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sábado, noviembre 06, 2021

Conferencia Cosmovisión científica y educación - Tercera parte

 Una educación sin cosmovisión es como café sin cafeína

 

El siguiente texto es una transcripción de un audio de la conferencia ofrecida por Jorge Senior el 28 de octubre de 2021.  Es, por tanto, lenguaje oral.

Como la conferencia tiene tres partes, para efectos de presentación en este Blog, se hará en tres entradas.  Esta es la tercera.  


 

Tercera parte

¿Hacia dónde vamos? Reflexiones sobre el Antropoceno

 

Llegamos entonces al final de la película, que es nuestra época, el Antropoceno.  La humanidad está en una encrucijada. El COP26 que comienza esta semana es clave, aunque hemos aprendido a no hacernos muchas expectativas.  Nuestra caja de herramientas número 4, el Antropoceno, es quizás el concepto más importante del siglo XXI.  Sustento: porque caracteriza nuestra época y nuestras responsabilidades.  Implica que el ser humano está convertido en el gestor del planeta Tierra, gústenos o no nos guste.  Por el impacto que tenemos el Antropoceno es un concepto geológico, en primer lugar, pero también es biológico, histórico, tecnológico y ético político. Implica que la especie humana se convirtió en una fuerza geodeterminante, con más influencia que muchas de las fuerzas naturales, con más impacto positivo o negativo. Implica que la mayor amenaza para la especie humana es la propia especie humana. Implica que la humanidad está a cargo del Sistema Tierra, que asume la gestión planetaria y se hace responsable ante sí misma: no hay dios que nos venga a salvar, nadie nos va a salvar, eso es lo que podemos llamar (ahí sí siguiendo a Kant) mayoría de edad, esto no se resuelve rezando, esto se resuelve con conocimiento.

Ser útiles a la sociedad no refiere a la reproducción del sistema sino a su transformación en función del bien común.

A riesgo de ser esquemático, la idea se aclara, quizás, con una simplificación expresada en dos rutas extremas.

Por una ruta marcada por una educación deficiente, tendríamos súbditos acríticos envueltos por las redes (ya los medios han dejado de ser tutores), menores de edad (no importa si tienen 30 o 40 o 50 años), alienados, manipulables, hackeables.  El resultado podría ser una democracia doxástica, si es que no dictadura de frente, con una profunda desigualdad en la sociedad entre una reducida élite y las grandes mayorías, una civilización incapaz de enfrentar los desafíos del cambio climático y las nuevas condiciones generadas por la tecnología.  El planeta no será destruido, pero la biodiversidad será golpeada y la civilización con sus esplendorosos niveles de confort no será sostenible.  Algunos le apuestan a una élite salvadora, de tipo tecnocrático, administrando una inteligencia artificial que, a su vez, administraría al mundo. Las últimas 4 décadas ya nos dan un atisbo de esta opción.

Por la otra ruta, ideal, se prioriza la formación de ciudadanos críticos (una redundancia), algo que parece aterrorizar a los gobiernos colombianos desde que se instaló el orden conservador en 1886.  Ciudadanos mayores de edad, conscientes, autónomos, son el sustento de una democracia epistémica, única opción que yo veo para una sociedad sostenible sin abismos de desigualdad.

Volvemos aquí a la contradicción fundamental del Antropoceno entre Homo Deus y animal hackeable, inteligencia colectiva e inteligencia individual, con la primera hegemonizada por unas élites en ciertos países determinantes y la segunda cada vez más atomizada y carente de herramientas políticas que no sean mesías.

Hay cuatro escenarios posibles a toda esta historia. 

Dos negativos: la extinción (que pareciera una “ley” evolutiva implacable, pero ante la cual todos parecemos ser negacionistas) y una situación distópica, como a veces nos las pinta Hollywood, pero que efectivamente es posible. Yo crecí en una época bajo la amenaza de la guerra nuclear, ahora no se habla mucho de eso pero la amenaza está allí, los misiles están allí.  El cambio climático y las derivaciones de la tecnología cuyo futuro es opaco para nosotros, son también factores que pueden desembocar en el escenario distópico.

Del otro lado tenemos dos escenarios positivos: el más fantástico de todos, el ideal soñado, es alguna utopía épica de maravillosa civilización, como nos la prometen los transhumanistas o algunos otros optimistas, entre ellos Pinker.  La alternativa parece aún más utópica: el decrecimiento, como plantean algunas corrientes anarquistas, que equivale a parar la máquina acumulativa del capitalismo, generar una nueva sociedad poscapitalista que no esté prisionera de esa máquina que nadie sabe cómo se detiene, que no tiene freno, mejor dicho que es un caballo desbocado que puede reventar este planeta por lo menos en términos de lo que nuestra civilización necesita para mantenerse y prosperar.

Sostengo que la disyuntiva entre democracia doxástica y democracia epistémica, inclina la balanza hacia las opciones negativas o positivas, aunque, desde luego, se trata de una simplificación.  Los escenarios realistas son híbridos y confusos, pero el esquema ayuda a ver el fondo de la cuestión, por lo menos para los que aún creemos en la opción moderna de los Ilustrados, con su énfasis en la democracia y la educación.

Casi siempre se ha dicho que democracia y capitalismo van juntos y en armonía.  La realidad parece indicar lo contrario, el capitalismo llamado “salvaje” choca contra la democracia cuando no es regulado o domesticado de alguna forma.  El poder económico, en los últimos 40 años, se ha ido imponiendo sobre el poder político y realmente el destino del mundo ni siquiera se decide en las votaciones o por lo menos su incidencia es baja a nivel global.  En últimas, el destino del mundo depende de la ciencia y la tecnología, fuerza determinante de la civilización actual, pero la ciencia y la tecnología la hegemonizan élites o los factores de poder del capitalismo.  Hay corrientes políticas que critican al capitalismo, pero no entienden que no pueden regalarle a la ciencia y la tecnología a las élites.  Al contrario, tendrían que asumir a fondo la democratización del conocimiento científico y tecnológico.

La gran paradoja de nuestro tiempo es que vivimos en el filo entre un futuro oscuro y un futuro luminoso.  Estamos en una encrucijada que es el momento más importante de la historia humana. No es una exageración, no es una hipérbole, se trata de un momento único.  Si nuestra especie sobrevive los próximos milenios, esta época será recordada como la era pionera: por primera vez en 3.800 millones de años de historia de la vida sobre la faz de la Tierra, una especie controló la evolución y manipuló a su antojo la genética; por primera vez una especie viajó al espacio y a otros cuerpos celestes; por primera vez hubo un sol en la Tierra al desatar la energía del núcleo de los átomos; por primera vez se construyó una nueva forma de seres complejos, las máquinas pensantes.  Los mojones históricos de 1945, 1953 y 1969, siempre serán recordados.  Sin embargo, esta especie que logró la hazaña increíble de conquistar el planeta, dominar todos los nichos, pudo ser también el detonante de la sexta extinción masiva e incluso de su propia extinción, víctima de su propio éxito, al meterse en un callejón sin salida: tener demasiado poder sin haber dejado de ser un animal de naturaleza contradictoria, producto de la selección natural multinivel.  Porque esta especie conquistó el mundo, pero esa conquista es precaria.

miércoles, agosto 25, 2021

Contrastando el pensamiento de Hernando Gómez Buendía

 


CONTRASTE  GÓMEZ BUENDÍA  VS.  SENIOR

CONTRASTE ENTRE EL PENSAMIENTO DE HERNANDO GÓMEZ BUENDÍA SOBRE LA HISTORIA DE COLOMBIA (CON ÉNFASIS EN LA VIOLENCIA POLÍTICA) Y MI PROPIO CONCEPTO.

Por Jorge Senior

He escrito una reseña informal sobre el libro Entre la independencia y la pandemia de Hernando Gómez Buendía (Editorial Razón Pública, 2021, 781 páginas).  Tal reseña tiene unas 15 páginas y estará publicada próximamente como una entrada en este blog La Mirada del Búho.

Pero antes quiero presentar este contraste entre una síntesis interpretativa del pensamiento de Gómez Buendía cinco puntos y mi propia visión crítica acerca del mismo tema.

En la visión de Hernando Gómez Buendía:

·         La principal fuerza progresista en Colombia (en lo político, económico, tecnológico, institucional y cultural) ha sido el contexto internacional en cuyos márgenes nos encontramos.  Por tanto nuestro desarrollo es exógeno, no el producto de fuerzas internas como un capitalismo endógeno, fuerzas políticas progresistas o movimientos sociales populares (todos estos han sido estériles).


·         Ese progreso exógeno ha sido modulado y ralentizado por unas élites conservadoras y rentistas que actúan como un freno por medio de un orden conservador cuasi-hegemónico con una cultura católica premoderna que tiene su raíz en la herencia española colonial.

 

·         Este orden conservador, cuyo hito inicial es la Constitución de 1886, ha logrado una lenta pero sostenida modernización y construcción de Estado, manteniendo las formas democráticas de un consenso republicano, sin grandes fluctuaciones económicas o políticas.

 

·         La violencia política ha sido más el producto de factores subjetivos que objetivos.  Entre los factores subjetivos se destacan: la voluntad de los violentos, las falsas polarizaciones en el siglo XIX y las ideologías en el XX.  Entre los factores objetivos se destacan: la geografía fragmentada y el Estado débil, no tanto la desigualdad y la exclusión.

 

·         La violencia política ha sido estéril, excepto para el orden conservador.  


En la visión de Jorge Senior:

·         La principal fuerza progresista en Colombia (en lo político, económico, tecnológico, institucional y cultural) ha sido el contexto internacional en cuyos márgenes nos encontramos.  Por tanto nuestro desarrollo es básicamente exógeno, y en menor medida  el producto de fuerzas internas como un capitalismo endógeno, fuerzas políticas progresistas o movimientos sociales populares.

 

·         Ese progreso exógeno ha sido modulado y ralentizado por unas élites conservadoras y rentistas que actúan como un freno por medio de un orden conservador, dominante pero siempre cuestionado por sectores de la sociedad,  con una cultura católica premoderna que tiene su raíz en la herencia española colonial; no obstante ese progreso exógeno también es asimilado, promovido e impulsado por luchas populares, movimientos sociales, fuerzas políticas progresistas y sectores empresariales.

 

·         Este orden conservador, cuyo hito inicial es la Regeneración y la Constitución de 1886, ha logrado mantenerse por la fuerza de las armas y la ideología, en el contexto de una lenta pero sostenida modernización y construcción de Estado, más o menos guardando las apariencias de las formas democráticas de un consenso republicano, sin grandes fluctuaciones económicas o políticas.  Este orden conservador se extrema en ocasiones con expresiones autoritarias que hemos llamado el fascismo azul.

 

·         La violencia política ha sido el producto de factores objetivos y subjetivos.  Entre los factores objetivos se destacan: la geografía fragmentada, la ausencia del Estado, la desigualdad y la exclusión.  Entre los factores subjetivos se destacan: en el siglo XIX las falsas polarizaciones o fracturas de las élites regionales; y en el siglo XXI el militarismo autoritario y represivo, así como la legítima defensa y la ideología de sectores intelectuales. 

 

·         La violencia política ha sido un recurso sistemático útil para el orden conservador y un recurso de autodefensa sectorial que la retroalimenta a lo largo del tiempo.  Pero también ha sido un factor de cambio, así sea a través de un proceso de paz, que coadyuvó a producir una nueva constitución que contempla un estado social de derecho, aunque no logró derribar por sí misma el orden conservador.  

 

El Búho

Agosto de 2021



martes, julio 13, 2021

Pensamiento de un sector juvenil en Barranquilla 2021



DEBATE SOBRE COLÓN Y EL PATRIMONIO CULTURAL 

Discusión sobre la destrucción de la estatua de Colón en Barranquilla hace un par de semanas.


Para lectores que no conozcan a Barranquilla: ésta es una ciudad puerto, moderna, de un millón y medio de habitantes y un área metropolitana conurbada.  No fue fundada por conquistadores, sino por el pueblo mestizo, criollo.  Es reconocida en la historia como "sitio de libres" en contraste con ciudades coloniales como Cartagena y Santa Marta.  No hubo aquí una élite esclavista o aristocrática ligada a la tierra sino una élite de comerciantes e industriales, irrigada por una inmigración cosmopolita, como la colonia italiana que donó la estatua en 1892.  Esta ciudad es un crisol de mestizaje, no es ciudad de etnias o conflictos étnicos, aunque no me cabe duda de que hay racismo supérstite disimulado.

Este evento se realizó aproximadamente una semana después de los hechos y en el lugar de los hechos.  Asistieron unas 60 personas, la mayoría jóvenes menores de 25 años.  Yo participé como invitado para sustentar la posición crítica al hecho destructivo y simbólico, como parte de un panel integrado también por otras tres personas. Sumando las intervenciones del público hubo en total unas 15 personas exponiendo opiniones durante dos horas (mis intervenciones sumarían quizás unos 20 minutos).  La deliberación fue respetuosa, sin abucheos ni comités de aplausos.

Mi objetivo fue escuchar de viva voz el pensamiento de estos jóvenes activistas y expresar ideas críticas externas al discurso decolonial que tiende a predominar en algunos sectores como éste.  En este escrito me concentro en lo que ellos dijeron, no en mis tesis.  Hago una síntesis en 27 puntos de las intervenciones individuales que escuché, lo que no significa que todos estuvieran de acuerdo con todo.  No se puede asegurar que haya unanimidad total entre ellos, pero sí hay en términos generales sintonía con un discurso que se puede caracterizar como decolonial, indigenista o afín.  Esta cuasi-unanimidad se evidencia en que prácticamente no hubo debate entre ellos sino con las tesis que logré sustentar brevemente.  No peco de inmodestia al decir que si yo no hubiese asistido el evento habría sido un monólogo.  Esto es así porque el grupo organizador me invitó precisamente por eso, ya que esta discusión presencial fue precedida por el debate en redes y yo acepté el reto del debate presencial.  

Suele suceder que los académicos no se atreven a salir de su torre de marfil y asumir el debate político, a pesar de que las ideas que circulan en las universidades, especialmente en facultades de sociales o humanidades, están profundamente imbricadas con la dinámica política de la sociedad.  Por mi parte, pienso lo contrario de los académicos acomodados, las ideas deben salir a la calle, al ágora de la polis, para decirlo en un lenguaje pseudoerudito que place a los académicos.  Eso es producto de mi historia de vida que ha sido precisamente antiacadémica, aunque irónicamente me encuentre vinculado laboralmente a este sector durante los últimos tiempos.      


SÍNTESIS DE PENSAMIENTOS EXPRESADOS

Los siguientes son los puntos de vista o intentos argumentativos expresados por integrantes del sector juvenil que está de acuerdo con la acción realizada.    

1.       El valor artístico y estético de la estatua es despreciable y además obedece a una estética nazi

2.      Se puede criticar a Char por abandono al patrimonio cultural de la ciudad y al mismo tiempo atentar contra ese patrimonio

3.       El notorio contraste entre Barranquilla y Popayán es irrelevante (maximalismo)

4.    La diferencia entre la historia de la estatua de Belalcázar en Popayán y la historia de la estatua de Colón en Barranquilla es irrelevante  (maximalismo)

5.       El relato de ciudad pionera, moderna y cosmopolita no cala, no tiene mayor aceptación

6.       La memoria urbana no parece ser importante para ellos

7.       A mayor lejanía en el tiempo y en el espacio se les hace más importante la historia (la de hace 500 en el continente es más importante que la de hace 200 en el país y mucho más que la de hace 100 en la localidad)

8.       El sentido de pertenencia con la ciudad lo percibo en un nivel muy bajo (sería interesante verificar procedencia de los jóvenes, sus padres y abuelos, buscarle explicación al fenómeno)

9.        La acción tiene como motivo alegado expresar solidaridad con indígenas como un "acto simbólico de reparación"

10.   El accionar de los jóvenes Misak es asumido como representativo de más de 80 etnias indígenas que hay en Colombia

11.   Un grupo de un centenar de jóvenes activistas sí es representativo de la ciudad, es democracia en las calles, no se necesitaba consulta previa (vanguardismo) (la ausencia del comunicado explicativo fue un fallo circunstancial dicen)

12.   Es válido igualarse al oponente, por ejemplo responder a la antidemocracia del gobierno con la antidemocracia de los activistas (toma de decisiones sin consultar a la ciudadanía)

13.   Aceptación de la estatua durante 130 años no cuenta, tampoco el respeto a la colonia italiana

14.   Creen que la acción no genera rechazo, no perjudica la valoración del Paro por la opinión pública y no beneficia a la derecha políticamente  (metidos en su burbuja)

15.   La dimensión histórica de Colón es un asunto irrelevante (el navegante explorador no les interesa ni el impacto histórico multidimensional)

16.   Creen que la leyenda rosa es aún hegemónica y por tanto hay que confrontarla (verbos muy usados: visibilizar, resignificar) (¿qué historiografía leen?)  (falacia espantapájaro o punching bag)

17.   La historiografía marxista, la de la escuela de los anales, la "Nueva Historia" en Colombia y en general la historiografía seria les resulta desconocida al parecer

18.   Eludieron la crítica a la idealización de los indígenas (los comportamientos anteriores a la llegada de europeos que son moralmente criticables desde la moral actual; las alianzas de indígenas con europeos en contra de sus opresores también indígenas, las acciones indígenas durante la guerra)

19.   Los hechos históricos son falseados en dirección a una leyenda negra hiperexagerada (un ejemplo es el desconocimiento del papel de los gérmenes como causante de la mayor parte de la mortandad; otro desfase es atribuirle a Colón eventuales hechos posteriores a su muerte en 1506)

20.   La conquista no es vista como una guerra geopolítica con todas sus complejidades sino simplemente como genocidio y robo unilateral: la visión ético-jurídica anacrónica y maniqueísta opaca todo análisis político – militar o de procesos socioeconómicos.  La moral individual de Colón (u otros protagonistas) es sometida a un juicio extemporáneo con la moral de hoy y los conceptos jurídicos de hoy.

21.   El llamado a una visión histórica como procesos sociales objetivos, sin anacronismos, moralismos o maniqueísmos, es simplemente desatendido (queda la duda sobre la enseñanza de la historia en colegios y por tanto en la formación de maestros de historia o sociales en Uniatlántico)

22.   No encuentran falacia alguna en una analogía entre Colón y los indígenas con el caso de Hitler y los judíos

23.   La idea de un “nosotros” indigenista desconoce el mestizaje, la ascendencia española, las inmigraciones e historias de 500 años; es como si “nosotros” fuésemos los indígenas de 1500 (error que también le he escuchado a la divulgadora Diana Uribe)

24.   Se minimiza la importancia de la independencia de España hasta un valor casi nulo

25.   Frente a los héroes de la independencia Bolívar aún es valorado (por ahora se salva), no así Santander y Nariño (el antisantanderismo en Colombia es viejo, pero ¿y Nariño?)

26.   La idea de progreso como un valor no cala, no es apreciada, no cuenta

27.   La memoria (subjetiva) es enfrentada y preferida a la historia (objetiva) y es extendida más allá de cualquier memoria humana.  De hecho es aplicada 5 siglos en el pasado (nuevamente el tema de visibilizar y resignificar)


Como referencia he aquí un resumen de mis argumentos en seis puntos:

1.       Defiendo la cultura y el arte sin censura.

2.       Defiendo la memoria histórica, colectiva y urbana de Barranquilla.

3.       Defiendo la toma democrática de decisiones en la comunidad (ciudad en este caso).

4.       No apoyo acciones que pudieran ser aprovechadas por la derecha para desacreditar el Paro ante la opinión pública o en la perspectiva electoral de 2022.

5.       Estoy en desacuerdo con la manipulación ideológica del pasado, sea leyenda rosa, blanca o negra; frente a ello defiendo la historiografía científica.  En este punto ubicado en las ciencias sociales rechazo el maniqueísmo, el moralismo y el anacronismo como formas de aproximación a la historia.

6.       En el campo filosófico soy crítico del posmodernismo y sus derivados, mientras que defiendo la filosofía científica.  Este punto es pertinente porque sostengo que el posmodernismo está detrás del pensamiento decolonial y éste, como ya dije, está en el meollo del discurso que defiende la acción que se debate.  (Esta tesis no se pudo desarrollar). Esta crítica es ontológica (contra el idealismo) y es epistemológica (contra el subjetivismo, el ultrarrelativismo y el irracionalismo).

 

 ¿Quedaría la semilla de algunas inquietudes y cuestionamientos?

 

El Búho, julio de 2021

miércoles, octubre 14, 2020

El fascismo azul

La organización política que más muertes y sufrimientos ha causado en la historia de Colombia se pasea oronda por la vida pública nacional como el criminal impune que sabe guardar el secreto de su culpabilidad.  Nunca cumplió con la verdad, la justicia y la reparación, y no sólo no ha brindado garantías de no repetición sino que ha hecho metástasis con su ideología cancerosa invadiendo múltiples órganos del cuerpo macerado de la patria, para seguir sembrando de cruces los campos deforestados de las cordilleras o las selvas menguantes de la periferia.  Del cadáver mudo de Bolívar se nutrió en su infancia y luego hizo de la violencia política su arma predilecta para imponer su impronta extremista y radical.  Ha combinado todas las formas de lucha, desde el terrorismo sin escrúpulos hasta el adoctrinamiento sectario. 

A estas alturas ya el lector habrá adivinado que estoy hablando del PCC, el Partido Conservador Colombiano, la organización de Caro y Ospina que nació para impedir la revolución libertaria y progresista del medio siglo, hace 171 años.  El proyecto conservador de mano fuerte y sinrazón grande se fraguó en las primeras décadas de la república enfrentado a un confuso liberalismo lleno de contradicciones.  Y podemos decir a estas alturas del siglo XXI que su marcha ha sido triunfal, pues a sangre y fuego ha hecho de Colombia una nación conservadora, aplastando los brotes de lo nuevo o transformando en bonsai cualquier retoño de reformismo, apertura o progreso social.

Su gesta hegemónica empezó con la Regeneración y el régimen de cristiandad de la Constitución de 1886.  Continuó a mediados del siglo XX con el hispanismo falangista ultracatólico bajo la égida de Laureano Gómez.  Luego se adaptó a los nuevos vientos de la guerra fría con el Frente Nacional clientelista.  Cooptó al partido liberal en un bipartidismo excluyente y aunque su cuerpo partidista fue debilitándose, su ideología se irrigó por las alcantarillas mentales de los súbditos, nutriendo el paramilitarismo y finalmente haciendo eclosión en el uribismo que María Jimena Duzán califica de fascista.  Un fascismo ladino de color azul.     

En el siglo XIX el liberalismo era la avanzada mundial del progreso civilizatorio que prometía una sociedad moderna capitalista, mientras el conservatismo carecía de propuesta distinta a frenar el progreso social, mantener la jerarquización y anclarse en las tradiciones y doctrinas medievales.  En el mundo, el liberalismo ponía las condiciones y el conservatismo resistía.  En Colombia, en cambio, la hegemonía conservadora abortó la revolución liberal democrática y limitó al partido liberal a un humillante “pataleo de ahogao”.  Según Malcolm Deas, en el período republicano del Siglo XIX, Colombia sufrió 8 guerras nacionales y medio centenar de conflictos locales, una verdadera sangría. 

La dialéctica de balas y de ideas entre liberales y conservadores terminó en 1885 con la victoria contundente de los azules.  En la Humareda la Constitución de Rionegro se hizo humo y el proyecto conservador impuso su visión de doble cuño: por un lado el centralismo autoritario y militarista y por el otro el pensamiento doctrinario premoderno del régimen de cristiandad.  En el seno de la Constitución de 1886 nace el ministerio de guerra y el ejército nacional, al año siguiente se sella el concordato con el Vaticano y en 1888 se crea la policía nacional.  El triunfante poder conservador se asienta en 4 columnas: el monopolio de las armas y el latifundio, la iglesia católica y la educación confesional.  Esta victoria se ratificó a fines de 1902 en un barco de Estados Unidos, que un año después se roba Panamá.  Al poco tiempo se perdieron vastos territorios amazónicos con Brasil y Perú, prueba palpable de que el flamante ejército nacional surgió para imponer el orden interno atacando a sus connacionales y no para defender las fronteras de la patria. 

El liberalismo resurge de las cenizas y durante 4 períodos intenta magras reformas.  Fracasa.  Con sed de venganza el partido conservador retoma el poder y desata La Violencia, con mayúsculas, un holocausto que se llevó las vidas de 300.000 colombianos.  En menos de una década el conservatismo mató más gente que las FARC en medio siglo (guerrilla que surgió de las autodefensas del campesinado liberal).  El estilo azul era el frac en los salones y el corte de franela en los campos.  El hispanismo ultracatólico colombiano se alinea con la dictadura de Franco y así como éste regala su territorio para bases militares gringas, Colombia se regala para enviar al otro lado del mundo más tropas que las que empleó en la guerra contra el Perú en 1932.  Ignominia total.

Como esto es Macondo, el fascismo falangista es barrido a medias por una dictadura militar populista.  Pero el orden oligárquico se recompone con el pacto de Benidorm y estrena un nuevo enemigo interno: el comunismo.  La liebre salta donde menos se espera.  El fenómeno anapista pone en jaque al régimen el 19 de abril de 1970 y Lleras patea el tablero.

Desde entonces el conservatismo es minoría, pero su ideología medra en la cúpula de las fuerzas militares, en los grupos paramilitares que empiezan a proliferar, en los sectores más retardatarios de la iglesia y en nuevas sectas protestantes importadas de Norteamérica, así como en algunas universidades privadas (ver la columna anterior con el caso de la Sergio Arboleda).  Finalmente, a la vuelta del siglo, el odio a las FARC se convierte en el combustible perfecto para incendiar la pradera con el fascismo azul.

El balance del conflicto armado realizado por el Centro Nacional de Memoria Histórica en el libro ¡Basta ya!, muestra en la página 55 que de 588 eventos de sevicia y crueldad extrema durante medio siglo, 63% corresponden a paramilitares, 9,7% a las fuerza pública, 21,4% a “grupos no identificados” y 0,7% a acciones conjuntas de paramilitares y ejército.  Mientras que el 5,1% corresponden a las guerrillas, principalmente las FARC y el ELN.  No es casualidad que el uribismo se haya apoderado del CNMH para borrar la memoria y pintar la historia... de azul.

Publicado el 11 de septiembre en mi columna Buhografías en el portal El Unicornio 

 

Democracia de pacotilla

Con un enroque ajedrecístico el presidente Iván Duque mueve dos fichas burocráticas de la entraña uribista: Margarita Cabello Blanco y Miguel Ceballos Arévalo, ambos abogados.  Sale Cabello y entra Ceballos en la cabeza del Ministerio de Justicia.  Un enroque de vocales con un mensaje antidemocrático para el país, como vamos a analizar. 

Cabello Blanco, más conocida como “canita” desde hace medio siglo cuando estudiaba en el colegio Lourdes de Barranquilla, fue elegida en plenaria presencial del Senado de la República como la primera mujer Procuradora General de la Nación (período 2021-2024).  Abogada de la CUC, aún no se ha graduado en la maestría en derecho procesal contemporáneo de la Universidad de Medellín, pero sí ha hecho un largo recorrido burocrático de la mano de varios clanes políticos.  La Casa Name y la Casa Char, dos dinastías y poderosas empresas electorales de su natal Barranquilla le dieron el impulso inicial.  Esa cercanía con un sector de la masonería no impidió que el exprocurador ultraconservador Alejandro Ordoñez (destituído en 2016 por el Consejo de Estado) le sirviera de puente para desembocar en el uribismo. 

Al mover la puerta giratoria y tomarse la Procuraduría, el uribismo practica lo que critica, la aniquilación del principio democrático de la separación de poderes, tal como ha hecho el gobierno de Maduro de Venezuela y el anterior gobierno de Santos en Colombia y, por supuesto, el propio Álvaro Uribe en su doble presidencia.  Hoy por hoy ninguna rama del estado colombiano tiene independencia del poder ejecutivo, hasta la Corte Suprema de Justicia está cercada y amenazada.  El Tribunal Administrativo de Cundinamarca, en un fallo de tutela interpuesta por un joven estudiante, tuvo que llamarle la atención a Duque Márquez por su interferencia manifiesta en los casos judiciales de su jefe político, Uribe Vélez.

Al momento de escribir esta columna se da por hecho que el abogado javeriano y exdecano de la Universidad Sergio Arboleda, Miguel Ceballos Arévalo, será el reemplazo de Cabello Blanco en el Ministerio de Justicia, donde ya había sido viceministro en el gobierno Uribe.  Como es usual en la administración Duque se premia el mal desempeño, pues no de otra manera se puede calificar la gestión de Ceballos en la Oficina del Alto Comisionado para la Paz (OACP), donde se dedicó a ralentizar –por decir lo menos- la implementación de los Acuerdos con las FARC, mientras los excombatientes son asesinados a cuenta gotas. Es un caso similar al de Darío Acevedo Carmona en el Centro Nacional de Memoria Histórica.  El objetivo es claro: hacer trizas los acuerdos y sabotear la paz. 

El aumento de las masacres, del asesinato de jóvenes y de líderes sociales, el nulo avance de posibles diálogos con el ELN, todo en la realidad colombiana muestra un fracaso del Alto Comisionado saliente.  Y como si fuera poco, esta semana aparece la cereza en el pudín, una frutilla ideológica.  Justo cuando sale del cargo se conoce una patética cartilla producida por su oficina para la Escuela Superior de Administración Pública ESAP, que es la institución que forma a los funcionarios públicos. El opúsculo va dirigido a la Unidad 2 de un Diplomado de la ESAP titulado Paz, convivencia y cultura de la legalidad.  El autor de la cartilla es un antiguo estudiante de Ceballos, el abogado católico conservador de la Universidad Sergio Arboleda, Camilo Noguera Pardo.  Ya que están de moda los perfilamientos, digamos que ese es el mismo perfil del presidente Duque y el fiscal general Francisco Barbosa, todos ellos abogados, católicos, conservadores y egresados de la Sergio, la universidad cristiana fundada por Álvaro Gómez Hurtado y el exprocurador Rodrigo Noguera Laborde.

Agosto parece ser el mes de los escándalos producidos por cartillas. En 2016 fue la cartilla apoyada por la ministra de educación, Gina Parody, acusada de promover la “ideología de género” en las escuelas, pretexto para una reacción que terminó incidiendo de manera decisiva en el resultado a favor del No en el Plebiscito por la Paz.  Ahora aparece otra Cartilla, publicada hace un par de meses, pero conocida públicamente apenas esta semana a raíz del artículo de Laura Ardila en La Silla Vacía.

Respaldada con los logos de la OACP y la ESAP, el documento, entre la página 5 y la 16, acusa a la “ideología progresista” de ser causa teórica de las violencias secundarias a través de sus “pilares”, a saber: materialismo pragmático, ética relativista, mercantilización de la vida social, ateísmo, escepticismo y consumismo.  Dice que el paradigma progresista predomina en las sociedades contemporáneas, y que eso explica el aumento de las violencias y el fracaso de las experiencias de paz.  Según Noguera la ideología progresista se basa en la autonomía del individuo y, por ende, se identifica con el individualismo ético lo cual lleva al “extravío moral”. Frente a eso opone la doctrina social de la iglesia (se sobreentiende que se refiere a la católica) y la escolástica de Aristóteles y Santo Tomás, que el autor llama “ética de las virtudes” y “realismo filosófico”, que viene a constituir el marco teórico de la enseñanza que el diplomado ofrece.

He aquí otro principio democrático que se viola diariamente en Colombia, la separación iglesia – estado, como se puede observar en las oficinas de gobernaciones, alcaldías, ministerios y en eventos oficiales, donde los funcionarios con poder exhiben e imponen su credo.  Para la profesora de la Universidad del Norte, Laetitia Ruiz, la cartilla vulnera este principio liberal y viola los derechos humanos de los ateos o los que tienen otras creencias distintas a las defendidas por el autor de la cartilla, dado que aparece en una publicación oficial.  En contraste, yo prefiero aceptar la excusa de Miguel Ceballos, jefe de Camilo Noguera, cuando se refugia en la libertad de cátedra dando a entender a La Silla Vacía que la cartilla es la opinión personal del profesor Noguera, pero no le creo cuando dice no compartir el planteamiento. Es evidente por sus antecedentes y trabajo conjunto que Ceballos y Noguera comparten una visión ultraconservadora católica que recuerda las posiciones del quemador de libros Alejandro Ordoñez.  Comparten, por ejemplo, la filosofía de Jacques Maritain, de la orden de los hermanitos de Jesús.  Ideas obsoletas, mal argumentadas en ese texto que no parece escrito por un magíster y doctor.  Ante este adefesio de mala filosofía fácil de refutar lo que procede es el debate, que la propia ESAP debiera organizar.  Un indicio del bajo nivel académico de la cartilla de marras es su pobre bibliografía.

Veamos rápidamente algunos errores (horrores). La cartilla confunde autonomía con individualismo y revuelve materialismo ontológico con materialismo moral vulgar, un nivel de estudiante de bachillerato a lo sumo.  Define “escepticismo” de tal manera que se corresponde con el enfoque relativista del posmodernismo, una corriente antiprogresista, pero se lo atribuye al progresismo.  El tema 2 es una gigantesca falacia “hombre de paja”, inventando “ismos” y atribuyéndoles características de manera arbitraria.  Noguera dice apoyarse en la ciencia, la razón y la objetividad, pero luego se ancla en el concepto “alma espiritual” que nada tiene de científico u objetivo, pues no es más que un dogma de la tradición religiosa medieval.  La cartilla acierta en criticar la mercantilización de la vida, equivalente a lo que llamo el “totalitarismo de mercado”, pero yerra al no identificar el origen neoliberal de esa ideología, que el propio uribismo abraza.  Y así podríamos seguir. 

Coletilla: después de este recorrido por la semana que termina queda el sinsabor de una nación sin separación de poderes, sin contrapesos ni separación iglesia – estado.  En suma, somos una democracia de pacotilla.   

Publicado el 30 de agosto de 2020 en mi columna Buhografías en el portal El Unicornio

sábado, mayo 02, 2020

Las dos lecciones de la pandemia


En la anterior columna sostuve que la presente coyuntura 2020 es de aprendizaje forzoso, para que a la especie humana no le pase en los próximos 20 años como a la rana hervida en la olla del calentamiento global.  La pregunta entonces es: ¿qué podemos aprender los Homo Sapiens de esta emergencia?  No se trata de hacer un ejercicio descriptivo de adivinación futurista, sino un raciocinio prescriptivo sobre el qué hacer frente a los desafíos del siglo XXI. 

Procedo entonces a extraer lecciones que, sin embargo, no surgen del momento, sino del análisis de las cuatro décadas pasadas y que la actual emergencia permite liberar de la torre de marfil intelectual para ser arrojadas a la cara de todo individuo que se tome al menos unos momentos para reflexionar sobre lo que está pasando.  Este análisis parte de dos contradicciones, que casualmente tienen en 1980 el punto de inflexión.  En efecto, el año de 1980 y sus alrededores es el parte-aguas que divide en dos el devenir del capitalismo en la posguerra.

Las dos contradicciones son: (1) neoliberalismo vs estado de bienestar y (2) oscurantismos vs ciencia.

El neoliberalismo, con el fundamentalismo de mercado cómo médula, surge en los años 30 en tanto idea, pero adquiere relevancia con la escuela de Chicago en los 70 y empieza a predominar con el advenimiento de Reagan y Thatcher al poder ejecutivo a ambos lados del charco.  Por su parte, el estado de bienestar es un producto europeo de la guerra fría con base keynesiana, socialdemócrata, que intenta conjugar los valores ilustrados de igualdad y libertad, motorizado por el miedo al modelo soviético de socialismo. Miedo que desaparece al derrumbarse el Pacto de Varsovia y permite al neoliberalismo imponer el consenso de Washington, expandirse como ideología de la globalización, volverse sentido común más allá de la esfera económica y ser asimilado como modo de vida.  Entretanto la socialdemocracia se diluye a medida que el estado de bienestar va siendo desmontado a pedazos.  El neoliberalismo alcanza tal hegemonía cultural que ni siquiera la crisis de 2008 le hizo mella, dado que no había alternativa, salvo el extraño modelo asiático de capitalismo emergente tardío que, por cierto, sirvió para jalonar la economía mundial y ocultar las fallas del modelo neoliberal.

En Colombia, la Constitución de 1991 refleja en su carácter bicéfalo esta contradicción que analizamos, al imbricar en precario equilibrio la tendencia privatizadora y mercantil con el garantista estado social de derecho.  En 30 años hemos visto cómo el componente neoliberal ha socavado el estado social de derecho dejándolo en los huesos.

Ahora la emergencia sanitaria de la pandemia pone en evidencia la ineptitud del mercado para gestionar la crisis y velar por el Bien común, incapaz de interpretar los intereses de la humanidad como conjunto. Como en la caricatura, el náufrago en el agua no encuentra la mano invisible de Adam Smith que lo salve de ahogarse.  Se plantea entonces el retorno del Estado en todo el mundo.  El imperativo de la salud como derecho deja de ser letra muerta y resucita en medio de la angustia, el miedo y la vulnerabilidad biológica: ¡¿cómo pudimos desmantelar el sistema público de salud?!  La renta básica universal deja de ser utópica y en cuestión de días se hacen ensayos pilotos en su dirección (aunque en Colombia bajo la forma perversa del know how asistencialista de la clase politiquera: repartiendo mercaditos con sobrecostos).  La investigación científica, en muchos países marginada, de repente es urgida como salvadora y guía.

Es el momento de la defensa de lo público en los sectores estratégicos de la sociedad.  Corrupción y privatización son dos caras de la misma moneda. La corrupción del sector público no sólo produce ganancias inmediatas ilegales sino que fomenta luego la privatización y sus ganancias legales concomitantes.  La combinación perfecta…. ¡para ellos!  Y ya no es cierto que no haya alternativa al “sentido común” neoliberal.  El estado de bienestar ha sido el mejor modelo de sociedad moderna que ha existido y puede ser actualizado, por ejemplo, siguiendo la línea de investigación que Thomas Piketty y su equipo han liderado en la última década.  Y que quede claro que no proponemos un modelo estatista sino una economía mixta racionalmente regulada.  Pero lo más importante es que este modelo nos permitiría enfrentar en mejores condiciones el mayor desafío de todos: el cambio climático.   

La otra contradicción viene desde el siglo de las luces cuando el enciclopedismo visumbró al ciudadano ilustrado como el pilar de la democracia.  Pero el sistema educativo no cumplió con esta promesa de la modernidad al dedicarse a embutir en los jóvenes información fragmentada inconexa y perder de vista el objetivo de formar en pensamiento crítico racional y cosmovisión científica.  Olvidamos que la ciencia, como decía Carl Sagan, no es una montonera de conocimientos sino una forma de ver y entender el mundo.  Esta falla grave en el marco del progreso moderno es confrontada por Steven Pinker en su recomendado libro En defensa de la Ilustración (2018). 

La consecuencia es que no habrá ciudadanías libres si no hay masa crítica de ciudadanos ilustrados.  Para la democracia esto ha sido extremadamente perjudicial, pues ha prohijado el auge de los populismos y clientelismos.  En términos filosóficos se dice que la democracia epistémica fue opacada por la democracia doxástica.

La forma tradicional de oscurantismo anti-ciencia ha sido el pensamiento mágico religioso.  Lejos de desaparecer, ha pervivido en los sectores conservadores de la sociedad.  En EEUU la base social republicana de protestantes fundamentalistas tiene tal peso político que pone presidentes. Y en tiempos de pandemia podemos ver lo que eso implica: la ineptitud total del gobierno federal y las escandalosas cifras ascendentes de la Covid en ese país.  En América Latina ni siquiera se limita a los sectores conservadores, como el caso patético de Bolsonaro, sino que ha permeado hasta los sectores de izquierda, supuestamente progresistas. 

Pero el fenómeno que más ha impactado a las izquierdas con epicentro en Europa fue el movimiento intelectual posmodernista que surgió a finales de los 70 para llenar el vacío dejado por el marxismo, y desde entonces ha hecho estragos en las ciencias sociales y en el pensamiento “progre”.  En verdad, el “posmodernismo” debería denominarse “antimodernismo”.  También el pensamiento liberal se vió influido por esa moda lo que derivó en la ideología de la “corrección política” basada en el construccionismo social y cultural que desconoce la base biológica del animal humano, que hoy nos abofetea con la pandemia. Afectó sobre todo a feminismos y movimientos étnicos.  En América Latina hay otra corriente oscurantista, poco conocida, pero con alguna influencia en países de fuerte presencia indígena.  Me refiero al llamado “pensamiento decolonial” que practicamente declara una guerra cultural contra Occidente.  Hay un tufo “decolonial” en el gobierno de AMLO, cuya ministra de ciencia ha sido fuertemente cuestionada por la comunidad científica (igual ha pasado en Colombia en un gobierno de derecha como mostré en mis columnas de enero). La gestión de López Obrador frente a la epidemia ocasionada por el virus SARS-CoV-2 pondrá a prueba su actitud y aptitud ante la ciencia.

A todo lo anterior hay que sumar las pseudociencias y las pseudoteorías conspiranoicas que, a diferencia de los anteriores cuatro oscurantismos, no se han acallado en la coyuntura de  la pandemia, generando confusión y desinformación en las redes sociales gracias al analfabetismo científico de las multitudes, lo cual se traduce en muerte y sufrimiento cuando no se siguen las medidas de contención y mitigación necesarias para enfrentar la epidemia en cada nación.  Mi punto es que la emergencia del 2020 de origen biológico, pero expandida por la autopista expedita del transporte áereo de pasajeros que la globalización exacerbó en las últimas décadas, ha recuperado para la ciencia el lugar que le corresponde como faro iluminante de la sociedad.  Hoy dependemos angustiosamente de la investigación en virología, fisiopatología y epidemiología de este novel coronavirus que ya se diversifica en variantes más o menos patógenas.  Y esperamos que vacuna y tratamientos eficaces logren que la cifra de fallecidos no llegue ni al 1% de la influenza de hace un siglo.

Si la debilidad en infraestructura  y talento humano en ciencias de  la salud sumadas al analfabetismo científico de las mayorías ponen en aprietos a las sociedades del siglo XXI frente a un simple virus, imagínense esta incapacidad enfrentada a un reto inmensamente más grande y menos visible, como es el caso del cambio climático antropogénico.

En resumen, estado de bienestar + ciencia no es una fórmula simplona ni la panacea, pero sí constituye el punto de partida, la base firme desde la cual la humanidad pueda salir adelante frente al peligro que representa ella misma cuando está sometida a las fuerzas ciegas del mercado alimentadas por la codicia y al oscurantismo masificado por la alienación, el miedo y la ignorancia. 

Publicado originalmente en El Unicornio el 12 de abril de 2020  (elunicornio.co)
Próxima columna: Piketty vs Pinker

miércoles, octubre 30, 2019

Hacia dónde va el mundo: lecturas contradictorias 2018


Lecturas contradictorias 2018: Hacia dónde va el mundo

Por Jorge Senior

Mi principal campo de interés en materia de lectura es la ciencia y la filosofía científica.  Este año trabajé en dos líneas: el pensamiento crítico y Big History.  Pero esto no implica abandonar otros intereses en un mundo intelectualmente muy dinámico.  Quizás porque fue un año político en Colombia con una definición inédita entre izquierda y derecha, o tal vez porque en todo el mundo hay zozobra y desconcierto sobre el devenir de este siglo XXI que parece muy distinto al siglo anterior, o puede ser por la propia retroalimentación que producen las lecturas, pero lo cierto es que al hacer el balance de lo leído en 2018 encuentro que una parte significativa del listado se enfoca en el reciente pasado, el presente y el futuro de la sociedad humana.  Y ello, desde luego, no es ajeno ni al pensamiento crítico ni a la Gran Historia.

En esta nota voy a referirme a una serie de libros publicados recientemente y que de un modo u otro tratan de entender la sociedad actual y vislumbrar hacia dónde se dirige.  Hice un listado de 10 libros, ocho de ellos leídos éste año y los otros dos objeto de relecturas, y como indica el título en ellos no existe nada que siquiera se aproxime al consenso, pues toda esta producción intelectual genera ideas contradictorias en una virtual polémica que a primera vista parece confusa. 

Mi propósito aquí es desenredar la madeja en alguna medida y examinar la posibilidad de integrar un punto de vista con tales insumos divergentes.  Esto puede ser un ejercicio interesante en cuanto a la problemática de “hacia dónde va el mundo” más allá de la coyuntura de los Putin, Trump, Brexit, Bolsonaros o uribismos. 

Si echamos estos textos en una descomunal olla comunal con agua y puesta sobre un fogón de piedra y alimentada por fuego de leña, obtendríamos una ininteligible e incoherente, pero deliciosa, sopa de letras.  Quizás lo mismo sucedería con los cerebros de los autores en una eventual sopa de sesos.  El resultado es ecléctico como lo que en el Caribe colombiano solemos llamar sancocho trifásico. 
Estos son tiempos de eclecticismo, abiertos a la convergencia o la divergencia, dado que no hay predominio de una visión crítica determinada.  En este sancocho contestatario confluyen bastimentos y vituallas como neoinstitucionalismo, humanismo liberal, izquierdas identitarias y culturalistas, heterodoxias nostálgicas herederas del marxismo-freudismo, los tres oscurantismos que ya he mencionado en otros escritos (posmodernismo, construccionismo social y decolonialismo) y populismos de izquierda mezclados con pragmatismos corruptibles.  Por el lado del poder dominante a escala global también hay eclecticismo a pesar de cierta hegemonía del neoliberalismo.  Esta corriente ideológica dirige una orquesta en la cual confluyen nuevos populismos de derecha proteccionistas y xenofóbicos, viejos conservatismos autoritarios tradicionales, brotes neofascistas ocasionales e irracionalismos de diversa índole, más la corruptela de siempre y el apetito insaciable de las élites. Tanto en la derecha como en la izquierda encontramos algunos fenómenos de fobia a la ciencia y la tecnología, diferentes formas de antimodernidad.

En la lista de 10 libros encontramos 11 autores de 10 países distintos, nacidos en cuatro décadas diferentes y pertenecientes a cinco ciencias sociales y una rama de la filosofía. Tal diversidad es significativa, parece signo de los tiempos.  Cuatro autores son economistas, tres son sociólogos, tres politólogos, un psicólogo, un historiador y un filósofo de la biología.  Si las cuentas no cuadran es porque hay un par con dos títulos.  Los países representados en este grupo selecto de autores son: Turquía, Israel, Canadá, EEUU, Reino Unido, Francia, Italia, Portugal, México y España (con dos malagueños).  Boaventura de Sousa Santos y Jeremy Rifkin son los más veteranos, nacidos en la década de los cuarenta.  Steven Pinker es el único representante de los 50.  Antonio Diéguez, James Robinson, Daron Acemoglu y Fernando Escalante nacieron en los 60.  Los más jóvenes son Lucía Picarella, Manuel Arias, Thomas Piketty y Yuval Noah Harari, setenteros.

La mitad de los textos fueron escritos en español, por lo menos eso es seguro en los casos de los españoles Diéguez y Arias, y el mexicano Escalante, y creo que también es el caso del portugués Santos y la italiana Picarella, esta última vinculada con una universidad colombiana.  Los otros fueron escritos en inglés, excepto el de Piketty, y se encuentran traducidos al español. 
En orden cronológico inverso los libros son los siguientes:
·         En defensa de la ilustración de Steven Pinker (2018)
·         21 lecciones para el siglo XXI de Yuval Noah Harari (2018)
·         Evolución de la democracia de Lucía Picarella (2018)
·         Antropoceno de Manuel Arias Maldonado (2018)
·         Transhumanismo de Antonio Diéguez Losada (2017)
·         Historia mínima del neoliberalismo de Fernando Escalante Gonzalbo (2015)
·         La sociedad de coste marginal cero de Jeremy Rifkin (2014)
·         El capital en el siglo XXI de Thomas Piketty (2013)
·         Por qué fracasan los países de James Robinson y Daron Acemoglu (2012)
·         Descolonizar el saber, reinventar el poder de Boaventura de Sousa Santos (2010)

En realidad los libros de Harari, Rifkin, Pinker y Santos representan varias obras de estos autores y los he reseñado en otras notas.

Ninguno de estos libros es de derecha.  Son pocos los autores de derecha que leo.  Por ejemplo, he leído a Andrés Oppenheimer, un propagandista neoliberal, porque sus tesis sobre educación, ciencia, tecnología e innovación son un reto.  Es una falla grave de la izquierda latinoamericana que estos temas tengan mayor posicionamiento en la derecha neoliberal.  Cosa diferente sucede en EEUU, un país cada vez más polarizado, donde la derecha tiende a ser cienciofóbica debido a su base social religiosa fundamentalista.

Tampoco se puede decir que los 10 libros listados sean de izquierda, a excepción del escrito de Santos, que pretende serlo, aunque he sostenido en otras notas que el decolonialismo es neoconservador y un caballo de Troya en la izquierda (pero Santos dice que no es decolonial).  Sin embargo, sí se puede decir que estos textos representan matices progresistas, como veremos en sus tesis.

Cada autor acota su temática según su respetable criterio, pero las limitaciones de una cota, sea autoimpuesta o no, hay que señalarlas en su descripción.  Los que fueron escritos en español, a excepción de Santos que es bastante polémico y político, son los textos más académicos.  De hecho pueden servir como introducciones panorámicas a los temas de antropoceno, transhumanismo, neoliberalismo y democracia.  Si el lector conoce poco de estos temas y no ha leído a sus especialistas, estos libros le dan una visión panorámica.  Por ejemplo, yo leo la bibliografía de estos textos y encuentro que desconozco más del 90%, por tanto el libro me sirve de guía.  Además de académicos, introductorios y panorámicos, estos textos hispano-mexicanos son interdisciplinares, no así el de Picarella que presenta una limitación notoria en cuanto está muy encerrado en el ámbito de la teoría política propia de la politología, el derecho y la filosofía política.  Los del dúo Acemoglu y Robinson y el de Piketty tienen su eje en la economía, pero necesariamente tocan aspectos sociales, políticos, legales e institucionales.  En contraste, los libros de las superestrellas Harari, Pinker y Rifkin son de gran angular al abarcar períodos históricos amplios y casi todos los aspectos de la sociedad (Rifkin en menor medida).  Por esa misma razón estos autores evidencian debilidades en aquellos campos que les resultan ajenos.

Los temas abordados en el conjunto de algo más de tres mil páginas son los siguientes, a riesgo de ser redundante: conflicto, energía, medio ambiente, ciencia, tecnología, información, democracia, instituciones, ideología, cultura, moral, valores, igualdad, libertad, progreso, razón, modernidad, capitalismo.  Otros como felicidad, identidad, derechos humanos, no ocupan el lugar central que vemos por ejemplo en las redes sociales.  Los viejos conceptos del marxismo y de los autores franceses obsesionados con el “poder”, como dominación, opresión, explotación, están casi ausentes, nuevamente con excepción de Santos.  Lo mismo vale para las “subalternidades” de moda o asuntos como los movimientos migratorios.

Es notorio que la principal amenaza a la supervivencia de la humanidad, la guerra nuclear, esté poco presente en estos análisis. El tema está por fuera de la agenda mediática desde hace rato, pero la espada de Damocles sigue pendiendo sobre nuestras cabezas.  En general, la guerra o la violencia, no aparecen como preocupación central en ninguno.  Es sabido que en un libro de 2012 Pinker defendió la tesis de la disminución histórica de la violencia.   En los medios de comunicación el “terrorismo” islámico ocupa lugar preponderante, pero los analistas no lo ven como significativo si se miran las cifras e impactos reales.  Es más una cuestión psicológica.  (Nota: en mi opinión el concepto de “terrorismo” es inválido, meramente propagandístico).

De los dos párrafos anteriores podemos inferir que los temas de coyuntura o los de la agenda pública se tornan secundarios o se subsumen en otros más generales y básicos cuando se pasa al análisis estructural o de mediano y largo plazo.  Por eso una persona que se informa por los medios y las redes del acontecer diario puede verse confundida en medio del maremágnum informativo y desinformativo, aparentemente caótico, que circula por esas vías.  He ahí la necesidad de leer libros o artículos que brinden visión de conjunto, de largo aliento, de profundidad. 

Caso distinto es el cambio climático antropogénico, una transformación estructural de naturaleza y sociedad que se ha ido asomando a la conciencia pública y se ha ido metiendo en la coyuntura.  Es el tema central del libro Antropoceno, también abordado por Pinker y Harari aunque no sea la preocupación principal para este par de autores. Rifkin lo aborda indirectamente, pues uno de sus temas claves es la transición energética, en especial la energía solar.  Santos lo ve desde su maniqueísmo habitual.  Los demás autores no lo abordan, quizás por la acotación de sus temas.  Después de la guerra nuclear, el calentamiento global es la segunda amenaza para la humanidad.

El optimismo y el pesimismo marcan la mayor polarización en estos libros.  Pinker, Rifkin y el transhumanismo son extremo-optimistas.  Acemoglu y Robinson también son optimistas.  En contraste, Santos, Harari, Picarella y Escalante son muy pesimistas, a veces apocalípticos.  Piketty no cae en extremos, señala el problema y posibles soluciones.  Al joven Arias hay que reconocerle que tratando un tema apocalíptico per se, lo hace con sindéresis, ecuanimidad y mesura.   

El optimismo nace del progreso, la razón y la tecnología.  El pesimismo tiene que ver con la desigualdad, no con la guerra o el cambio climático.  Leí a Pinker y a Santos en una misma quincena y fue impresionante.  Parecía que estuvieran hablando de dos planetas distintos.  Creo que ambos adolecen de sesgo, ven el vaso medio lleno y medio vacío como lleno o vacío.  Santos no reconoce nada bueno en la sociedad actual.  Pinker trastabilla en el capítulo sobre la desigualdad y gracias a que argumenta sobre un período de más de dos siglos, logra evidenciar el progreso. 

Pero Piketty tiene la clave y Escalante y Picarella también identifican una periodización que es esencial tener en cuenta.  El capitalismo ha vivido tres etapas: una etapa inicial de aumento de la desigualdad, luego una fase de igualitarismo y, por último, una nueva fase de concentración de la riqueza y el ingreso que comenzó alrededor de 1980.  Los pesimismos de Santos, Picarella y Escalante, surgen del deterioro del estado de bienestar en las últimas cuatro décadas, de la hegemonía neoliberal y el capital supranacional como hegemón del “nuevo orden internacional”. 

El truco de Pinker es prescindir de esta periodización y asumir una escala histórica que no deja ver el momento histórico actual de 40 años. Además, Pinker es psicólogo y no sabe de economía. Es un liberal, demócrata, que puede creer en el estado regulado pero se traga la “teoría del goteo” neoliberal y ni siquiera se percata, en su magnífico combate contra el irracionalismo, que el neoliberalismo es pseudociencia, aunque sea racionalista.  El resultado es que donde Picarella ve una democracia en crisis, Pinker ve una democracia en su mejor momento.  Esto se debe también a que Pinker se centra en aspectos procedimentales, formales, y Picarella, en cambio, tiene un concepto más cercano a la democracia sustancial (que incluye democracia socioeconómica) y participativa.  La paradoja real es la siguiente: mientras la gente ve progresar su consumo gracias al avance tecnológico, al mismo tiempo se deteriora su situación laboral y de seguridad social, lo que podríamos llamar precarización.

El pesimismo de Harari es de otra índole, aunque a la postre también tiene que ver con la desigualdad, pero en perspectiva futurista.  Para Yuval el peligro de la disrupción tecnológica es mayor que el de la guerra nuclear (aparentemente controlado) o el del cambio climático (aparentemente solucionable como se está solucionando el agujero en la capa de ozono).  En cierto sentido el pesimismo de Harari es la antítesis del optimismo transhumanista, basados ambos en la misma información: la revolución Bio+Info (convergencia de biología sintética e Inteligencia Artificial).  Dicho crudamente el israelí alerta sobre la posibilidad de una biologización de las diferencias sociales, una fractura de la naturaleza humana que deja en pañales la “línea abismal” que según Santos divide al mundo actual.  Y en efecto, una combinación o alianza de neoliberalismo y transhumanismo sería apocalíptica si se mira desde el ángulo de las mayorías, es decir, la visión humanista tradicional.  En términos cinematográficos y literarios sería como integrar Soylent Green con Gattaca en un brave new world o mundo feliz, peor que 1984, para el año 2084.  Recuérdese que hace algo más de 15 años ya Jürgen Habermas alertaba sobre la eugenesia liberal, una distopía para las mayorías, pero una utopía para las élites.  La distopía puede tener una versión no catastrófica, en el sentido de un mundo feliz, sin sufrientes, donde el “soma” o droga de la felicidad, está en el consumo, donde los valores de libertad e igualdad no cuentan, salvo como ficción de consumo.  Los religiosos llaman a esto “nihilismo” de tipo nietzscheano y yo lo llamo hedonismo frívolo (hay otro tipo de hedonismo de corte epicúreo).

En resumen, hay una desigualdad presente aumentando y una posible desigualdad futura más profunda que cualquiera que haya existido.  De hecho, ésta última podría asentarse sobre la primera.  Pinker desestima ambas, por ejemplo en los dos últimos capítulos (19 y 20) de la segunda parte de su libro.  Es pertinente aclarar que ninguno de estos autores abraza una concepción teleológica de la historia, esa vieja idea hegeliano marxista ha desaparecido, aunque Fukuyama la utilizara hace tres décadas para proclamar el fin de la historia.  Por tanto, el futuro está abierto, no es predecible y sería ingenuo extrapolar a futuro tendencias actuales, salvo algunas prospectivas muy limitadas.  En últimas todo depende de decisiones a gran escala, que pueden ser tecnocráticas, democráticas o un agregado ciego de microdecisiones (como el mercado). 

Para transhumanistas y neoliberales la opción combina mercado y tecnocracia que otorgan ventajas elitistas.  Pinker, Harari y Rifkin le apuestan a la democracia, que es otro vaso medio lleno y medio vacío.  Pinker con énfasis resalta razones y evidencias de optimismo, Harari lo hace de manera vaga pues desconfía del mito liberal del individuo como mejor decisor, pero asume la democracia como el menos malo de los sistemas y Rifkin lo hace con una tesis original que toco más adelante.  Para los más críticos del statu quo la esperanza radica en la profundización de la democracia.  Las soluciones de Piketty pasan por una política económica antineoliberal, con lo cual estarían de acuerdo Escalante, Picarella y Santos.  Lo que no está claro es sobre cuales sujetos sociales y políticos se asienta tal esperanza.  En parte, el pesimismo tiene que ver con esto. 

Ninguno de estos autores critica el fenómeno de las luchas identitarias, que en últimas están produciendo una fragmentación de movimientos sociales que supuestamente sería la base social de la izquierda.  Escalante minimiza, y con razón, los retozos alterglobales.  Santos, como adalid de los FSM (sigla de Foro Social Mundial, no de Flying Spaghetti Monster), se inspira en el archipiélago de movimientos sociales heterogéneos y dispersos, una especie de torre de Babel, y sueña con sujetos marginales convertidos en protagonistas (hay un texto colombiano de Boaventura titulado “DDHH, democracia y desarrollo” que puede arrojar otra perspectiva).  Confunden resistencia con proyecto político estratégico.  Picarella está demasiado encerrada en la teorización cualitativa y un tanto especulativa que agobia la denominada “ciencia política”, cuando se necesita más investigación interdisciplinar y sin miedo a los datos cuantitativos.

Veamos entonces la opción de Rifkin.  Primero digamos que la tesis de la TRI (tercera revolución industrial) planteada en otro libro (2011) ha sido contra-atacada por el neoliberalismo global asentado en el Foro Económico Mundial, del cual emanó la contratesis de la Cuarta Revolución Industrial, liderada por Karl Schwab, que ha calado.  Por ejemplo, es utilizada por el gobierno colombiano, sea santista o uribista.  La batalla TRI vs CRI o 3 vs 4, no es de meras etiquetas o de una periodización teórica.  Es una batalla entre el neoliberalismo y sus alternativas, donde el primero está cohesionado en alto grado y las segundas, en cambio, lucen dispersas. 

En segundo término, pero no menos importante, Rifkin ve en los cambios tecnológicos una tendencia hacia el costo marginal cero y una nueva forma de economía, que en realidad es el resurgimiento de una forma antigua, el procomún colaborativo, capaz de generar profundos cambios sociales y en la formas de vida.  Es decir, de manera esquemática: hay nuevas tecnologías que favorecen la economía solidaria.  Estas tecnologías son, por ejemplo, el Internet de las Cosas (IoT), la energía solar (y otras energías renovables), la impresión 3D, los MOOC y, en general, todo lo que tiene que ver con economía inteligente y automatización.  Este tipo de economía trabaja en redes, descentraliza, maneja de otra manera las economías de escala, reemplaza el trabajo humano (lo cual es traumático a corto plazo, pero no debería serlo intrínsecamente) y genera un nuevo sujeto prosumidor, que es productor y consumidor a la vez.  El derecho de propiedad se ve reemplazado en ciertas partes de la sociedad por el derecho de acceso.  Nota: Rifkin no examina las implicaciones de la biotecnología aplicada a la intervención en la naturaleza humana, los ciborgs o la biología sintética.

Esta tesis de la economía solidaria es similar a la del socialismo utópico y a ciertas utopías anarquistas, pero con un fuerte componente tecnológico.  Es una forma de producción socialista que no es estatista y perfectamente compatible con cierto tipo de individualismo liberal (espacios personales) y con el mercado.  Un punto a profundizar es la diferencia entre este mercado inteligente, los mercados tradicionales y el mercado teórico de los modelos matemáticos de los economistas neoliberales.  Rifkin llega a hablar del “eclipse del capitalismo”.  Este es, pues, un optimismo muy distinto al de Pinker.

MOSAICO DE IDEAS

·         Modernidad y capitalismo no son lo mismo.
·         La violencia disminuye, pasa a segundo plano, no es el principal factor de dominación ni es la partera de la historia (lo que no excluye la legítima defensa cuando la haya)
·         El conflicto sigue presente en la sociedad humana; a escala global porque no hay gobernanza mundial y a escala de los estados nacionales porque el estado de derecho no opera adecuadamente por razones premodernas o por el factor neoliberal (la esfera económica domina a las demás)
·         Estamos en la tercera etapa del capitalismo caracterizada por la hegemonía de la ideología neoliberal, globalización del capital, el retroceso del estado de bienestar y el aumento de la concentración de la riqueza y el ingreso
·         No existen actualmente alternativas al capitalismo ni siquiera como proyectos creíbles para las mayorías
·         Paradoja institucional: un estado nación, que a la vez es una civilización, ha adoptado el capitalismo bajo la dirección de un partido comunista en un régimen político unipartidista y su  economía ascendente, que ha jalonado el mercado global en el presente siglo, está próxima a convertirse en la primera economía del mundo
·         Paradoja económico - cultural: Occidente podría perder su primacía frente a Asia oriental, aunque la cultura occidental se haya convertido de facto en la cultura universal por antonomasia
·         Estamos ya en el Antropoceno, una era geológica, biológica y social caracterizada por el impacto de la especie humana en todo el sistema terrestre, un impacto que amenaza con cambiar el equilibrio dinámico del sistema en forma impredecible y, en todo caso, no adaptativa
·         El principal reto para el capitalismo es medio ambiental, en especial el cambio climático
·         El capitalismo solucionó o está en vías de solución el problema del agujero de la capa de ozono, pero no está claro que pueda hacer lo mismo frente al calentamiento global y la producción de gases de efecto invernadero
·         La ciencia ha refutado los mitos de la naturaleza humana elaborados por el marxismo y el liberalismo
·         El neoliberalismo es una pseudociencia convertida en ideología
·         El neoliberalismo favorece la tecnociencia pero es enemigo de la ciencia básica y, sobre todo, de la epistemología
·         El irracionalismo, sea antimoderno como en el posmodernismo, o moderno como en el construccionismo social, sirven de caballos de Troya en las izquierdas, las socavan por dentro
·         La innovación tecnológica y el capitalismo se han retroalimentado en un círculo ascendente
·         El avance tecnológico conlleva mayor productividad, mayor consumo de masas (aunque se note poco en el PIB)
·         El mayor consumo conlleva mayores satisfacciones (confort, experiencias) y genera un nuevo concepto de felicidad que se caracteriza por ser efímera y en permanente necesidad de renovación
·         Existe un choque o tensión entre el deterioro del estado de bienestar y su consecuente precarización laboral y existencial con el aumento de la felicidad consumista
·         La “cuarta revolución industrial” es un invento neoliberal del Foro Económico Mundial, estamos en la Tercera Revolución Industrial, que en realidad es post-industrial
·         La Tercera Revolución genera economía inteligente, la cual conlleva tendencias favorables a
o   Medio ambiente (transición energética y abandono de combustibles fósiles),
o   Liberación del trabajo humano (reducción de jornada laboral, renta universal, automatización), a una
o   Fuerte interdependencia global (gobernanza mundial), al
o   Resurgimiento del procomún colaborativo y del prosumidor
o   Formas de producción de costo marginal cero o cercano a cero
·         La Tercera revolución conlleva el inicio de la naturaleza humana intervenida de imprevisibles consecuencias, puede pasar de la eugenesia negativa a la eugenesia positiva