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viernes, agosto 04, 2023

El padre del Big Bang fue Gamow, no Lemaitre


 


Grupos interesados andan promoviendo en redes y medios al sacerdote y cosmólogo Georges Henri Lemaitre como “padre del Big Bang”, por medio de memes sin fundamento que muchos tragan entero.

En primer lugar, es falso que Lemaitre fuese el autor del primer modelo de Big Bang, muy a pesar de que la susodicha atribución haya hecho carrera por las afirmaciones ligeras de divulgadores famosos y de académicos admiradores del personaje. Denominarlo “padre del Big Bang” es una tergiversación de la historia de la cosmología, como veremos más adelante. Y en segundo lugar, tal mentira es propagada con la intención de exaltar la religión, como si los méritos de Lemaitre como científico se trasladaran a sus creencias u opiniones no científicas. Ahí se oculta el llamado “argumento de autoridad” que es una falacia tanto si la autoridad es auténtica como si es un caso de falsa autoridad. En ningún caso la autoridad reemplaza el sustento con base en evidencias, hechos, pruebas experimentales u observacionales.

Las opiniones de un científico, por bueno que sea en su especialidad, sobre asuntos que no son de su especialidad, no tienen más valor que las de cualquier otra persona educada. Y aún si fuese en su especialidad, mientras sean opiniones y no conocimiento, tampoco merecen la suficiente credibilidad como para definir un debate. Los debates se ganan o se resuelven con argumentos con rigor lógico y basados en la evidencia.      

Que un científico sea sacerdote o un sacerdote sea científico no prueba que la religión y la ciencia sean compatibles o complementarias. Lo único que revela tal doble condición es la incoherencia de esa persona. No hay que olvidar que la incoherencia –desafortunadamente- es una característica muy común en los humanos y los científicos no necesariomente están exentos de ella. Tampoco hay que olvidar que la ciencia se volvió un asunto de especialistas y el sistema educativo refleja esa tendencia que Ortega y Gasset llamó “la barbarie de la especialización”. Esto lleva a que muchos científicos carezcan de una formación filosófica y de una cosmovisión científica integral más allá de su estrecho nicho académico.

Sobre la presencia de sacerdotes o simplemente de creyentes religiosos o místicos en la actividad científica lo único relevante es la evolución estadística de esa presencia a través del tiempo. Y esa estadística lo que muestra es que la presencia de creyentes en las comunidades científicas de primer nivel disminuye, mientras la presencia de agnósticos o ateos aumenta inexorablemente.

La ciencia y la religión son incompatibles porque la ciencia se basa en una ontología materialista y naturalista, rechazando todo lo sobrenatural y toda explicación antropomórfica de fenómenos naturales, mientras que la religión hace lo contrario al prohijar pseudoexplicaciones basadas en seres mágicos como dioses, espíritus, duendes, etc. También son incompatibles en lo epistemológico y metodológico: la ciencia es objetivista y racioempirista, mientras la religión es subjetivista e irracionalista. La ciencia es ajena a la fé y la religión es ajena a la evidencia. También son incompatibles en el caso de la ciencia de la historia cuando su objeto de estudio es el fenómeno religioso. Por ejemplo, no se puede hacer historia científica de la religión bajo el prejuicio de que la creencia religiosa es verdadera (sin mencionar que no hay una creencia religiosa universal sino miles de creencias diferentes). La historia científica de las religiones lo que muestra es que son inventos de carácter idiosincrásico en el contexto de las culturas populares. Por su parte, la neuropsicología rechaza conceptos como el alma inmortal o alma incorpórea, los cuales carecen de evidencia y chocan contra el conocimiento científico.

En resumen, mencionar ejemplos de científicos creyentes o extrapolar sus opiniones metafísicas no constituyen argumentos válidos a favor de la veracidad de una u otra religión. Sólo evidencian la incoherencia de tales sujetos. Lo que sí resultaría interesante es que pudiesen probar que el porcentaje de creyentes religiosos en las comunidades científicas tiende a aumentar a medida que la ciencia avanza. Pero la tendencia es exactamente al revés.

Vamos ahora a la historia de la cosmología.

El primer modelo del Big Bang fue elaborado por George Gamow en 1948. Para esa época la idea de la expansión del universo ya era ampliamente aceptada gracias a los trabajos de Edwin Hubble y Milton Humason en Monte Wilson. La hipótesis de Gamow pretendía explicar la expansión, pero además pretendía explicar la nucleosíntesis de los elementos químicos (y en efecto lo logró para los casos de hidrógeno, helio y trazas de Berilio y Litio). Este trabajo lo asumió su discípulo Ralph Alpher como doctorando y dio lugar, entre otros, al famoso artículo Alpher, Bethe, Gamow, un juego de palabras con el alfa, beta, gamma del alfabeto griego, pues Bethe no aportó allí; también hay que mencionar a Robert Herman, quien con Alpher calculó la temperatura de la radiación cósmica de fondo teorizada por ellos). Y ese es otro aspecto clave: predijeron un fondo cósmico de microondas. La hipótesis enfrentaba a una hipótesis rival: la del Steady State o estado estacionario, también llamado de creación continua, la cual era sustentada por Fred Hoyle. Y precisamente fue Hoyle, en un programa radial en 1949, quien le puso el apodo de “Big Bang” a la hipótesis de Gamow.

El descubrimiento de la radiación cósmica de fondo en 1964 por Penzias y Wilson le dio la victoria a la hipótesis de Gamow sobre la de Hoyle (aunque Hoyle triunfó con su trabajo sobre nucleosíntesis estelar). Desde entonces el Big Bang se convirtió en el modelo estándar de la cosmología main stream. Vale aclarar que el Big Bang no es una teoría. Es el nombre, apodo o etiqueta que le damos a una familia de modelos cosmológicos sobre el universo temprano (inicio de expansión) que tienen unas características comunes (el modelo de Gamow y sus discípulos fue el primero de una serie de variados modelos). Se soporta en teorías científicas de tres campos de la física: la Relatividad General, la física cuántica y la termodinámica. Y se sustenta en evidencias como: la radiación cósmica de fondo, la expansión (redshift o corrimiento al rojo de espectros galácticos en proporción a distancia, es decir, ley de Hubble) y la composición química del universo con más de 99% de hidrógeno y helio.

Lemaitre, por su parte, fue un gran científico a pesar de ser sacerdote, pero no por ello hay que sobrevalorarlo. Su hipótesis del “átomo primigenio o primordial”, resultó falsa, y no se puede confundir con el Big Bang como pretenden los propagandistas religiosos. Lemaitre tampoco fue el primero en ofrecer un modelo de universo en expansión. Ya De Sitter en 1916-17 había hecho lo propio con un modelo sin materia (la discusión entre De Sitter y Einstein fue clave para alejar a Einstein del principio de Mach). El soviético Aleksandr Friedman fue el primero en hacer modelos de universo en expansión con materia en 1922-24. Lemaitre hizo lo propio en 1927. Y posteriormente Robertson y Wilson hicieron lo suyo (de sus iniciales viene la sigla “métrica FLRW”, nótese que la L de Lemaitre va de segundo).

Tampoco hay que subvalorar a Lemaitre. A favor del científico belga podemos decir que en su trabajo de 1927 prefiguró la ley de Hubble en un escrito que tuvo una incompleta traducción al inglés, hecha por él mismo. Muchos consideramos que la Ley de Hubble debería denominarse Ley de Hubble-Lemaitre, tal y como lo aceptó la IAU hace pocos años.

En una próxima entrada analizaremos el artículo corto de 1931 en Nature en el cual Lemaitre lanza su idea especulativa del "átomo primordial" con el objeto de mostrar que tal artículo no tiene nivel científico,  ni hace parte de la familia de modelos de Big Bang y que además estaba desencaminado, de ahí que el concepto de "átomo primordial" no se instaló en el vocabulario científico ni constituye un concepto válido actualmente. 

Nota Bene. Aprovechemos para aclarar que es falso que Einstein dijera alguna vez que la constante cosmológica Lambda que introdujo en 1916-17 fuese “el mayor error de su vida”. Ese cuento lo inventó Gamow como prueba Mario Livio. La constante cosmológica para modelar un universo estático no fue un error, sino una necesidad para corresponder a los datos de la época (sólo el trabajo de Vesto Slipher insinuaba algo diferente, pero era insuficiente). Cuando los datos dijeron otra cosa en los años 20, Einstein aceptó la idea de un universo en expansión y quitó la constante cosmológica Lambda. Sin embargo, Lambda reapareció en la cosmología desde los trabajos de 1997-98 que introdujeron el concepto de “energía oscura”.   

Conclusión: George Gamow es el “padre del Big Bang”, si es que queremos otorgar ese título. De todos modos los científicos siempre están parados en los hombros de gigantes, como bien dijera Newton. La ciencia es un proceso colectivo.

domingo, julio 23, 2023

La ausencia de evidencia no es evidencia de ausencia

 



Entre las muchas frases de Carl Sagan que se repiten por doquier en las redes sociales hay una que puede ser peligrosa por su ambigüedad. Me refiero a aquella que dice: “la ausencia de evidencia no es evidencia de ausencia” y que a veces es aprovechada por los creyentes en cualquier fantasía carente de evidencia para justificar su creencia. Resulta irónico que un promotor del pensamiento escéptico como Sagan termine, en la era de los memes, siendo idiota útil de los enemigos del pensamiento escéptico o crítico gracias a una frase sacada de contexto. Por ello es pertinente analizarla.

La frase no es original de Carl Sagan, pues es un lema tradicionalmente usado en ciencia. Por ejemplo, en microbiología se usa mucho para indicar que si una prueba de laboratorio sobre una muestra no arroja la presencia de determinados microorganismos, no significa que no estén allí presentes, pues las pruebas de laboratorio siempre tienen un umbral de detección. El lema alerta al microbiólogo para que no se confíe y recuerde las limitaciones de la prueba utilizada. Asimismo, sucede en medicina, por ejemplo con las células cancerosas. El examen puede dar negativo, pero aún así nunca se puede estar totalmente seguro de la no presencia de células cancerosas en el organismo, pues pueden estar en una cantidad no detectable.

Como se puede ver en los ejemplos expuestos, la frase aplica para todo tipo de pruebas que tengan umbrales de detección, niveles de resolución u otro tipo de límites. Estamos hablando de pruebas científico-técnicas sobre el mundo natural. La entidad que se trata de detectar es siempre una entidad conocida, una entidad que realmente existe en el mundo natural.

En el caso de Carl Sagan, él se refería a la vida extraterrestre. La vida es un fenómeno natural y sabemos perfectamente que existe, pero sólo conocemos un caso: la biosfera terrestre. Dado que la vida terrestre se basa en los elementos químicos más abundantes y comunes en el cosmos, esperamos que prolifere en muchas partes del universo. La ausencia de evidencia sobre la existencia de vida en otros planetas no es prueba de que no exista por las siguientes razones: (1) esa búsqueda empezó hace apenas unas pocas décadas cuando se dieron las condiciones tecnocientíficas; (2) el universo es muy grande y apenas hemos buscado en una región ínfima de él (ni siquiera hemos completado la búsqueda en nuestro sistema solar que es uno entre trillones); en menos de 30 años hemos descubiertos miles de exoplanetas indicando que efectivamente, como se sospechaba por razones astrofísicas, los sistemas planetarios son muy comunes y el nuestro en principio no tiene nada de extraordinario, pero las enormes distancias hacen extremadamente difícil saber si existe vida en ellos, aunque se pueden buscar indicios químicos a distancia. En conclusión, Sagan tenía razones para aplicar la frase en el campo de la astrobiología.

En contraste con todo lo dicho, la utilización de la frase de marras para referirse a entidades sobrenaturales o fantasmagóricas es espuria, completamente inadecuada. Aquí ya no se trataría de detectar entidades naturales de características conocidas, sino de entidades amorfas imaginadas según alguna cultura tradicional y cuya existencia es rechazada por la cosmovisión científica debido a que no son consistentes con los conocimientos que tenemos de la realidad en las distintas ciencias. Me refiero a dioses, fantasmas, duendes, espíritus, ángeles o demonios, etc. Entidades que ni siquiera sirven como hipótesis pues carecen de valor heurístico, no solucionan problemas ni sirven de base para líneas de investigación fértiles.


Entonces aquí aplica otra frase famosa de Carl Sagan: Extraordinary claims requires extraordinary evidences. Que podríamos traducir como: “afirmaciones extraordinarias exigen evidencias extraordinarias”. Por ende, indicios nebulosos, fotografías borrosas, testimonios dudosos, no sirven para sustentar una tesis que choca de frente contra el conocimiento científico sólido. Un ejemplo de “afirmación extraordinaria” es afirmar la existencia de algo de lo cual no se conoce ni un solo caso. Y menos si no se deriva del conocimiento previo. Sólo cuando sabemos que algo, una entidad X cualquiera, existe, es que podemos aplicarle la frase para referirnos a su no presencia en un ámbito dado. La palabra “ausencia” al final de la frase se refiere a “no presencia”, no a “no existencia”.

+En conclusión, la frase “la ausencia de evidencia no es evidencia de ausencia” no aplica para entidades cuya existencia se desconoce y menos aún si no se derivan del conocimiento científico. La frase sólo aplica en ciencia para referirse a la presencia  o no presencia en un determinado ámbito de una entidad conocida y bien caracterizada.

Para finalizar recordemos la navaja de Hitchens



sábado, abril 15, 2023

Refutando creyentes

 En esta entrada del blog La Mirada del Búho recopilo algunos de los argumentos más socorridos por los creyentes en dioses para tratar de justificar racionalmente su creencia o sus intentos para rebatir el ateísmo. Y luego paso a refutarlos de manera relativamente breve.

Hablo de dioses en plural, aunque se trate de monoteísmo. Esto se debe a que aún en religiones monoteístas, como el cristianismo por ejemplo, diferentes creyentes tienen diferentes ideas de ese “dios único”, lo que en la práctica significa una multiplicidad de dioses bajo una sola etiqueta. Y eso sin mencionar que suelen acompañar al dios de una serie de seres sobrenaturales que, sin tener la categoría de divinidad, son igualmente fantásticos. El truco de hablar de “Dios”, con mayúscula y como un nombre, es para crear la sensación psicológica de que el nombre tiene un referente objetivo y que todo el mundo habla del mismo ente, lo cual no es lo que sucede.

 

Argumento 1. “No se ha demostrado la inexistencia de Dios”.

Refutación. Esta frase debe traducirse como “No se ha demostrado la inexistencia de un dios o dioses”. Podría aplicarse al dios cristiano, musulmán, hebreo, o a algún dios sacado de las colecciones de dioses de los nórdicos, los griegos antiguos, los hindúes o los de cualquier tribu. Este argumento falla, en primer lugar, porque ignora que la carga de la prueba le corresponde a quien afirme la existencia de X (sea X lo que sea), debido -entre otras cosas- a que no es posible demostrar la inexistencia de algo, ya que siempre es posible imaginar hipótesis ad hoc, como por ejemplo que ese “algo” existe en otro lugar o tiempo o fuera de nuestro espacio y tiempo (en otro planeta por ejemplo, o in extremis en otra región del universo con otras leyes o en otro universo del “multiverso”). ¿Alguien ha demostrado que Zeus no existe? ¿o que Odín no existe? Esas creencias fueron abandonadas por diversas razones, pero no por demostraciones de inexistencia.

Veamos como funciona este criterio en la ciencia. Por ejemplo, si un científico postula la existencia de átomos, de un éter lumínico, del flogisto, del calórico, del elan vital, de los fotones, de los neutrinos, de la antimateria, de la energía oscura, de la materia oscura, etc, la idea sería sólo una hipótesis hasta que haya evidencias de su existencia. Lo mismo aplica para las propiedades (o “poderes”) como las propiedades físicas, químicas, biológicas, psicológicas y por esa misma vía “poderes” como la telepatía, telekinesis, videncia del futuro, reencarnaciones, inmortalidad, “mal de ojo”, embrujos, etc. Ahora bien, para que una idea sea una hipótesis científica interesante debe servir para explicar y predecir fenómenos, debe ser fecunda para la investigación, debe ser contrastable empíricamente y debe estar acorde con el conocimiento científico en general o por lo menos chocar lo menos posible con el conocimiento acumulado. En el caso de los átomos, los fotones, los neutrinos, la antimateria, esas hipótesis se convirtieron en conocimiento firme al obtenerse evidencias experimentales y encajar en el viejo o nuevo marco teórico. En el caso de la energía oscura y la materia oscura, hay evidencias incompletas por lo que aún se presentan dudas y todavía no encajan bien en el marco teórico de la física. En el caso del éter, el calórico, el flogisto, el elan vital, esas hipótesis fueron abandonadas, pero no por demostraciones de inexistencia sino porque nuevos desarrollos teóricos y experimentales hicieron inútiles o innecesarias esas hipótesis y, en consecuencia, el principio de parsimonia (ver más adelante) las barre. En los casos de las propiedades físicas, químicas, biológicas, psicológicas, la lista se ha ido ampliando a medida que se prueba su existencia. Pensemos en propiedades tan sorprendentes como la superconductividad o el entrelazamiento cuántico, por ejemplo, o las ondas de espacio-tiempo (gravitacionales). En cambio, los “poderes mentales”, mencionados arriba, tales como la telepatía, telekinesis y los demás de ese estilo, se investigaron pero nunca se pudo probar su existencia, por lo cual son rechazados por la ciencia. Nótese que no se trata de probar su inexistencia, lo cual es imposible. Es al revés, su rechazo es porque no se pudo probar su existencia y el que quiera seguir investigando es asunto suyo, igual que si alguien quiere seguir intentando construir una máquina de movimiento perpetuo. Lo importante es que no sea a costa de los recursos de la sociedad, dilapidando dineros públicos.

Al argumento nítido de la carga de la prueba ilustrado arriba es pertinente complementarlo con otro criterio de la ciencia y la filosofía: el principio de economía, principio de parsimonia o navaja de Ockham, que nos indican que hay que evitar la inflación ontológica, es decir, la postulación de entidades innecesarias que no tienen valor agregado para el conocimiento. Las hipótesis inútiles se desechan.

Nota adicional: vale aquí recordar las críticas que recibió el criterio popperiano de la falsabilidad (refutabilidad). La tesis Duhem-Quine, la carga teórica de la observación y otras ideas de la filosofía de la ciencia como los paradigmas de Kuhn o los programas de investigación de Lakatos, destrozaron la falsabilidad estricta, obligándola a flexibilizarse hasta perder el sentido para el cual fue propuesta por Popper. La contrastabilidad empírica sigue siendo muy importante, pero está lejos de ser un proceso simple y automático. Los llamados experimentum crucis, que se supone sirven para dirimir entre alternativas, también han sido relativizados. Todo esto aplica para las hipótesis que postulan la existencia de un X y muestra por qué no hay “demostraciones absolutas de inexistencia”. En todo caso, un popperiano diría que la hipótesis de un dios o dioses no es falsable, por tanto no es científica, cae afuera de la ciencia y cae dentro de lo que algunos autores llaman “lógica paranoica” (para el paranoico todo es prueba de aquello que presume, ya sea que suceda una cosa o su contrario, su creencia se adapta a todo y la persona entrampada en esa “lógica” defectuosa no puede ser convencida jamás). Así funcionan los dogmas.

 

Argumento 2. “La ciencia no ha logrado explicar X o Y fenómenos, luego es pertinente una explicación sobrenatural o milagrosa”. Por ejemplo, el “ajuste fino” del universo, el origen del universo (antes se hablaba del origen del sistema solar), el origen de la vida, la complejidad de los seres vivos, la conciencia, etc. Dentro de este tipo de argumentos entran los del denominado “diseño inteligente”.

Refutación. Este argumento es denominado “el dios de los huecos”. Se llama así porque el truco es aprovechar cualquier hueco que haya en el conocimiento humano de la época para proclamar que aquello nunca podrá ser explicado de forma científica y que por tanto la única “explicación” es la acción mágica de un agente sobrenatural. Hay una variante naturalista que utiliza como “explicación” a agentes naturales como podrían ser unos supuestos visitantes extraterrestres. Si no sabemos aún cómo un pueblo antiguo construyó un monumento extraordinario, entonces eso se “explica” por la acción de dioses o extraterrestres. Si no sabemos aún cómo se explica un fenómeno natural o una característica de la naturaleza, entonces se acude a la pseudoexplicación milagrosa o mágica que involucra la agencia intencional (sospechosamente parecida a la humana) de un ser sobrenatural, de seres extraterrestres o de seres de otra dimensión o universo.

Así eran las explicaciones primitivas sobre la lluvia, la sequía, el trueno o el rayo, los terremotos, tsunamis, la cosecha, las enfermedades y hasta las derrotas o victorias en las guerras. Todo estaba intervenido por espíritus de la selva, dioses o poderes brujos. El cerebro humano evolucionó en sociedad y así como un niño de pocos años atribuye mente a otros humanos (se suele llamar “teoría de la mente” a esa capacidad infantil que se adquiere como a los 4 años), esa misma capacidad se proyecta a todo tipo de seres: animales, vegetales, ríos, montañas, muñecos, etc. Es una proyección antropomórfica.

En contraste la ciencia explica los fenómenos naturales como procesos objetivos no intencionales, es decir, no intervenidos por agentes naturales espurios o sobrenaturales, procesos que obedecen a patrones también objetivos que se pueden estudiar y que luego sirven para predecir, lo cual abre inmensas posibilidades para los seres humanos (“el conocimiento es poder” decía Bacon). La ciencia es naturalista, objetivista, rechaza las pseudoexplicaciones sobrenaturales (mágicas) y las proyecciones antropomórficas más allá de lo específicamente humano. Es bajo ese enfoque que, en los últimos cuatro siglos, ha progresado el conocimiento científico de la naturaleza, depurándose gradualmente de lo subjetivo, lo sobrenatural y lo antropomórfico.

La historia nos enseña que el conocimiento científico ha ido reemplazando las “explicaciones” mágicas, milagrosas, sobrenaturales y antropomórficas una y otra vez a lo largo de los siglos. De ahí que podamos esperar que todo aquello que aparezca como inexplicado al día de hoy, pueda ser explicado más adelante gracias a la investigación científica y no inventando respuestas mágicas sin fundamento, esto es, arbitrarias.

Nota: sobre “ajuste fino”, origen del universo, origen de la vida, la conciencia y otros temas por resolver podríamos decir mucho más, pues en las últimas décadas se ha avanzado enormemente en esas líneas de investigación. Por ahora basta decir que no hay carencia de hipótesis científicas al respecto como se estudia en el campo de la Gran Historia o Big History. Por el contrario, lo que hay es fecunda investigación en curso. Y sobre esos temas he producido otras entradas en este blog, conferencias en Youtube, cursos de Big History.

El punto es que el creyente cree que necesariamente lo complejo produce lo simple, así como un relojero produce un reloj (metáfora del siglo XVIII que hoy se podría cambiar por un sistema informático) (nota: el razonamiento por analogía no es argumento válido, no tiene fuerza probatoria, sólo sirve para ilustrar). Según él es imposible que lo complejo surja de lo simple. Pero semejante creencia choca frontalmente con todas las ciencias. El creyente de este tipo está desconociendo el concepto de emergencia, que es un concepto metacientífico obtenido a partir de la ciencia y significa que lo complejo emerge de lo simple. Es lo que se ha encontrado en astronomía, en geología, en física, en química, en biología, en historia social. Algunos ejemplos pueden ser nucleosíntesis de elementos químicos en el Big Bang, estrellas y supernovas; síntesis de moléculas a mayores niveles de complejidad, incluyendo biomoléculas; surgimiento de eucariotas a partir de endosimbiosis de arquea y bacterias; formación de sistemas termodinámicos alejados del equilibrio (basta ver los huracanes o el agua hirviendo con sus estructuras ordenadas); evolución de los seres vivos con la complejización de una parte de la biosfera; evolución de los cerebros y sistemas nerviosos centrales; emergencia de conductas; progreso y complejización de las sociedades humanas.

Los creyentes suelen repetir discursos que hablan de la improbabilidad del surgimiento de la vida, citando por ejemplo a Hoyle y su imagen del huracán que arma espontáneamente un boeing 747, la cual es una analogía que no se sostiene, pues allí no hay selección natural. La evolución biológica no es un producto exclusivo del azar, sino el resultado de interacciones de procesos deterministas que pueden modelarse en un esquema de variación y selección. Por cierto, los modelos de variación y selección pueden utilizarse también con la materia no viva, por ejemplo en astronomía. Quien no domine esos esquemas de pensamiento no puede entender procesos como la evolución. La abiogénesis hace unos 4 millardos de años en la Tierra primigenia es abordable perfectamente con ese enfoque, aplicado a la química.

Sobre el origen de la vida terrestre ver esta entrada: Abiogénesis

En cuanto al diseño inteligente del sistema solar, como lo llegó a pensar Kepler con los sólidos platónicos, ese problema fue resuelto con un esquema darwiniano de variación y selección: existen trillones de sistemas planetarios y aunque la mayoría no ofrezca condiciones favorables para la vida, puede haber una minoría de miles o de millones de planetas que sí las ofrezcan. Es decir, que la improbabilidad no es imposibilidad, cuando hay trillones de oportunidades. De hecho, el término “improbable” es muy vago mientras no se cuantifique y actualmente nadie puede calcular, ni siquiera en forma aproximada, cuál es la probabilidad real de que surjan fenómenos biológicos. Para ello hace falta más investigación.

Sobre el ajuste fino hay una solución similar a la del sistema solar que podemos imaginar. Ver esta explicación especulativa pero naturalista en: Video

Conclusión: a medida que avanza la ciencia el dios de los huecos retrocede. El dios de los huecos siempre va en retroceso, nunca avanza.

 

Argumento 3. “El ateísmo no se deriva de la ciencia o no tiene que ver con la ciencia”.

Refutación. Este argumento es increíble porque las evidencias de lo contrario son abrumadoras. Ya en la refutación del argumento 2 mostramos cómo la ciencia es naturalista, rechaza las explicaciones mágicas sobrenaturales, antropomórficas y teleológicas. Eso es filosofía de la ciencia a un nivel muy básico. Avanzando en esa misma dirección se puede argumentar que la ciencia tiene la misma ontología y la misma epistemología que el ateísmo racioempirista (ver entrada en este blog sobre el ateísmo racioempirista). La ciencia es también racioempirista (tiene rigor lógico y rigor experimental) y rechaza el irracionalismo dentro de la ciencia, es objetivista y rechaza o minimiza el subjetivismo dentro de la ciencia, su ontología es materialista y rechaza el idealismo. La neurología o neuropsicología, por ejemplo, nos muestra que la mente es una función del cerebro y que no hay mente sin cerebro (mentes incorpóreas, fantasmas, alma o espíritu humano inmortal, son fantasías, nunca han sido detectadas), lo cual es plenamente coherente con la biología evolutiva que nos expone el origen natural de la especie humana. También es consistente con los experimentos de interfase cerebro humano – máquinas, que permiten a un ser humano interactuar con una máquina por medio del pensamiento (que es actividad cerebral plenamente material pues consume energía). Ahí se desmoronan todas esas fantasías sobre seres espirituales, dioses pensantes incluidos.

Otro eje de refutación es la ciencia de la historia. La historia de las religiones nos muestra que son creaciones idiosincrásicas subjetivas de los diferentes pueblos. Contrafáctico: si la historia mostrara que todos los pueblos produjeron la misma religión o llegaron a la misma idea de la divinidad, se tendría que reconocer, a partir de ese carácter universal, que debe haber algo objetivo que explique esa universalidad. Pero ese no es el caso. En contraste, la universalidad de las ciencias naturales proviene de su metodología experimental y replicable que minimiza lo subjetivo y maximiza la objetividad como ideal regulador.

La historia también nos muestra que el ateísmo reflexivo, colectivo, cientificista, surge en el siglo de las luces, especialmente con la Ilustración, como un efecto colateral de los avances científicos que desvirtúan la biblia (católica o no católica) y posibilitan el surgimiento de una cosmovisión mecanicista y materialista en aquella época. La ciencia lo hizo posible. No sobra recordar la oposición institucional de la iglesia católica, especialmente el tribunal de la Inquisición, al progreso de la ciencia en los albores de la modernidad. Las sociedades islámicas y protestantes, que fueron más proclives al avance del conocimiento en los siglos anteriores, han dado un vuelco negativo hacia el dogmatismo y fanatismo en los últimos tiempos, mientras que el catolicismo se ha flexibilizado.    

Otro punto clave es la correlación estadística entre avance de la ciencia y mayores niveles de ateísmo (esto se puede ver en forma diacrónica en el mismo país o en comparación sincrónica entre países con niveles distintos). Alguien podría decir que EEUU es la excepción. Pero si se analiza esa país internamente, se verá que la correlación es clara entre los estados más avanzados y los más atrasados que son precisamente los del bible belt. Ese fenómeno del fundamentalismo evangélico de las zonas más atrasadas de EEUU proviene de la peculiar historia de esa nación. Asimismo se puede estudiar la correlación inversa entre mayores niveles de educación y mayores niveles de creencia en dioses. La comunidad científica tiene un porcentaje de ateos mucho mayor que la ciudadanía en general, en practicamente todos los países. Y dentro de las propias comunidades científicas se va a encontrar mayor porcentaje de ateos en los niveles más altos (por ejemplo en los premios Nobel) que en los niveles más bajos (por ejemplo, las comunidades científicas latinoamericanas).

Resumiendo: el choque entre ciencia y religión, y la fuerte conexión entre ateísmo y ciencia se encuentran en:

·         La cosmovisión científica que nos brindan las ciencias naturales y su Big History.

·         La neuropsicología que niega las mentes incorpóreas en coherencia con la biología evolutiva.

·         La historiografía científica que nos muestra, por un lado, el carácter idiosincrásico de las creencias religiosas y, por otro lado, el carácter universal de las ciencias naturales; mientras que muestra el desarrollo del ateísmo como efecto derivado del avance de las ciencias desde los siglos XVII y XVIII hasta hoy.

 

Hasta aquí la primera parte. En la segunda parte (siguiente entrada del blog) abordamos otros alegatos que no son verdaderos argumentos sino trucos retóricos: el argumento de autoridad mediante citas, la explotación de algún error particular de la contraparte y la crítica ad hominem al comportamiento del ateo militante (voy a referirme a un comportamiento que sí está justificado: darle importancia a ciertas creencias metafísicas que impactan la sociedad).

Refutando creyentes (segunda parte)

 Segunda parte


Argumento 4. El creyente cita a algún personaje famoso o prestigioso haciendo alguna afirmación que apoya o parece apoyar la tesis del creyente.

Refutación. El argumento de autoridad no es un verdadero argumento válido, pues sólo informa lo que pensaba un sujeto. Normalmente se usa de manera honesta como una forma de ahorrar tiempo en la argumentación, bajo el supuesto de que el interlocutor acepta la autoridad de conocimiento del personaje citado. En realidad, lo que tendría que exponer es el argumento completo y no citar frases aisladas sacadas de contexto y ocultando el resto de planteamientos del personaje. Y aún en ese caso el argumento puede estar equivocado. Por ejemplo, Newton creía en la religión y en la alquimia, pero eso no válida un ápice ni la religión ni la alquimia, ambas eran simplemente creencias de su época. Y si recordamos y apreciamos a Newton no es por aportes a la alquimia o la religión sino por aportes a la ciencia (por cierto, Newton sí incluye a su dios en su razonamiento de los Principia, pero el desarrollo posterior de la mecánica clásica de partículas prescindió de esa idea innecesaria, como bien le dijo Laplace a Napoleón). Vivimos en un mundo donde el conocimiento acumulado avanza rápidamente, un mundo en progreso. Por esa razón, las citas envejecidas fácilmente pueden ser impertinentes por obsoletas.

Una modalidad más grave es el argumento de falsa autoridad. En el argumento de autoridad mencionado en el párrafo anterior se supone que el personaje es experto en el tema sobre el cual se pronuncia. Pero si el personaje se pronuncia sobre algo en lo cual no es experto en el sentido de haber acumulado un conocimiento fundamentado, entonces ni siquiera se puede considerar autoridad en el tema, aunque lo sea sobre otros temas. Es una falsa autoridad. Es lo que suele sucederle a personajes con premios Nobel que pontifican sobre diversos asuntos ajenos a la especialidad en la cual fueron premiados. No es extraño que “metan las patas”. Ahora bien, ¿puede alguien ser experto en dioses? ¿qué significa ser experto en la existencia de un dios? Si su creencia se basa en la fe o en vivencia personal subjetiva significa que no hay base racional para su “autoridad”. Su pronunciamiento es irrelevante. Y si tuviese base racional para su creencia entonces, en ese caso, en vez de apelar a la autoridad lo que procede es exponer esa base racional. Y como siempre se somete a crítica racioempirista.

 

Argumento 5. Atribuir a algún ateo particular o a los ateos en general alguna afirmación equivocada.

Refutación. Puede ser que sea cierto que algún ateo la dijo o puede ser falso, pero en todo caso constituye una falacia generalizar como si el caso fuese representativo de la totalidad de los ateos o intrínseco al ateísmo como tal. Si se trata de una tesis que ningún ateo ha afirmado estaremos ante una falacia espantapájaro u hombre de paja (Strawman), se está mintiendo o tergiversando. Si se trata de una tesis que algún ateo equivocadamente afirmó, entonces se cometen dos falacias al atribuírselo a todos: falacia de generalización apresurada y falacia por asociación. Queda claro entonces que el “argumento 6” es un truco burdo y no un verdadero argumento.

Un ejemplo notorio es la referencia a Dawkins y a otro divulgador científico diciendo que el universo se originó de la “nada”.  Eso es algo que la ciencia no afirma. Las fluctuaciones cuánticas se producen en el vacío cuántico, que tiene energía distinta de cero. Es un error burdo confundir el vacío cuántico con la “nada”. Cuando la cosmología habla de una singularidad en el origen del Big Bang, está diciendo que la teoría (Relatividad General) allí no aplica, es decir, que el origen es desconocido en el actual marco teórico. Actualmente la respuesta correcta a la pregunta ¿Cómo se originó el universo observable?, es la siguiente: no lo sabemos. Aún no hay respuesta científica al respecto. Aquí aplica la refutación del dios de los huecos (ver Argumento 2 en la primera parte).

 

Argumento 6. En los grupos de Facebbok sobre ateísmo, los creyentes critican a los ateos por vivir “obsesionados” por algo inexistente.

Refutación. Dejemos de lado que es una falacia ad hominem y analicemos el caso. El creyente no cae en cuenta que al entrar en un grupo de ateos en una red social va a obtener un muestreo sesgado, no representativo. Hay muchos más ateos fuera de los grupos ateístas de Facebook que dentro de ellos. Y dentro de los grupos grandes, con miles o cientos de miles de miembros, la mayoría es silenciosa, los vociferantes son los más “afiebrados” con el tema. Por tanto, la “obsesión” no es tal.

Con éste y otros escritos sobre el tema, yo estoy dedicándole tiempo y energía. ¿Vale la pena? El punto es que el problema no es la creencia metafísica en sí, que pertenece a la zona mitológica (ver más adelante este concepto), sino cómo esa creencia se inmiscuye en asuntos políticos y morales con posiciones retardatarias y efectos negativos para la sociedad. Por tal impacto negativo sí hay que preocuparse. Ahí están los ejemplos de Trump, Uribe, Bolsonaro o el partido popular de España, entre otros que utilizan los fanatismos cristianos para hacer política o promover criterios morales conservadores. La religión funciona como factor alienante. En 2016 hubo un caso notorio en Colombia. Hubo un referendo sobre el acuerdo de paz con el grupo de las FARC y por una pequeña diferencia ganó el No a la paz. En esa ocasión hubo bastante desinformación y la religión fue usada para manipular a las masas (ver marcha del 10 de agosto de 2016 en varias ciudades de Colombia; de paso tumbaron a la ministra de educación que era públicamente homosexual).

El pensamiento mágico-religioso favorece la formación de súbditos, más que de ciudadanos autónomos. Es una forma de infantilización de la población. Lo contrario de la mayoría de edad que planteara Kant y por tanto no contribuye al uso público de la razón. En la escuela se pretende que el joven aprenda ciencia, razonamiento, pensamiento crítico, se pretende construir ciudadanía y futuros trabajadores o emprendedores creativos. Pero si ese esfuerzo se mezcla con un adoctrinamiento religioso irracional lo que se genera es confusión, incoherencia, que el joven nunca alcance una cosmovisión científica. He ahí el impacto negativo de la creencia metafísica en la educación.

La racionalidad está bajo amenaza. El irracionalismo o el oscurantismo avanzan en varios frentes. Ante el auge de las redes sociales los medios de comunicación han perdido influencia, lo cual es bueno, pero esa tutela ha desatado un ruido en la intercomunicación de masas desorientadas. El pensamiento crítico es fundamental para la defensa de la racionalidad y la ilustración en un mundo con fake news, pseudociencias, pseudoteorías conspiranoicas, ideologías de diversos signos proclives al fanatismo, ideologías anti-occidentales infiltradas en la izquierda, ideologías de correccionismo político de tipo identitario, woke o de liberalismo individualista radical, ideologías neoliberales o libertarians.

En la vida práctica la racionalidad se mantiene, pero en la zona mitológica el individuo puede adoptar cualquier idea sin que eso repercuta de inmediato en su superviviencia diaria, por lo que es fácil que la persona pierda el “polo a tierra”. Estos temas han sido desarrollados por Steven Pinker en sus libros más recientes. En mi columna de El Unicornio publiqué una reseña del libro La racionalidad de Pinker el 6 de noviembre de 2021. Ahí escribí lo siguiente:

“¿Qué le pasa a la gente?  Esta pregunta es el título del penúltimo capítulo, donde Pinker aborda el crucial y espinoso tema de las creencias, como lo expusiera Carl Sagan en El mundo y sus demonios.  En este capítulo el autor toma de Robert Abelson y el humorista George Carlin la diferencia entre creencias distales y creencias comprobables, la cual lleva a los individuos a establecer dos zonas de realidad: el entorno inmediato (donde son realistas pues ser fantasioso sale costoso) y la realidad lejana (donde pueden ser fantasiosos sin problema).  Esa realidad lejana puede ser el más allá, el espacio exterior, el micromundo, el pasado anterior a nuestra memoria, el futuro y el mundillo de los ricos y famosos al cual no tenemos acceso.  Esa realidad que no es directamente accesible configura una zona mitológica, donde podemos dar rienda suelta a la especulación.

Tales creencias mitológicas, como la religión, las pseudociencias, las pseudoteorías conspiranoicas, las fake news y los mitos identitarios, se pueden asumir sin aparentes consecuencias negativas. Al contrario, parecen brindar sentido de pertenencia a un colectivo o “tribu”, sensación de superioridad moral o cognitiva (buenos contra corruptos o despiertos contra dormidos) o simplemente convertirnos en personajes entretenidos en una reunión social con nuestras “teorías” extravagantes.  Sin embargo, no es cierto que no haya consecuencias negativas: ahí está el caso de los antivacunas o las medicinas no basadas en la evidencia, o las sectas, o el negacionismo del cambio climático antropogénico.  Y los efectos políticos del oscurantismo, añado yo”.

 

Epílogo

Los seis recursos retóricos mencionados en la primera y segunda parte son refutados una y otra vez en las redes sociales y a veces en conversaciones presenciales. Si el creyente fuese predominantemente racional y con actitud de aprendizaje podría aprovechar los argumentos que se le brindan para obtener conocimiento y resolver sus dudas, y además agradecerlo. Pero lo más común es que el creyente no sea una persona con dudas y apetito de aprendizaje, sino un troll, o un fanático dogmático e irracional que no le interesan las razones. O simplemente una persona que ha hecho de su creencia un componente vital de su identidad y, por tanto, le cuesta cambiar. En el caso de los grupos de facebook se cae en un inútil diálogo de sordos, una pérdida de tiempo, pues no hay verdadero debate sino simple repetidera de memes, insultos y burlas a falta de argumentos. Y muchos ateos, sobre todo adolescentes, caen en ese mismo juego.

Coletilla: El debate sobre la biblia no lo he mencionado. Considero que no vale la pena, pues los católicos ya resolvieron eso hace tiempo, simplemente diciendo que es alegórica y que no se debe asumir de manera literal. Sólo los fundamentalistas evangélicos siguen atrapados en la literalidad absurda de ese texto primitivo e infantil.  Y además de todo lo mencionado no faltan los creyentes (y a veces ateos o agnósticos también) que ignoran la ciencia y se dedican a tergiversarla. Un caso típico es el “debate” del creacionismo y la teoría de la evolución, una discusión externa por completo a la ciencia y superada hace más de 100 años. Ahí lo que está fallando es el sistema educativo, pues la biología evolutiva debe ser parte medular del pensum en la educación básica y media.  

martes, diciembre 13, 2022

El ateísmo racioempirista es una extraordinaria hazaña del intelecto humano

El ateísmo racioempirista es un extraordinario y admirable logro del intelecto humano.  Así debe ser considerado si apreciamos el esfuerzo que significó superar las explicaciones antropomórficas, la vanidad complaciente del antropocentrismo, el peso de la tradición, las cadenas de los dogmas, la seducción de los mitos, la inercia de la costumbre, la prisión del contexto idiosincrásico, el facilismo de pensar con el deseo (wishful thinking, fé), la comodidad de un paternalismo protector.  

Durante milenios no hubo alternativa.  

En los filósofos presocráticos hubo un atisbo, pero realmente el ateísmo racional y empirista es un logro moderno que va de la mano de la revolución científica y la Ilustración.  El ateísmo no es sólo la tesis contraria a la religión, la fé y la creencia acrítica en dioses (sean múltiples o uno solo). También es la tesis contraria a la afirmación de lo sobrenatural, del alma inmaterial e inmortal y del pensamiento sin soporte neural. Y asimismo es la tesis contraria al antropocentrismo, esto es, a la idea de que el ser humano ocupa un lugar especial en el cosmos, en la naturaleza.

Ser ateo es superar el infantilismo, es decir, esa etapa en que el ser humano no es capaz de distinguir entre la realidad y la fantasía, entre la verdad como atributo basado en la evidencia (aunque no nos guste) y la ficción que no se somete a la contrastación de la prueba empírica.

El pensamiento mágico es infantil pues sustenta sus creencias en el deseo meramente subjetivo.  Por ejemplo, los deseos de tener protección contra los peligros, de tener ayuda poderosa (sobrenatural, o sea mágica) para lograr ciertos anhelos, de vivir eternamente o de que nos volveremos a encontrar con nuestros seres queridos en "la otra vida".  Es infantil no aceptar la realidad y darle crédito a la fantasía.  Entonces se niega nuestra naturaleza animal mortal.  Se niega la naturaleza fantástica de los mitos o narrativas inventadas por cada pueblo o cultura, o peor aún, se acepta esa naturaleza fantástica para los mitos de los otros grupos humanos pero no para los mitos del grupo al cual pertenecemos, en el colmo de la incoherencia patente.    


Ser ateo, entonces, es alcanzar la madurez, el estado adulto, la mayoría de edad. 

Ser ateo es superar el parroquialismo y las cárceles identitarias, es ser cosmopolita, universal. Es ser crítico frente a cualquier tradición, dogma o argumento de autoridad.  Crítica que debe ser racioempirista, es decir racional, lógica, basada en la evidencia.  Evidencia que también está sujeta a control de calidad con los métodos que hemos aprendido en el ámbito científico en los últimos cuatro siglos.

El ateísmo es la consecuencia del pensamiento crítico que, al igual que la ciencia, se fundamenta en el rigor lógico y experimental, en la contrastación empírica y en la valoración máxima de la verdad objetiva como propósito de la búsqueda, sin llenar los vacíos con ficciones voluntaristas.  El pensamiento crítico es el detector permanentemente en guardia frente a falacias y sesgos.  

En llave con la ciencia y el pensamiento crítico está la filosofía científica y juntos integran una cosmovisión científica.  Esta cosmovisión científica puede responder en gran parte a las preguntas ¿de dónde venimos? y ¿qué somos? a través de lo que se ha denominado Big History o Gran Historia, el metarrelato que la ciencia ha logrado construir en los últimos 70 años.  Y lo que la ciencia aún no puede explicar no se llena o se soluciona con fantasías o pensando con el deseo.

En el campo de la ontología el ateísmo es naturalista / materialista.  Por tanto es contrario al idealismo.

En el campo de la epistemología el ateísmo es racioempirista y objetivista.  Se opone al irracionalismo y al subjetivismo.  El ateísmo también se opone al absolutismo, pero no cae en el relativismo exagerado, pues reconoce a la especie humana como una sola, reconoce a la naturaleza humana más allá de nuestras diferencias individuales y nuestra diversidad grupal. Y acepta el principio cosmológico, esto es, que la Tierra, el Sol, nuestro sistema solar y nuestra galaxia, no ocupan el centro ni un lugar especial.  Por tanto el ateísmo acepta que nuestra capacidad de conocer no está limitada en términos absolutos por nuestra condición de especie animal de la biosfera terrestre. 

El ateísmo es cientificista, es decir, pro-ciencia. El cientificismo bien entendido afirma que lo que llamamos "ciencia" es el mejor modo de conocer el mundo (no afirma que sea el único modo de conocer y no entiende la "ciencia" de manera esencialista).  

El ateo racioempirista no es dogmático. Si la contraparte puede puede mostrar evidencia de dioses, fantasmas, espíritus, almas, ángeles, magia o cualquier fenómeno sobrenatural, con mucho gusto se somete a investigación.  Si la contraparte presenta argumentos bien elaborados con mucho gusto se someten a crítica racional. 

¿Y el agnosticismo?  Hay otra entrada en el blog sobre ese tema.   

¿Y el humanismo progresista?  Habrá otra entrada en el blog sobre ese tema.  

 



miércoles, octubre 14, 2020

Trump, enemigo de la ciencia

Por primera vez en sus 175 años de historia, la prestigiosa revista Scientific American decidió apoyar a un candidato en el peculiar sistema bipartidista de EEUU (tan peculiar que en 2000 y 2016 ganó el que sacó menos votos).  El hecho es tan insólito que ha repercutido mucho más allá de sus siete millones de lectores.  Puede analizarse en el marco de la coyuntura electoral, pero su carácter extraordinario invita a una lectura más profunda del acontecimiento.

Scientific American, cuya edición en español se titula Investigación y Ciencia, no es cualquier revista.  Se trata de la publicación científica para público amplio más importante del mundo.  Es la cumbre del periodismo científico y en ella han escrito los científicos más brillantes de los últimos dos siglos. Actualmente pertenece a Springer Nature.

El pronunciamiento aparece en el editorial de octubre de 2020 divulgado esta semana y está firmado por los editores en pleno.  En él se evalúa a Trump y su gestión en relación con la pandemia, el sistema de salud, el cambio climático y la transición energética.  Asimismo se evalúa el programa de Joe Biden del Partido Demócrata en los mismos ítems.

Arranca diciendo que “la evidencia y la ciencia muestran que Donald Trump ha perjudicado gravemente a Estados Unidos y a su pueblo debido a su rechazo de la evidencia y la ciencia.  El ejemplo más desvastador es su respuesta inepta y deshonesta a la pandemia de Covid-19 que, para mediados de septiembre, ha costado la vida a más de 190.000 estadounidenses.  También ha atacado a las protecciones ambientales, al sistema de salud, a los investigadores y agencias públicas de ciencia que ayudan a este país a prepararse para sus mayores desafíos”.

El editorial abunda en ejemplos del manejo “catastrófico” de la pandemia por parte de Trump, incluyendo sus mentiras.  Frente a algo tan sencillo y básico como la utilización de mascarillas, el presidente activamente estimuló su no uso.   Su actitud de subestimar la pandemia en vez de controlarla y de ignorar el consejo de los expertos conllevó al rebrote con graves consecuencias económicas y sociales, como el desempleo. Trump mintió al público sobre la letalidad del virus propiciando riesgosos comportamientos de la ciudadanía y dividiendo al pueblo entre los que se toman en serio la amenaza y aquellos que se creen las falsedades del mandatario.  Más allá del virus, Trump ha tratado de eliminar la Ley de Asistencia Asequible y Protección al Paciente sin ofrecer alternativas, ha propuesto recortes multimillonarios a los institutos nacionales de salud, la Fundación Nacional para la Ciencia y los centros de control y prevención de enfermedades.  Así como ataca al sistema de salud ha presionado para eliminar las regulaciones de salud de la Agencia de Protección Ambiental para mayor riesgo de la gente y ha reemplazado a científicos con representantes de la industria en las juntas asesoras de la agencia.  Con su negacionismo del cambio climático Trump ha obstaculizado todo lo que apunte a su mitigación.

En contraste con las duras criticas al aspirante a repetir período, el editorial analiza positivamente el programa de Biden.  Dice que el candidato demócrata, que derrotó a Bernie Sanders en las primarias, “viene preparado con planes para controlar el Covid-19, mejorar el sistema público de salud, reducir las emisiones de carbono y restaurar el rol de la auténtica ciencia en la gestación de políticas públicas”.  Las propuestas de Biden se fundamentan en el conocimiento de expertos, como David Kessler, quien fue director de la FDA, Rebecca Katz, especialista en inmunología de la Universidad de Georgetown University y Ezekiel Emanuel, bioeticista de la Universidad de Pennsylvania. No incluye a médicos que creen en extraterrestres o en falsas terapias desenmascaradas por la ciencia y que Trump tanto elogia.

Los editorialistas de la revista destacan diversos aspectos de las propuestas de Biden en salud, política social y medio ambiente.  En este último tema vale la pena detenerse, pues tiene implicaciones para el resto del planeta.

Biden, dice la revista, planea planea invertir dos billones de dólares en el sector energético libre de emisiones, construir estructuras y vehículos con uso eficiente de energía, impulsar la energía solar y eólica, establecer agencias de investigación para desarrollar la energía nuclear segura y tecnologías de captura de carbono, entre otras acciones.  La inversión generará dos millones de empleos y el plan se financiará –en parte- eliminando los recortes de impuestos con que la administración Trump benefició a las corporaciones.  El 40% de estos desarrollos de infraestructura y energía beneficiarán a comunidades historicamente desfavorecidas.  El editorial reconoce que la implementación de algunos de estos programas del candidato demócrata dependerán de sortear el camino legislativo.

Finalmente el editorial advierte que “Trump y sus aliados” (nótese que se cuida de no mencionar al Partido Republicano como tal) han tratado de crear obstáculos para la votación de noviembre, por lo que invita a los ciudadanos a superar esas trabas y votar.  Y remata: “Es tiempo de sacar a Trump y elegir a Biden, quien tiene una trayectoria de respeto a los datos y a la ciencia”.

Este texto muestra a una sociedad polarizada entre la ciencia y la anticiencia, un fenómeno que de manera menos aguda se manifiesta también en Europa y América Latina.  Lo vemos en Bolsonaro en Brasil y en el anterior gobierno del PP en España.  Pero también en otros partidos y gobiernos, incluso en algunos de izquierda.  Derechas como la trumpista, la uribista o la de Bolsonaro se nutren de oscurantismos religiosos, conspiranoicos y pseudocientíficos.  Pero otros oscurantismos han infiltrado a las izquierdas a partir del posmodernismo, por ejemplo, el construccionismo social y el decolonialismo antioccidental.  Y nunca faltan los que se creen de izquierda pero tragan entero las “teorías conspirativas”, las supersticiones “ancestrales” y las pseudociencias que posan de alternativas al gran capital.

Coletilla: la lección para nosotros es que la educación para la democracia y la educación científica de calidad son una sola.  Con esa premisa debemos repensar una reforma educativa en Colombia.

Publicado el 18 de septiembre de 2020 en mi columna Buhografías en el portal El Unicornio

jueves, agosto 27, 2020

Representación de razas, sexos y religiones en el Congreso de EEUU según partido político

 Dataisbeautiful sacó una gráfica excelente sobre los dos partidos políticos de EEUU, que merece un somero análisis o, al menos, una traducción a palabras, para que quede consignado y consultable acá en el blog.

La gráfica muestra la distribución por religión, raza y sexo en la población estadounidense y en la representación de cada partido en el congreso. Veamos.



SEXO

Los hombres están ligeramente sobrerrepresentados en el partido demócrata y muy sobrerrepresentados en el republicano (cerca del 90%).

RAZA

La mayoritaria raza blanca está representada adecuadamente en el partido demócrata y abrumadoramente sobrerrepresentada en el republicano (cerca del 95%).  

La raza negra está ligeramente sobrerrepresentada en el partido demócrata mientras en ese mismo partido los latinos están ligeramente subrrepresentados. Es como si negros ocuparan un pequeño porcentaje correspondiente a latinos. Estas dos minorías tienen un tamaño parecido en la población en general (ligeramente superior al 25% sumadas), con una pequeña diferencia a favor de latinos, pero tal situación se invierte en el congreso.

Los asiáticos son una minoría más pequeña y están representados adecuadamente en el partido demócrata y casi inexistentes en el republicano. Es claro que el demócrata es el partido de los asiáticos.

Los nativos americanos y los mestizos son aún más minoritarios y además están subrepresentados en el partido demócratas y son casi inexistentes en el republicano.

En general, las minorías están adecuadamente representadas en el partido demócrata, es decir, que este partido representa de manera apropiada la realidad demográfica racial del país.  En contraste, el partido republicano es el partido de los blancos y la única minoría con presencia significativa pero baja en ese partido son los latinos, lo cual se explica seguramente por los cubanos de la Florida.

RELIGIÓN 

Los protestantes están muy sobrerrepresentados en el partido republicano (casi el doble del % de la población) y están adecuadamente representados en el demócrata.

Los judíos aparecen como religión, no como raza (supongo que entonces quedan incluidos como blancos). La religión judía es una minoría sobrerrepresentada en el partido demócrata y no existe en el republicano. Definitivamente el demócrata es el partido de los judíos. 

Otro dato altamente significativo es que la categoría "no afiliado" a religión alguna, que podríamos suponer son ateos o agnósticos, corresponde aproximadamente al 25% de la población y no tiene representación alguna en el congreso.  Otra categoría denominada "no sabe" tiene cerca de 7% del partido demócrata y apenas como un 2% en la población.

Los católicos aparecen como sobrerrepresentados en el partido demócrata y ligeramente sobrerrepresentados en el republicano.

Protestantes y católicos son más del 90% de republicanos y más del 75% de los demócratas, mientras que no llegan a 65% de la población. Los católicos están repartidos entre los dos partidos, aunque con una ligera inclinación a favor de los demócratas.

El cristianismo en general es, pues, claro dominante del congreso.  La única otra religión con presencia significativa es la hebrea. Musulmanes, hindúes, budistas y otros casi no tienen presencia.

SÍNTESIS

El partido republicano es el clásico WASP por antonomasia, el partido de los hombres blancos protestantes.

El partido demócrata es el partido de las minorías: negros, latinos y asiáticos por un lado y judíos por el otro, y en términos relativos es también el partido de las mujeres.Y sin embargo, no se puede decir que los hombres blancos protestantes estén subrrepresentados en él.  Más bien, podríamos decir que el partido demócrata refleja de manera aproximada la realidad demográfica, mientras los republicanos tienen una representación muy distorsionada o sesgada en religión, raza y sexo. 

Los católicos son la categoría más equilibrada en cuanto a su preferencia por uno u otro partido. Y los ateos (o los no religiosos) son la categoría más perjudicada.

lunes, agosto 19, 2019

La cuestión islámica: simplificar es equivocarse

Publicado en noviembre de 2015

Los hechos ocurridos en París el viernes 13 de noviembre de 2015 y unas horas antes en Beirut, Líbano, autoría de ISIS como parte de su “guerra santa”, generan todo tipo de informaciones y análisis en los medios de comunicación, pero…. ¿tiene el público claridad sobre lo que acontece? (¿o los propios periodistas?) 

La respuesta parece ser negativa. En las redes se desatan los comentarios y pronunciamientos cruzados, y por doquier circulan imágenes o memes que muchas veces sirven más para sembrar confusión que para aclarar la naturaleza de este conflicto. Ante situaciones tan complejas y de largo calado histórico, como la del Medio Oriente, la única simplificación válida es decir que toda simplificación está equivocada. 

Por ejemplo, el hecho de que la mayoría de los perpetradores de los atentados de París son nacionales franceses, remite a un problema interno de integración o asimilación de migrantes, aunque no se puede desconocer que el epicentro de la fuerza atacante, el denominado “estado islámico” (ISIS), está en el Oriente Medio, pero es evidente que constituye un fenómeno transfronterizo. Después del 9-11 de 2001 el tema era el mismo, aunque el actor de la yihad era otro: Al-Qaeda. La guerra en Irak y Afganistán, el atentado de Madrid el 3-11 de 2004, la ofensiva que acabó con Kaddafi y varios miembros de su familia en Libia, las masacres por los israelíes en Gaza, la denominada “primavera árabe”, la masacre de Charlie Hebdo a comienzos del presente año, la guerra en Siria, la oleada de desplazados hacia Europa, entre otros hechos históricos en lo que va del nuevo siglo, muestran la explosiva dinámica de este paisaje complejo.

No es propósito de esta nota ir al fondo del asunto, pero sí llamar la atención en torno a cuatro simplificaciones que se han escuchado en este debate, en dos ejes, uno político y otro religioso. Son cuatro maneras erróneas, unilaterales y parciales de entender lo que sucede, a mi modo de ver, o tal vez formas adrede de propaganda, racionalización justificante o disculpante, o estrategias de confusión. 

Las cuatro simplificaciones

1. Se trata de un choque de civilizaciones entre un Occidente moderno con valores democráticos y un mundo islámico premoderno con valores totalmente distintos. Si bien el Medio Oriente cuenta con estados nacionales (algunos de factura reciente que no coinciden necesariamente con los territorios ancestrales de los pueblos milenarios de la zona), estos no se caracterizan por instituciones democráticas liberales sino por otro tipo de institucionalidad de vieja data como la teocracia, la monarquía y el tribalismo. En su cultura impera el machismo, el dogma religioso sobrenatural, el autoritarismo, las costumbres atávicas (algunas de las cuales son violatorias de los DDHH, como la infibulación o la lapidación). El estado de derecho, la separación de las ramas del poder público, la separación entre religión y estado o entre religión y ley, la soberanía popular, la ciudadanía, la equidad entre géneros, los principios de libertad e igualdad, entre otras instituciones democráticas liberales clásicas, están tan ausentes en estos países como puede estarlo la industria endógena o el desarrollo propio de ciencia y tecnología (mucho menos hay desarrollo de instituciones socialistas ni nada que se le parezca; de aquel leve soplo de los años 70 no queda nada).

2. Se trata de la lucha de pueblos oprimidos durante más de un siglo por el colonialismo imperial de las potencias occidentales sobre la región que fue el origen de las tres grandes religiones monoteístas que tan importante papel han tenido en la cultura occidental. Estos pueblos asentados desde hace milenios en una tierra desértica, tuvieron la fortuna, buena o mala según se mire, de tener en el subsuelo las mayores reservas mundiales de la sustancia que la segunda ola de la revolución industrial, alrededor de 1900, convirtió en la principal base material de la civilización tecnológica planetaria: el petróleo. Por esta razón se convirtió en escenario geopolítico clave y teatro de operaciones estratégicas para las grandes potencias, durante las guerras mundiales y la guerra fría. En la primera mitad del siglo XX el rol protagónico fue del Imperio Británico, y en la posguerra fueron las superpotencias URSS y EEUU. Pero tras la caída del muro, con EEUU como Hegemón y gendarme global, la polarización se ha dado entre una resistencia islámica que de alguna manera interpreta la identidad y la dignidad de esos pueblos humillados y el imperialismo en todas sus variantes y cuya punta de lanza es la política exterior de EEUU (o incluso desde antes con la revolución de los ayatollahs en 1979 y los talibanes en 1980, aunque estos inicialmente fueron apoyados por EEUU contra la URSS). Pero no es la política lo que prima, sino la economía. ¿Qué dios detrás de dios la trama empieza? Son los intereses del gran capital transnacional los que mueven los hilos. No sólo del negocio petrolero (caso familia Bush por ejemplo), también el negocio de las armas y todo lo que se mueve dentro del complejo militar-industrial. De ahí la aparente incoherencia de apoyar a Saddam Hussein y luego combatirlo, apoyar a los talibanes y luego enfrentarse con ellos, engendrar ciertos grupos armados y luego ver como estos, cual Frankenstein, escapan a la manipulación de sus gestores y vuelven sus armas contra el imperio. Esto ha sucedido una y otra vez, como bien sabemos en América Latina (por ejemplo, Noriega aquí al lado) y es muestra significativa de una lógica económica que subyace a la política exterior. OTAN, OCDE, G20, Davos, son la fachada visible del club. Y la ONU es un parque de diversiones. Dado que invertir soldados occidentales puede salir muy costoso políticamente, lo que hacen es armar a ambos lados y hacer que se maten entre ellos (fácil, pues los musulmanes empezaron a pelear entre sí apenas se murió Mahoma hace 1.400 años) o bombardear asépticamente “posiciones enemigas” y si caen civiles, niños, lo que sea, pues simplemente se trata de daños colaterales… qué se le va a hacer! La guerra allá lejos no es un problema para Occidente, al contrario, es un buen negocio. Lo malo es el “terrorismo” que se infiltra en la retaguardia y ataca en Europa o Norteamérica. En cualquier caso, para Occidente todo es aguantable menos una cosa: ¡quedarse sin petróleo! (al menos hasta que nuevas fuentes de energía reemplacen a los combustibles fósiles, lo cual sucederá gradualmente a lo largo de este siglo).

3. Todo este asunto se origina en el fanatismo religioso. Lo delata el método suicida de los atentados, por ejemplo. Sin mencionar que el propio discurso de ISIS o Al-qaeda así lo expresa con claridad meridiana: la yihad o guerra santa (muy distinta a la intifada de los palestinos). Los blancos de los golpes en Occidente no son militares, sino población civil, en particular la que expresa un pensamiento y un modo de vida contrario al dogma (recuerden Charlie Hebdo o la persecución a Salman Rushdie por sus obras literarias). Destruyen hasta reliquias milenarias de antiguas culturas de un valor histórico inapreciable. Prácticas brutales como la infibulación (diferentes cortes de labios vaginales y/o clítoris en niñas), la lapidación (muerte a pedradas de mujeres enterradas hasta el cuello… ¡culpables de haber sido violadas!), el uso de niños varones en la guerra, los castigos corporales, el degüello de los prisioneros sean militares o civiles, entre otras barbaridades, reflejan el irracionalismo que hunde sus raíces en la tradición religiosa, la cual no puede ser criticada o cuestionada ni en mínimo grado. Incluso un dibujo puede costarle la vida a una persona. La irracionalidad del dogma llevado a extremos radicales, el peso conservador de la tradición y la autoridad, imponen su imperio sobre las mentes alucinadas del rebaño y son capaces de reclutar hasta jóvenes occidentales descarriados. Quizás ese poderoso imaginario sea acicateado por actuaciones de Occidente, que personifica al demonio, pero ante todo estamos ante un claro fenómeno religioso totalitario que no sólo se opone a los valores políticos de la democracia sino ante todo a los valores culturales del modo de vida occidental que para ellos puede ser decadente, disipado, blasfemo, depravado, impío, como lo son para nosotros las barbaridades arriba mencionadas que violan los más elementales derechos humanos. Esto lleva a las estupideces posmodernistas enamoradas del relativismo cultural a ver una simetría que no existe, porque son incapaces de admitir el progreso en la historia humana. Pero en todo caso hay algo occidental que los yihadistas nunca rechazarán: las armas. Allí no hay relativismo.

4. Todo este asunto nada tiene que ver con la religión. Las apariencias engañan. El yihadismo no tiene que ver con el verdadero Islam. Estos “grupos terroristas” no son auténticos intérpretes de la religión que dicen profesar y la tergiversan por completo. La verdadera religión es ajena a toda esta violencia brutal. En esta tesis contraevidente confluyen de manera asombrosa los creyentes en las teorías conspirativas globales, los afines al Islam pero en versión moderada, los pro-israelíes (porque creen que la religión legitima a sus enemigos, ya que ellos también son teocráticos). Para estas dos últimas perspectivas se trata de unos locos, psicópatas, terroristas, salvajes (alguna explicación psicologista habrá). Y para los conspiretas son simples idiotas útiles, engendros manipulados como títeres por los grandes poderes que luchan por el predominio en el planeta, incluyendo sus aliados dentro del mundo árabe. Son vil carne de cañón del juego geopolítico, aunque a veces se salen del libreto, del control de unos y otros, como ahora cuando coyunturalmente ISIS ataca a Rusia y a Occidente, abriendo extrañamente dos frentes, en su plan de instaurar “el califato” en Siria e Irak.

Pseudoconclusión

Todos estos simplismos tienen una pizca de razón, aunque no exactamente en el mismo grado. Pero todos están equivocados, en especial en sus versiones más extremas y cuando excluyen las otras perspectivas. A veces hay conexiones o intersecciones entre los simplismos 1 y 3 o entre 2 y 4. Pero en general el problema de estos abordajes está en el “reduccionismo”, la visión unilateral o parcial, cuando solo se ven determinados aspectos del problema y de la historia, cuando no se miran todas las caras del poliedro.

Este escrito pretende invitar a una mirada multilateral y a un análisis integral. De seguro por este camino nos aproximaremos más a la verdad.

Epílogo

No tengo espacio ni tiempo aquí y ahora para desarrollar ese análisis complejo, que amerita la investigación y el acopio de mayor información, aunque el desarrollo de las discusiones en los diferentes escenarios permitirá tal vez ir dilucidando realidades. 

De todos modos, para no dejar mi posición sobre el tema en el aire diré, sin mayores sustentaciones presentes, que ni las potencias occidentales ni la religión islámica pueden ser eximidas de responsabilidades en este macro-conflicto, pues las tienen en alto grado, por razones históricas y actuales, intrínsecas a lo que son. Ahora bien, debo puntualizar dos cosas. Primero, yo defiendo la modernidad y sus logros, eso que llamamos progreso, aún con sus contradicciones y peligros. Y segundo, la ecuación “musulmán = terrorista” es falsa y peligrosa, e induce a la injusticia (es otra simplificación sesgada, ligada al simplismo 3). 

Pero por otra parte, me resulta absolutamente imposible identificarme con alguno de los actores en ese teatro de guerra, el Oriente Cercano, sean gobiernos o grupos armados, ni creo que una persona progresista pueda hacerlo coherentemente. Otra cosa es la solidaridad con los civiles, con las familias no combatientes, con la niñez que crece en ese fragor bélico y que ponen la mayor parte de los muertos como ha sucedido en todas las guerras posteriores a la primera guerra mundial. O con el deseo, ingenuo pero imperativo, de que no haya guerra. Frente al dolor o sufrimiento humano, nuestro compromiso solidario es indeclinable.

Y mínimos atisbos 

En el caso puntual de Israel y Palestina, a estas alturas del partido y aunque la creación de Israel haya sido una brutalidad imperial, la solución considero que pasa por la coexistencia de los dos estados, con una Palestina no segregada y no ocupada (lo que implicaría devolución de tierras). Pero mirados internamente, ambos estados distan de un ideal y tendrán que construir su propio camino, ojalá con reemplazo de las dos fuerzas extremistas y polarizantes hoy en el poder en cada uno de ellos.

En el caso de los kurdos me simpatiza su lucha por la independencia, pero qué sabe uno de las alianzas y las facciones que se mueven en ese mar revuelto. Es lo mismo que la “primavera árabe” que uno ve desde la distancia con débil optimismo, pero no logramos enfocar el mapa real. Ni que decir de Siria que tiene a un gobierno laico pero opresivo, apoyado por Rusia, una insurgencia apoyada por Occidente, a ISIS, a los Kurdos, en un tinglado intrincado, y cuyo resultado patente es la destrucción del país. Aunque ya vimos a Líbano, destruido en los 80, renacer de las cenizas y eso alimenta la esperanza. 

En Afganistán y en Irak la guerra y su negocio se extienden al infinito. Talibanes, Estado Islámico o Al-qaeda no representan nada positivo, pero ni la democracia se impone por decreto ni ese mapa tribal nos resulta entendible. Así que antes que democracia, la paz es el primer objetivo. Por eso la solución no puede pasar por el inhumano arrasamiento de la población sino por la ruptura de la cadena de suministro bélico. Son las armas estadounidenses, rusas y europeas las que abastecen a los distintos actores y mantienen la llama de la guerra. Lo que es claro entonces es que en los países occidentales debemos combatir el mercado de armas, empezando por EEUU, donde el partido republicano, cuya principal base social es también un fundamentalismo religioso retrógrado, es su principal abanderado y defensor. 

Por su parte, Persia (Irán) progresa en paz, pero los ayatollahs siguen ahí (estos son Chiíes, así que de seguro disfrutan viendo las guerras imperiales contra los suníes, pero son tan radicales en su imaginario premoderno como los yihadistas suníes).

Finalmente, el éxodo masivo de África y de Siria hacia Europa, es otro fenómeno complejo. La pregunta de “¿por qué hacia Europa?” puede parecer xenofóbica, pero es legítima. ¿Hay un tráfico de personas? ¿hay intereses políticos? ¿quién mueve los hilos de esas oleadas o es que de verdad son espontáneas? También aquí la solidaridad con las víctimas prima y observamos con horror todo el sufrimiento humano que conlleva. Pero hay que investigar a fondo, cosa que nuestros medios de desinformación jamás hacen en sus paquetes de noticias superficiales y fragmentarias. Las redes sociales también desinforman. Así que en medio de tanto ruido, compartamos los enlaces de las fuentes más serias y ecuánimes. Y sigamos conversando.

Debate sobre ideología de género Parte III

El consenso es posible y consiste en no discriminar

Publicado originalmente el 17 de agosto de 2016

El consenso para lograr ambientes escolares sin discriminación es perfectamente posible. A pesar de las agrias y polarizantes discusiones, las marchas, insultos y demás contribuciones negativas, lo cierto es que la inmensa mayoría de los colombianos está de acuerdo en una cosa: es malo discriminar. Para algunos será una convicción profunda, otros apenas lo están aprendiendo (porque hay que reconocer que no es fácil, dada la humana naturaleza, y ese valioso esfuerzo hay que retroalimentarlo positivamente).

Puede que tengamos diferentes concepciones de la naturaleza humana y de la sexualidad, pero ello no implica la imposibilidad de la convivencia, la tolerancia y el respeto en un contexto pluralista y democrático. La clave es la no imposición de una concepción del ser humano a los que no la comparten, la no imposición de un discurso a los que no lo comparten, la no imposición de una creencia moral a los que no la comparten.

Esta gran mayoría capaz de respetar al diferente incluye religiosos y no religiosos, conservadores, liberales y progresistas, heterosexuales estadísticamente mayoritarios y minorías de sexualidad diversa. Sólo quedan por fuera de esta gran mayoría aquellos extremistas que persisten en imponer una visión a otros desde una supuesta superioridad moral y unos valores no consensuados, y que por eso discriminan, atacan o reprimen al diferente.

Hoy por hoy las democracias son plurales en múltiples aspectos, incluyendo los códigos morales. Pero debe haber un Acuerdo sobre lo Fundamental, un núcleo de consenso, la intersección de las diversas morales vividas desde una pluralidad de creencias. Y ese núcleo está constituido por los Derechos y Deberes Humanos.

Un pésimo manejo de esta coyuntura fracturó aún más el tejido social colombiano, ya de por sí rasgado por las violencias y los conflictos de nuestra sociedad, y lo que debería ser una oportunidad de deliberación pública de la razón y construcción de consensos se convirtió en una polarización pasional e irracional.

Aun estamos a tiempo, quizás, de retomar el camino del uso público de la razón y ese es el llamado que me permito proponer desde esta modesta tribuna.

(La filosofía tiene una responsabilidad social ineludible)