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sábado, mayo 30, 2020

¿Qué es una política antropocénica?


¿Qué es una política antropocénica?

Por Jorge Senior

En una frase, de manera muy simplificada, una política antropocénica es aquella centrada en enfrentar el cambio climático.

En un sentido más complejo una política antropocénica se define a partir del concepto de Antropoceno y sus implicaciones.  Este concepto lo que hace es destacar el impacto de la especie humana en el Sistema Tierra para delimitar así un período tanto geológico como biológico en la historia del planeta.  Pero también puede entenderse como el contexto histórico en el cual la especie humana asume la responsabilidad de gestionar el Sistema Tierra como única praxis racional de supervivencia de la civilización y de la biodiversidad presente, lo cual en términos filosóficos de estirpe kantiana corresponde a un estado de adultez o mayoría de edad de la humanidad.

Examinemos los dos niveles del análisis: el impacto y la asunción de responsabilidad.

El impacto o huella puede entenderse en un sentido neutro, como dejar una señal detectable en un futuro del tiempo geológico, por ejemplo, 10 millones de años.  En un ejercicio imaginario es como si la especie humana se extinguiera ahora y un hipotético geólogo dentro de 10 millones de años fuese capaz de detectar su huella en las capas de la corteza continental o del fondo oceánico.   Esto es factible porque más del 98% de la variedad de moléculas que hay actualmente en la Tierra son de origen artificial.  En otras palabras, esas moléculas o sustancias no existirían si la especie humana no hubiese surgido.  Y algunas perduran largo tiempo, especialmente si están enterradas o dentro de un sólido.

En otro sentido -que ya no tiene nada de neutro- puede entenderse como la especie humana convertida en fuerza geológica capaz de alterar los ciclos biogeoquímicos en la atmósfera, los océanos y los continentes e incluso en el magma y las placas tectónicas.  Veamoslo más de cerca.

La revolución industrial desde hace poco más de dos siglos hasta hoy ha logrado alterar la composición química de la atmósfera, produciendo calentamiento global por gases de efecto invernadero.  Este pequeño cambio genera reacciones en cadena por retroalimentación positiva, produciendo una aceleración incontrolable del calentamiento. Esto sucede, por ejemplo, debido al derretimiento del hielo en zonas polares lo que cambia el albedo terrestre (menos reflexión de la luz solar, más absorción = más calentamiento) o por descongelamiento del permafrost en Siberia, Canadá y Groenlandia, liberando metano, un poderoso gas de efecto invernadero.  Son apenas dos ejemplos relevantes, entre otros.  El calentamiento puede afectar la civilización por la elevación del nivel del mar, inundando zonas litorales, pero eso es lo de menos.  Puede también afectar el régimen de lluvias, el ciclo del agua, afectando la agricultura y poniendo en riesgo la seguridad alimentaria, con impredecibles consecuencias sociales.  Pero lo más grave de todo es el daño a los ecosistemas de mayor biodiversidad, lo cual puede descontrolar la cadena trófica y producir una extinción masiva que se suma a la que ya está en curso por acción directa.  En efecto, el Homo Sapiens ha sobredepredado directamente a la naturaleza viva por medio de la cacería a gran escala, la deforestación y destrucción de ecosistemas, la sobrepesca, el impacto de algunas tecnologías en especies polinizadoras (o en aves migratorias), el uso de la tierra para funciones agrícolas, ganaderas u otras, reduciendo los bosques, los arrecifes de coral, los manglares.  Aún hay otro aspecto más: la acidificación de los océanos, una amenaza grave a su biodiversidad. 

Si sumamos todos estos aspectos, calentamiento, sobredepredación, acidificación, el resultado es una amenaza para la biosfera de magnitud semejante a la producida en las extinciones masivas que marcó el final de los períodos pérmico o cretácico.  Un paleontólogo dentro de 10 millones de años detectaría en sus excavaciones una extinción masiva de vertebrados y otras especies ocurrida en un tiempo increíblemente corto.  Sería la extinción masiva más extraña de todas, única en su velocidad. Y al ser la biosfera una fuerza geológica actuante en el sistema Tierra, su afectación conllevará cambios geológicos.

En este recuento no hemos mencionado las afectaciones locales, como la contaminación, la lluvia ácida, la salitrización del suelo, la construcción de represas, los movimientos de tierra de la minería y la urbanización, la erosión acelerada, etc.  Pero todo va sumando.  La civilización de consumo exacerbado genera doble carga sobre los ecosistemas: primero al extraer recursos y luego al expulsar residuos.  En ese proceso fluye la materia y la energía, pero en una forma distinta a los ciclos naturales, con la probable consecuencia de que no se configuren ciclos renovables o incluso que no sean cíclicos en absoluto.

La conclusión de lo dicho en los últimos párrafos es que la humanidad se ha convertido en una fuerza de impacto planetario, para bien o para mal, a favor de la vida o en contra de ella.  Y una consecuencia fundamental es que la especie humana es el mayor peligro para sí misma.  Por encima de los supervolcanes, los meteoritos, las supernovas o cualquier otro desastre natural imaginable, pues aunque estos sean más poderosos, también son mucho más improbables en un período de tiempo corto (unos cuantos milenios).       

He mencionado en varias ocasiones el concepto “Sistema Tierra”.  Es un concepto demasiado complejo para desarrollarlo en este breve escrito, pero resaltemos que es la columna vertebral de las ciencias de la Tierra (Earth Sciences).  Es un concepto diferente a la famosa “hipótesis Gaia”, que era una idea un tanto romántica y optimista, que fue refutada, pues hoy sabemos que el equilibrio dinámico del planeta y sus subsistemas no es automático ni está garantizado y que a lo largo de cuatro mil millones de años han sucedido todo tipo de situaciones catastróficas, en algunos casos llevando a la vida al borde de su desaparición.  Es cierto que existen procesos cíclicos de retroalimentación en la circulación de la materia y la energía que funcionan como termostatos (aunque no se debe olvidar que esa autorregulación dura miles de años e incluye fluctuaciones), de ahí que se pueda hablar de “equilibrio dinámico” de la Tierra que brinda cierto rango de estabilidad para la vida.  Pero también hay retroalimentaciones desequilibrantes, capaces de sacar al Sistema Tierra del régimen de condiciones apropiado para las actuales formas de vida y para la civilización humana.  Es el caso de la reacción en cadena que vimos arriba que parte de la liberación en la atmósfera de gases de efecto invernadero y desencadena un recalentamiento acelerado incontrolable una vez pase cierto nivel crítico.    

Vamos al segundo punto del análisis: la responsabilidad humana en la gestión del Sistema Tierra.

Si aceptamos la conclusión del primer punto, esto es, que somos el principal peligro para la biodiversidad y para nosotros mismos, entonces la consecuencia obvia, como segundo punto, es que tenemos que autorregularnos.  Fácil de decir pero tremendamente difícil de hacer.  Una política antropocénica es aquella que fundamentada en el primer punto, tiene por objetivo la autorregulación de la especie humana, la cual exige la autorregulación en toda escala: sistema internacional, naciones, comunidades locales, individuos.

Digo que es tremendamente difícil por las siguientes razones que paso a mencionar a continuación.
No hay gobernanza mundial que interprete lo que llamo la “racionalidad de la especie”.  Estamos divididos en más de 200 estados naciones supremamente desiguales, a pesar de que ha disminuído la desigualdad entre países desde la posguerra.  Estas naciones, además, suelen estar  en competencia.  Y cada país está dividido en múltiples sectores sociales, fuerzas políticas, razas o etnias, regiones, religiones, ideologías. 

En tal concierto de naciones predomina hoy el capitalismo y la democracia formal.  La relación entre capitalismo y democracia ha fluctuado entre la sinergia y el conflicto.  Hay conflicto, por ejemplo, cuando aumenta la desigualdad, crece la miseria y la exclusión, y el poder económico domina al poder político.  Y el capitalismo actual lleva 40 años de cuasi-hegemonía neoliberal, agudizando el conflicto con la democracia.  Una política antropocénica tiene que ser constructiva de un proyecto postneoliberal, con economía mixta y un estado social de derecho repotenciado.

Si nos enfocamos en la democracia actual, considerada “el menos malo” de los sistemas de toma de decisión, resulta que así como viene funcionando en la práctica no parece que permita emerger una racionalidad global.  Al menos no lo veo posible mientras no haya un nuevo sentido común.  Si calamos más profundo, por debajo de los sistemas políticos formales y examinamos el núcleo duro de la cultura, resalta la ausencia de un consenso de mínimos sobre el cambio climático (extrapolo el concepto de ética de minimos a la política de mínimos).  Una política antropocénica es una política de mínimos sobre el cambio climático, pero estos “mínimos” no son cualquier cosa.

Hay consenso de mínimos en este punto cuando una idea esencial para la doble convivencia (me refiero a la convivencia entre seres humanos  y entre estos y la naturaleza) se torna sentido común:  se acepta, se interioriza, se normaliza.  Estos mínimos fundamentales en la cultura política democrática tendrían que basarse en la cultura científica, pues es allí es donde reside el conocimiento sobre el sistema Tierra, el cambio climático y la predicción de efectos de las acciones humanas a escala planetaria.  Una política antropocénica fomenta la cultura científica y sostiene un proyecto educativo con ese objetivo, tal cual nos enseñó el movimiento de la Ilustración, sólo que ya no se trata del enciclopedismo del siglo de las luces, sino de una Ilustración actualizada al siglo XXI.  ¿Qué significa esto? Pues que construye una cosmovisión naturalista basada en la ciencia actual y en la filosofía científica de nuestro tiempo.   La política antropocénica se basa en la ecuación: cultura política democrática = cultura científica.

Aunque no se trate de una enumeración exhaustiva, sinteticemos algunos puntos clave a ser defendidos por una política antropocénica:

·      Una conciencia sobre el cambio climático, científicamente fundamentada, convertida en sentido común o consenso de mínimos y transversal a todo.
·   Un estado social de derecho repotenciado, profundizando la democracia y dando paso a una economía mixta postneoliberal.
·      Un proyecto educativo orientado a una cosmovisión naturalista como construcción de ciudadanía y democracia epistémica.
·   Una transición energética a una matriz no basada en combustibles fósiles sino en energías alternativas que sean ambientalmente amigables (hasta donde sea posible).
·         Una economía circular.
·         Un trabajo internacional en función de gobernanza mundial

Jorge Senior

Mayo2020, el año de la peste

miércoles, octubre 30, 2019

Hacia dónde va el mundo: lecturas contradictorias 2018


Lecturas contradictorias 2018: Hacia dónde va el mundo

Por Jorge Senior

Mi principal campo de interés en materia de lectura es la ciencia y la filosofía científica.  Este año trabajé en dos líneas: el pensamiento crítico y Big History.  Pero esto no implica abandonar otros intereses en un mundo intelectualmente muy dinámico.  Quizás porque fue un año político en Colombia con una definición inédita entre izquierda y derecha, o tal vez porque en todo el mundo hay zozobra y desconcierto sobre el devenir de este siglo XXI que parece muy distinto al siglo anterior, o puede ser por la propia retroalimentación que producen las lecturas, pero lo cierto es que al hacer el balance de lo leído en 2018 encuentro que una parte significativa del listado se enfoca en el reciente pasado, el presente y el futuro de la sociedad humana.  Y ello, desde luego, no es ajeno ni al pensamiento crítico ni a la Gran Historia.

En esta nota voy a referirme a una serie de libros publicados recientemente y que de un modo u otro tratan de entender la sociedad actual y vislumbrar hacia dónde se dirige.  Hice un listado de 10 libros, ocho de ellos leídos éste año y los otros dos objeto de relecturas, y como indica el título en ellos no existe nada que siquiera se aproxime al consenso, pues toda esta producción intelectual genera ideas contradictorias en una virtual polémica que a primera vista parece confusa. 

Mi propósito aquí es desenredar la madeja en alguna medida y examinar la posibilidad de integrar un punto de vista con tales insumos divergentes.  Esto puede ser un ejercicio interesante en cuanto a la problemática de “hacia dónde va el mundo” más allá de la coyuntura de los Putin, Trump, Brexit, Bolsonaros o uribismos. 

Si echamos estos textos en una descomunal olla comunal con agua y puesta sobre un fogón de piedra y alimentada por fuego de leña, obtendríamos una ininteligible e incoherente, pero deliciosa, sopa de letras.  Quizás lo mismo sucedería con los cerebros de los autores en una eventual sopa de sesos.  El resultado es ecléctico como lo que en el Caribe colombiano solemos llamar sancocho trifásico. 
Estos son tiempos de eclecticismo, abiertos a la convergencia o la divergencia, dado que no hay predominio de una visión crítica determinada.  En este sancocho contestatario confluyen bastimentos y vituallas como neoinstitucionalismo, humanismo liberal, izquierdas identitarias y culturalistas, heterodoxias nostálgicas herederas del marxismo-freudismo, los tres oscurantismos que ya he mencionado en otros escritos (posmodernismo, construccionismo social y decolonialismo) y populismos de izquierda mezclados con pragmatismos corruptibles.  Por el lado del poder dominante a escala global también hay eclecticismo a pesar de cierta hegemonía del neoliberalismo.  Esta corriente ideológica dirige una orquesta en la cual confluyen nuevos populismos de derecha proteccionistas y xenofóbicos, viejos conservatismos autoritarios tradicionales, brotes neofascistas ocasionales e irracionalismos de diversa índole, más la corruptela de siempre y el apetito insaciable de las élites. Tanto en la derecha como en la izquierda encontramos algunos fenómenos de fobia a la ciencia y la tecnología, diferentes formas de antimodernidad.

En la lista de 10 libros encontramos 11 autores de 10 países distintos, nacidos en cuatro décadas diferentes y pertenecientes a cinco ciencias sociales y una rama de la filosofía. Tal diversidad es significativa, parece signo de los tiempos.  Cuatro autores son economistas, tres son sociólogos, tres politólogos, un psicólogo, un historiador y un filósofo de la biología.  Si las cuentas no cuadran es porque hay un par con dos títulos.  Los países representados en este grupo selecto de autores son: Turquía, Israel, Canadá, EEUU, Reino Unido, Francia, Italia, Portugal, México y España (con dos malagueños).  Boaventura de Sousa Santos y Jeremy Rifkin son los más veteranos, nacidos en la década de los cuarenta.  Steven Pinker es el único representante de los 50.  Antonio Diéguez, James Robinson, Daron Acemoglu y Fernando Escalante nacieron en los 60.  Los más jóvenes son Lucía Picarella, Manuel Arias, Thomas Piketty y Yuval Noah Harari, setenteros.

La mitad de los textos fueron escritos en español, por lo menos eso es seguro en los casos de los españoles Diéguez y Arias, y el mexicano Escalante, y creo que también es el caso del portugués Santos y la italiana Picarella, esta última vinculada con una universidad colombiana.  Los otros fueron escritos en inglés, excepto el de Piketty, y se encuentran traducidos al español. 
En orden cronológico inverso los libros son los siguientes:
·         En defensa de la ilustración de Steven Pinker (2018)
·         21 lecciones para el siglo XXI de Yuval Noah Harari (2018)
·         Evolución de la democracia de Lucía Picarella (2018)
·         Antropoceno de Manuel Arias Maldonado (2018)
·         Transhumanismo de Antonio Diéguez Losada (2017)
·         Historia mínima del neoliberalismo de Fernando Escalante Gonzalbo (2015)
·         La sociedad de coste marginal cero de Jeremy Rifkin (2014)
·         El capital en el siglo XXI de Thomas Piketty (2013)
·         Por qué fracasan los países de James Robinson y Daron Acemoglu (2012)
·         Descolonizar el saber, reinventar el poder de Boaventura de Sousa Santos (2010)

En realidad los libros de Harari, Rifkin, Pinker y Santos representan varias obras de estos autores y los he reseñado en otras notas.

Ninguno de estos libros es de derecha.  Son pocos los autores de derecha que leo.  Por ejemplo, he leído a Andrés Oppenheimer, un propagandista neoliberal, porque sus tesis sobre educación, ciencia, tecnología e innovación son un reto.  Es una falla grave de la izquierda latinoamericana que estos temas tengan mayor posicionamiento en la derecha neoliberal.  Cosa diferente sucede en EEUU, un país cada vez más polarizado, donde la derecha tiende a ser cienciofóbica debido a su base social religiosa fundamentalista.

Tampoco se puede decir que los 10 libros listados sean de izquierda, a excepción del escrito de Santos, que pretende serlo, aunque he sostenido en otras notas que el decolonialismo es neoconservador y un caballo de Troya en la izquierda (pero Santos dice que no es decolonial).  Sin embargo, sí se puede decir que estos textos representan matices progresistas, como veremos en sus tesis.

Cada autor acota su temática según su respetable criterio, pero las limitaciones de una cota, sea autoimpuesta o no, hay que señalarlas en su descripción.  Los que fueron escritos en español, a excepción de Santos que es bastante polémico y político, son los textos más académicos.  De hecho pueden servir como introducciones panorámicas a los temas de antropoceno, transhumanismo, neoliberalismo y democracia.  Si el lector conoce poco de estos temas y no ha leído a sus especialistas, estos libros le dan una visión panorámica.  Por ejemplo, yo leo la bibliografía de estos textos y encuentro que desconozco más del 90%, por tanto el libro me sirve de guía.  Además de académicos, introductorios y panorámicos, estos textos hispano-mexicanos son interdisciplinares, no así el de Picarella que presenta una limitación notoria en cuanto está muy encerrado en el ámbito de la teoría política propia de la politología, el derecho y la filosofía política.  Los del dúo Acemoglu y Robinson y el de Piketty tienen su eje en la economía, pero necesariamente tocan aspectos sociales, políticos, legales e institucionales.  En contraste, los libros de las superestrellas Harari, Pinker y Rifkin son de gran angular al abarcar períodos históricos amplios y casi todos los aspectos de la sociedad (Rifkin en menor medida).  Por esa misma razón estos autores evidencian debilidades en aquellos campos que les resultan ajenos.

Los temas abordados en el conjunto de algo más de tres mil páginas son los siguientes, a riesgo de ser redundante: conflicto, energía, medio ambiente, ciencia, tecnología, información, democracia, instituciones, ideología, cultura, moral, valores, igualdad, libertad, progreso, razón, modernidad, capitalismo.  Otros como felicidad, identidad, derechos humanos, no ocupan el lugar central que vemos por ejemplo en las redes sociales.  Los viejos conceptos del marxismo y de los autores franceses obsesionados con el “poder”, como dominación, opresión, explotación, están casi ausentes, nuevamente con excepción de Santos.  Lo mismo vale para las “subalternidades” de moda o asuntos como los movimientos migratorios.

Es notorio que la principal amenaza a la supervivencia de la humanidad, la guerra nuclear, esté poco presente en estos análisis. El tema está por fuera de la agenda mediática desde hace rato, pero la espada de Damocles sigue pendiendo sobre nuestras cabezas.  En general, la guerra o la violencia, no aparecen como preocupación central en ninguno.  Es sabido que en un libro de 2012 Pinker defendió la tesis de la disminución histórica de la violencia.   En los medios de comunicación el “terrorismo” islámico ocupa lugar preponderante, pero los analistas no lo ven como significativo si se miran las cifras e impactos reales.  Es más una cuestión psicológica.  (Nota: en mi opinión el concepto de “terrorismo” es inválido, meramente propagandístico).

De los dos párrafos anteriores podemos inferir que los temas de coyuntura o los de la agenda pública se tornan secundarios o se subsumen en otros más generales y básicos cuando se pasa al análisis estructural o de mediano y largo plazo.  Por eso una persona que se informa por los medios y las redes del acontecer diario puede verse confundida en medio del maremágnum informativo y desinformativo, aparentemente caótico, que circula por esas vías.  He ahí la necesidad de leer libros o artículos que brinden visión de conjunto, de largo aliento, de profundidad. 

Caso distinto es el cambio climático antropogénico, una transformación estructural de naturaleza y sociedad que se ha ido asomando a la conciencia pública y se ha ido metiendo en la coyuntura.  Es el tema central del libro Antropoceno, también abordado por Pinker y Harari aunque no sea la preocupación principal para este par de autores. Rifkin lo aborda indirectamente, pues uno de sus temas claves es la transición energética, en especial la energía solar.  Santos lo ve desde su maniqueísmo habitual.  Los demás autores no lo abordan, quizás por la acotación de sus temas.  Después de la guerra nuclear, el calentamiento global es la segunda amenaza para la humanidad.

El optimismo y el pesimismo marcan la mayor polarización en estos libros.  Pinker, Rifkin y el transhumanismo son extremo-optimistas.  Acemoglu y Robinson también son optimistas.  En contraste, Santos, Harari, Picarella y Escalante son muy pesimistas, a veces apocalípticos.  Piketty no cae en extremos, señala el problema y posibles soluciones.  Al joven Arias hay que reconocerle que tratando un tema apocalíptico per se, lo hace con sindéresis, ecuanimidad y mesura.   

El optimismo nace del progreso, la razón y la tecnología.  El pesimismo tiene que ver con la desigualdad, no con la guerra o el cambio climático.  Leí a Pinker y a Santos en una misma quincena y fue impresionante.  Parecía que estuvieran hablando de dos planetas distintos.  Creo que ambos adolecen de sesgo, ven el vaso medio lleno y medio vacío como lleno o vacío.  Santos no reconoce nada bueno en la sociedad actual.  Pinker trastabilla en el capítulo sobre la desigualdad y gracias a que argumenta sobre un período de más de dos siglos, logra evidenciar el progreso. 

Pero Piketty tiene la clave y Escalante y Picarella también identifican una periodización que es esencial tener en cuenta.  El capitalismo ha vivido tres etapas: una etapa inicial de aumento de la desigualdad, luego una fase de igualitarismo y, por último, una nueva fase de concentración de la riqueza y el ingreso que comenzó alrededor de 1980.  Los pesimismos de Santos, Picarella y Escalante, surgen del deterioro del estado de bienestar en las últimas cuatro décadas, de la hegemonía neoliberal y el capital supranacional como hegemón del “nuevo orden internacional”. 

El truco de Pinker es prescindir de esta periodización y asumir una escala histórica que no deja ver el momento histórico actual de 40 años. Además, Pinker es psicólogo y no sabe de economía. Es un liberal, demócrata, que puede creer en el estado regulado pero se traga la “teoría del goteo” neoliberal y ni siquiera se percata, en su magnífico combate contra el irracionalismo, que el neoliberalismo es pseudociencia, aunque sea racionalista.  El resultado es que donde Picarella ve una democracia en crisis, Pinker ve una democracia en su mejor momento.  Esto se debe también a que Pinker se centra en aspectos procedimentales, formales, y Picarella, en cambio, tiene un concepto más cercano a la democracia sustancial (que incluye democracia socioeconómica) y participativa.  La paradoja real es la siguiente: mientras la gente ve progresar su consumo gracias al avance tecnológico, al mismo tiempo se deteriora su situación laboral y de seguridad social, lo que podríamos llamar precarización.

El pesimismo de Harari es de otra índole, aunque a la postre también tiene que ver con la desigualdad, pero en perspectiva futurista.  Para Yuval el peligro de la disrupción tecnológica es mayor que el de la guerra nuclear (aparentemente controlado) o el del cambio climático (aparentemente solucionable como se está solucionando el agujero en la capa de ozono).  En cierto sentido el pesimismo de Harari es la antítesis del optimismo transhumanista, basados ambos en la misma información: la revolución Bio+Info (convergencia de biología sintética e Inteligencia Artificial).  Dicho crudamente el israelí alerta sobre la posibilidad de una biologización de las diferencias sociales, una fractura de la naturaleza humana que deja en pañales la “línea abismal” que según Santos divide al mundo actual.  Y en efecto, una combinación o alianza de neoliberalismo y transhumanismo sería apocalíptica si se mira desde el ángulo de las mayorías, es decir, la visión humanista tradicional.  En términos cinematográficos y literarios sería como integrar Soylent Green con Gattaca en un brave new world o mundo feliz, peor que 1984, para el año 2084.  Recuérdese que hace algo más de 15 años ya Jürgen Habermas alertaba sobre la eugenesia liberal, una distopía para las mayorías, pero una utopía para las élites.  La distopía puede tener una versión no catastrófica, en el sentido de un mundo feliz, sin sufrientes, donde el “soma” o droga de la felicidad, está en el consumo, donde los valores de libertad e igualdad no cuentan, salvo como ficción de consumo.  Los religiosos llaman a esto “nihilismo” de tipo nietzscheano y yo lo llamo hedonismo frívolo (hay otro tipo de hedonismo de corte epicúreo).

En resumen, hay una desigualdad presente aumentando y una posible desigualdad futura más profunda que cualquiera que haya existido.  De hecho, ésta última podría asentarse sobre la primera.  Pinker desestima ambas, por ejemplo en los dos últimos capítulos (19 y 20) de la segunda parte de su libro.  Es pertinente aclarar que ninguno de estos autores abraza una concepción teleológica de la historia, esa vieja idea hegeliano marxista ha desaparecido, aunque Fukuyama la utilizara hace tres décadas para proclamar el fin de la historia.  Por tanto, el futuro está abierto, no es predecible y sería ingenuo extrapolar a futuro tendencias actuales, salvo algunas prospectivas muy limitadas.  En últimas todo depende de decisiones a gran escala, que pueden ser tecnocráticas, democráticas o un agregado ciego de microdecisiones (como el mercado). 

Para transhumanistas y neoliberales la opción combina mercado y tecnocracia que otorgan ventajas elitistas.  Pinker, Harari y Rifkin le apuestan a la democracia, que es otro vaso medio lleno y medio vacío.  Pinker con énfasis resalta razones y evidencias de optimismo, Harari lo hace de manera vaga pues desconfía del mito liberal del individuo como mejor decisor, pero asume la democracia como el menos malo de los sistemas y Rifkin lo hace con una tesis original que toco más adelante.  Para los más críticos del statu quo la esperanza radica en la profundización de la democracia.  Las soluciones de Piketty pasan por una política económica antineoliberal, con lo cual estarían de acuerdo Escalante, Picarella y Santos.  Lo que no está claro es sobre cuales sujetos sociales y políticos se asienta tal esperanza.  En parte, el pesimismo tiene que ver con esto. 

Ninguno de estos autores critica el fenómeno de las luchas identitarias, que en últimas están produciendo una fragmentación de movimientos sociales que supuestamente sería la base social de la izquierda.  Escalante minimiza, y con razón, los retozos alterglobales.  Santos, como adalid de los FSM (sigla de Foro Social Mundial, no de Flying Spaghetti Monster), se inspira en el archipiélago de movimientos sociales heterogéneos y dispersos, una especie de torre de Babel, y sueña con sujetos marginales convertidos en protagonistas (hay un texto colombiano de Boaventura titulado “DDHH, democracia y desarrollo” que puede arrojar otra perspectiva).  Confunden resistencia con proyecto político estratégico.  Picarella está demasiado encerrada en la teorización cualitativa y un tanto especulativa que agobia la denominada “ciencia política”, cuando se necesita más investigación interdisciplinar y sin miedo a los datos cuantitativos.

Veamos entonces la opción de Rifkin.  Primero digamos que la tesis de la TRI (tercera revolución industrial) planteada en otro libro (2011) ha sido contra-atacada por el neoliberalismo global asentado en el Foro Económico Mundial, del cual emanó la contratesis de la Cuarta Revolución Industrial, liderada por Karl Schwab, que ha calado.  Por ejemplo, es utilizada por el gobierno colombiano, sea santista o uribista.  La batalla TRI vs CRI o 3 vs 4, no es de meras etiquetas o de una periodización teórica.  Es una batalla entre el neoliberalismo y sus alternativas, donde el primero está cohesionado en alto grado y las segundas, en cambio, lucen dispersas. 

En segundo término, pero no menos importante, Rifkin ve en los cambios tecnológicos una tendencia hacia el costo marginal cero y una nueva forma de economía, que en realidad es el resurgimiento de una forma antigua, el procomún colaborativo, capaz de generar profundos cambios sociales y en la formas de vida.  Es decir, de manera esquemática: hay nuevas tecnologías que favorecen la economía solidaria.  Estas tecnologías son, por ejemplo, el Internet de las Cosas (IoT), la energía solar (y otras energías renovables), la impresión 3D, los MOOC y, en general, todo lo que tiene que ver con economía inteligente y automatización.  Este tipo de economía trabaja en redes, descentraliza, maneja de otra manera las economías de escala, reemplaza el trabajo humano (lo cual es traumático a corto plazo, pero no debería serlo intrínsecamente) y genera un nuevo sujeto prosumidor, que es productor y consumidor a la vez.  El derecho de propiedad se ve reemplazado en ciertas partes de la sociedad por el derecho de acceso.  Nota: Rifkin no examina las implicaciones de la biotecnología aplicada a la intervención en la naturaleza humana, los ciborgs o la biología sintética.

Esta tesis de la economía solidaria es similar a la del socialismo utópico y a ciertas utopías anarquistas, pero con un fuerte componente tecnológico.  Es una forma de producción socialista que no es estatista y perfectamente compatible con cierto tipo de individualismo liberal (espacios personales) y con el mercado.  Un punto a profundizar es la diferencia entre este mercado inteligente, los mercados tradicionales y el mercado teórico de los modelos matemáticos de los economistas neoliberales.  Rifkin llega a hablar del “eclipse del capitalismo”.  Este es, pues, un optimismo muy distinto al de Pinker.

MOSAICO DE IDEAS

·         Modernidad y capitalismo no son lo mismo.
·         La violencia disminuye, pasa a segundo plano, no es el principal factor de dominación ni es la partera de la historia (lo que no excluye la legítima defensa cuando la haya)
·         El conflicto sigue presente en la sociedad humana; a escala global porque no hay gobernanza mundial y a escala de los estados nacionales porque el estado de derecho no opera adecuadamente por razones premodernas o por el factor neoliberal (la esfera económica domina a las demás)
·         Estamos en la tercera etapa del capitalismo caracterizada por la hegemonía de la ideología neoliberal, globalización del capital, el retroceso del estado de bienestar y el aumento de la concentración de la riqueza y el ingreso
·         No existen actualmente alternativas al capitalismo ni siquiera como proyectos creíbles para las mayorías
·         Paradoja institucional: un estado nación, que a la vez es una civilización, ha adoptado el capitalismo bajo la dirección de un partido comunista en un régimen político unipartidista y su  economía ascendente, que ha jalonado el mercado global en el presente siglo, está próxima a convertirse en la primera economía del mundo
·         Paradoja económico - cultural: Occidente podría perder su primacía frente a Asia oriental, aunque la cultura occidental se haya convertido de facto en la cultura universal por antonomasia
·         Estamos ya en el Antropoceno, una era geológica, biológica y social caracterizada por el impacto de la especie humana en todo el sistema terrestre, un impacto que amenaza con cambiar el equilibrio dinámico del sistema en forma impredecible y, en todo caso, no adaptativa
·         El principal reto para el capitalismo es medio ambiental, en especial el cambio climático
·         El capitalismo solucionó o está en vías de solución el problema del agujero de la capa de ozono, pero no está claro que pueda hacer lo mismo frente al calentamiento global y la producción de gases de efecto invernadero
·         La ciencia ha refutado los mitos de la naturaleza humana elaborados por el marxismo y el liberalismo
·         El neoliberalismo es una pseudociencia convertida en ideología
·         El neoliberalismo favorece la tecnociencia pero es enemigo de la ciencia básica y, sobre todo, de la epistemología
·         El irracionalismo, sea antimoderno como en el posmodernismo, o moderno como en el construccionismo social, sirven de caballos de Troya en las izquierdas, las socavan por dentro
·         La innovación tecnológica y el capitalismo se han retroalimentado en un círculo ascendente
·         El avance tecnológico conlleva mayor productividad, mayor consumo de masas (aunque se note poco en el PIB)
·         El mayor consumo conlleva mayores satisfacciones (confort, experiencias) y genera un nuevo concepto de felicidad que se caracteriza por ser efímera y en permanente necesidad de renovación
·         Existe un choque o tensión entre el deterioro del estado de bienestar y su consecuente precarización laboral y existencial con el aumento de la felicidad consumista
·         La “cuarta revolución industrial” es un invento neoliberal del Foro Económico Mundial, estamos en la Tercera Revolución Industrial, que en realidad es post-industrial
·         La Tercera Revolución genera economía inteligente, la cual conlleva tendencias favorables a
o   Medio ambiente (transición energética y abandono de combustibles fósiles),
o   Liberación del trabajo humano (reducción de jornada laboral, renta universal, automatización), a una
o   Fuerte interdependencia global (gobernanza mundial), al
o   Resurgimiento del procomún colaborativo y del prosumidor
o   Formas de producción de costo marginal cero o cercano a cero
·         La Tercera revolución conlleva el inicio de la naturaleza humana intervenida de imprevisibles consecuencias, puede pasar de la eugenesia negativa a la eugenesia positiva


miércoles, agosto 14, 2019

Jeremy Rifkin y la transición energética

Por Jorge Senior 

En el marco de la campaña de Colombia Humana 2018

De la lectura de La Sociedad de Costo Marginal Cero de Jeremy Rifkin y otros textos presento un resumen provisional sobre la transición energética y el cambio de paradigma económico.

Utilizar menos recursos del planeta con más eficacia, eficiencia y productividad en una economía circular y adelantar la transición energética (de combustibles fósiles a fuentes renovables o cuasi-infinitas), constituyen dos características claves del nuevo paradigma económico en el mundo. Y así será en la Colombia Humana. 

El Internet de las Cosas es una plataforma operativa en formación que integra 3 redes mundiales: internet de la energía, internet de las comunicaciones e internet del transporte. Este es el eje de la Tercera Revolución Industrial (Klaus Schwab y el Foro Económico Mundial la etiquetarán como "cuarta"), todo ello orientado por la IA (Inteligencia Artificial). Sin embargo, ya se cocina otro eje revolucionario con la edición de genomas y en general la biología sintética. Colombia Humana pone a nuestro país en la ruta del futuro. 

La transición energética y el internet de las cosas nos llevan a una economía de energía gratuita cuasi-infinita, muy lejos de la obsoleta economía del petróleo y demás combustibles fósiles que producen el calentamiento global antropogénico. Diversos sectores de la economía (energía, información, educación, impresión 3D, entre otras) se aproximarán al costo marginal cero o casi cero, trastocando el viejo concepto de mercado de competencia. Ni el petróleo, ni el carbón, ni los Electricaribe tienen futuro, por eso la Colombia Humana impulsa el cambio gradual hacia el nuevo paradigma mediante la innovación tecnológica.

Pero por otra parte la vieja economía laboral ira desapareciendo, por ello la reforma laboral debe prever una disminución de la jornada laboral y una transformación radical del mercado del trabajo, pues muchos tipos de empleos desaparecerán reemplazados por máquinas, incluso empleos calificados. En esto Petro debe dar un paso mental más cuando concibe la sociedad del conocimiento, pues sigue confiando en la ecuación de riqueza y trabajo, la cual va camino a desaparecer también. En la economía inteligente el principal factor de riqueza es el conocimiento. Lo que sí es válido en el planteamiento de la Colombia Humana es el énfasis en la educación superior gratuita para todos. Ahora bien, las propias instituciones educativas y sus currículos están rezagadas, no están preparadas para un mundo que cambia rápidamente. Eso se refleja en su oferta pero también en la orientación profesional de los jóvenes y sus padres, pues la propia demanda debe cambiar para que cambie la oferta (sin cultura científica difícilmente cambiará la demanda). No basta entonces que sea gratuita, se necesita un giro sustancial de la oferta y la demanda, una revolución educativa de cara al futuro.

ENERGÍA SOLAR Y EÓLICA 

Cada 88 minutos la Tierra recibe 470 exajulios de energía solar. Eso es lo que consume la humanidad en un año.

Una celda fotovoltaica de cristal de silicio costaba 60 dólares/vatio en 1976 y sólo 66 centavos de dólar en 2013. Casi cien veces menos. La eficiencia también ha aumentado. Para 2020 el precio de la energía solar será comparable al precio promedio de la energía generada con carbón y en 2030 costará la mitad.

En Alemania 2013 el 23% de la energía era verde y en 2020 será el 35%. La matriz energética cambia rápidamente. Puede llegar el caso de que en ciertos momentos tenga precios negativos y en tal caso el consumidor se vuelve productor que vende a la red interconectada. En 2011 la producción de energía eléctrica a partir de energía solar era de 63,4 gigavatios: diez veces más que en 2006. En los últimos veinte años la capacidad solar instalada se ha duplicado cada dos años, un crecimiento exponencial.

Un estudio de la Universidad de Stanford dice que si se captara un 20% del viento disponible se podría generar 7 veces lo que consume toda la economía mundial. En los últimos 25 años el rendimiento de las turbinas eólicas y aerogeneradores se ha multiplicado por 100 y la capacidad media por generador ha crecido más de 1.000%.

En conclusión: en 10 años el mundo estará metido de lleno en la era de las energías renovables, pero algunos países avanzarán más rápido que otros. Queremos que Colombia se una a esa vanguardia. He ahí otra razón más para impulsar la Colombia Humana, cuyo click es político: una X el 17, no sólo para derrotar la guerra y la corrupción, también para entrar al futuro de manera constructiva.

El Búho