Mostrando las entradas con la etiqueta disrupción tecnológica. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta disrupción tecnológica. Mostrar todas las entradas

sábado, febrero 17, 2024

Oferta de conferencias y cursos

 De 1993 al presente he realizado centenares de conferencias y cursos de divulgación científica, filosófica e histórica (sin mencionar las decenas de asignaturas formales como docente universitario durante 27 años). Una buena parte de ellas se han hecho en el Planetario de Barranquilla (hoy Combarranquilla), escenario que pervive y es mi orgullo como legado a la ciudad y la región. También en universidades, colegios y escenarios diversos de Barranquilla y otras ciudades. Algunas conferencias están grabadas en mi canal de YouTube o en otros canales, sumando miles de vistas.

Asimismo he realizado múltiples ponencias en congresos nacionales e internacionales de filosofía, historia, astronomía, educación, ingeniería, propiedad intelectual e investigación, en Colombia y otros países.

También he publicado varias decenas de artículos en revistas académicas o prensa, algunos libros o capítulos de libro, casi 200 columnas en el portal El Unicornio y un número similar de entradas en mi blog La Mirada del Búho. Algunas de las columnas se recopilan, agrupadas por temas, en otro blog llamado Buhografías del Unicornio. Ambos blogs se ubican en blogspot.

Por último, debo mencionar la divulgación científica que realicé en radio, con el programa El Sonar del Búho que tuvo más de mil emisiones en el período 1993-1998, y en televisión, específicamente en Telecaribe, incluyendo la transmisión en vivo y en directo del eclipse total de sol de 1998. Y aún me falta explorar el nuevo formato de los podcasts (busco aliados para ello).

Tal ha sido, en síntesis, mi aporte a la construcción de ciudadanía.

Con base en esa experiencia de más de 30 años me permito ofrecer la siguiente selección de conferencias y cursos para público escolar, universitario, profesional y ciudadanía en general.

OFERTA DE CONFERENCIAS Y CURSOS

1.       Historia del universo

2.       Historia del Sistema Solar, la Tierra y su biosfera

3.       Historia de la especie humana

4.       La Gran Historia:  integra 1, 2 y 3 (conferencia o curso)

5.       El surgimiento de la Modernidad (1430-1830)

6.       Las revoluciones industriales y tecnológicas (1774-2024)

7.       Historia del mundo moderno: integra 5 y 6 (conferencia o curso)

8.       Leonardo da Vinci: vida y obra

9.       La revolución científica (siglos XVI y XVII)

10.   La segunda revolución científica (siglos XIX y XX)

11.   Historia de la ciencia: integra 9 y 10  (conferencia o curso)

12.   Historia y filosofía de la física (conferencia o curso)

13.   Preguntas y respuestas sobre el espacio y el tiempo

14.   Historia de la cosmología (conferencia o curso)

15.   Kepler, Darwin y el multiverso

16.   El Big Bang y los agujeros negros

17.   Una perspectiva diferente del Sistema Solar

18.   Historia de las geometrías no euclidianas.

19.   Los peces y los reptiles no existen.

20.   Las dos grandes ideas de Darwin

21.   Historia de la biología molecular.

22.   La vida extraterrestre (biología universal o astrobiología)

23.   Albert Einstein: su vida y su pensamiento

24.   Historia del siglo XX (conferencia o curso)

25.   1980: el año en que todo cambió

26.   ¿Qué es el Antropoceno?

27.   Historia de la filosofía de la ciencia (conferencia o curso)

28.   ¿Qué es la filosofía científica? (conferencia o curso)

29.   Materialismo del siglo XXI

30.   Ateísmo racioempirista: argumentos de ida y vuelta

31.   Cosmovisión científica  (integra 4, 11, 27, 28, 29, 30, 33, 34) (conferencia o curso)

32.   Exosomatización del conocer o el giro ingenieril de la epistemología

33.   ¿Qué es el pensamiento crítico?  (conferencia o curso)

34.   ¿De qué está hecho el mundo?

35.   Historia de Colombia (conferencia o curso)

36.   Historia de la insurgencia en Colombia (conferencia o curso)

37.   Epistemología para divulgadores científicos (conferencia o curso)

sábado, noviembre 06, 2021

Conferencia Cosmovisión científica y educación - Tercera parte

 Una educación sin cosmovisión es como café sin cafeína

 

El siguiente texto es una transcripción de un audio de la conferencia ofrecida por Jorge Senior el 28 de octubre de 2021.  Es, por tanto, lenguaje oral.

Como la conferencia tiene tres partes, para efectos de presentación en este Blog, se hará en tres entradas.  Esta es la tercera.  


 

Tercera parte

¿Hacia dónde vamos? Reflexiones sobre el Antropoceno

 

Llegamos entonces al final de la película, que es nuestra época, el Antropoceno.  La humanidad está en una encrucijada. El COP26 que comienza esta semana es clave, aunque hemos aprendido a no hacernos muchas expectativas.  Nuestra caja de herramientas número 4, el Antropoceno, es quizás el concepto más importante del siglo XXI.  Sustento: porque caracteriza nuestra época y nuestras responsabilidades.  Implica que el ser humano está convertido en el gestor del planeta Tierra, gústenos o no nos guste.  Por el impacto que tenemos el Antropoceno es un concepto geológico, en primer lugar, pero también es biológico, histórico, tecnológico y ético político. Implica que la especie humana se convirtió en una fuerza geodeterminante, con más influencia que muchas de las fuerzas naturales, con más impacto positivo o negativo. Implica que la mayor amenaza para la especie humana es la propia especie humana. Implica que la humanidad está a cargo del Sistema Tierra, que asume la gestión planetaria y se hace responsable ante sí misma: no hay dios que nos venga a salvar, nadie nos va a salvar, eso es lo que podemos llamar (ahí sí siguiendo a Kant) mayoría de edad, esto no se resuelve rezando, esto se resuelve con conocimiento.

Ser útiles a la sociedad no refiere a la reproducción del sistema sino a su transformación en función del bien común.

A riesgo de ser esquemático, la idea se aclara, quizás, con una simplificación expresada en dos rutas extremas.

Por una ruta marcada por una educación deficiente, tendríamos súbditos acríticos envueltos por las redes (ya los medios han dejado de ser tutores), menores de edad (no importa si tienen 30 o 40 o 50 años), alienados, manipulables, hackeables.  El resultado podría ser una democracia doxástica, si es que no dictadura de frente, con una profunda desigualdad en la sociedad entre una reducida élite y las grandes mayorías, una civilización incapaz de enfrentar los desafíos del cambio climático y las nuevas condiciones generadas por la tecnología.  El planeta no será destruido, pero la biodiversidad será golpeada y la civilización con sus esplendorosos niveles de confort no será sostenible.  Algunos le apuestan a una élite salvadora, de tipo tecnocrático, administrando una inteligencia artificial que, a su vez, administraría al mundo. Las últimas 4 décadas ya nos dan un atisbo de esta opción.

Por la otra ruta, ideal, se prioriza la formación de ciudadanos críticos (una redundancia), algo que parece aterrorizar a los gobiernos colombianos desde que se instaló el orden conservador en 1886.  Ciudadanos mayores de edad, conscientes, autónomos, son el sustento de una democracia epistémica, única opción que yo veo para una sociedad sostenible sin abismos de desigualdad.

Volvemos aquí a la contradicción fundamental del Antropoceno entre Homo Deus y animal hackeable, inteligencia colectiva e inteligencia individual, con la primera hegemonizada por unas élites en ciertos países determinantes y la segunda cada vez más atomizada y carente de herramientas políticas que no sean mesías.

Hay cuatro escenarios posibles a toda esta historia. 

Dos negativos: la extinción (que pareciera una “ley” evolutiva implacable, pero ante la cual todos parecemos ser negacionistas) y una situación distópica, como a veces nos las pinta Hollywood, pero que efectivamente es posible. Yo crecí en una época bajo la amenaza de la guerra nuclear, ahora no se habla mucho de eso pero la amenaza está allí, los misiles están allí.  El cambio climático y las derivaciones de la tecnología cuyo futuro es opaco para nosotros, son también factores que pueden desembocar en el escenario distópico.

Del otro lado tenemos dos escenarios positivos: el más fantástico de todos, el ideal soñado, es alguna utopía épica de maravillosa civilización, como nos la prometen los transhumanistas o algunos otros optimistas, entre ellos Pinker.  La alternativa parece aún más utópica: el decrecimiento, como plantean algunas corrientes anarquistas, que equivale a parar la máquina acumulativa del capitalismo, generar una nueva sociedad poscapitalista que no esté prisionera de esa máquina que nadie sabe cómo se detiene, que no tiene freno, mejor dicho que es un caballo desbocado que puede reventar este planeta por lo menos en términos de lo que nuestra civilización necesita para mantenerse y prosperar.

Sostengo que la disyuntiva entre democracia doxástica y democracia epistémica, inclina la balanza hacia las opciones negativas o positivas, aunque, desde luego, se trata de una simplificación.  Los escenarios realistas son híbridos y confusos, pero el esquema ayuda a ver el fondo de la cuestión, por lo menos para los que aún creemos en la opción moderna de los Ilustrados, con su énfasis en la democracia y la educación.

Casi siempre se ha dicho que democracia y capitalismo van juntos y en armonía.  La realidad parece indicar lo contrario, el capitalismo llamado “salvaje” choca contra la democracia cuando no es regulado o domesticado de alguna forma.  El poder económico, en los últimos 40 años, se ha ido imponiendo sobre el poder político y realmente el destino del mundo ni siquiera se decide en las votaciones o por lo menos su incidencia es baja a nivel global.  En últimas, el destino del mundo depende de la ciencia y la tecnología, fuerza determinante de la civilización actual, pero la ciencia y la tecnología la hegemonizan élites o los factores de poder del capitalismo.  Hay corrientes políticas que critican al capitalismo, pero no entienden que no pueden regalarle a la ciencia y la tecnología a las élites.  Al contrario, tendrían que asumir a fondo la democratización del conocimiento científico y tecnológico.

La gran paradoja de nuestro tiempo es que vivimos en el filo entre un futuro oscuro y un futuro luminoso.  Estamos en una encrucijada que es el momento más importante de la historia humana. No es una exageración, no es una hipérbole, se trata de un momento único.  Si nuestra especie sobrevive los próximos milenios, esta época será recordada como la era pionera: por primera vez en 3.800 millones de años de historia de la vida sobre la faz de la Tierra, una especie controló la evolución y manipuló a su antojo la genética; por primera vez una especie viajó al espacio y a otros cuerpos celestes; por primera vez hubo un sol en la Tierra al desatar la energía del núcleo de los átomos; por primera vez se construyó una nueva forma de seres complejos, las máquinas pensantes.  Los mojones históricos de 1945, 1953 y 1969, siempre serán recordados.  Sin embargo, esta especie que logró la hazaña increíble de conquistar el planeta, dominar todos los nichos, pudo ser también el detonante de la sexta extinción masiva e incluso de su propia extinción, víctima de su propio éxito, al meterse en un callejón sin salida: tener demasiado poder sin haber dejado de ser un animal de naturaleza contradictoria, producto de la selección natural multinivel.  Porque esta especie conquistó el mundo, pero esa conquista es precaria.

lunes, agosto 19, 2019

Metarrelato 4 Homo Deus (Harari nov 2016)

DE HOMO SAPIENS A HOMO DEUS 

Por Jorge Senior 

Noviembre 20 de 2016

Reseña de Homo Deus de Yuval Noah Harari

Cuando me enteré de la publicación de Homo Deus lo primero que pensé fue que Harari había sucumbido a la tentación económica de las secuelas, empujado por los editores. Es un viejo truco de ventas que un bestseller produzca secuelas para seguir vendiendo, pero sin alcanzar el nivel del primer libro o película, muchas veces sin generar valor agregado y a veces terminan desprestigiando y desvalorizando al autor. 

Bien, Homo Deus sí es una secuela de Sapiens (conocido en Colombia como De animales a dioses), pero… ¡vaya secuela! 

A pesar de que en tres / cuartas partes del libro despliega las mismas 25 ideas elaboradas en Sapiens (o al menos varias de las principales), no resulta repetitivo sino enriquecedor del gran argumento de Harari, con nuevos giros y perspectivas que hacen de este “Tomo II” un desarrollo necesario del “Tomo I”. Todo ello complementado en la última parte del libro con una visión “alucidante” del futuro post-humano. Si bien no es imprescindible haber leído Sapiens para abordar Deus, al lector le recomiendo que lea los 2 tomos en su orden, pues se trata de un solo gran metarrelato, una parábola completa. O como mínimo, que haya leído la reseña completa de De animales a dioses colgada aquí mismo, en la sección de notas de mi muro (y de paso otra nota de mi autoría sobre el mismo tema titulada El Gran Relato). 

Homo Deus podría ser, quizá, el libro más cosmopolita jamás escrito. No en el sentido tradicional de la palabra, aunque desde luego abarca una amplia visión multicultural, sino por la pluralidad y amplitud de los tiempos y las disciplinas que engloba. Podría decirse que constituye un estado del arte de la humanidad 2016. Es como si aquellos bestsellers de los años 70, El Shock del Futuro, El Retorno de los Brujos y El Mono Desnudo, fueran actualizados y empaquetados en estos dos tomos. En palabras del autor (p. 81) el objetivo esencial del libro es investigar al Homo Sapiens y cómo el humanismo se convirtió en la religión dominante en el mundo, para luego argumentar por qué es probable que intentar cumplir el sueño humanista cause su desintegración. (Nota: esta idea de que el humanismo lleva en sí la semilla de su propia destrucción suena bastante familiar: es de estirpe dialéctica hegeliano-marxiana; y no es la única, hay otra idea que veremos más adelante que también parece de ese linaje). 

Homo Deus es un libro de Cosmología en el sentido antiguo del término, como lo usa Popper. El libro trata de la parábola humana desde un punto de vista cósmico, esto es, a la máxima escala abarcable. Aunque magistralmente ilustrado con detalles ejemplares, Harari logra aplicar a cabalidad la prescripción de “que los árboles no te impidan ver el bosque”. En la maraña de sucesos que constituye la historia humana y la actualidad del siglo XXI, Harari desentraña lo esencial, con visión de profundidad y visión de conjunto, una integralidad que pocos alcanzan. “En el pasado la censura funcionó al bloquear el flujo de la información; en el siglo XXI la censura funciona avasallando a la gente con información irrelevante” (p. 430). Para discernir en medio del caos tiene que apoyarse en múltiples disciplinas científicas: biología, neuropsicología, economía, historia, informática. Que la filosofía brille por su ausencia es muy significativo, como veremos, pero lo que sí afecta el argumento es la ausencia de la matemática, pues el verdadero fundamento del argumento más radical de Harari es una superpremisa cuyo núcleo es matemático. 

LA FILOSOFÍA MALPARADA 

Miremos primero lo de la filosofía. El libro incursiona profundamente en la filosofía de la historia (de manera implícita) con una idea de progreso contingente pero fuerte. Y sobre todo incursiona en la filosofía de la mente: el “Yo” es una ilusión, el “libre albedrío” es una ilusión, el problema de “Otras Mentes”, la pluralidad ignota de los estados mentales, la disyunción inteligencia – conciencia, los sentimientos, emociones y pensamientos como algoritmos y una tesis ontoepistémica sobre la realidad intersubjetiva, que no es novedosa pero que el autor pinta con sus propios colores y que es clave en ciencias sociales (construccionismo social). Asimismo, recoge una idea “siliconvaleciana” sobre la construcción de un superparadigma único transversal en las ciencias que es un debate que debe ubicarse en la filosofía de la ciencia. Como si fuera poco, todo lo anterior es argumentado con sus implicaciones éticas, sociales y políticas, metiéndose así en el terreno de la “filosofía práctica”, esto es, la filosofía política y moral. Es decir, la filosofía como tema está por doquier y con importancia medular en el texto, pero los filósofos están casi ausentes como referentes, lo cual habla de un hacer filosófico inane, inocuo y superfluo. Sin decirlo, este libro es una crítica frontal a la manera de hacer filosofía profesional. 

Por ejemplo, Harari aborda el mismo tema que Habermas desarrolló en 2002 en su texto “El futuro de la naturaleza humana”, pero lo hace MEJOR en todo sentido: en amplitud y profundidad de visión, en manejo multidisciplinar, en fundamentación científica y experimental, en virtud comunicativa y literaria. En mi opinión, esta comparación muestra que la “caja de herramientas” del filósofo, tomada de la tradición de la historia de la filosofía, es pobre, ineficaz, cuasiobsoleta. En cierto sentido, el filósofo profesional de hoy es prisionero de un marco conceptual tradicional (pues se la pasa “dialogando” con personajes del pasado) sumamente limitado. Pero también observo que esta comparación le brinda apoyo a quienes abogan por una filosofía científica y experimental. Invito al lector a comparar la bibliografía de los dos libros, el de Habermas y el de Harari. La historia de la filosofía es un valioso bagaje, pero hoy por hoy, el diálogo prioritario del filósofo ha de ser con el interlocutor científico experimental. 

EL ARGUMENTO 

Según Harari la vieja agenda humana (Cap. 1), que era la lucha contra la hambruna, la peste y la guerra, está superada. La agenda de la humanidad en el siglo XXI es la búsqueda de la inmortalidad, la felicidad y la divinidad (por divinidad entiéndase superpoderes, individuales y colectivos). Derrotar a la vejez y a la muerte es un problema técnico en proceso de resolución. La felicidad, en el plano psicológico, está en “combinar la dosis adecuada de excitación y tranquilidad” (p. 51), pero en última instancia reside en el plano bioquímico. Estamos ya en el boom de las “experiencias vitales”, pero el atajo bioquímico puede ser más fácil, barato, accesible, eficaz y permanente. “Hoy en día la humanidad está mucho más interesada en la solución bioquímica” (p. 55). Sumado a los dos anteriores, otros poderes tecnológicos convierten al Sapiens en Deus. ¿Por qué llamar a esto “divinidad”? Primero, porque reemplaza a Dios como fuente de soluciones, y segundo porque más adelante Harari hablará de tecnorreligiones. 

Uno se pregunta por qué el autor no incluye en la agenda temas como la energía (fin de la era de los combustibles fósiles), el cambio climático antropogénico o “la conquista del espacio, la última frontera”. Harari no lo dice, simplemente los evita. Supongo que se debe a que los dos primeros, si bien ameritan solución o se colapsa la civilización moderna, una vez resueltos no tendrían los impactos transformadores que Harari entrevé en los tres puntos mencionados en el párrafo anterior. Esto es interesante de analizar puesto que los aspectos energético y ambiental han sido determinantes de verdaderas revoluciones en la vida social humana de épocas anteriores. Y el tercero pareciera una promesa épica que se ha desinflado y uno pensaría que Harari no vislumbra efectos importantes que valga la pena mencionar. Queda para el debate si estas ausencias constituyen debilidades de la visión de Harari o es un acierto dar por descontado que esos temas se resolverán sin mayores efectos revolucionarios. De la misma manera se da por descontado que no habrá guerra nuclear. (Nota: en p.238 y ss Harari sí toca el tema ambiental para referirse al Crecimiento en el contexto capitalista). 

El Antropoceno (Cap. 2), como se sabe, es la etiqueta de moda para “nuestra época”. Lo anterior debe entenderse en términos geológicos y de historia natural, pues la especie humana cambió la historia cósmica y se volvió un factor determinante de las características del planeta Tierra. Harari, como buen animalista, vuelve al tema de la fauna cruelmente oprimida y explotada, tocado en el Tomo I. Pero he aquí que en el contexto de la cosificación de los animales domésticos, el autor introduce el concepto bomba: algoritmo, “el concepto más importante en nuestro mundo” (p. 100). La superpremisa del libro es la tesis de que “los organismos son algoritmos” (p. 99 y ss). Y esto incluye al ser humano, con sus pensamientos, sensaciones y emociones. Esta tesis, es al menos, parcialmente cierta (el conductismo fue derrotado a mediados del siglo pasado abriendo la caja negra de Skinner mediante la analogía con las nuevas máquinas computadoras, nuevas posibilidades experimentales y luego el desarrollo de la fMRI, sumado a la biología genético-molecular). Lo que no sabemos, y el autor lo reconoce, es si es totalmente cierta. En mi opinión la respuesta no depende sólo de la biología, sino sobre todo de la matemática. 

En este capítulo aparece la segunda idea de reminiscencias hegeliano-marxianas: la correspondencia entre “base” y “superestructura”. Harari no utiliza estas categorías, sino otras. En las sociedades de cazadores-recolectores la ficción religiosa intersubjetiva es animista. “La revolución agrícola dio origen a las religiones teístas, la revolución científica dio origen a las religiones humanistas, en las que los humanos sustituyeron a los dioses” (p. 115). No se alegren mucho los marxistas. Más adelante en el texto, Harari vuelve ese argumento en contra del socialismo, indicando que (al contrario de lo que Marx creía), fue el liberalismo y no el socialismo el que mejor se correspondió con el desarrollo de la tecnología en la tercera revolución industrial (relaciones de producción y fuerzas productivas en términos marxianos). 

La especial chispa humana (Cap. 3), el alma, no existe, siglos de investigación no han encontrado ni rastros de ella. Sin embargo, el problema de la mente, propia y ajena, sigue sin resolverse. La experiencia subjetiva de los estados mentales de animales humanos y no humanos, el Mundo 2 de Popper, sigue sin entenderse en términos funcionales (¿será un epifenómeno evolutivo?). La conciencia, en cambio, sí que se detecta, pero su utilidad no es clara. Lo que explica la extensión del poderío humano no es un supuesto “espíritu” o “alma”, sino la eusocialidad (en términos de Edward Wilson) o capacidad de cooperación a gran escala basada en ficciones compartidas u órdenes imaginados (ver Tomo I), posibilitada por pequeños cambios genéticos hace 60.000 años (revolución cognitiva). El Sapiens está enredado, es prisionero de una red de sentido, un tercer tipo de realidad distinta a la objetiva y la subjetiva, de carácter intersubjetivo, que configura una verdadero guardarropa de trajes nuevos del emperador. (A propósito: esta realidad intersubjetiva es el fundamento del “construccionismo social”; el error de los construccionistas no es la creencia en la realidad intersubjetiva sino su negacionismo biológico, su subestimación de la realidad objetiva, trastorno típico de la peste posmodernista). 

La ficción es poderosa. El capítulo 4 está dedicado a los narradores con nuevos aportes que complementan esta idea del Tomo I. Pero la ciencia no es ficción como la religión y ese es el tema de la “extraña pareja”, capítulo 5. Recuérdese que para Harari, “religión” son las religiones teístas, no teístas, y las ideologías políticas como el comunismo, el nazismo y el liberalismo, entre otras, todas ellas funcionales “para cimentar el orden mundano” (p. 209). Hasta ahora ese papel no lo puede cumplir la ciencia, cuyo objetivo es entender y manejar la realidad objetiva. De ahí que ciencia y religión se complementan. Y en el último medio milenio la nueva religión que predomina cada vez más es el humanismo (secularización, desencantamiento, solemos decir), que ha sido como la llave ideal de la ciencia, la alianza moderna (Capítulo 6) en un contexto capitalista cuya fe se enfoca en el Crecimiento, basado en la confianza en el futuro, un juego que no es suma cero (un interesante argumento para la paz cuasiperpetua que valdría la pena analizar en otro momento). 

Dios ha muerto y la humanidad está sola en orfandad, en estado adulto. Llevamos ya “Quinientos años de soledad” (alusión a Gabo, p. 113). El Pacto Moderno se resume así: “los humanos estamos de acuerdo en renunciar al sentido a cambio del poder” (p. 225). Hasta ahora el capitalismo ha cumplido el pacto gracias a que el humanismo provee el sentido y la ciencia (tecnociencia en realidad) el poder, aunque vamos rumbo a una “encrucijada cósmica” (término del suscrito) (p. 227). Pero advierte: “la némesis real de la economía moderna es el colapso ecológico” (p. 239). La revolución humanista (Cap. 7) conquistó al mundo, pero el humanismo se dividió en tres ramas: liberal, socialista y evolutivo (nazi-fascista), que desataron las guerras religiosas humanistas del siglo XX. Por cierto, el humanismo socialista califica como la primera tecnorreligión de la historia (p. 303). El tema del Decrecimiento es apenas tratado tangencialmente (“nadie sabe dónde está el freno” p. 64). 

¿Qué Dios ha muerto? ¿y los centenares de millones de creyentes en islamismo, cristianismo, hinduismo, etc? Dios ha muerto, pero cuesta un poco deshacerse del cadáver (p. 298). Los números por sí solos cuentan poco en la historia. “La historia la modelan pequeños grupos de innovadores que miran hacia el futuro y no tanto las masas que miran hacia el pasado” (p. 300). Como ya dijimos, el liberalismo triunfó porque se adaptó mejor a la tercera revolución industrial (Marx y Freud pertenecen a la era del vapor y la electricidad, no de la informática y la biotecnología) (p. 304) (por cierto en la p. 136 Harari se burla de Freud comparando su obsoleto discurso con la metáfora de la máquina de vapor). Pero eso no significa que el liberalismo, la democracia y el humanismo vayan a tener igual suerte en el tercer milenio, especialmente con el desarrollo de la ingeniería genética y la inteligencia artificial, pilares del verdadero Diseño Inteligente. La búsqueda de la inmortalidad, felicidad y divinidad es corolario de los anhelos del humanismo liberal, pero la tecnología que lo permitirá es post-humanista y socava dialécticamente sus cimientos (p. 307). De esto trata la “alucidante” Parte III del libro titulada: Homo Sapiens pierde el control. 

Capítulo 8: el Yo hace BOOMMM!! “La contradicción entre libre albedrío y ciencia contemporánea es el elefante en el laboratorio al que muchos prefieren no ver mientras miran por sus microscopios y escáneres fMRI” (p. 312). Determinismo y azar se reparten el pudín y no queda nada para la sagrada libertad. Deseamos, pero no elegimos nuestros deseos (deseamos mal, decía Estanislao, y proponía una revolución del deseo; ahora será bioquímicamente factible). ¿Y el Yo? Una cacofonía de voces y ninguna es la auténtica. “Los humanos no son individuos, son ‘dividuos’” (p. 321). De la mano de Sperry, Gazzaniga, Kahneman y otros investigadores, el Yo se fracciona y se esfuma, tan ilusorio como el libre albedrío y el alma. Dos fracciones interesantes de la otrora unidad son el “Yo experimentador” que vive experiencias y el “Yo narrador” que las interpreta (sesgadamente) (p. 325 y ss). La idea de que el Yo es ilusorio no es nueva, en la China, India y Grecia se sabía hace dos mil años y también desde los inicios de la modernidad. Lo nuevo es que la idea viene acompañada de tecnología con potentes efectos prácticos. Y todo ello socava la base de la filosofía liberal (Harari se burla socarronamente de Pinker y Dawkins a quienes llama “campeones de la nueva concepción científica del mundo”, p. 336, por no sacar las consecuencias filosóficas y prácticas de sus conocimientos científicos). 

Debido a lo anterior la creencia en el valor del individuo, fundamento liberal de la democracia, se diluye. En la práctica los humanos del común ya vienen perdiendo su valor militar y laboral, reemplazados por máquinas. Conciencia e Inteligencia solían hacer parte de un solo paquete, pero ya se ha producido la gran desconexión (Cap. 9) entre ambas. Producimos máquinas cada vez más inteligentes que superan las capacidades cerebrales humanas. Pero hasta ahora no se ha detectado el menor atisbo de conciencia en ellas, a diferencia de lo que sucede en los animales. Ahora bien, no tenemos ni puta idea de qué es la conciencia ni para qué sirve, evolutivamente hablando. Tal vez sea un epifenómeno, un curioso subproducto de otras capacidades útiles. El hecho es que está discusión, otrora “pasatiempo para filósofos” (p. 342), ahora llega a la arena política. “Para ejércitos y compañías comerciales, la respuesta es clara: la inteligencia es obligatoria, pero la conciencia es opcional” (342). 

Los algoritmos electrónicos reemplazan a los algoritmos orgánicos, el silicio reemplaza al carbono, que se devalúa. Vivir sin trabajar era un sueño, pero puede tornarse en pesadilla en forma de una inmensa clase social inútil. Y así como el individuo se ve amenazado, el individualismo también, pues cada vez más el sistema te conoce mejor que tú mismo. El derecho a la intimidad es el último bastión liberal, pero sus murallas se van derrumbando, no al toque de trompeta, sino de cantos de sirenas. La gente misma entrega su información. ¿Y qué es el “sistema”? ¿cuál es ese ‘skynet’? Es el entramado de algoritmos surgido bajo el impulso de la creciente automatización y conectividad, cuyo inicio fue arpanet, internet, va por Google, Facebook y demás hiperalgoritmos envueltos en una nube de apps, y sigue avanzando hacia el Internet de las Cosas (IoT) y finalmente al Internet de Todas las Cosas (IoE), que nadie controla (427). De oráculo está pasando a representante (aplicaciones de “asistente personal” como Cortana, Now, Siri) y de ahí va para soberano. Es una deriva del poder desde el carbono hacia el silicio, pero generado principalmente por los descubrimientos biológicos más que por la propia informática. 

No estamos ante una distopía orwelliana, el individuo no será aplastado por un estado policivo, se desintegrará desde adentro (378). De hecho, hasta ahí no es un mal mundo, aunque sí posliberal, habremos delegado poder de decisión en un sistema haciendo la vida más fácil y en mejores condiciones (antes lo hacíamos con dioses e imperios). Pero falta un detalle. Una élite de humanos sigue siendo necesaria para el sistema, o para ser más exactos, una élite de superhumanos (probablemente ciborgs), producto eugenésico de las tecnologías de intervención en la naturaleza humana. No se trata de eugenesia liberal, como en forma miope cree Habermas. Se abre la posibilidad de castas biológicas, incluso de especies diferentes (382). 

Los capítulos 10 y 11 con que finaliza el libro están dedicados a sendas tecnorreligiones: el tecnohumanismo y el dataismo. 

En el cap. 10 damos un delicioso paseo por el océano de la conciencia, el amplio y desconocido espectro de los estados mentales. (Me recuerda la docena de libros de Carlos Castaneda y al Mundo 2 de Popper, filósofo que ni siquiera es mencionado, a diferencia de Thomas Nagel, quizá el único referente filosófico). La psicología es un campo de conocimiento que ha sufrido y sigue sufriendo de múltiples achaques metodológicos (opinión del suscrito). Pero su mejor vertiente es sin duda la psicología experimental. Pues bien, Harari se burla con exquisito humor del etnocentrismo de la psicología experimental. La combinación de la terra incognita mental con el poder bioquímico orientado por el interés de gobiernos, ejércitos y empresas, es altamente peligroso, pues apunta a la degradación de la mente humana de las mayorías, así como degradamos la vida mental de las vacas con la domesticación. Ni más ni menos. El tecnohumanismo es como la revolución del deseo que deseara Estanislao Zuleta, pero por vía bioquímica. El asunto es que si los deseos son manipulables, diseñables, ¿quién es el diseñador? El tecnohumanismo es presa de un grave problema de autorreferencia. Es como hacer una casa en el aire solamente para que vivas tú. 

El Dataismo o religión de los datos, con epicentro en Silicon Valley, tiene sus pilares en la informática y la biología, pero apunta a un paradigma científico único (428), transversal, una especie de potente reduccionismo ontoepistémico: todo es información y procesamiento de datos. ¿Acaso existe algo que no pueda reducirse a datos? Esto no es nuevo en filosofía, pero repito, lo nuevo son los efectos prácticos posibles. El punto no es una creencia estrambótica, ni unas elucubraciones filosóficas, sino la tendencia práctica (424) que va de la mano de los avances acelerados en la automatización, la conectividad y las interfases humanos – máquinas. Las viejas fronteras orgánico / inorgánico ya no existen. Sus apologistas defienden la libertad de información, pero ésta no se le concede a los seres humanos, sino a la información misma (un mártir de esta tecnorreligión fue Aaron Swartz, quien se suicidó en 2013, gugléalo). Esta tendencia tiene su dinámica propia. La liebre de la tecnología está dejando atrás la tortuga de la política. El dataismo le da a los humanistas de su propia medicina: estos negaron a Dios, ahora aquellos niegan a los humanos. Los humanos pasaríamos de ingenieros a chips y luego a datos para finalmente disolvernos en el gran torrente como un terrón en un rio caudaloso (429). En retrospectiva la humanidad será sólo una pequeña onda en el flujo cósmico de datos. Quizás estemos creando una nueva forma de vida superior que eventualmente conquiste la galaxia en la era post-humana. 


COMENTARIOS 

DECRECIMIENTO. En El Gran Relato expuse 4 escenarios de futuro, dos negativos (pesimista radical y moderado), dos positivos (optimista moderado y radical). En esa óptica yo diría que Harari explora el escenario 4, la eutopía superoptimista que nos promete la tecnología y encuentra que en realidad lo que va a producir la tecnología es el escenario 1 (extinción y era post-humana) o el 2 (opresión por una élite superhumana dominante sobre castas biológicas inferiores; sobre esto habló cuando vino a Cartagena en enero). Harari casi no analiza el escenario 3, el optimismo moderado, cuyo concepto clave es Decrecimiento. En p. 64 menciona de pasada que “nadie sabe dónde está el freno” y que aún si lográramos frenar, la economía colapsaría llevándose por delante a toda la sociedad. Y en p. 240 desestima esta solución al colapso ecológico. Apenas dedica 2 páginas a esta posibilidad. Creo que es un punto débil y que el análisis de escenarios debe ahondar en el Decrecimiento como proponen algunos autores, por ejemplo, Carlos Taibo. Estamos tan envueltos en la dinámica de Crecimiento que no escuchamos estas voces ni analizamos estas opciones. 

ACLARACIONES. En las páginas 69 y 70 Harari hace 4 aclaraciones claves: i) el autor se centra en los sucesos de vanguardia que van determinando el futuro, aunque estadísticamente sean minoritarios al comienzo y en una pocas zonas ii) el autor hace descripción, no prescripción, hace diagnosis, no prognosis, escribe predicciones como posibilidades, no un manifiesto iii) el autor predice una búsqueda, pero buscar no es lo mismo que conseguir iv) el autor no hace profecía, trata de posibilidades para mostrar las opciones actuales y cambiar el rumbo, el objetivo de la predicción es que no se cumpla. Estas aclaraciones ratifican la filosofía de la historia contingente. 

SUPERPREMISA. “Los organismos son algoritmos”. El propio autor merodea por una salida distinta cuando en la p. 314 habla de determinismo y aleatoriedad. El israelí Harari no ha leído al libanés Taleb. El dios supremo del universo no es el orden, que nos obnubila (vemos allí la “mente de Dios” como Einstein y Hawking), sino el Azar. Creo que vale la pena explorar la siguiente diferencia: Nuestros algoritmos electrónicos con soporte de silicio son deterministas. Los algoritmos orgánicos con soporte de carbono están en un juego de mayor complejidad: la extraña mezcla de determinismo y aleatoriedad. Y el azar no se domestica con la campana de Gauss. Toca profundizar en el fundamento matemático de la superpremisa, pues por ahora es sólo una hipótesis. 

VANGUARDIA. Harari no cree en las masas como grandes protagonistas de la historia (300), aunque si cree en el progreso. Su visión de la dinámica social es claramente vanguardista. Esto lo pone del lado de la democracia epistémica y no de la democracia doxástica. Aunque desestima las teorías conspirativas, en varios apartes realza el poder de los grupos organizados, ya sea para la innovación (300) o para dominar (p. 152 y ss). En lo que parece una contradicción empieza hablando de “cooperación a gran escala” (152) pero luego termina otorgando la eficacia a “pequeñas redes de agitadores” (153) y otras afirmaciones que recuerdan el putschismo y el foquismo latinoamericano. 

Nota Bene: la Universidad Libre aparece mencionada en la p. 294. 

Gazapos astronáuticos: 
P. 57: una operación quirúrgica a distancia de la Tierra a Marte no puede hacerse en tiempo real, ya las órdenes demorarían por lo menos unos 20 minutos en llegar y otro tanto en regresar; no es un ejemplo realista. 

P. 289: Voyager I no va rumbo a Alpha Centauri.