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domingo, octubre 10, 2021

En busca del asombro: Preguntas a un estudiante de ciencias biológicas o de la salud

 

Las preguntas del Búho

La curiosidad es connatural al ser humano.  Un niño de 4 años es el mejor ejemplo.  Para aprender hay que volver a despertar ese apetito.  Y para investigar, también.

Aquí siguen algunas preguntas curiosas. Pista: las respuestas son sorprendentes, asombrosas, inesperadas en alguna época.  Tales respuestas serán materia de una entrada futura al blog.


1.       Los siguientes cuatro conceptos, ¿son sinónimos? ¿son equivalentes?: ADN – Genoma – Código genético - Genotipo.  En caso de que no lo sean, ¿cuál es la diferencia?

2.       ¿Qué es un Gen?

3.       ¿Cuál genoma tiene más genes, el de los humanos o el del arroz?

4.       ¿Cuántos genes tiene el genoma humano?

5.       ¿Cuántas moléculas de ADN nuclear hay en una célula somática típica de un Homo Sapiens?

6.       Si pudiéramos tomar las moléculas de ADN nuclear de una célula humana, estirarlas como se estira un resorte hasta volverlas rectas como un alambre, y colocarlas en fila, ¿cuánto mediría? (número de pares de bases x distancia en angstrom entre pares de bases)

7.       Los genes que expresan proteínas, ¿qué porcentaje del genoma humano representan? (en extensión, es decir, número de nucleótidos).  Y por cierto, ¿el resto para qué sirve?

8.       ¿Qué prefieres, tener telómeros largos o cortos?

9.       El “dogma central de la biología” (pésimo nombre), ¿tiene excepciones?  Y si las tuviese, ¿cuáles serían esas excepciones?

10.   Hace 6 millones de años (aprox) vivía el ancestro común de chimpancés y humanos.  En la actualidad los humanos tenemos 23 pares de cromosomas y los chimpancés 24.  ¿Qué pudo pasar ahí?

11.   En términos filogenéticos o de “distancia genética”, ¿cuál es el pariente más cercano de los chimpancés y bonobos? ¿gorilas, orangutanes o sapiens?

12.   ¿Quién tendrá mejor memoria visual de corto plazo, un chimpancé o un sapiens?

13.   De los cromosomas humanos, ¿cuál es el más grande y cuál el más pequeño?

14.   ¿Los virus son seres vivos?

15.   ¿Se puede ver un virus con un microscopio óptico superpotente? ¿y una molécula?

16.   ¿Cuántas células tiene un ser humano adulto?

17.   Si la médula ósea de un humano produce cada segundo 2 millones de glóbulos rojos y un millón de neutrófilos, ¿cómo es que no nos saturamos? ¿cómo desaparece la misma cantidad para mantener el equilibrio homeostático llamado “salud”?

18.   ¿Cómo “sabe” una célula madre embrionaria cómo convertirse en más de 220 tipos diferentes de células? ¿tendrá que ver la epigenética?

19.   Cuando uno engorda, ¿aumenta el número de células o permanece el mismo número pero éstas se hacen más grandes?  Misma pregunta si uno saca músculo en el gym.

20.   ¿Hay más neuronas en el cerebro qué estrellas en nuestra galaxia? ¿Cuántas neuronas tiene un cerebro humano adulto?  ¿cuántas estrellas tiene la Vía Láctea? ¿cuántos segundos hay en un millón de días?  (un millón de días es un poco más que lo que nos separa en tiempo de Tales de Mileto)

21.   ¿Hay células sin núcleo en el cuerpo humano?

22.   Pregunta para los presumidos que se creen muy eucariotas: ¿en tu cuerpo hay más células que bacterias? (¿qué es el microbioma? ¿eres un simbionte?)

23.   ¿Conoces algún mutante entre tus amigos?

24.   Los priones, ¿son agentes patógenos?  ¿y los radicales libres?

25.   Tú provienes de un espermatozoide motorizado y un óvulo no tan impaciente.  Si te digo que el óvulo del cual provienes fue construido en el cuerpo de tu abuela materna, ¿qué dirías?

26.   ¿Qué porcentaje de la energía total del organismo humano es consumido por el cerebro?

27.   Durante los últimos 4 millones de años los homininos bípedos descendientes de los Australopithecus tuvieron múltiples cambios anatómicos.  El cambio más importante fue la cefalización (crecimiento del cerebro[1]).  ¿Qué tuvieron que ver los cambios en la dentadura, en la extensión de los intestinos y en la estructura ósea de la cadera femenina con la cefalización?

28.   ¿Pueden producirse más de 50 toneladas de tejido celular humano proveniente de una sola persona y permanecer vivas dichas células durante muchas décadas (quizás indefinidamente) tras la muerte de esa persona?

29.   El fenotipo crece, madura y envejece. ¿Y el genotipo?

30.   ¿Hay conexión entre genotipo y fenotipo?  Y en caso tal, ¿qué tipo de conexión sería esa? ¿cómo funcionaría?

31.   ¿Qué es el envejecimiento? ¿envejecen las moléculas? ¿los cromosomas? ¿las células? ¿los tejidos? ¿los órganos? ¿o sólo los organismos enteros?  ¿En qué nivel o niveles se produce el “envejecimiento” y en qué consiste?

32.   ¿Qué es la regeneración? ¿se regeneran las moléculas? ¿los cromosomas? ¿las células? ¿los tejidos? ¿los órganos? ¿o ciertas partes de los organismos?  ¿En qué nivel o niveles se produce la “regeneración” y en qué consiste?

33.   ¿Será posible la inmortalidad de individuos humanos? ¿Es posible reprogramar las células humanas?

34.   Imagina un cuerpo sin cabeza que regenera su cabeza o una cabeza sin cuerpo que regenera su cuerpo.  Pues bien, eso es lo que hace un gusano llamado planaria.  ¿Y cuál será el pedacito más pequeño capaz de regenerar el cuerpo entero?

35.   Las serpientes cambian de piel.  ¿Y los seres humanos?  Y en caso tal, ¿cada cuánto se renueva?

36.   ¿Pueden heredarse marcas epigenéticas?

37.   ¿Qué es ENCODE? ¿Y HapMap?



[1] Sin duda no fue un cambio meramente cuantititativo.  De seguro cambió la estructura modular del cerebro y su “circuitería”.

sábado, enero 09, 2021

¿Qué es eso de "Ensayo clínico sistemático, aleatorio, controlado y replicable"?

En esta entrada del blog queremos contribuir a una cultura popular educada en un tema vital: la salud.  En concreto se busca explicar cómo podemos averiguar si una sustancia X sirve para curar una enfermedad Y. 

El contexto de pandemia es un momento oportuno.  Mucha gente parece no entender que las evidencias anecdóticas del tipo “a mí me funcionó” no prueban nada y, en particular, no sirven para fundamentar el uso de una sustancia, medicamento o alimento para tratar o prevenir una determinada enfermedad.  Ese es un error común de razonamiento en el cual se pueden identificar falacias tales como: generalización apresurada, falsa autoridad, post hoc ergo propter hoc (despúes de… luego… a causa de), ad populum, y quizás otras.  Para contrastar esa falta de rigor queremos ofrecer una aproximación al procedimiento correcto para sustentar la eficacia de un tratamiento clínico.

 

¿Cómo podemos averiguar si una sustancia X sirve para curar una enfermedad Y? 

La única manera es poniendo la sustancia a prueba sin caer en errores humanos o sistemáticos, es decir, garantizando el rigor lógico y experimental, razón por la cual tales pruebas deben ser realizadas por personal idóneo, con conocimiento y experiencia.  En otras palabras es necesario hacer experimentos in vitro, luego probarla en modelos animales y finalmente someterla a prueba en humanos mediante múltiples ensayos clínicos sistemáticos, aleatorios, controlados y replicables. 

Pero, ¿qué significan estas palabras que condicionan el diseño experimental? ¿Qué quiere decir sistemático, aleatorio, controlado y replicable?

ALEATORIO: significa al azar.  Alude al cumplimiento de condiciones estadísticas que permitan generalizar la efectividad del tratamiento para una población de millones de personas a partir de pruebas en una muestra de algunos centenares de voluntarios (con consentimiento informado).  Para poder hacer inferencia estadística a partir de una muestra, ésta debe tener un tamaño suficientemente grande, debe ser escogida al azar para evitar sesgos, debe ser estratificada, esto es, representativa de la población, debe cumplir unos criterios de inclusión y debe excluir casos que correspondan a criterios llamados “de exclusión”. 

Los criterios de inclusión y de exclusión se definen a partir del conocimiento médico teniendo en cuenta características que puedan afectar los resultados (para excluir esos casos) y características que correspondan a lo que se quiere probar (para incluirlos).  Un criterio de inclusión obvio es el diagnóstico positivo de la enfermedad a tratar. 

Escoger al azar no es seleccionar “a la loca” o en desorden aparente, sino literalmente utilizar un sistema de sorteo entre un número suficiente de voluntarios.  De otra manera la escogencia estará viciada por sesgos ocultos que pueden alterar los resultados.  El tamaño mínimo de la muestra obedece a un cálculo técnico matemático.  La estratificación implica subdividir la muestra en segmentos que guarden las mismas proporciones que la población en general respecto a ciertas variables que se consideren relevantes (porque pueden afectar los resultados) como la edad, el sexo, el nivel socioeconómico.  La muestra debe tener entonces los mismos porcentajes de hombres y mujeres, de segmentos etarios (o sea de edad) y de estratos sociales que tiene el país, departamento o ciudad objetivo del ensayo, de otro modo se debilitan las inferencias.  Menciono las variables típicas a controlar, pero puede haber otras y para determinarlas el grupo de investigación debe basarse en el conocimiento médico previo.    

CONTROLADO: que tiene grupo de control.  Un organismo tiene millones de variables, desde el nivel molecular, pasando por el celular y tisular hasta el fenotípico. Y cada organismo tiene un sistema inmune que constituye su defensa natural frente a agentes patógenos (virus, bacterias, hongos, parásitos) que por lo general han coevolucionado en una dinámica de “carrera armamentista”. En medicina no se pueden aislar las variables para controlarlas una por una como se hace en un laboratorio de física, por ejemplo.  Lo que se hace para poder controlar las variables es dividir (nuevamente al azar) la muestra en dos grupos similares en todas las variables relevantes (como la edad, el sexo, el estadio de la enfermedad, otras que se consideren con capacidad de afectar resultados).  La única diferencia entre los dos grupos es que a uno se le va a administrar el tratamiento y al otro un placebo mediante un sistema de “doble ciego”.  A este segundo grupo se le llama “grupo de control” y al primero se le puede denominar “grupo experimental”. 

Un placebo es un falso medicamento (sin la sustancia X e inocuo) pero de apariencia similar al verdadero (que sí tiene la sustancia X). “Doble ciego” significa que ningún paciente voluntario del experimento sabe a cuál grupo le tocó pertenecer, y la persona encargada de administrar el tratamiento tampoco sabe a cuál grupo pertenece cada paciente. De esta manera se evita que el efecto psicosomático denominado “efecto placebo” altere los resultados.  Esto significa también que para que un tratamiento sea considerado eficaz debe obtener resultados significativamente superiores en el grupo al cual que se aplica con respecto al grupo al cual se le aplica el placebo.

REPLICABLE.  Es una característica de la experimentación científica en general, pues un experimento aislado o único no sirve de mucho.  Se necesita repetir los experimentos muchas veces, por diferentes grupos de investigación, en diferentes laboratorios o instituciones, en distintos países.  Para esto el grupo de investigación debe publicar un informe o artículo con todo el rigor metodológico, es decir, con información completa, precisa y clara sobre el experimento realizado, de modo tal que otros grupos puedan replicarlo con idénticas características para ver si se producen los mismos resultados o para criticar con argumentos cualquier aspecto de la investigación.  Para que un tratamiento sea considerado eficaz debe dar resultados positivos en la inmensa mayoría de ensayos realizados.  Para cotejar y evaluar resultados de múltiples ensayos se realiza un trabajo de revisión denominado metaanálisis (también se le denomina revisión sistemática) que es de donde pueden eventualmente salir conclusiones generales y recomendaciones para que las autoridades de salud pública del país avalen o no el tratamiento.

SISTEMÁTICO.  Una sustancia X por sí sola no es un tratamiento.  Para configurar un tratamiento toca definir dosis y forma de administración. Y para cada dosis y forma de administración es imprescindible hacer los correspondientes ensayos. Asimismo hay que tener en cuenta que los diagnósticos de enfermedades son variables que pueden tener más de dos estados, positivo y negativo, pues puede haber diversos estadios o variantes, y cada una exige sus correspondientes ensayos.  La evaluación de los potenciales tratamientos clínicos debe tener en cuenta todos estos aspectos de manera sistemática, así como todos los conocimientos médicos previos y todos los informes posibles a nivel mundial. 

Por otro lado, ninguna investigación clínica debe ser una rueda suelta o una exploración aislada.  En primer lugar debe ser evaluada como proyecto de investigación antes de realizarse cualquier ensayo. Dicha evaluación es médica, metodológica y ética y exige un cumplimiento riguroso de los protocolos. No puede haber investigación clínica que no haya pasado por la aprobación de un comité de ética de la investigación y de un comité científico (o pares evaluadores). Nota: esto fue lo que no cumplió la Ministra de Ciencia, Tecnología e Innovación de Colombia Mabel Torres, lo que ocasionó un escándalo y la protesta de numerosas asociaciones médicas del país a comienzos de 2020, sin embargo el gobierno no tomó medidas y la ministra se atornilló en el cargo.  Al respecto escribimos tres columnas en El Unicornio en enero de 2020.  El mal ejemplo viene desde arriba.     

Bien, he resumido de manera un tanto esquemática lo que significa ensayo clínico sistemático, aleatorio, controlado y replicable.  Ahora bien, si un tratamiento resulta eficaz despúes de todas estas exigentes pruebas, de todos modos es sólo un resultado estadístico, por tanto su eficacia es probabilística, medible en porcentaje distinto a 100.  Nadie puede garantizar una eficacia total para todos los casos.  Cada organismo es diferente y cualquiera de sus millones de variables internas o del entorno del paciente puede afectar un tratamiento, en su inocuidad o en su eficacia.

La medicina puede avanzar más allá del ensayo clínico hacia la medicina de precisión.  Para eso se necesita conocer el mecanismo causal mediante el cual opera el principio activo del tratamiento en los niveles molecular, celular, tisular, orgánico y sistémico.  Pero en muchísimos casos no conocemos aún el mecanismo y el ensayo clínico es lo mejor que tenemos para respaldar un determinado tratamiento.

Finalmente, debe quedar claro que la evidencia anecdótica, el “a mí me funcionó”, el voz a voz que rueda rumores o chismes sobre supuestas eficacias de tal o cual sustancia, fármaco o alimento contra una determinada enfermedad, no cumple con ninguna de las exigencias metodológicas mencionadas y por tanto carece de fundamento.  Hacer recomendaciones de tratamientos clínicos con base en evidencia anecdótica es irresponsable e inmoral.  Y acoger tales recomendaciones es estúpido e irracional, así sea una costumbre milenaria proveniente de la época en que no había medicina científica.  Aún una sustancia inocua puede producir daño indirecto al hacer que el enfermo demore en someterse a un tramiento eficaz, lo cual puede resultar en que cuando lo haga sea demasiado tarde.

lunes, agosto 17, 2020

Modelación matemática del cuerpo humano

 

¿Es posible modelar matematicamente el organismo humano?  Sin duda es posible ir construyendo modelos parciales con múltiples variables cuantificables con las cuáles construir un espacio de estados que contemple parámetros para salud y enfermedad, con una zona gris de alerta entre ambas zonas.  Con una red de nanosensores que midan esas variables se puede alimentar un algoritmo que informe, alerte y prescriba medidas en tiempo real para mantener al organismo en el espacio de salud. 

Con el tiempo se puede ir haciendo más complejo el algoritmo, incorporando más variables y más interrelaciones.

Si el algoritmo se maneja desde un dispositivo portátil personalizado el derecho a la privacidad o intimidad individual sería menos vulnerable.  Pero si por conveniencia epidemiológica todo se realiza a través de conexión en línea, por ejemplo, para ser monitorizado por el servicio de salud al cual esté adscrito el sujeto, es posible que el ciudadano se encuentre en una situación de vulnerabilidad.  El problema es que la misma tecnología que sirve para producir un bien, por ejemplo el cuidado de tu salud, serviría también para el control totalitario.  He ahí el dilema que se viene en los próximos años.

domingo, julio 19, 2020

La OMS: ¿bien o mal?


La Organización Mundial de la Salud se encuentra desde febrero en el ojo del huracán.  Es el referente fundamental de salud pública en el planeta, pero está recibiendo críticas desde todos los flancos.  Algunas de estas críticas están fundamentadas, otras no.  Aunque es temprano para un balance definitivo de la gestión de esta pandemia, es pertinente hacer un análisis de estas críticas.
El asunto, además, puede adquirir importancia política en la coyuntura del debate electoral de EEUU, pues el presidente y candidato republicano Donald Trump ha tomado la determinación de sacar a ese país de la OMS, pero el candidato demócrata, Joe Biden, ya anunció que echará reversa a esa decisión.  Como el proceso de salida demora un año, la elección presidencial de noviembre definirá en últimas si Estados Unidos se queda o se va.  Y esa nación es, de lejos, el principal sostén económico de la Organización.

Cada vez que sale una noticia sobre la OMS en los medios online, estudio minuciosamente los comentarios de los lectores en la propia página.  De este ejercicio me queda claro que la OMS está perdiendo la batalla mediática, pero también observo que hay un gran desconocimiento de lo que esa institución mundial es y representa, cómo funciona y, asimismo, sobre la naturaleza de su campo de acción: la ciencia médica y epidemiológica.

La OMS es una agencia especializada dentro del sistema de las Naciones Unidas, como la Unesco, OIT, FAO o la OMPI.  Fue creada el 7 de abril de 1948 y actualmente cuenta con 194 estados miembros.  Su máxima instancia de decisión es la Asamblea General constituída precisamente por los estados que la integran, que se reúne una vez al año.  Luego está el comité ejecutivo de 34 personas con formación de alto nivel nombrado por la Asamblea y que se reúne al menos dos veces en el año.  Y en el liderazgo del día a día se encuentra al frente el Director General, cargo que actualmente ejerce el biólogo e inmunólogo etíope Tedros Adhanom Ghebreyesus, quien ha sido criticado por no ser médico, sin embargo no se puede negar que tiene una formación apropiada.  Una de las acusaciones contra la OMS es su burocratización, pero esta organización mundial cuenta con siete mil empleados, apenas la sexta parte de los que tiene la ONU.  No es una cifra exagerada para la responsabilidad que tiene.

Al estar compuesta por estados podemos decir que es una institución pública internacional, en principio sostenida por nuestros impuestos, a través de los gobiernos que representan al respectivo estado nacional. Colombia aporta el 0,32% del presupuesto básico que es la sumatoria de las contribuciones obligatorias de los países, menos que Venezuela que pone 0,57%, mientras Estados Unidos aporta el 22%, China el 7,9% y Rusia el 3%.  Si la financiación reflejara la influencia tendríamos que decir que la OMS obedece principalmente a EEUU, pero eso no es así y es una de las razones del malestar de Trump.  La realidad es que ningún estado, partido, fuerza o poder tiene la hegemonía de la Organización.  Es una entidad multilateral en un tinglado de fuerzas cuya gobernanza depende de un equilibrio geopolítico.  La mayor parte de la financiación pública proviene de Europa Occidental, Norteamérica y países del este asiático como China, Japón y Corea del Sur, pero sus principales esfuerzos se dirigen hacia África y, en general, a los países con menor desarrollo.  

La OMS como entidad multilateral coopera con los estados miembros, ofreciendo apoyo, recomendaciones, coordinación de campañas, sistema de información, pero no tiene competencia sobre la política de salud interna de cada país. Su orientación no es obligatoria y cada nación es autónoma y soberana para manejar su propia política de salud.  En consecuencia debe quedar bien claro que ningún gobierno puede excusarse de su responsabilidad sobre lo que suceda en su territorio durante una pandemia como la actual echándole la culpa a la OMS.

Precisado lo anterior, de todos modos hay que reconocer que en el siglo XXI los fenómenos de salud pública, como nos lo enseña la misma pandemia, son de carácter global, así que no cabe duda que es mejor tener una organización planetaria que esté pendiente y dedicada a la problemática de la salud que no tenerla en absoluto.  Esto no significa que no se puedan criticar sus defectos, sino que tal crítica, por lo demás necesaria, debe ser constructiva y dirigirse a proponer las reformas que mejoren su funcionamiento.  La idea tiene que ser mejorar la OMS, nunca eliminarla.

A la OMS se le hacen dos críticas principales, una de fondo y otra coyuntural. La primera ataca la supuesta influencia de la industria farmacéutica y en general el sector privado de la salud, en la orientación de la entidad. La segunda se refiere a su actuación en la actual crisis mundial originada por la partícula viral SARS-CoV-2.

Veamos la primera.  Arriba mencionamos las contribuciones obligatorias de los países que sostienen el presupuesto básico de la OMS, pero a ellas hay que sumarles las contribuciones voluntarias que hacen las fundaciones, ONGs, la ONU, empresas y los propios países, casi siempre con destinación específica a determinados programas.  Este esquema mixto se ha venido desequilibrándo a favor de la financiación privada voluntaria tal cual puede observarse aquí.  Pero no olvidemos que el poder de decisión es de los estados a través de la Asamblea General. 

Como vimos en una columna anterior, el neoliberalismo se ha venido imponiendo desde 1980 y en el campo de la salud esto se refleja en la lucha entre dos concepciones: la salud como derecho o como negocio.  El asunto no es tan sencillo de dirimir porque el derecho a la salud se quedaría en letra muerta si no hay inversión en investigación, desarrollo e innovación y en toda la logística de un sistema funcional de salud, de la misma manera que poco sirve que haya remedios genéricos si estos no tienen la misma calidad que los de marca.  Los ciudadanos debemos entender que la forma de favorecer el derecho a la salud en cada país y en la instancia de la OMS es votando por opciones alternativas al neoliberalismo.  Sólo con gobiernos proclives al estado social de derecho podemos revertir la tendencia a la financiación privada de la OMS y de los sistemas nacionales de salud.

En la coyuntura de 2020 la OMS ha recibido críticas por sus vaivenes en la orientación de protocolos epidemiológicos y clínicos en la pandemia (ver cronología).  Hoy por hoy la OMS ha perdido sintonía popular y se ha ganado la animadversión de muchos, en parte por el nefasto ruido conspiranoico que zumba en las redes, pero también por errores en la manera de comunicar.  Al parecer los responsables de su estrategia comunicativa desconocen el imaginario de su audiencia internacional y los problemas de percepción e imagen que ha acumulado en los últimos años.  Y los medios de comunicación tampoco ayudan, quizás porque atraviesan una situación crítica de decadencia ante el auge de las redes sociales y son esclavos del rating.

Los zigzags que ha dado la OMS en realidad son normales dentro de un campo como la epidemiología que se mueve en condiciones de incertidumbre.  En su desespero la gente quiere fórmulas mágicas que solucionen el problema de una vez por todas, pero la ciencia no funciona con magia. De hecho se viene trabajando con una intensidad increíble, acelerando los procesos investigativos y realizando centenares de proyectos simultaneamente en decenas de países.  Es lógico que haya debate entre visiones encontradas en la vanguardia de la investigación científica. Es lo normal, la diferencia es que ahora es visible (la ciencia desnuda) y antes el público sólo veía el resultado final decantado tras años de tropiezos (la ciencia vestida de gala).  La OMS no hace investigaciones, aunque puede patrocinar o coordinar una que otra, por lo tanto debe basarse en la pluralidad de investigaciones que ejecutan centenares de laboratorios, universidades e institutos a lo largo y ancho del globo y, mediante metanálisis, tratar de extraer una síntesis provisional a cada momento para fundamentar sus orientaciones.

Para entender la naturaleza de la epidemiología podemos compararla con la meteorología. En ambos casos se utilizan modelos matemáticos computacionales para hacer predicciones, pero los fenómenos que constituyen sus objetos de estudio son sistemas complejos con miles de variables.  Durante años las predicciones del tiempo atmosférico eran el hazmerreir del público, pero fueron mejorando con los años, no sólo por una mejor comprensión de los fenómenos, sino sobre todo por el desarrollo de una gigantesca red de estaciones meteorológicas y satélites que permitió potenciar la cantidad y calidad de los datos que alimentan los modelos.  En epidemiología no ha sucedido lo mismo.  El neoliberalismo, la corrupción y la ineptitud de los políticos han desbaratado los sistemas públicos de salud y no hay sistemas de información eficientes.  Por eso, en países como Colombia donde hubo tiempo suficiente para reaccionar, de todos modos la gestión gubernamental de la epidemia se ha hecho dando palos de ciego.  

Publicado originalmente en El Unicornio el 12 de julio de 2020

Tres casos de conspifarsa desenmascarados


La conspiranoia es una industria que produce ganancias multimillonarias y desde el punto de vista ideológico es funcional a la extrema derecha a pesar de su superficial apariencia antigubernamental que engaña a mucho votante de izquierda confundido.  En las dos anteriores columnas abordamos el discurso paranoide del “Nuevo Orden Mundial” y algunos aspectos psicosociales del creciente y peligroso fenómeno conspiranoico.  Ahora, tal y como lo prometimos, analizaremos casos concretos para desenmascarar lo qué hay detrás.

Caso Mikovits.  

El 14 de abril, en pleno ascenso de la epidemia en EEUU, es lanzado en Amazon un libro con el atractivo título de “Plaga de corrupción”.  Sus autores son dos controvertidos personajes: la excientífica Judy Mikovits y el escribidor de libros rápidos y venta fugaz, Kent Heckenlively.  El prólogo lo escribió Robert F. Kennedy Jr.  Unas tres semanas después, el 4 de mayo, es lanzado el video, que es un anticipo de un futuro documental también de nombre sugestivo, Plandemic.  En el video de 26 minutos el cineasta Mikki Willys entrevista a Mikovits y pronto se vuelve viral, millones lo comparten por las redes y así catapulta las ventas del libro.  Una operación redonda.  Pero, ¿quiénes son estos personajes y cuál es el problema con estas publicaciones?  

Robert Kennedy es el hijo del asesinado Bob Kennedy y sobrino de JFK, quien se ha vuelto activista líder del movimiento antivacunas, aprovechando la fama de su familia, y es crédulo en la tesis pseudocientífica y meramente especulativa de la vinculación entre vacunas y autismo.  Esto llevó a varios miembros de la familia Kennedy a descalificarlo públicamente, en mayo de 2019, como un peligroso desinformador. Ver aquí.

Kent Heckenlively es empleado del senador republicano de Kentucky, Rand Paul, un libertarian, de extrema derecha conservadora, hijo de otro antiguo senador. En 2016 Paul pretendió lanzarse a la presidencia, por lo cual Heckenlively publicó el libro propagandístico Rand Paul for President, 16 reasons. 

Mikki Willys es un multimillonario productor de cine, dueño de Elevate Films, que ha hecho videos sobre temas esotéricos espiritualistas y de pseudoteorías conspirativas.  Está vinculado a la secta religiosa Falun Gong y al grupo editorial The Epoch Times, que financia a Trump y a otros políticos de derecha en EEUU y Europa, así como grupos clandestinos aparentemente religiosos en China.  No es extraño entonces que este negocio editorial apoye también el movimiento antivacunas.

Judy Mikovits es una científica del montón, con apenas 40 publicaciones a pesar de su edad madura, y que de repente, en 2006, se convierte en la directora de un nuevo instituto de investigación muy bien financiado y enfocado en una rara enfermedad llamada “síndrome de fatiga crónica” (CFS por su sigla en inglés).  El Whittemore Peterson Institute fue creado en 2005 en Nevada por el médico Daniel Peterson, pionero en investigar CFS y cuya vida profesional gira alrededor de ese síndrome, y el abogado, negociante y cabildero de las industrias del juego, el alcohol y el tabaco Harvey Whittemore, quien tiene una hija con CFS.  Peterson se retiró del Instituto en 2010 y Whittemore terminó preso en 2013 por algunos negocios, pero los hechos claves relacionados con Mikovits sucedieron entre 2009 y 2011. Todos ellos creían en la CFS y en la hipótesis de que un virus era el causante de esa condición de salud, específicamente el virus del ratón llamado XMRV.  La investigación dirigida por Mikovits pareció lograr un gran éxito cuando la revista Science, la mejor de EEUU y la segunda mejor del mundo, aceptó publicar un artículo en 2009 con los resultados. Pero la victoria duró poco.  Una característica de la ciencia es que los experimentos deben ser replicables.  Nuevas investigaciones probaron que el XMRV nada tenía que ver con CFS y que tal virus había sido creado por recombinación en un laboratorio en 1993 y luego había contaminado las pruebas en la investigación de Mikovits.  Se le exigió hacer retractación del artículo como es habitual, pero ella tercamente se negó. De todos modos el artículo de la investigación defectuosa fue retirado. La revista Science elaboró un completo reporte del caso titulado Falso Positivo, que ganó un premio de la Sociedad Estadounidense de Microbiología.  En resumen, la investigación de Mikovits fue un ejemplo de mala ciencia, un trabajo deficiente.

Pero la película no terminó allí.  El fiasco generó graves conflictos en el Instituto.  Petersen se retiró en 2010.  Mikovits fue despedida y posteriormente fue acusada y enjuiciada por robar información y materiales cuando se fue del instituto en 2011.  Por estas acusaciones de “ladrona” interpuestas por sus antiguos empleadores terminó en la cárcel, no por el artículo o por su negativa a retractarlo, como bien señala Science. Con su carrera profesional destruída y aún con su situación jurídica irresuelta, Judy Mikovits supo “reinventarse” de manera muy lucrativa como “víctima perseguida por la Big Pharma” y “campeona anticorrupción”, idolatrada por grupos conspiranoicos y del movimiento antivaxxers (antivacunas), y autora inescrupulosa de libros inundados de falsedades.

Así como sus libros, el video está lleno de falsedades, empezando por estupideces flagrantes como afirmar que “el uso de masacarilla activa el virus” o aducir que el novel coronavirus debe ser artificial porque su producción por evolución natural tendría que durar mínimo 800 años, algo que haría carcajear a un virólogo. Sobre el origen del nuevo coronavirus ver aquí. Dice además no ser antivacunas a la vez que despotrica contra ellas.  Si usted, amable lector, quiere ampliar sobre los errores y mentiras del video puede leerlo en El Tiempo y en esta excelente página especializada en cazar bulos y magufos.

En el curso de la presente pandemia he investigado otros casos como el de Mikovits, pero no hay espacio en una columna para detallarlos. Muchos con origen en EEUU, pero también en España y Latinoamérica. Por ejemplo, uno que engrupió a más de un izquierdista colombiano fue el artículo de Antonio Martínez Belchi titulado El Covid y el problema de la verdad publicado en El Manifiesto y que parece inpirado en el Código Da Vinci.  El escrito trae una parafernalia de especulaciones, utilizando simples coincidencias, para nada improbables, o símbolos con la supuesta función de claves secretas, como si fuesen evidencias de misteriosas conspiraciones. Al investigar al autor se encuentra que tiene vínculos con el ascendente partido de la derecha española Vox y con grupos religiosos conservadores y franquistas como la Hermandad del Valle de los Caídos y Hermandad de la Santa Cruz (anti-Bergoglio). Martínez publica en medios del ultraderechista Julio Ariza (ante PP y ahora de Vox) y en la revista Altar Mayor. Por su parte El Manifiesto pertenece a Javier Ruiz Portella, un escribidor condenado por haber plagiado a Francisco Rico como informa El País. En resumen, toda esta industria editorial de desinformación tiene una línea política e ideológica ligada al PP, Vox, franquismo, catolicismo ultraconservador, revisionismo histórico español, exiliados cubanos anticastristas (como Zoe Valdés).  Ruiz Portella también tuvo conexión en alguna época con el colombiano Álvaro Mutis. 

En esta proliferación de nuevos medios de comunicación online hay uno colombiano llamado Informativo G24, que se presenta como un canal de “análisis geopolítico”, pero cuando uno ve sus programas se da cuenta de inmediato y sin mayor esfuerzo que está plenamente dedicado a la difusión de todo un estrafalario sancocho conspiranoico: 5G, vacunas, chips espías, Bill Gates, George Soros, OMS, Big Pharma y la pandemia como un plan diabólico para destruir la economía e impedir la reelección de Trump.  Este canal sale por youtube, pero también se transmite por Colmundo Radio en Colombia.  Está dirigido por la colombiana Sandra Valencia, quien ha sido periodista de Teleantioquia y al parecer tiene base en Miami.  La línea política es claramente de derecha, pro reelección de Trump, anticastrista y al igual que el uribismo sataniza a la izquierda a través de etiquetas como Foro de Sao Paulo o Grupo de Puebla.  Asimismo atacan a Podemos y al gobierno de Venezuela.  Por ejemplo, en uno de los programas invita al chileno Arturo Grandón del Security College de Washington (conectado con sectores militares y policiales de América Latina), quienes dicen ser expertos en geopolítica e impulsan una comunidad de “analíticos” que aterrorizan con el cuento del “nuevo orden mundial” y hacen populismo anticuarentena de manera irresponsable. 
El punto central de todo este recorrido es el siguiente: ¿cómo es posible que personas adultas, votantes alternativos o de izquierda, antiuribistas, petristas, críticos del sistema, no sólo se traguen sin masticar el discurso conspiranoico originado en la derecha sino que además se conviertan en idiotas útiles difundiéndolo y hasta defendiéndolo? 

Una posible hipótesis, entre otras, es que buena parte de la base social electoral de las propuestas alternativas, que en 2018 sumó 8 millones de votantes, es no militante, individuos sueltos que no hacen parte de una organización política.  Estas “ciudadanías libres” no hacen parte de una célula partidista donde se discuta la realidad social, carecen de una prensa partidista de referencia, nunca han estado en cursos de formación política y tampoco tienen (porque no la hay actualmente) una teoría científica sobre la sociedad. Por tanto son revolcados por el huracán de desinformación que circula por las redes sociales con palabrería aparentemente contestataria y antisistémica. 

La paradoja de la izquierda colombiana es que, mientras en los años setenta tenía mucha cohesión ideológica, fuerte organización y pocos votos, ahora, en la era de las redes sociales, tiene un número apreciablemente mayor de votos pero al costo de una ínfima cohesión ideológica y muy débil organización.

Publicado originalmente en El Unicornio en junio de 2020