, extendidas por Eurasia y que se prolongaron hasta el Renacimiento.

En los albores de la modernidad, la ignorancia fue descubierta, por así decirlo, y se entendió que para saber de qué está hecho el mundo, o para saber cualquier otra cosa, había que investigar, que es una combinación de experimentación, observación y teorización.  Desde la Ilustración la respuesta materialista se impuso en la ciencia, en contraste total con la cultura popular y el sistema educativo que la reproduce (en vez de cumplir su misión original de generar cultura científica).  Se trata de un doloroso fracaso del sistema educativo con consecuencias negativas para la democracia, que se limita a ser doxástica y se abandona el anhelo ilustrado por una democracia epistémica.

Pero olvidémonos por un momento de la cultura popular y del sistema educativo y hagamos un paseo por la cultura científica bicentenaria.  Desde el siglo XIX múltiples respuestas han circulado en el mundo científico.  Algunas han tenido su cuarto de hora y luego han desaparecido o al menos quedaron relevadas por otras más fundamentales.  

Respondamos, pues, la pregunta ¿de qué está hecho el mundo?

1.       Átomos
2.       Elementos químicos
3.       Materia
4.       Materia en movimiento
5.       Materia, gravedad y electromagnetismo
6.       92 elementos químicos
7.       118 elementos químicos
8.       Protones, electrones y neutrones
9.       Partículas elementales
10.   Materia, energía, espacio y tiempo
11.   Materia, energía, espacio-tiempo
12.   Materia-energía y espacio-tiempo
13.   Energía
14.   Interacciones fundamentales
15.   Gravedad, electromagnetismo, nuclear fuerte y nuclear débil
16.   Gravedad, nuclear fuerte y electrodébil
17.   Campos
18.   37 campos cuánticos y un campo clásico
19.   Energía oscura, materia oscura y materia bariónica
20.   Energía oscura, materia oscura + la respuesta 15 o 16 o 18.

De acuerdo a tus conocimientos, si tuvieras que escoger una sola, ¿cuál escogerías?

De acuerdo a tus conocimientos, ¿dónde trazarías una línea de obsolescencia? (o en otras palabras, ¿cuáles números considerarías que son respuestas obsoletas?)

lunes, agosto 19, 2019

Comentarios a ¿Qué es la Vida?

¿Qué es la vida?

Comentarios de Jorge Senior a propósito de la conferencia del profesor Roberto Carmona

Julio 2019

Alcancé a escuchar parte de la conferencia “¿Qué es la vida?” del profesor Carmona el 17 de julio de 2019 en Uniatlántico y no detecté nada con lo cual estar en desacuerdo. Eso significa que fue una buena exposición (cum grano salis). Así que no me referiré a la charla sino a la conversación posterior con el público participante y algunas de las inquietudes expresadas por los estudiantes..

Edward Trifonov hace un inventario de 123 definiciones de vida agrupadas en 9 categorías: sistema, materia, química, complejidad, reproducción, evolución, entorno, energía, habilidad. Pero todas las definiciones de vida consisten, en últimas, en un listado de condiciones (ver, por ejemplo, el capítulo 2 de La vida bajo escrutinio de Antonio Diéguez). No veo problema en ello, dado que esas condiciones no son arbitrarias, sino que se derivan de la física, la química y la biología, en todos los casos, y de la teoría computacional en algunos casos (los que buscan una definición con enfoque informacional). El hecho de que existan diversas definiciones de vida no es preocupante, dado que no implica arbitrariedad o convencionalismo, pues tales definiciones están aglutinadas, no dispersas, en un cluster que comparte una misma base de conocimiento.

La discusión entonces se delimita a ciertas zonas grises debido a que las fronteras entre vida y no vida o entre lo biótico y lo químico no es una línea fina sino una línea un poquito gruesa o ligeramente borrosa. Que las fronteras no sean nítidas no significa que no existan, sólo significa que la identificación de a cuál lado de la frontera se encuentra determinado evento u objeto será nítida casi siempre, pero no siempre, pues habrá algunos casos que caen en la zona gris fronteriza, como sucede, por ejemplo, con los virus.

Las zonas grises sirven para que los filósofos escriban papers, pero no suelen causar problemas prácticos en la investigación, a excepción, quizás, de la incipiente astrobiología. En biología es, además, común que existan excepciones a las reglas o patrones generales, lo cual no debe ser motivo de incomodidad, sino lo contrario, pues tales excepciones suelen ser fecundas fuentes de problemas de investigación y permiten profundizar en los mecanismos subyacentes a tales reglas y patrones.

Todo lo anterior apunta a sustentar que la categoría “vida” refiere a una clase natural, aunque esa clase natural es, por ahora, un conjunto con un solo elemento o individuo, dado que sólo conocemos la vida terrícola y ésta es un solo flujo o proceso de 4 mil millones de años. Pero la categoría de “clase natural” no puede entenderse como si viviéramos en tiempos escolásticos, pues no corresponde a una “esencia”. Estrictamente, el esencialismo está muerto en la ciencia actual y, por ende, en la (buena) filosofía, aunque perviva en el lenguaje común. Como clase natural, “vida” no es un concepto arbitrario, así que el nominalismo tampoco acierta. En conclusión, la discusión medieval de los universales no ha lugar en el siglo XXI.

Hay que reconocer, desde luego, que nuestro conocimiento biológico actual es aún insuficiente para establecer plenamente qué es lo necesario y qué es lo contingente en esta clase natural de proceso único. Ese es el tema de la biología universal, que es un horizonte programático de conocimiento al cual nos dirigimos vía astrobiología y también investigando la física y la química subyacente a los procesos bióticos para entender cómo se producen las propiedades emergentes.

También hay que reconocer que en las clasificaciones naturales (y no me refiero sólo a la biología) hay, además de la información científica objetiva que es su sustento, criterios pragmáticos regidos por la utilidad y propósito de los usuarios de tales clasificaciones. Esa es la pizca de convencionalismo que incomoda a algunos. Y es una de las razones por la cual disponemos a veces de una multiplicidad de clasificaciones naturales sobre el mismo fenómeno, incluso sin cambiar de marco teórico. Ello no es problemático desde que no haya contradicción. Y cuando la hay el problema se ataca investigando y no haciéndole venias al subjetivismo o al idealismo.

Parece haber cierta ansiedad en los estudiantes por la no existencia de una ontología absoluta. En los siglos XX y XXI la ontología es subsidiaria de la epistemología, no la precede, aunque desde luego puede retroalimentarla. Y es así porque la ontología que vale la pena hacer es la que se fundamenta en el conocimiento científico actual, que es cambiante, por supuesto. La otra opción es no hacer ontología. Pero ya no vale la pena hacer ontología al estilo apriorista, trascendente, absolutista y especulativo de hace siglos.

Por último, recomiendo la lectura del libro La cuestión vital de Nick Lane, para profundizar en una hipótesis sobre el origen de la vida en fuentes hidrotermales alcalinas en el fondo oceánico, y también en un misterio aún mayor, el surgimiento de las eucariotas.