Mostrando las entradas con la etiqueta Steven Pinker. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Steven Pinker. Mostrar todas las entradas

sábado, mayo 02, 2020

Piketty versus Pinker


Al hacer mi lista de los libros más importantes de la segunda década del siglo XXI en el género de no-ficción, me encuentro con la entretenida tarea de desempatar el primer lugar entre El capital en el siglo XXI de Thomas Piketty y En defensa de la Ilustración de Steven Pinker.  Ambos textos abordan la macrohistoria secular de la Modernidad, con diagnóstico y propuestas de soluciones basadas en datos, todo ello producto de investigaciones sociales a gran escala.  Éste es un signo esperanzador, pues muestra que la crisis de las ciencias sociales tiene salida.

Un lector acucioso de este par de obras maestras y fiel a El Unicornio, notará que las dos lecciones que nos deja la pandemia, tema de mi pasada columna, corresponden precisamente a sendas tesis muy cercanas a estos autores: la defensa del estado social por Piketty y la defensa de la racionalidad por Pinker.  Tuvo que venir una pandemia para recordarnos que tales ideas complementarias no son elucubraciones de intelectuales sino exigencias políticas de la realidad imperante. 

Si usted, amable lector, no ha leído los dos volúmenes, tal vez querrá atender mi recomendación, pero sepa de antemano que le esperan 1400 páginas…¡y eso que ambos son “resúmenes” de un acopio de información mucho mayor!  Y es que ambos escritores cuentan con la facilidad de tener equipos que los respaldan en la cosecha de datos y no escatiman extensión en los procesos argumentativos que los llevan desde las evidencias hasta las tesis que pretenden defender.  Pero si usted quiere ahorrarse tamaña maratón, puede leer Piketty esencial, el breve texto del sueco Jesper Roine  y mi reseña del libro de Pinker aquí.

El capital en el siglo XXI es un verdadero tratado sobre la desigualdad con base empírica (usa datos de 27 países).  El economista francés muestra la dinámica de la relación capital/ingreso a lo largo de siglos y cómo ha evolucionado la distribución del ingreso y de la riqueza durante el siglo XX y la primera década del presente.  Luego detalla cómo ha aumentado la concentración de ingreso y de riqueza en los últimos 40 años, esto es, en la era neoliberal, con diferencias entre el modelo anglosajón y el europeo continental, que reflejan la contradicción entre estado de bienestar y fundamentalismo de mercado. Pero lo más importante es que a largo plazo la dinámica de la desigualdad obedece fundamentalmente a un mecanismo intrínseco del capitalismo mediante el cual el rendimiento del capital es superior a la tasa de crecimiento, sin desconocer que también incide, a favor o en contra, la dimensión política, lo cual explica las fluctuaciones históricas.  Ahora bien, también hay mecanismos que favorecen la igualdad.  Los dos principales son la difusión del conocimiento y la inversión en educación, los cuales permiten eventualmente la convergencia de la racionalidad económica y la racionalidad democrática.

En defensa de la Ilustración es un verdadero tratado sobre el pensamiento crítico racional con base empírica.  El psicólogo canadiense defiende la razón, la ciencia, el humanismo y el progreso contra el ataque incesante que en las últimas décadas han desatado múltiples formas de irracionalismo y oscurantismo en todos los ámbitos: la política, la economía, la academia, la escuela, la medicina, el periodismo, la cultura, la religión, las redes sociales.  Pero el talante excesivamente optimista de Pinker le juega una mala pasada en el capítulo 9 donde aborda el tema de la desigualdad.  Precisamente en la página 135 cita a Piketty: “La mitad más pobre de la población mundial es tan pobre en la actualidad como lo era en el pasado, con apenas el 5% de la riqueza total en 2010, al igual que en 1910”.  Y luego lo despacha con el peregrino argumento de que “la riqueza total actual es infinitamente mayor que en 1910, por lo que si la mitad más pobre posee la misma proporción, es mucho más rica, no ‘igual de pobre’”.  Parece que ni la desproporción entre 50% y 5%, ni el concepto de injusticia, le dicen nada al autor.  Y lo de “infinitamente” es un mero recurso retórico, no un dato.  Pinker coquetea con la llamada “teoría del goteo” y la utopía neoliberal del crecimiento ilimitado de la torta.  Parodiando el argumento diríamos: “no importa que recibas migajas, pues gracias a los que reciben la mayor parte de la torta ésta es cada vez más grande, y así mismo, aunque no en la misma proporción, crecen tus migajas”.  Adicionalmente, Pinker, aunque alardea de conciencia ambiental, no parece concebir los límites de la capacidad de carga del sistema Tierra. Intuyo un sesgo ético/axiológico en el psicólogo cognitivo experto en sesgos.

En este debate clave sobre la desigualdad le doy la razón, tan preciada por Pinker, a Piketty.  Y también a Harari que vislumbra otros peligros en el presente siglo, por la disrupción tecnológica que puede generar la convergencia de las tecnologías BIO e INFO, la biología sintética y la Inteligencia Artificial.  Una distopía en la cual la segregación tradicional de ricos y pobres se transformaría y amplificaría en la segmentación de castas tecnobiológicas.  Lo que era ciencia ficción en la película GATTACA, con la bella Uma Thurman, ahora se encuentra en el horizonte de las posibilidades, como lo reconoce el filósofo Jurgen Habermas en El futuro de la naturaleza humana.

Sin ir tan lejos, la desigualdad está impresa en el trágico drama del diario de vivir para millones de personas que aún sobreviven en medio de la miseria absoluta, como lo vemos en campos y ciudades colombianas.  En sintonía con Piketty, aquí también, en nuestro país, la buena ciencia económica ha estudiado la Dinámica de las desigualdades en Colombia, título del libro de Luis Jorge Garay y Jorge Espitia.  Recomendado.

De vuelta al tinglado levanto la mano del economista francés en su duelo con el canadiense por ocupar el primer lugar en mi top ten personal de los libros de la década, pasatiempo de cuarentena más divertido que los viernes de siluetas.  Y como corresponde a tiempos de redes y pandemia, lo ratifico al comparar los trinos poco relevantes de Steven Pinker frente a la emergencia mundial, con los pronunciamientos certeros de Thomas Piketty, como el que sustenta en su columna del 14 de abril en Le Monde: “Para evitar la hecatombe, lo que se requiere es un estado social, no un estado prisión.  La reacción correcta a la crisis debería ser reanudar el ascenso del estado social en el Norte y especialmente acelerar su desarrollo en el Sur”.

Y ya puestos, ¿le gustaría conocer mi listado de libros de la década?  Dele click.

Publicado originalmente en El Unicornio el 17 de abril de 2020 (elunicornio.co)

jueves, abril 16, 2020

Los libros de la década


Por Jorge Senior

Nota: Esta entrada tiene numerosos hipervínculos a reseñas, entradas relacionadas, videos, artículos en otro sitio, etc.  Usa el cursor para identificarlos y dale click.

La siguiente es mi selección muy personal de los 10 mejores libros de no-ficción de la segunda década del siglo XXI.  Quedan excluidos los textos especializados o los artículos.

Primero digamos que hay un libro de gran formato que está fuera de concurso.  Se trata del libro Big History (aún la edición en español aparece con el título en inglés) del Big History Institute de la Universidad de Macquarie en Australia y publicado por DK hace poco más de un año.  Ver video tertulia

He aquí mi ranking:

1. El capital en el siglo XXI (Thomas Piketty)
2. En defensa de la Ilustración (Steven Pinker) Ver reseña
3. De animales a dioses (Yuval Noah Harari) Ver reseña  
4. Homo Deus (Yuval Noah Harari)  Ver reseña
5. Por qué fracasan los países (Daron Acemoglu y James Robinson)
6. La sociedad de coste marginal cero (Jeremy Rifkin)  Ver reseña parcial
7. La Gran Historia de todo (David Christian)  Ver video TED
8. La cuestión vital (Nick Lane)  Ver Origen de la vida
9. Entre dos mundos (autobiografía de Mario Bunge)  Ver video tertulia
10. Historia mínima del neoliberalismo (Fernando Escalante)  Ver reseña

En ese listado hay dos autores latinoamericanos (uno argentino y otro mexicano), dos británicos, un francés, un israelí, un turco, un canadiense, un australiano y un estadounidense.  Sólo el décimo fue escrito originalmente en castellano.  Ninguno es filósofo, pues el único que clasificaría como tal es Bunge, que en realidad es físico. Hay un bioquímico, cuatro economistas, dos sociólogos, dos historiadores y un psicólogo-lingüista, así que las ciencias sociales y humanas están bien representadas.  Sucede que las ciencias naturales expresan sus avances en papers y son más especializadas en sus publicaciones.  Los 10 libros tiene abordaje histórico, 8 de ellos sobre la historia de la sociedad humana, con énfasis en el pasado, presente y futuro de la modernidad. Dos sobre la historia planetaria, uno incluye algo de historia del universo y una autobiografía. 

Quedan por fuera muy buenos libros de autores como WalterIsaacson, Peter Watson, Daniel Dennett, Jared Diamond, Antonio Damasio, Edward Wilson, Nassim Nicholas Taleb, Richard Dawkins, Siddhartha Mukherjee, Hans Rosling, Adam Rutherford, Pere Estupinyá, Juan Luis Arsuaga, Lewis Dartnell, Walter Álvarez, Brian Cox y Jeff Forshaw, Gustavo Romero,  Antonio Diéguez, Manuel Arias, Antonio Rosas, Daniel Altschuler, entre otros.

No hay libros colombianos en la selección.  En su defecto, propongo como el libro colombiano de la década a ¡Basta ya! Colombia: memorias de guerra y dignidad del Centro Nacional de Memoria Histórica (antes de ser tomado por los enemigos de la memoria y de la historia).  Es el producto de un trabajo colectivo liderado por Gonzalo Sánchez.   Pero no lo incluyo en la lista global pues su tema es geográficamente muy limitado.  Ver relacionado   Ver sobre FARC

Ver: Sobre Harari y Pinker
Ver otra entrada con selección y comentarios de estos y otros libros (2018)

miércoles, octubre 30, 2019

Hacia dónde va el mundo: lecturas contradictorias 2018


Lecturas contradictorias 2018: Hacia dónde va el mundo

Por Jorge Senior

Mi principal campo de interés en materia de lectura es la ciencia y la filosofía científica.  Este año trabajé en dos líneas: el pensamiento crítico y Big History.  Pero esto no implica abandonar otros intereses en un mundo intelectualmente muy dinámico.  Quizás porque fue un año político en Colombia con una definición inédita entre izquierda y derecha, o tal vez porque en todo el mundo hay zozobra y desconcierto sobre el devenir de este siglo XXI que parece muy distinto al siglo anterior, o puede ser por la propia retroalimentación que producen las lecturas, pero lo cierto es que al hacer el balance de lo leído en 2018 encuentro que una parte significativa del listado se enfoca en el reciente pasado, el presente y el futuro de la sociedad humana.  Y ello, desde luego, no es ajeno ni al pensamiento crítico ni a la Gran Historia.

En esta nota voy a referirme a una serie de libros publicados recientemente y que de un modo u otro tratan de entender la sociedad actual y vislumbrar hacia dónde se dirige.  Hice un listado de 10 libros, ocho de ellos leídos éste año y los otros dos objeto de relecturas, y como indica el título en ellos no existe nada que siquiera se aproxime al consenso, pues toda esta producción intelectual genera ideas contradictorias en una virtual polémica que a primera vista parece confusa. 

Mi propósito aquí es desenredar la madeja en alguna medida y examinar la posibilidad de integrar un punto de vista con tales insumos divergentes.  Esto puede ser un ejercicio interesante en cuanto a la problemática de “hacia dónde va el mundo” más allá de la coyuntura de los Putin, Trump, Brexit, Bolsonaros o uribismos. 

Si echamos estos textos en una descomunal olla comunal con agua y puesta sobre un fogón de piedra y alimentada por fuego de leña, obtendríamos una ininteligible e incoherente, pero deliciosa, sopa de letras.  Quizás lo mismo sucedería con los cerebros de los autores en una eventual sopa de sesos.  El resultado es ecléctico como lo que en el Caribe colombiano solemos llamar sancocho trifásico. 
Estos son tiempos de eclecticismo, abiertos a la convergencia o la divergencia, dado que no hay predominio de una visión crítica determinada.  En este sancocho contestatario confluyen bastimentos y vituallas como neoinstitucionalismo, humanismo liberal, izquierdas identitarias y culturalistas, heterodoxias nostálgicas herederas del marxismo-freudismo, los tres oscurantismos que ya he mencionado en otros escritos (posmodernismo, construccionismo social y decolonialismo) y populismos de izquierda mezclados con pragmatismos corruptibles.  Por el lado del poder dominante a escala global también hay eclecticismo a pesar de cierta hegemonía del neoliberalismo.  Esta corriente ideológica dirige una orquesta en la cual confluyen nuevos populismos de derecha proteccionistas y xenofóbicos, viejos conservatismos autoritarios tradicionales, brotes neofascistas ocasionales e irracionalismos de diversa índole, más la corruptela de siempre y el apetito insaciable de las élites. Tanto en la derecha como en la izquierda encontramos algunos fenómenos de fobia a la ciencia y la tecnología, diferentes formas de antimodernidad.

En la lista de 10 libros encontramos 11 autores de 10 países distintos, nacidos en cuatro décadas diferentes y pertenecientes a cinco ciencias sociales y una rama de la filosofía. Tal diversidad es significativa, parece signo de los tiempos.  Cuatro autores son economistas, tres son sociólogos, tres politólogos, un psicólogo, un historiador y un filósofo de la biología.  Si las cuentas no cuadran es porque hay un par con dos títulos.  Los países representados en este grupo selecto de autores son: Turquía, Israel, Canadá, EEUU, Reino Unido, Francia, Italia, Portugal, México y España (con dos malagueños).  Boaventura de Sousa Santos y Jeremy Rifkin son los más veteranos, nacidos en la década de los cuarenta.  Steven Pinker es el único representante de los 50.  Antonio Diéguez, James Robinson, Daron Acemoglu y Fernando Escalante nacieron en los 60.  Los más jóvenes son Lucía Picarella, Manuel Arias, Thomas Piketty y Yuval Noah Harari, setenteros.

La mitad de los textos fueron escritos en español, por lo menos eso es seguro en los casos de los españoles Diéguez y Arias, y el mexicano Escalante, y creo que también es el caso del portugués Santos y la italiana Picarella, esta última vinculada con una universidad colombiana.  Los otros fueron escritos en inglés, excepto el de Piketty, y se encuentran traducidos al español. 
En orden cronológico inverso los libros son los siguientes:
·         En defensa de la ilustración de Steven Pinker (2018)
·         21 lecciones para el siglo XXI de Yuval Noah Harari (2018)
·         Evolución de la democracia de Lucía Picarella (2018)
·         Antropoceno de Manuel Arias Maldonado (2018)
·         Transhumanismo de Antonio Diéguez Losada (2017)
·         Historia mínima del neoliberalismo de Fernando Escalante Gonzalbo (2015)
·         La sociedad de coste marginal cero de Jeremy Rifkin (2014)
·         El capital en el siglo XXI de Thomas Piketty (2013)
·         Por qué fracasan los países de James Robinson y Daron Acemoglu (2012)
·         Descolonizar el saber, reinventar el poder de Boaventura de Sousa Santos (2010)

En realidad los libros de Harari, Rifkin, Pinker y Santos representan varias obras de estos autores y los he reseñado en otras notas.

Ninguno de estos libros es de derecha.  Son pocos los autores de derecha que leo.  Por ejemplo, he leído a Andrés Oppenheimer, un propagandista neoliberal, porque sus tesis sobre educación, ciencia, tecnología e innovación son un reto.  Es una falla grave de la izquierda latinoamericana que estos temas tengan mayor posicionamiento en la derecha neoliberal.  Cosa diferente sucede en EEUU, un país cada vez más polarizado, donde la derecha tiende a ser cienciofóbica debido a su base social religiosa fundamentalista.

Tampoco se puede decir que los 10 libros listados sean de izquierda, a excepción del escrito de Santos, que pretende serlo, aunque he sostenido en otras notas que el decolonialismo es neoconservador y un caballo de Troya en la izquierda (pero Santos dice que no es decolonial).  Sin embargo, sí se puede decir que estos textos representan matices progresistas, como veremos en sus tesis.

Cada autor acota su temática según su respetable criterio, pero las limitaciones de una cota, sea autoimpuesta o no, hay que señalarlas en su descripción.  Los que fueron escritos en español, a excepción de Santos que es bastante polémico y político, son los textos más académicos.  De hecho pueden servir como introducciones panorámicas a los temas de antropoceno, transhumanismo, neoliberalismo y democracia.  Si el lector conoce poco de estos temas y no ha leído a sus especialistas, estos libros le dan una visión panorámica.  Por ejemplo, yo leo la bibliografía de estos textos y encuentro que desconozco más del 90%, por tanto el libro me sirve de guía.  Además de académicos, introductorios y panorámicos, estos textos hispano-mexicanos son interdisciplinares, no así el de Picarella que presenta una limitación notoria en cuanto está muy encerrado en el ámbito de la teoría política propia de la politología, el derecho y la filosofía política.  Los del dúo Acemoglu y Robinson y el de Piketty tienen su eje en la economía, pero necesariamente tocan aspectos sociales, políticos, legales e institucionales.  En contraste, los libros de las superestrellas Harari, Pinker y Rifkin son de gran angular al abarcar períodos históricos amplios y casi todos los aspectos de la sociedad (Rifkin en menor medida).  Por esa misma razón estos autores evidencian debilidades en aquellos campos que les resultan ajenos.

Los temas abordados en el conjunto de algo más de tres mil páginas son los siguientes, a riesgo de ser redundante: conflicto, energía, medio ambiente, ciencia, tecnología, información, democracia, instituciones, ideología, cultura, moral, valores, igualdad, libertad, progreso, razón, modernidad, capitalismo.  Otros como felicidad, identidad, derechos humanos, no ocupan el lugar central que vemos por ejemplo en las redes sociales.  Los viejos conceptos del marxismo y de los autores franceses obsesionados con el “poder”, como dominación, opresión, explotación, están casi ausentes, nuevamente con excepción de Santos.  Lo mismo vale para las “subalternidades” de moda o asuntos como los movimientos migratorios.

Es notorio que la principal amenaza a la supervivencia de la humanidad, la guerra nuclear, esté poco presente en estos análisis. El tema está por fuera de la agenda mediática desde hace rato, pero la espada de Damocles sigue pendiendo sobre nuestras cabezas.  En general, la guerra o la violencia, no aparecen como preocupación central en ninguno.  Es sabido que en un libro de 2012 Pinker defendió la tesis de la disminución histórica de la violencia.   En los medios de comunicación el “terrorismo” islámico ocupa lugar preponderante, pero los analistas no lo ven como significativo si se miran las cifras e impactos reales.  Es más una cuestión psicológica.  (Nota: en mi opinión el concepto de “terrorismo” es inválido, meramente propagandístico).

De los dos párrafos anteriores podemos inferir que los temas de coyuntura o los de la agenda pública se tornan secundarios o se subsumen en otros más generales y básicos cuando se pasa al análisis estructural o de mediano y largo plazo.  Por eso una persona que se informa por los medios y las redes del acontecer diario puede verse confundida en medio del maremágnum informativo y desinformativo, aparentemente caótico, que circula por esas vías.  He ahí la necesidad de leer libros o artículos que brinden visión de conjunto, de largo aliento, de profundidad. 

Caso distinto es el cambio climático antropogénico, una transformación estructural de naturaleza y sociedad que se ha ido asomando a la conciencia pública y se ha ido metiendo en la coyuntura.  Es el tema central del libro Antropoceno, también abordado por Pinker y Harari aunque no sea la preocupación principal para este par de autores. Rifkin lo aborda indirectamente, pues uno de sus temas claves es la transición energética, en especial la energía solar.  Santos lo ve desde su maniqueísmo habitual.  Los demás autores no lo abordan, quizás por la acotación de sus temas.  Después de la guerra nuclear, el calentamiento global es la segunda amenaza para la humanidad.

El optimismo y el pesimismo marcan la mayor polarización en estos libros.  Pinker, Rifkin y el transhumanismo son extremo-optimistas.  Acemoglu y Robinson también son optimistas.  En contraste, Santos, Harari, Picarella y Escalante son muy pesimistas, a veces apocalípticos.  Piketty no cae en extremos, señala el problema y posibles soluciones.  Al joven Arias hay que reconocerle que tratando un tema apocalíptico per se, lo hace con sindéresis, ecuanimidad y mesura.   

El optimismo nace del progreso, la razón y la tecnología.  El pesimismo tiene que ver con la desigualdad, no con la guerra o el cambio climático.  Leí a Pinker y a Santos en una misma quincena y fue impresionante.  Parecía que estuvieran hablando de dos planetas distintos.  Creo que ambos adolecen de sesgo, ven el vaso medio lleno y medio vacío como lleno o vacío.  Santos no reconoce nada bueno en la sociedad actual.  Pinker trastabilla en el capítulo sobre la desigualdad y gracias a que argumenta sobre un período de más de dos siglos, logra evidenciar el progreso. 

Pero Piketty tiene la clave y Escalante y Picarella también identifican una periodización que es esencial tener en cuenta.  El capitalismo ha vivido tres etapas: una etapa inicial de aumento de la desigualdad, luego una fase de igualitarismo y, por último, una nueva fase de concentración de la riqueza y el ingreso que comenzó alrededor de 1980.  Los pesimismos de Santos, Picarella y Escalante, surgen del deterioro del estado de bienestar en las últimas cuatro décadas, de la hegemonía neoliberal y el capital supranacional como hegemón del “nuevo orden internacional”. 

El truco de Pinker es prescindir de esta periodización y asumir una escala histórica que no deja ver el momento histórico actual de 40 años. Además, Pinker es psicólogo y no sabe de economía. Es un liberal, demócrata, que puede creer en el estado regulado pero se traga la “teoría del goteo” neoliberal y ni siquiera se percata, en su magnífico combate contra el irracionalismo, que el neoliberalismo es pseudociencia, aunque sea racionalista.  El resultado es que donde Picarella ve una democracia en crisis, Pinker ve una democracia en su mejor momento.  Esto se debe también a que Pinker se centra en aspectos procedimentales, formales, y Picarella, en cambio, tiene un concepto más cercano a la democracia sustancial (que incluye democracia socioeconómica) y participativa.  La paradoja real es la siguiente: mientras la gente ve progresar su consumo gracias al avance tecnológico, al mismo tiempo se deteriora su situación laboral y de seguridad social, lo que podríamos llamar precarización.

El pesimismo de Harari es de otra índole, aunque a la postre también tiene que ver con la desigualdad, pero en perspectiva futurista.  Para Yuval el peligro de la disrupción tecnológica es mayor que el de la guerra nuclear (aparentemente controlado) o el del cambio climático (aparentemente solucionable como se está solucionando el agujero en la capa de ozono).  En cierto sentido el pesimismo de Harari es la antítesis del optimismo transhumanista, basados ambos en la misma información: la revolución Bio+Info (convergencia de biología sintética e Inteligencia Artificial).  Dicho crudamente el israelí alerta sobre la posibilidad de una biologización de las diferencias sociales, una fractura de la naturaleza humana que deja en pañales la “línea abismal” que según Santos divide al mundo actual.  Y en efecto, una combinación o alianza de neoliberalismo y transhumanismo sería apocalíptica si se mira desde el ángulo de las mayorías, es decir, la visión humanista tradicional.  En términos cinematográficos y literarios sería como integrar Soylent Green con Gattaca en un brave new world o mundo feliz, peor que 1984, para el año 2084.  Recuérdese que hace algo más de 15 años ya Jürgen Habermas alertaba sobre la eugenesia liberal, una distopía para las mayorías, pero una utopía para las élites.  La distopía puede tener una versión no catastrófica, en el sentido de un mundo feliz, sin sufrientes, donde el “soma” o droga de la felicidad, está en el consumo, donde los valores de libertad e igualdad no cuentan, salvo como ficción de consumo.  Los religiosos llaman a esto “nihilismo” de tipo nietzscheano y yo lo llamo hedonismo frívolo (hay otro tipo de hedonismo de corte epicúreo).

En resumen, hay una desigualdad presente aumentando y una posible desigualdad futura más profunda que cualquiera que haya existido.  De hecho, ésta última podría asentarse sobre la primera.  Pinker desestima ambas, por ejemplo en los dos últimos capítulos (19 y 20) de la segunda parte de su libro.  Es pertinente aclarar que ninguno de estos autores abraza una concepción teleológica de la historia, esa vieja idea hegeliano marxista ha desaparecido, aunque Fukuyama la utilizara hace tres décadas para proclamar el fin de la historia.  Por tanto, el futuro está abierto, no es predecible y sería ingenuo extrapolar a futuro tendencias actuales, salvo algunas prospectivas muy limitadas.  En últimas todo depende de decisiones a gran escala, que pueden ser tecnocráticas, democráticas o un agregado ciego de microdecisiones (como el mercado). 

Para transhumanistas y neoliberales la opción combina mercado y tecnocracia que otorgan ventajas elitistas.  Pinker, Harari y Rifkin le apuestan a la democracia, que es otro vaso medio lleno y medio vacío.  Pinker con énfasis resalta razones y evidencias de optimismo, Harari lo hace de manera vaga pues desconfía del mito liberal del individuo como mejor decisor, pero asume la democracia como el menos malo de los sistemas y Rifkin lo hace con una tesis original que toco más adelante.  Para los más críticos del statu quo la esperanza radica en la profundización de la democracia.  Las soluciones de Piketty pasan por una política económica antineoliberal, con lo cual estarían de acuerdo Escalante, Picarella y Santos.  Lo que no está claro es sobre cuales sujetos sociales y políticos se asienta tal esperanza.  En parte, el pesimismo tiene que ver con esto. 

Ninguno de estos autores critica el fenómeno de las luchas identitarias, que en últimas están produciendo una fragmentación de movimientos sociales que supuestamente sería la base social de la izquierda.  Escalante minimiza, y con razón, los retozos alterglobales.  Santos, como adalid de los FSM (sigla de Foro Social Mundial, no de Flying Spaghetti Monster), se inspira en el archipiélago de movimientos sociales heterogéneos y dispersos, una especie de torre de Babel, y sueña con sujetos marginales convertidos en protagonistas (hay un texto colombiano de Boaventura titulado “DDHH, democracia y desarrollo” que puede arrojar otra perspectiva).  Confunden resistencia con proyecto político estratégico.  Picarella está demasiado encerrada en la teorización cualitativa y un tanto especulativa que agobia la denominada “ciencia política”, cuando se necesita más investigación interdisciplinar y sin miedo a los datos cuantitativos.

Veamos entonces la opción de Rifkin.  Primero digamos que la tesis de la TRI (tercera revolución industrial) planteada en otro libro (2011) ha sido contra-atacada por el neoliberalismo global asentado en el Foro Económico Mundial, del cual emanó la contratesis de la Cuarta Revolución Industrial, liderada por Karl Schwab, que ha calado.  Por ejemplo, es utilizada por el gobierno colombiano, sea santista o uribista.  La batalla TRI vs CRI o 3 vs 4, no es de meras etiquetas o de una periodización teórica.  Es una batalla entre el neoliberalismo y sus alternativas, donde el primero está cohesionado en alto grado y las segundas, en cambio, lucen dispersas. 

En segundo término, pero no menos importante, Rifkin ve en los cambios tecnológicos una tendencia hacia el costo marginal cero y una nueva forma de economía, que en realidad es el resurgimiento de una forma antigua, el procomún colaborativo, capaz de generar profundos cambios sociales y en la formas de vida.  Es decir, de manera esquemática: hay nuevas tecnologías que favorecen la economía solidaria.  Estas tecnologías son, por ejemplo, el Internet de las Cosas (IoT), la energía solar (y otras energías renovables), la impresión 3D, los MOOC y, en general, todo lo que tiene que ver con economía inteligente y automatización.  Este tipo de economía trabaja en redes, descentraliza, maneja de otra manera las economías de escala, reemplaza el trabajo humano (lo cual es traumático a corto plazo, pero no debería serlo intrínsecamente) y genera un nuevo sujeto prosumidor, que es productor y consumidor a la vez.  El derecho de propiedad se ve reemplazado en ciertas partes de la sociedad por el derecho de acceso.  Nota: Rifkin no examina las implicaciones de la biotecnología aplicada a la intervención en la naturaleza humana, los ciborgs o la biología sintética.

Esta tesis de la economía solidaria es similar a la del socialismo utópico y a ciertas utopías anarquistas, pero con un fuerte componente tecnológico.  Es una forma de producción socialista que no es estatista y perfectamente compatible con cierto tipo de individualismo liberal (espacios personales) y con el mercado.  Un punto a profundizar es la diferencia entre este mercado inteligente, los mercados tradicionales y el mercado teórico de los modelos matemáticos de los economistas neoliberales.  Rifkin llega a hablar del “eclipse del capitalismo”.  Este es, pues, un optimismo muy distinto al de Pinker.

MOSAICO DE IDEAS

·         Modernidad y capitalismo no son lo mismo.
·         La violencia disminuye, pasa a segundo plano, no es el principal factor de dominación ni es la partera de la historia (lo que no excluye la legítima defensa cuando la haya)
·         El conflicto sigue presente en la sociedad humana; a escala global porque no hay gobernanza mundial y a escala de los estados nacionales porque el estado de derecho no opera adecuadamente por razones premodernas o por el factor neoliberal (la esfera económica domina a las demás)
·         Estamos en la tercera etapa del capitalismo caracterizada por la hegemonía de la ideología neoliberal, globalización del capital, el retroceso del estado de bienestar y el aumento de la concentración de la riqueza y el ingreso
·         No existen actualmente alternativas al capitalismo ni siquiera como proyectos creíbles para las mayorías
·         Paradoja institucional: un estado nación, que a la vez es una civilización, ha adoptado el capitalismo bajo la dirección de un partido comunista en un régimen político unipartidista y su  economía ascendente, que ha jalonado el mercado global en el presente siglo, está próxima a convertirse en la primera economía del mundo
·         Paradoja económico - cultural: Occidente podría perder su primacía frente a Asia oriental, aunque la cultura occidental se haya convertido de facto en la cultura universal por antonomasia
·         Estamos ya en el Antropoceno, una era geológica, biológica y social caracterizada por el impacto de la especie humana en todo el sistema terrestre, un impacto que amenaza con cambiar el equilibrio dinámico del sistema en forma impredecible y, en todo caso, no adaptativa
·         El principal reto para el capitalismo es medio ambiental, en especial el cambio climático
·         El capitalismo solucionó o está en vías de solución el problema del agujero de la capa de ozono, pero no está claro que pueda hacer lo mismo frente al calentamiento global y la producción de gases de efecto invernadero
·         La ciencia ha refutado los mitos de la naturaleza humana elaborados por el marxismo y el liberalismo
·         El neoliberalismo es una pseudociencia convertida en ideología
·         El neoliberalismo favorece la tecnociencia pero es enemigo de la ciencia básica y, sobre todo, de la epistemología
·         El irracionalismo, sea antimoderno como en el posmodernismo, o moderno como en el construccionismo social, sirven de caballos de Troya en las izquierdas, las socavan por dentro
·         La innovación tecnológica y el capitalismo se han retroalimentado en un círculo ascendente
·         El avance tecnológico conlleva mayor productividad, mayor consumo de masas (aunque se note poco en el PIB)
·         El mayor consumo conlleva mayores satisfacciones (confort, experiencias) y genera un nuevo concepto de felicidad que se caracteriza por ser efímera y en permanente necesidad de renovación
·         Existe un choque o tensión entre el deterioro del estado de bienestar y su consecuente precarización laboral y existencial con el aumento de la felicidad consumista
·         La “cuarta revolución industrial” es un invento neoliberal del Foro Económico Mundial, estamos en la Tercera Revolución Industrial, que en realidad es post-industrial
·         La Tercera Revolución genera economía inteligente, la cual conlleva tendencias favorables a
o   Medio ambiente (transición energética y abandono de combustibles fósiles),
o   Liberación del trabajo humano (reducción de jornada laboral, renta universal, automatización), a una
o   Fuerte interdependencia global (gobernanza mundial), al
o   Resurgimiento del procomún colaborativo y del prosumidor
o   Formas de producción de costo marginal cero o cercano a cero
·         La Tercera revolución conlleva el inicio de la naturaleza humana intervenida de imprevisibles consecuencias, puede pasar de la eugenesia negativa a la eugenesia positiva


martes, octubre 29, 2019

No hay crisis de la democracia (debate con Lucía Picarella)


No hay crisis de la democracia, pero sí desafíos 
(Debate con Lucía Picarella en noviembre de 2018)

Por Jorge Senior

Coja usted un periódico de izquierda de los 60, los 70, los 80, los 90 o de este siglo, y encontrará que siempre están hablando de la crisis del capitalismo.  El uso confuso, difuso y profuso de la palabra “crisis” hace que pierda todo valor heurístico y se convierta en un subjetivismo propio de pensar con el deseo.  Como en el teatro, “los muertos que vos matáis gozan de buena salud”.

La tesis que voy a sostener es que no hay tal crisis de la democracia.  Más aún, sostendré que la democracia está en su mejor momento.  Esto no significa que no haya problemas o que se hayan logrado las promesas de libertad, igualdad y fraternidad del proyecto moderno.  Y por supuesto tampoco significa que no pueda mejorar… o empeorar.  Estas dos últimas son verdades de Perogrullo, pero hay que decirlas ante los excesos de optimismos y pesimismos.

¿Cuándo en la historia había estado América Latina totalmente ausente de dictaduras?  ¿Cuándo en la historia había tenido la izquierda la oportunidad de gobernar en tantos países y por tantos períodos en el subcontinente?  Cierto es que la experiencia arroja resultados agridulces y parece sufrir cierto agotamiento, pero hay un Uruguay que saca la cara, un México próximo a iniciar su proceso, una izquierda colombiana que acaba de alcanzar su máximo histórico inmensamente superior a guarismos anteriores. Y la izquierda aún gobierna con vicisitudes y contradicciones en 5 países más. 

En Colombia los movimientos cívicos de los años 70 y 80 y la institucionalidad lograron que el país en rápido proceso de urbanización solucionara las necesidades básicas en materia de infraestructura de servicios públicos.  Y en 1990 una nueva constitución garantista aniquiló la centenaria y obsoleta de 1886, rompió el esquema bipartidista y generó una apertura democrática, aunque sea una carta bicéfala que hibrida el estado social de derecho con fórmulas neoliberales de política económica. Ya no vivimos en estado de sitio permanente y, por ejemplo, las comunidades indígenas cuentan hoy con un reconocimiento institucional como nunca antes se dio.

Mientras tanto, la democracia europea superó la crisis financiera de 1929 y las dos peores conflagraciones bélicas de la historia humana, el desafío totalitario del nazismo y el fascismo y aun así, o quizás por eso, ha vivido ahora el mayor período de paz de su historia durante ¾ de siglo, con la excepción de la guerra de los Balcanes.  En ese lapso, en un marco geopolítico bipolar que enfrentaba dos sistemas, la democracia europea fue capaz de inventar una síntesis dialéctica de contrarios a través de la socialdemocracia, para construir así las que se pueden considerar las mejores sociedades que han existido en la era moderna de los estados nacionales.  Me refiero al estado de bienestar, que integró logros liberales con frutos de las luchas socialistas en una economía de mercado regulada por un estado fuerte y con sentido social.  La socialdemocracia de los 70 y 80 fue el fiel de la balanza entre socialismo y capitalismo, pero el derrumbe del bloque soviético desequilibró la balanza y llevó al consenso de Washington y el auge neoliberal, logrando que muchos partidos socialdemócratas se desdibujaran.

De todos modos en las últimas décadas Europa se ha convertido en el laboratorio de un extraordinario experimento de gobernanza supranacional vinculante: la Unión Europea, que tuvo un asombroso y veloz desarrollo en los años 90 y primera década del siglo, aunque parece haber llegado a su tope, e incluso muestra signos de retroceso, como el brexit.  Aun así es un logro gigantesco que marca la pauta para lo que se constituye como la gran tarea política de la humanidad en el tercer milenio: la gobernanza mundial. Absolutamente necesaria dado que los problemas fundamentales son globales y los capitales son transnacionales.

Como si fuera poco, el mayor peligro para la humanidad, la guerra nuclear, ha permanecido bajo control mientras baja el número de ojivas nucleares que pende sobre nuestras cabezas, hasta el punto que nos olvidamos del asunto en la agenda pública y debatimos sobre democracia tranquilamente despreocupados como si no estuviéramos encaramados en un polvorín.  Un grave problema ambiental, el agujero en la capa de ozono, fue solucionado, demostrando la capacidad de la sociedad humana para corregir sus errores.  Un reto más difícil es el calentamiento global, tema medular de la política actual.

Esta tesis optimista no es muy original en todo caso.  La sustenta, por ejemplo, Acemoglu y Robinson en ¿Por qué fracasan los países? (2012), en los libros, videos y página web de Hans Rosling.  O, para no ir más lejos, el libro recién publicado, En defensa de la ilustración de Steven Pinker, que con cifras y gráficos sustenta esta idea con la misma diligencia con que hace unos años sostuvo que vivimos en la época más pacífica de la historia humana en términos proporcionales.  A este reto intelectual no se responde con subjetividades sino con argumentos objetivos.

Hasta ahora he hablado de logros, evidenciando los hechos de la historia, pero no he dicho nada sobre méritos o sobre problemas y nuevos desafíos.  Todos lo sabemos, los logros de Europa y, en general, de los países desarrollados se cimientan en una deuda histórica con los países del tercer mundo y una deuda ambiental con la humanidad entera y la bioesfera.  Sin las riquezas del sur el norte no sería lo que es. Y la tercera deuda, la social, que se da al interior de cada nación, se ha saldado en unos pocos países pero permanece estructural en buena parte del mundo. 

El avance hacia la igualdad tuvo un punto de inflexión en el año de 1980 y desde entonces no ha hecho más que aumentar la desigualdad, pero no en todos los países por igual.  Es clave hacer análisis comparativo y entender el por qué.  El trabajo de Thomas Piketty aporta en ese sentido y varias investigaciones, como por ejemplo la de Evelyn Huber, Jingjing Huo y John Stephens, muestran que esto está asociado a gobiernos y legislaturas con predominio de la derecha, que a su vez se ven favorecidas por ciertos diseños institucionales, como el de EEUU, que ha permitido que los republicanos se queden con la presidencia en dos ocasiones estando en minoría. 

Que en muchos países notorios el péndulo se haya movido hacia la derecha no implica crisis de la democracia, eso es parte del juego.  ¿O que querían? ¿Qué ganara siempre la izquierda?  El nuevo populismo de derecha es meramente reactivo y no constituye un desafío antisistémico para la democracia.

El islam, las migraciones, el “terrorismo”, los agites identitarios no son el gran reto.  Es en Asia donde está el desafío.  El gran fenómeno político y económico de este siglo es el ascenso del eje del Pacífico, y en particular el despegue fulgurante de China que ya está a pocos años de convertirse en la primera economía del planeta.  Lo que está a punto de suceder es que por primera vez en la era moderna, un país con un régimen político distinto a la democracia liberal se constituye en la potencia económica dominante.   

En todo este panorama las fuerzas progresistas parecen con la brújula enloquecida. Esto es porque están huérfanos de teoría e infiltrados por tres oscurantismos: el posmodernismo, el construccionismo social y el decolonialismo, todos los cuales tienen en común el ataque a la objetividad, la cienciafobia y el enfrentamiento a la modernidad y el progreso, es decir, son neoconservadores.

Ahora bien, los grandes cambios de la humanidad no se originan en la ruidosa escena política, sino en el silencio de los laboratorios. Siguiendo el razonamiento de Jeremy Rifkin, vemos que la Tercera Revolución Industrial conlleva tecnologías propias de una sociedad de la abundancia y de costo marginal cero, cambiando las reglas del juego del capitalismo tradicional.  Más allá del estado y el mercado está el procomún colaborativo que crece a la par que el internet de las cosas, las redes distribuidas de energía solar y otras tecnologías. El mercado y la democracia liberal no son el fin de la historia. Y si seguimos a otro autor, Yuval Noah Harari, en este siglo la humanidad, y en particular la democracia como diseño institucional para la toma de decisiones, tendrá que enfrentar un reto mayor que el peligro nuclear y el cambio climático: la disrupción tecnológica.

Todo ello suena lejano para un país como Colombia y su democracia tortuosa. Pero la clave es la misma aquí y allá: la democratización del conocimiento, la educación, la cultura científica, el pensamiento crítico.  Sólo así podremos construir la paz y profundizar la democracia.

Como bien dice la Dra. Picarella, “una verdadera democracia necesariamente tiene que apoyar y apoyarse en el conocimiento” (p125).
 

miércoles, agosto 14, 2019

En defensa de la Ilustración: reseña

Somera y provisional reseña crítica del libro En defensa de la Ilustración (Enlightment now) de Steven Pinker realizada por Jorge Senior 

Así como Fukuyama tuvo un gran impacto a comienzos de los 90 con su artículo “Fin de la historia”, luego convertido en libro, es posible que de manera similar el nuevo texto de Pinker tenga también un gran impacto. En el caso de Fukuyama los intelectuales lo despreciaron, pero muchos se dedicaron a la exégesis de Hegel (asunto secundario) en vez de rebatir la tesis del fin de la historia. Años después Fukuyama reconoció que la historia no había terminado debido al progreso tecnológico que lleva a la humanidad hacia nuevos escenarios. Cualquiera con un enfoque Big History entendería la coyuntura del derribamiento del muro de Berlín y la desconfiguración de la URSS en un marco no tan estrecho. Y en efecto el debate sobre el progreso sigue abierto, más vivo que nunca.

Comparto la tesis central de este libro que es, quizás, la mejor obra del psicólogo canadiense. Esa tesis se resume en el título en español y en el subtítulo que reza “Por la razón, la ciencia, el humanismo y el progreso”. Esos cinco conceptos constituyen el núcleo de lo que podríamos considerar la cosmovisión del siglo XXI (no tan vanguardista como el transhumanismo).

También comparto la metodología consistente en basar el argumento en la evidencia empírica. El libro trae más de 60 gráficos que soportan la argumentación. Sin embargo, vale recalcar que los datos no son los hechos, aunque sean las proposiciones más próximas a ellos. Los datos son cuasifácticos. Por tanto, los datos pueden (y deben) ser criticados. Esa tarea vale la pena pero me resulta imposible abordarla por ahora (es más factible que otros con el tiempo y los recursos necesarios lo hagan).

Teniendo en cuenta lo dicho no criticaré ni la tesis ni los datos. Me centraré entonces en la argumentación que enlaza datos y tesis. Primero haré una descripción y luego abordaré sucintamente la crítica a algunos aspectos del alegato. O para ser más exactos: primero un énfasis descriptivo con algunos comentarios y luego un énfasis crítico.

El libro tiene tres partes. 

En la primera parte, utilizando implícitamente un enfoque Big History, Pinker actualiza la cosmovisión ilustrada, puesto que la “defensa de la Ilustración” no se refiere estrictamente a las ideas del siglo XVIII sino a sus ideales, su proyecto inacabado, para usar la expresión de Habermas (que no usa Pinker), es decir, hablamos de la Ilustración a la altura del siglo XXI. El capítulo “Entro, evo, info” es magistral. En esta parte también acota quiénes son los enemigos de la Ilustración, que son bastantes y variados, por la derecha y por la izquierda, desde los románticos hasta los adalides de la progresofobia actual. Pinker saca el balde y comienza a repartir baldazos a diestra y siniestra. Perdón por la caricatura, el autor siempre utiliza argumentos racionales, con uno que otro adjetivo que desliza por ahí, sólo que llama la atención que Pinker no se ahorró ningún blanco, debate en todos los frentes. Intelectuales, religiosos, políticos y periodistas están en la mira. 

La segunda parte ocupa la mayor parte del libro y de la argumentación. Es la defensa del progreso con base empírica, abarcando aspectos como la vida, la salud, el bienestar, la riqueza, la desigualdad, el medio ambiente, la paz, la seguridad, la democracia, los derechos, el conocimiento, la calidad de vida, la felicidad, el significado de la vida humana, las amenazas existenciales y la prospectiva. En la base de esta argumentación están los datos y sus gráficas, cubriendo diversas extensiones de tiempo y espacio (esto depende obviamente de la disponibilidad).

La tercera parte es un debate un poco más teórico sobre razón, ciencia y humanismo. Pinker defiende la democracia liberal, pero en cierta parte hay una crítica realista que matiza esa defensa. Tal aporte clave del autor es presentado al abordar el tema del pensamiento crítico y los sesgos cognitivos (importante para la educación). A lo largo del libro, pero sobre todo en esta parte, el psicólogo explica 10 tipos de sesgos cognitivos que afectan al animal humano al examinar la realidad (al final de la reseña los enuncio). Más adelante defiende a la ciencia frente al viejo Kuhn, los posmos y los “estudios sociales” de corte relativista que la toman como objeto. Y finalmente defiende el humanismo con su núcleo de ética (en parte consecuencialista, en parte deontológica) y Derechos Humanos, frente a la moral de las religiones teístas y frente a la moral nietzscheana de los nacionalismos populistas, autoritarios y neofascistas. En una entrevista Pinker se refiere a la crítica que hace Yuval Harari al humanismo y dice que el historiador israelí malentiende el humanismo (en últimas lo acusa de la falacia muñeco de paja). Vale la pena enunciar aquí los puntos del manifiesto humanista III (2003) citado por Pinker:
-El conocimiento del mundo deriva de la observación, la experimentación y el análisis racional
-Los humanos somos una parte integral de la naturaleza, el resultado de un cambio evolutivo no guiado 
-Los valores éticos derivan de la necesidad y el interés humanos contrastados con la experiencia
-La realización vital surge de la participación individual al servicio de los ideales humanos
-Los humanos somos seres sociales por naturaleza y hallamos sentido en las relaciones
-El trabajo para beneficiar a la sociedad maximiza la felicidad individual.

Para cerrar la parte descriptiva de la reseña anticipémosle al posible lector el listado de los blancos atacados por Pinker en el texto:

  • Critica frontalmente a la derecha, los republicanos (EEUU), los trumpistas, los conservadores, los fascistas, los fundamentalistas religiosos, los populistas autoritarios, los nacionalistas (el tema de Trump es el centro de la parte coyuntural del análisis)
  • Hay una crítica más leve al liberalismo libertariano, manchesteriano, esto es, el neoliberalismo que quiere minimizar el estado, el gasto social y los impuestos a los ricos.
  • Critica en forma matizada a la religión y al periodismo
  • Critica sin matices a la izquierda marxista-comunista (pero el combo del socialismo y la socialdemocracia es eludido, como veremos más adelante)
  • Critica con matices a ciertas formas de progresismo, ambientalismo, feminismo, y sectores de la academia en las humanidades, todos ellos ubicados a la izquierda 
  • Critica frontalmente a la intelectualidad anti-ilustración representada en la “segunda cultura” (se refiere al famoso “síndrome de las dos culturas” de C.P. Snow, cuya segunda cultura incluye artistas, críticos literarios, estudios culturales, sectores de las ciencias sociales y humanidades, etc), o en filosofía a los posmodernistas, deconstruccionistas, postestructuralistas, la escuela de Frankfurt (teoría crítica); también de refilón a los poscoloniales y bioéticos (a los decoloniales ni los menciona puesto que son desconocidos por fuera del barrio latino). El construccionismo social no es abordado en este libro, pero fue el tema central de La Tabula Rasa. (Nota: recalco mi tema de combate diario: para la izquierda democrática y progresista latinoamericana el principal peligro, aparte de la derecha y la izquierda ortodoxa se encuentra en tres corrientes intelectuales nefastas infiltradas: el posmodernismo que ya tiende a desaparecer, el decolonialismo (a quienes no les gusta que los llamen así sino dizque “pensamiento decolonial” que es la misma cosa) y el construccionismo social que es una forma de idealismo en ciencias sociales que lleva a exageraciones y absurdos al desconocer la biología).  Ver en este Blog las entradas sobre Los desafíos de la Izquierda.
Vamos ahora a examinar someramente algunos puntos críticos del libro. Mi propósito aquí es apenas llamar la atención sobre ellos, no desarrollar una contraargumentación, lo que exigiría mucho más tiempo. Mencionaré cuatro puntos, el último de los cuales ni siquiera es una crítica.

Primer punto: el libro es provinciano. Si bien el autor pretende hacer un análisis mundial, todo el tiempo regresa al ámbito nacional estadounidense. Eso es comprensible por razones editoriales de ventas y por razones de coyuntura política (el fenómeno Trump). Pero le baja la talla al libro a pesar de que EEUU es un país de extraordinaria importancia en el acontecer mundial y que los sucesos en esa nación a veces repercuten en todos los rincones del globo. El asunto no termina ahí. Ese provincialismo afecta gravemente el contenido histórico – filosófico del libro. Recordemos que es un libro sobre la Ilustración, un pensamiento que nació en Europa. Y no desconocemos la importancia de la revolución norteamericana de 1776. Pero el sesgo provinciano de Pinker lo lleva a desconocer casi por completo la corriente intelectual y política socialista democrática (socialdemócrata). En EEUU la izquierda es liberal. En Europa la izquierda es socialista (aunque la socialdemocracia se haya desdibujado de los 90 hacia acá). Y eso marca una gran diferencia a la hora de contar la historia de la sociedad y de las ideas. Los méritos que Pinker le atribuye al liberalismo, en buena parte corresponden al socialismo democrático (socialdemocracia europea). La síntesis de socialismo y democracia liberal que hizo esta corriente europea es lo que Pinker más valora: el estado de bienestar. El autor incluso reconoce que EEUU, a pesar de su poderío económico y tecnológico, es de los países más atrasados (entre los desarrollados) en la escala compleja del progreso que el propio Pinker elabora. Pero al reconstruir narrativamente la historia Pinker sufre un “olvido”: que el socialismo es tan moderno e ilustrado como el liberalismo. Este sesgo se puede demostrar a la Pinker, usando el análisis cuantitativo. El autor menciona 143 veces palabras que comienzan con “liberal-“ y sólo una palabra que comienza con “socialdem-“ y apenas aparecen 8 veces palabras que comienzan con “socialis-“. Al incluir otras palabras que inician con “marx-“, “comunis-“, que aparecen 17 y 29 veces o “populismo” que sale en 28 ocasiones, se hace notoria la omisión del socialismo democrático que es precisamente la principal corriente de pensamiento que plasmó en la realidad el estado de bienestar. Si el análisis cuantitativo de términos lo afinamos para discriminar el texto de la bibliografía nos encontramos que la bibliografía de Pinker también es sesgada, no sólo con respecto al socialismo sino al propio Marx y el marxismo (aunque esté pasado de moda).

El segundo punto es sólo un ejemplo de la manera como Pinker combina su análisis cuantitativo con un análisis cualitativo deficiente. Me refiero a su análisis de la igualdad y de la violencia. Al parecer para Pinker la violencia es mala per se, pero la igualdad no es buena per se. Pinker sabe, pero omite, que la violenta revolución francesa y la ilustración son uña y mugre, o que la ciencia y la tecnología recibieron un gran impulso durante las dos guerras mundiales y la guerra fría, así como contribuyeron a cambiar el valor social de mujeres y negros en EEUU. Los fenómenos humanos son complejos, llenos de matices, paradojas, efectos intrincados. Pinker sabe matizar y complejizar el análisis cuando quiere, pero parece que no siempre desea hacerlo. En unos casos sabe reconocer aspectos positivos en algo que está criticando, pero en otros casos su enfoque es plano, maniqueo, sobresimplificado. En esos ires y venires tengo la sospecha de que hay contradicciones, una sospecha que tengo que mirar con lupa en una segunda lectura. Por ejemplo, desechar una crítica por moralista pero defender una ética humanista. Tendría que demostrar que esa crítica moral no es humanista. En mi concepto la igualdad es un valor humanista ilustrado (con antecedentes desde luego) y subestimarlo no es precisamente una actitud coherente para un humanista ilustrado.

El tercer punto tiene que ver con el tinglado Pinker vs Harari. Ambos autores coinciden más o menos al aproximarse a temas como la guerra nuclear o el cambio climático, pero difieren notablemente en el tema de la disrupción tecnológica y, por supuesto, en la valoración del humanismo y el liberalismo que son fuertemente criticados por Harari en Sapiens y Homo Deus. Ya ambos autores se han lanzado dardos en los libros y en entrevistas. Esa pelea estelar está casada. Pero aparte del combate directo está la confrontación dentro de nuestras cabezas (o cuerpos para ser más exactos) o en tertulias y seminarios que nosotros hagamos por nuestra cuenta. Como lectores tenemos la oportunidad de hacerlo. Y no sólo con Harari, también con Piketty, Rifkin y otros, cuyos análisis de la riqueza y la desigualdad, o sobre los procomunes y la tendencia al costo marginal cero tienen mucho que ver con el contenido del libro de Pinker que estamos reseñando. El punto al que voy es que Pinker establece un vínculo inextricable, mejor dicho una ecuación, entre la Ilustración y el Capitalismo que los otros autores mencionados no comparten (ni yo). Dejemos esto allí sobre la mesa y retirémonos lentamente hacia el siguiente punto que no es una crítica.

El cuarto punto es que Pinker nos deja “iniciados” en varios temas muy interesantes. Ya mencioné el del pensamiento crítico. Otro es el de la diferenciación entre felicidad y significado. Y uno más es el de los límites de la prospectiva, un tema en el cual insinúa levemente que hay aspectos donde el horizonte de predicción no pasa de 5 años y otros donde existe una especie de inercia o momentum que marca cierta predictibilidad (o predecibilidad). Parte de la riqueza del libro es que trae temas colaterales que vale la pena tener muy en cuenta para ulterior exploración.

Finalmente, como lo prometido es deuda, termino esta somera e incompleta reseña con los 10 sesgos cognitivos trabajados en mayor o menor grado por el autor y que provienen de las investigaciones de Kahneman y Tversky, entre otros:
  • Heurística de la disponibilidad (lo que es fácilmente accesible a la mente se ve como probable)
  • Razonamiento motivado
  • Sesgo confirmatorio
  • Negatividad (lo negativo pesa más que lo positivo en la memoria)
  • Yo estoy bien, ellos no (refiriéndose a la situación del país)
  • Evaluación sesgada (es como la atención selectiva en la evaluación)
  • De la ilusión de la profundidad explicativa (sobrevaloramos nuestro conocimiento)
  • Razonamiento anecdótico
  • Confundir correlación con causación
  • Sesgo del sesgo

El Búho