martes, octubre 29, 2019

Construccionismo social, naturaleza humana y biologización de las ciencias sociales


Ponencia escrita a finales de 2016 y publicada en 2018 en el libro de Memorias del IV Congreso Iberoamericano de Filosofía de la Ciencia y la tecnología

Resumen Ampliado de Comunicación

IV Congreso Iberoamericano de Filosofía de la Ciencia y la Tecnología
Cultura científica y cultura tecnológica
Julio 3 al 7, 2017 – Salamanca, España


No es tiempo de muros


Jorge Enrique Senior Martínez
Barranquilla, Colombia

Área temática a inscribirse: Filosofía de las ciencias sociales

Palabras clave: Naturaleza humana, construccionismo social, humanismo liberal, biología, ciencias sociales

Perspectiva de actualidad

En el segundo semestre de 2016, casi veinte años después de la “Declaración sobre la Raza” de la AAA, EEUU se debatía en  medio de la violencia racial a pesar de la presidencia de un afrodescendiente y del lema #blacklivesmatter.  Finalmente los resultados electorales de noviembre de 2016 dan el triunfo al candidato y al partido más proclive a las posiciones racistas o xenofóbicas. 

Mientras tanto, en Colombia, tras un cuarto de siglo con una constitución laica, una simple cartilla escolar sobre sexualidad, emanada del Ministerio de Educación (2016), logró que las iglesias católica y evangélicas movilizaran en agosto de 2016 a cientos de miles de personas “en defensa de la familia” y contra la “ideología de género”, lo cual terminaría repercutiendo en la derrota de la refrendación de los Acuerdos de Paz entre el Estado y la mayor de las guerrillas (Gómez-Suárez, 2016). 

En estos y otros casos similares se debate una posición tradicionalista y conservadora contra una posición liberal y progresista.  Lo curioso es que son las posiciones conservadoras las que acuden a la biología, mientras que las progresistas se atrincheran en un construccionismo social, y cuando no abrazan la tabula rasa, entonces minimizan la importancia de la biología reduciéndola como mucho a un trasfondo, una base plástica indiferenciada que es modulada por la cultura (Pinker, 2002; Hacking 2001).  Olvidando la falacia naturalista, el discurso construccionista radical ha acomodado el término “naturalización” con el sentido de un “velo ideológico legitimador”, carente de fundamento científico. 

Estas tesis progresistas son acolitadas por organismos como la ONU, élites políticas e intelectuales, y se las considera como “políticamente correctas”.  Esto se debe a los valores que abanderan, tales como la libertad, la tolerancia, la dignidad inherente a la condición humana y el respeto a la diversidad. Y también a que invocan a su favor la ciencia y la filosofía, pero esto resulta contradictorio dado el desconocimiento que hacen de la biología que desde hace 150 años reubicó a la especie humana en la esfera ontológica de la naturaleza. 

La tarea crítica de la filosofía no puede enfocarse exclusivamente en la posición tradicional, sino que debe someter a examen todas las tesis en pugna.  Someter a los valores de libertad y tolerancia a examen crítico, es válido, pero sería tema para otra ocasión. En este trabajo partimos de aceptar tales valores como premisa para cuestionar a continuación si el construccionismo social constituye su fundamento científico adecuado. 

En especial, para la filosofía de la ciencia es prioritario poner en cuestión el supuesto fundamento científico de las creencias en torno a la sexualidad, la raza u otras categorías del ámbito de la sociedad humana, ya sean de la ideología conservadora, liberal, marxista o cualquier otra que incida en la deliberación pública.  Los hechos mencionados arriba y otros similares muestran que esta tarea está en el orden del día con plena pertinencia, en especial con respecto a la ideología liberal predominante.

Perspectiva histórica

Los primeros intentos de interconexión entre la biología y las ciencias sociales durante el siglo XIX llevaron al auge de teorías pseudocientíficas como la frenología, la craneometría, fisiognomía,  darwinismo social, entre otros.  Estas ideas terminarían convirtiéndose en rotundos fracasos científicos, pero durante décadas alimentaron discursos racistas, sexistas y homofóbicos hasta llegar a la apoteosis de la eugenesia totalitaria del nazismo durante la segunda guerra mundial.  No extraña entonces que en la atmósfera de la posguerra florecieran concepciones que tomaran distancia de la biología. El Segundo Sexo de Simone de Beauvoir, publicado en 1949, es un ejemplo emblemático de esta tendencia (Senior, 2011).  Hacking (2001) traza un panorama de cómo este enfoque, aupado por el posmodernismo, se tornó epidémico, a la vez que pone en evidencia algunas de sus debilidades epistemológicas al exagerar los componentes subjetivos. Wallerstein (1996a, 1996b) en el informe de la Comisión Gulbenkian describe cómo la configuración de las diferentes disciplinas para investigar la sociedad humana obedeció a una serie de circunstancias pragmáticas (acceso a información), ideológicas (visión liberal) y de orden institucional, mas no a un diseño fundamentado epistemológicamente, lo que las hace más permeables a las influencias ideológicas.

Mientras tanto, la biología, fragmentaria en el siglo XIX, logra a lo largo del siglo XX una poderosa síntesis teórica y anclarse fuertemente en la química, la física y la matemática (Senior, 2012).  Utilizando los avances desde la genética hasta la etología, la sociobiología (Wilson, 1980) es, quizás, la primera incursión fuerte de la biología en el territorio de las ciencias de la acción humana.  El debate Wilson vs. Lewontin es un referente obligado para expresar la tensión entre la primacía de la naturaleza humana o del ambiente social en el terreno de la explicación causal.  Posteriormente, en los posmodernos años 90, la psicología evolucionista (Tooby y Cosmides, 1992) lanza un nuevo embate contra el construccionismo social definido como el “modelo estándar de las ciencias sociales”.  A partir de aquí la polémica “nature vs nurture” se agudiza, desatándose las llamadas “science wars”, en las cuales las ciencias sociales parecen atrincherarse en un determinismo culturalista, que es otra forma de reduccionismo, espejo del determinismo genético que anida en el otro extremo. 

El éxito del proyecto Genoma Humano, inmensos descubrimientos de la paleogenómica sobre la filogénesis reciente de nuestra especie, notorios progresos de la neurociencia usando la tecnología fMRI, nuevas investigaciones en genética del comportamiento, psicología biológica y cognitiva, epidemiología, terapia génica, biología del desarrollo, hacen sonar trompetas que derriban los muros del construccionismo social.  Pero a medida que se tienden puentes el flujo se vuelve bidireccional.  La primatología (Tomasello, 2007), la epigenética (Jablonka & Lambs, 2016), la integración eco-evo-devo y hasta la misma neurociencia (Damasio, 2010; Sampedro, 2007) sustentan los efectos biológicos de la cultura.  Incluso Wilson (2012) defiende la coevolución biológico-cultural.  La biología pasa de ser mero trasfondo y bastión de universales a convertirse en una herramienta de captura de datos y más allá, en un abridor de cajas negras de las determinaciones sociales, revelando mecanismos y cadenas causales de carácter biosocial, en un entramado complejo con el potencial de explicar la dinámica de la igualdad y la diversidad, brindando cimientos científicos más sólidos al humanismo liberal. Es tiempo de consiliencia, no de muros.

Futuro

La ironía final es que la transdisciplina biosocial se configura como una tecnociencia y resetea al construccionismo social al reconvertirlo en transhumanismo (Diéguez, 2016) mediante la intervención de la naturaleza humana (Habermas, 2002). Es el retorno de la eugenesia, ahora en versión liberal.  Lo que parecía la vía para brindarle al humanismo liberal un mejor fundamento científico, puede convertirse, como indica Harari (2016) en semilla de su propia destrucción.


Referencias bibliográficas

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1 comentario:

  1. Ahora es común escuchar que los que critican al construccionismo social se pelean contra un muñeco de paja del mismo. O exigen que el debate gire en torno a “los referentes” de esa forma de pensamiento.

    El construccionismo social es una forma de interpretar los hechos que atribuye las causas de los mismos en forma exclusiva o excesivamente preponderante a la cultura, dejando de lado las cuestiones de la biología que también son explicativas, y que a veces lo son más aún que las cuestiones sociales/culturales.

    Eso es lo que criticamos del construccionismo social, esa “miopía analítica”.

    Discutir sobre construccionismo social no es lo mismo que discutir acerca de su génesis o de sus autores, esas pueden ser charlas muy interesantes pero no constituyen de por sí el núcleo del debate en torno al CS.

    Es como si al tratarse el tema de la zurdera o de la ambliopía nos remitiéramos exclusivamente a quienes teorizaron sobre esas cuestiones y a la progresión histórica de lo concerniente a esos conocimientos; puede ser un tema de gran interés para los académicos de sus respectivas áreas, pero estos temas, como tantos otros, como por ejemplo el del construccionismo social, exceden por mucho el de quienes fueron los autores que desarrollaron tales o cuales temas.

    «… las [posiciones] progresistas se atrincheran en un construccionismo social, y cuando no abrazan la tabula rasa, entonces minimizan la importancia de la biología».

    Ese es el día a día de muchísimos autores, investigadores y simpatizantes del progresismo. Pedir nombres o repetir como un mantra que se está luchando contra un muñeco de paja es esquivarle al bulto. Y habitualmente quienes vierten este tipo de frases y exigen nombres y citas son precisamente quienes suelen recostarse en esa sesgada forma de análisis.

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