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sábado, enero 06, 2024

Tim Maudlin y la interpretación de Copenhague

Tim Maudlin sobre filosofía de la mecánica cuántica: Teoría física, interpretación de Copenhague y realismo científico.

Traducción libre de extractos de la Introducción a Filosofía de la Física II: teoría cuántica de Tim Maudlin.

Una teoría física debería responder clara y francamente dos preguntas fundamentales: qué hay y qué hace. La respuesta a la primera es la ontología de la teoría y a la segunda es la dinámica. La ontología debería tener una definida descripción matemática y la dinámica debería ser implementada por ecuaciones precisas que describan como evolucionará o evolucionaría la ontología.

La interpretación de Copenhague no cumple estas demandas. Hay poco acuerdo acerca de qué es lo que postula este abordaje de la teoría cuántica sobre lo que existe o cómo la dinámica puede ser formulada sin ambigüedades. Actualmente la expresión es usada con frecuencia como una forma abreviada de referirse a un instrumentalismo general que trata al aparato matemático de la teoría simplemente como un dispositivo predictor, sin comprometerse para nada con una ontología o dinámica. Ese dispositivo predictor es lo que Maudlin llama “la receta cuántica”. En ocasiones, aceptar la interpretación de Copenhague se entiende como la simple decisión de usar la receta cuántica sin más preguntas: cállate y calcula. Tal actitud rechaza la aspiración de proporcionar una teoría física, como la definimos arriba. Por tanto la interpretación de Copenhague ni siquiera está en la búsqueda de una descripción del mundo físico y de lo que éste hace.

Además de rechazar la terminología usual de “teoría cuántica” vs. “interpretación de la teoría cuántica” en favor de “receta predictiva” vs. “teoría física”, y además de ignorar la cuestión histórica de qué (si algo) cuenta como interpretación de Copenhague, este trabajo difiere de la mayoría de discusiones estándar en una tercera manera. Se ha vuelto de rigor que la literatura sobre los fundamentos cuánticos sistemáticamente usa de modo equívoco los términos ‘realista’ y ‘antirrealista’ (en inglés son 4 términos: realist, realistic, antirealist y antirealistic). Estos términos tienen un significado preciso en filosofía de la ciencia, el cual parece ser poco familiar para la mayoría de los físicos. Y no es sólo que estos físicos usen los términos de manera equívoca, es que más bien ellos los manejan sin significado alguno. Esto ha tenido consecuencias terribles para las discusiones sobre los fundamentos de la teoría cuántica.

En el propio sentido del término, las teorías físicas no son realistas ni antirrealistas. Eso es un error categorial, como se suele decir. Es la actitud de una persona hacia la teoría física la que es realista o antirrealista. (Pone el ejemplo de Osiander y Galileo respecto a la teoría copernicana).

El realista científico mantiene que, al menos en algunos casos, tenemos buenas razones probatorias para aceptar teorías o afirmaciones teóricas como verdaderas, o aproximadamente verdaderas, o en camino de ser verdaderas. El antirrealista lo niega. Estas actitudes vienen en gradientes: se puede ser un realista científico leve, medio o fuerte y asimismo el antirrealista. En últimas, es un asunto de epistemología y teoría de la confirmación.

Extracto y traducción libre de la introducción de Filosofía de la Física II: Teoría Cuántica. Publicado en 2019 por Princeton University Press.

domingo, abril 02, 2023

La exosomatización del conocer y un chat con GPT

 En 2012 escribí una ponencia titulada La exosomatización del conocer que expuse en el Congreso Iberoamericano de Filosofía en Santiago de Chile, la cual luego fue publicada en la revista Ingeniare con el título El giro ingenieril de la epistemología.

Ese escrito se puede leer en este enlace:

https://www.researchgate.net/publication/320846705_El_Giro_Ingenieril_de_la_Epistemologia

Y también se puede descargar aquí:

https://revistas.unilibre.edu.co/index.php/ingeniare/article/view/639


Ese texto pertenece a la filosofía de la ciencia, la filosofía de la inteligencia artificial y la filosofía de la tecnología. 

Se refiere a la posibilidad de que las máquinas (sean procesos automatizados o robots) logren generar nuevos conocimientos, es decir, producir descubrimientos científicos. A ese logro lo denominé "exosomatización del conocer" y coronaría un esfuerzo de muchos siglos desde la invención de la lógica en la Grecia clásica.

En un ejercicio reciente conversé brevemente sobre el asunto con Chat GPT. Más o menos coincide con mi enfoque (que está centrado en el descubrimiento), aunque en algún momento se desvía a otros temas como la gestión del conocimiento (KM) que poco tiene que ver.

En todo caso, estos desarrollos tecnológicos en robótica e inteligencia artificial evidencian un giro ingenieril de la epistemología.

 

Chat sobre exosomatización

JES = Jorge Senior

JES: Sabes qué significa "exosomatización"?

Gepeto: Sí, "exosomatización" se refiere al proceso mediante el cual un organismo transforma su entorno externo, mediante herramientas o tecnologías, para mejorar su capacidad de adaptación y supervivencia. En otras palabras, se trata de la externalización de procesos que normalmente son realizados por el organismo de forma interna, como la regulación de la temperatura corporal o la digestión de alimentos.

Este término ha sido utilizado en diversos campos, como la biología, la antropología y la filosofía, y se relaciona con la idea de que los seres humanos y otros organismos pueden utilizar herramientas y tecnologías para ampliar sus capacidades y mejorar su capacidad de supervivencia en entornos diversos. Por ejemplo, la ropa y la vivienda son ejemplos de exosomatización en los seres humanos, ya que nos permiten adaptarnos a diferentes condiciones climáticas y ambientales que no podríamos enfrentar sin ellas.

Espero que esta información te haya sido útil.

JES: Y que puedes decirme sobre "exosomatización del conocer"?

Gepeto: "Exosomatización del conocer" se refiere a cómo los seres humanos han utilizado herramientas y tecnologías para mejorar y ampliar su capacidad para adquirir y procesar información. La exosomatización del conocer incluye, por ejemplo, el uso de tecnologías de la información y la comunicación, como internet y las redes sociales, que permiten el acceso a una gran cantidad de información y la conexión con personas de todo el mundo.

La exosomatización del conocer también se relaciona con la idea de la externalización de la memoria, que implica que los seres humanos han utilizado herramientas como la escritura y la grabación de audio y video para registrar y almacenar información, lo que nos permite acceder a ella en cualquier momento y lugar.

Algunos expertos han señalado que la exosomatización del conocer ha tenido un gran impacto en la forma en que los seres humanos procesamos y entendemos la información. Por ejemplo, el acceso a una gran cantidad de información a través de internet y otras tecnologías ha llevado a una mayor especialización del conocimiento, pero también ha generado preocupaciones sobre la veracidad de la información y la pérdida de habilidades para procesar información de manera crítica y reflexiva.

Espero que esta información te haya sido útil.

JES: Tienes información sobre "el giro ingenieril de la epistemología"?

Gepeto: Sí, el "giro ingenieril de la epistemología" se refiere a un cambio en la forma en que se ha abordado la epistemología, la rama de la filosofía que se ocupa del estudio del conocimiento y la investigación científica. En lugar de centrarse en cuestiones abstractas sobre la naturaleza del conocimiento y la verdad, el giro ingenieril de la epistemología se enfoca en los procesos de producción de conocimiento y en cómo se pueden mejorar y optimizar mediante la aplicación de métodos y técnicas de ingeniería.

El giro ingenieril de la epistemología ha sido impulsado por varios factores, incluyendo el creciente énfasis en la ciencia aplicada y la tecnología en la sociedad contemporánea, así como la preocupación por mejorar la eficiencia y la efectividad de la investigación científica y la innovación tecnológica.

Este enfoque ha llevado a la aparición de nuevas áreas de investigación, como la "ingeniería del conocimiento" y la "gestión del conocimiento", que se centran en el desarrollo de herramientas y técnicas para la creación, almacenamiento, gestión y transferencia de conocimientos.

Algunos críticos han planteado preocupaciones sobre los efectos del giro ingenieril de la epistemología en la comprensión de la naturaleza y los límites del conocimiento, y han argumentado que puede llevar a una reducción del conocimiento a meros productos técnicos y aplicaciones prácticas. Sin embargo, otros defensores del enfoque han señalado que puede ofrecer nuevas oportunidades para la innovación y la resolución de problemas prácticos y sociales.

 

viernes, marzo 19, 2021

Albert Einstein y la dosis sana de dogmatismo


Albert Einstein y la dosis sana de dogmatismo

Por Jorge Senior

Popper solía poner de ejemplo de actitud no dogmática a Einstein, especialmente con relación a la Relatividad General y la predicción diferencial con respecto a la mecánica celeste de Newton sobre el comportamiento de la luz al pasar cerca del Sol, puesta a prueba en el eclipse solar del 29 de mayo de 1919.  Este caso trata de la curvatura local del espacio-tiempo.

Sin embargo, la teoría especial de la relatividad fue refutada por experimentos poco después de formulada en dos fulgurantes artículos de 1905 en la revista alemana Anales de Física (Annalen der Physik).  Como veremos, en este episodio se refuta esa imagen ejemplarizante y aleccionadora del gran científico judío en la retórica popperiana.

La falsación de la teoría especial de la relatividad que se estudiará en este breve artículo fue realizada por el físico experimental Walter Kaufmann.  Este físico judío alemán tiene el mérito de haber sabido apreciar la diferencia clave entre la “teoría del electrón” de Einstein y la de Lorentz, que al principio muchos no captaron debido a que hacían predicciones idénticas. 

Einstein utilizó las tranformaciones de Lorentz, pero su aporte fue mucho más revolucionario: crear una nueva cinemática, nada menos.  Toda la primera parte del artículo seminal Sobre la electrodinámica de los cuerpos en movimiento está enfocado en la cinemática.  Allí Einstein aniquila el concepto absoluto de simultaneidad y sustenta la relatividad de longitudes y tiempos con respecto a los sistemas de referencia (que el autor llama sistemas de coordenadas, un detalle semántico que se corregirá después), prescindiendo por completo del éter.  También encuentra que la velocidad de la luz es una velocidad límite*, algo que ya Thomson (1881, 1893), George Searle (1897) y Hendrik Lorentz (1899, 1900) habían predicho y calculado.  Luego, en la segunda parte, Einstein pasa a analizar la electrodinámica con ese nuevo marco cinemático de modo tal que el electromagnetismo, en sus diversas manifestaciones, y su marco teórico elaborado por Maxwell, queden incluídos en el principio de relatividad de Galileo.  Es decir, logra ampliar este principio más allá de la mecánica, gracias a abandonar el espacio absoluto de Newton y el tiempo absoluto de Galileo y Newton.

En esa segunda parte del artículo Einstein aborda varias aplicaciones de la teoría a modelos específicos electrodinámicos.  En el punto 10 trata la dinámica del electrón, una partícula descubierta apenas diez años antes por J.J. Thomson.  Dice García Márquez en su obra maestra Cien años de soledad que en Macondo “el mundo era tan reciente que muchas cosas carecían de nombre”.  Así sucedía en la nueva física que estaba surgiendo en los inicios del siglo XX, por lo cual Einstein empieza ese acápite con la frase: “Sea una partícula electricamente cargada con carga e (en adelante llamada un «electrón»)”.  En otro artículo de 1906 sugiere, como era su estilo, un experimento con rayos catódicos que podría poner a prueba sus ecuaciones de movimiento del electrón.

Pero los experimentos que se venían haciendo por parte de Kaufmann desde comienzos de siglo no eran con rayos catódicos (electrones rápidos) sino con rayos Beta (electrones aún más rápidos) analizando la desviación producida por campos eléctricos y magnéticos.  Su más significativo logro fue haber ofrecido en esos años la primera prueba de la dependencia de la masa con respecto a la velocidad en el caso de los electrones (se refiere a “masa electromagnética”, después llamada “masa relativista” (Gilbert Lewis y Richard Tolman en 1909), un término que Einstein nunca avaló y que hoy ya no se utiliza salvo para efectos pedagógicos o de divulgación).  En 1905 Kaufmann informó que sus resultados experimentales y las predicciones de Einstein-Lorentz eran inconsistentes, llevando a una intensa discusión en la comunidad de físicos y sucesivos experimentos a lo largo de varios años en diversos laboratorios hasta que en 1916 por fin se zanjó el debate gracias a los trabajos de Guye y Lavanchy (otros dirán que no, que sólo se zanjó en 1940 con los experimentos de Marguerite Rogers, A.W. McReynolds y F.T. Rogers, Jr. publicados en Physical Review de EEUU, pero ya desde 1917 la fórmula de Einstein-Lorentz se había probado por otra vía en el trabajo sobre estructura fina de las líneas de hidrógeno por Karl Glitscher con fundamento en las elaboraciones de Arnold Sommerfeld).

¿Cuál fue la actitud de Einstein ante los resultados experimentales incompatibles con su teoría? 

A diferencia de Lorentz que expresó su famosa frase derrotista “au bout du mon Latin”, Einstein ripostó con escepticismo y dudas sobre tales datos.  A esto ayudó que Planck revisó minuciosamente los experimentos de Kaufmann y sentenció que no eran lo suficientemente precisos para considerarlos refutación de las predicciones de Einstein-Lorentz.  Algo parecido informó Röntgen.  En 1907 Einstein, analizando los datos de Kaufmann, escribió: “El que las desviaciones sistemáticas estén basadas o no en una fuente de error todavía no considerada, o en una falta de correspondencia entre los fundamentos de la teoría de la relatividad y los hechos, sólo puede decidirse con seguridad cuando dispongamos de datos experimentales más numerosos” (Collected papers, vol. 2, doc. 47, pp. 434-484).

La crítica a los datos experimentales no fue el único sustento de la actitud mesuradamente dogmática de Einstein.  También tenía razones teóricas.  Por ejemplo, las teorías alternativas de Abraham y Bucherer** (también Langevin) con ecuaciones de movimiento del electrón basadas en hipótesis dinámicas -que Einstein consideraba arbitrarias- le resultaban difíciles de aceptar.  En el mismo artículo de 1907 argüía: “En mi opinión, no obstante, hay que conceder una probabilidad más bien pequeña a dichas teorías, puesto que sus hipótesis fundamentales sobre la masa de un electrón en movimiento no están apoyadas por sistemas teóricos que engloben complejos de fenómenos más amplios”. 

Esta crítica al fundamento teórico de las hipótesis en competencia muestra el aspecto epistemológico racionalista que Einstein siempre mantuvo, su confianza en la potencia de la teorización, complementario al empirismo propio de la ciencia experimental.  La epistemología de Einstein era racioempirista.  En su concepción, la “teoría del electrón” (en concreto sus ecuaciones de movimiento) era sólo un teorema o aplicación teórica deducida desde un marco teórico mucho más amplio, la nueva cinemática que había propuesto y sus aplicaciones generales a la electrodinámica y que en 1907 ya Einstein y otros llamaban “la teoría de la relatividad”.  Sin duda, Einstein concebía su teoría de la relatividad de 1905 como un sistema axiomático, cuyos axiomas eran: (1) el principio de relatividad (que modificaba el de Galileo con las transformaciones de Lorentz) y (2) la constancia de la velocidad de la luz* (como ley natural establecida en la teoría electromagnética de Maxwell).  En el artículo seminal, sin embargo, no usa el término “axiomas”, sino “postulados”, para referirse a los que también denomina “principios” (principios cinemáticos fundamentales).  A la “teoría del electrón”, un estructuralista actual la denominaría Modelo Potencial Parcial (MPP) de la Teoría Especial de la Relatividad (TER).

Esta pequeña viñeta de la historia de la física que hemos resumido aquí nos muestra un Einstein diferente al héroe falsacionista popperiano.  Admitamos que el propio Popper tuvo que morigerar su falsacionismo y terminó acuñando esta hermosa expresión: “dosis sana de dogmatismo”, asumida como una cualidad necesaria.  En el episodio narrado no cabe duda que Einstein hizo gala de tal dosis, utilizando para ello la crítica de los datos y la crítica del marco teórico alternativo, como recursos argumentativos.  Esta actitud hasta cierto punto dogmática es imprescindible en la ciencia porque el proceso de contrastación empírica no es instantáneo, sino que se prolonga en el tiempo.  ¿Meses? ¿Años? ¿Décadas?  No hay una regla, simplemente hasta que la comunidad científica agote el asunto.  Esto significa que la evaluación de los modelos de cambio científico es dependiente de la escala de tiempo.  En el tema mencionado del electrón pasaron 11 años, pero por ejemplo en la predicción de las ondas gravitacionales pasó casi un siglo.  Y no se debe olvidar que incluso si el asunto se zanjara negativamente para una teoría, la dosis sana de dogmatismo tiene alternativas como recortar el dominio de aplicación, alterar el “cinturón protector” o proponer hipótesis ad hoc.  Como si fuera poco, las teorías refutadas pueden seguir siendo utilizadas en la práctica si hay ventajas en ello.  Y no sólo en la práctica, también en la teoría pueden ser sacadas de la gaveta histórica para ensayar una versión modificada.  Es lo que sucede con la física newtoniana, ampliamente usada en ingeniería pero también desempolvada para ensayar enfoques newtonianos modificados en estudios cosmológicos sobre la gravedad (hipótesis MOND alternativa a la materia oscura).

*Nota: la “velocidad de la luz en el vacío” es una constante fundamental de la naturaleza, pero no por tratarse de la luz o porque el electromagnetismo tenga un protagonismo especial.  Las ondas gravitacionales, por ejemplo, también se propagan a esa misma velocidad.  En física relativista esta constante fundamental es una velocidad límite que corresponde a cualquier objeto sin masa en reposo (masa invariante).  La luz tiene esa velocidad por el hecho circunstancial, experimental pero no exigido por la teoría, de ser el fotón una partícula sin masa en reposo. 

**Hay que reconocerle a Bucherer a que en 1908 hizo experimentos en los cuales concluyó que su propia teoría estaba equivocada y las equivalentes de Lorentz-Einstein eran consistentes con los resultados.

lunes, noviembre 16, 2020

Reseña de Every Thing Must Go (En defensa del cientificismo)

 Reseña del primer capítulo e introducción del capítulo 2 del libro Every Thing Must Go

El título del Capítulo 1 es En defensa del cientificismo. 

Por Jorge Senior

Diciembre 2019

 

Autores del capítulo: James Ladyman, Don Ross y David Spurret

El subtítulo del libro es Metafísica naturalizada, el cual define su temática mucho mejor que el título.

El libro Every Thing Must Go fue publicado en 2007, tiene 6 capítulos y 4 coautores: James Ladyman, Don Ross, David Spurret y John Collier.  Ladyman y Ross son coautores en todos los capítulos, Spurret es coautor en capítulos 1 y 5, Collier es coautor del capítulo 4.  Los dos autores principales, Ladyman y Ross, son coautores exclusivos del Prefacio (fechado 2006), los capítulos 2 y 3 (que contienen la propuesta específica de matefísica naturalizada) y del capítulo 6 que es la conclusión.

Títulos de los capítulos:

  1.           En defensa del cientificismo (65)
  2.       Realismo científico, empirismo constructivo y estructuralismo (65)
  3.       Realismo óntico estructural y filosofía de la física (60)
  4.       Realismo “exuberante” (Rainforest Realism) y la Unidad de la Ciencia.  (68)
  5.       Causación en un mundo estructurado  (40)
  6.       Conclusión: suficiente filosofía (12)

El capítulo 1 tiene 3 características

  •         Es el único capítulo que contiene una parte “destructiva”, esto es, desata una crítica arrasadora de la metafísica analítica, también apodada por los autores como “metafísica neoescolástica”
  •         Contiene una parte constructiva que anticipa algo de la propuesta de metafísica naturalizada que se desarrolla en los siguientes capítulos
  •         Es también el capítulo en que se aborda el tema de la actitud filosófica o las maneras de hacer filosofía.

Se subdivide de la siguiente manera:

1.1   Metafísica naturalizada

1.2   Metafísica neoescolástica

1.2.1                      -Intuiciones y sentido común en metafísica

1.2.2                      -Metafísica apriorística

1.2.3                      -Metafísica pseudocientífica

1.3   Principio del cierre naturalista

1.4   La primacía de la física (o Principio de Primacía de la Física) (se refiere a la física fundamental, no a toda la física)

1.5   Unidad de la Ciencia y Reduccionismo (un análisis detallado de varios tipos de reduccionismo)

1.6   Nivel fundamental y otros niveles (fundamental: cuántica y relatividad)

1.7   Posiciones, normas y doctrinas (sobre el hacer filosófico)

La propuesta de filosofía científica de Mario Bunge, expuestas en el Tratado de Filosofía Básica (8 tomos 1974-1989) no es considerada en este libro (sin embargo, llegué a este texto gracias a que Gustavo Romero lo cita en varias ocasiones).  Tampoco es mencionado Otto Neurath, a pesar de que fue el integrante del Círculo de Viena que más trabajó el tema de la unidad de la ciencia (del círculo referencian principalmente a Carnap y Feigl).  Otros autores que no aparecen en el índice son Popper y Lakatos, escasamente sale algo de Kuhn, Feyerabend, pero sí Laudan, Poincaré, Russell, Quine, sorprendentemente está Cassirer.

En contraste, los autores manifiestan su cercanía con Bas van Fraasen, Daniel Dennet, Philip Kitcher, D. Lewis y mantienen un debate con el grupo de Stanford (Dupré, Cartwright).

Otros viejos conocidos que aparecen son Nelson Goodman, Ronald Giere, Jerry Fodor, Carl Hempel y Ernst Nagel, Tim Maudlin, S. French, Hillary Putnam, F. Suppe, W. Salmon.  Y no podían faltar clásicos, en especial Hume, Kant, Aristóteles y Peirce.

La filosofía de Ross y Ladyman puede ubicarse en la tradición materialista, pero los autores prefieren el término “naturalismo” al de “materialismo”.

Los dos autores principales resumen el primer capítulo de la siguiente manera:

“El capítulo 1 tiene, en parte, un propósito destructivo.  Se pretende persuadir al lector que la metafísica analítica estándar (o metafísica ‘neoescolástica’ como la denominamos) no contribuye en nada al conocimiento humano y, cuando tiene algún impacto, sistemáticamente tergiversa la significancia relativa de lo que sabemos sobre los fundamentos de la ciencia.  A continuación explicamos y sustentamos nuestra particular forma de naturalismo y nuestra concepción de la relación entre la física y el resto de la ciencia.  Éste es el capítulo más accesible del libro, y es posible que algunos lectores, más enfocados en las actitudes de los filósofos respecto a la ciencia que en la metafísica en sí, no les interese el resto.”

Este resumen no menciona el cientificismo que da título al capítulo y ocupa un lugar preponderante.  Tal cientificismo implica entender (1) la superioridad epistémica de la ciencia, que los autores sustentan sobre una base sociohistórica no exenta de contenido cognitivo y (2) que para hacer buena filosofía en el siglo XXI hay que partir del conocimiento científico actual.  En otras palabras, la buena filosofía es la filosofía científica (en especial en los campos fundamentales de la epistemología y la ontología) (nota: los autores no parecen interesarse de manera explícita en la semántica filosófica, aunque desde luego el análisis lógico y lingüístico se asume como prerrequisito)

En definitiva, la posición que defienden los autores principales enmarcada en una metafísica naturalizada consiste en un “realismo ontico estructural” basado en la física fundamental sobre el cual extienden un “realismo exuberante” (traduzco así el metafórico “Rainforest Realism” que literalmente sería “realismo de selva pluvial”) para sustentar la unidad de la ciencia.  El principio de cierre naturalista y el principio de primacía de la física fundamental actúan como pilares.

 

Capítulo 2: realismo científico, empirismo constructivista y estructuralismo

Realismo estructural parte de reflexiones en 2 dominios: (1) Problemas de historia de la ciencia en torno al abandono de compromisos ontológicos debido al avance de la ciencia (teorías más adecuadas empíricamente)y (2) preguntas que surgen desde el debate entre realismo científico y empirismo constructivista.  Sostendremos que la concepción semántica o modelo-teorética de la representación científica de la naturaleza se ajusta bien con el realismo estructural que propondremos.

El argumento es dialéctico, no analítico.  Una propuesta metafísica es mejor que otra en la medida en que unifica mejor la ciencia actual de un modo más iluminante (virtud de consiliencia).

Nuestra metafísica es una síntesis de empirismo constructivista y realismo científico basada en un verificacionismo peirceano.  El realismo estructural óntico de Ladyman es tal síntesis.

John Worrall introdujo el realismo estructural en 1989 para resolver el problema del cambio teórico para el realismo científico.  El realismo estructural es la visión de que la ciencia describe la estructura de la realidad y que esto es más que salvar los fenómenos pero menos que proveer una descripción verdadera de la naturaleza de las entidades inobservables que causan los fenómenos.

Hay múltiples variantes de realismo estructural en la literatura de filosofía de la ciencia, divisible en 2 grupos (Ladyman 1998): epistemológico y metafísico.  El realismo estructural óntico enfatiza el compromiso con estructura modal objetiva.

El realismo estructural no es sólo una respuesta al cambio de teorías, sino que tiene otras motivaciones relativas a la virtud de consiliencia con relación a diversos problemas de filosofía de la ciencia, y es compatible con todas las teorías científicas actuales. En combinación con la teoría de los patrones reales es posible dar cuenta de leyes, causación y explicación y de la relación entre física fundamental y ciencias especiales.

Orden de argumentación en capítulo 2:  (1) primero revisamos la definición de realismo científico, sus pros y contras, concluyendo que la historia de novedosas predicciones científicas exitosas es la mejor evidencia de cualquier forma de realismo, pero también (2) que la discontinuidad ontológica en los cambios de teorías hace que el realismo científico estándar sea indefendible.  Luego introducimos (3) el estructuralismo científico y repasamos en detalle el empirismo de Van Fraasen.  Estamos de acuerdo con Bas en muchas cosas, incluyendo lo apropiado de la concepción semántica de las teorías, pero sostenemos que un compromiso con la modalidad objetiva es necesario para hacer defendible esta forma de empirismo estructuralista.  Posteriormente introducimos una nueva terminología que será utilizada en el resto del libro y finalmente (4) pasamos a exponer el realismo estructural.  Argumentamos contra el realismo estructural puramente epistémico y concluímos el capítulo introduciendo el realismo estructural óntico y poniendo las bases para su defensa y desarrollo en el siguiente capítulo.

lunes, agosto 19, 2019

El pensamiento racional no es racionalista

En lenguaje coloquial se le llama “racionalista” a cualquier persona que defiende o está a favor de la “razón” o la “racionalidad”, que la prioriza por encima de revelaciones, fanatismos, autoridades, intuiciones, emociones, sentimientos, voluntarismos, etcétera. Por lo tanto es fácil asociar “pensamiento racional” con “racionalismo”. Bien.

Pero el “racionalismo” es también una posición epistemológica o gnoseológica. Así es en filosofía, campo de la cultura al cual pertenece la epistemología o gnoseología como frente específico para atacar el problema del conocer y el conocimiento. Y en este sentido el pensamiento racional no es racionalista. La pareja dialéctica*, esto es, la oposición filosófica al racionalismo, es el empirismo. El pensamiento racional tampoco es empirista.

Sin retroceder a los antecedentes clásicos griegos, partamos del debate del siglo XVII sobre las “ideas innatas” y la “experiencia”. Los racionalistas, como Descartes y Leibniz, defendieron las “ideas innatas” como principios o fundamentos últimos del conocimiento, no en sentido genético, sino entendidas como ideas a priori. El concepto “a priori” no significa “antes de”. El concepto “a posteriori” no significa “después de”. Lo que estos conceptos significan es “independiente de la experiencia” en el caso de “a priori” y “dependiente de la experiencia” en el caso de “a posteriori”. En este último caso, lo que depende de la experiencia tiene que haberse generado, en la práctica, después de la experiencia. De ahí que se mezcle con la idea de tiempo, pero eso es más bien circunstancial. Al depurarse filosóficamente la idea de la pareja “a priori” / “a posteriori”, hay que abstraerse del factor tiempo, que no resulta determinante. Esto se ve más claro si nos enfocamos en el concepto “a priori”, pues “independiente de la experiencia” no significa anterioridad ni que el tiempo sea relevante al caso.

En otras palabras, los racionalistas del siglo XVII eran aprioristas y para ellos el conocimiento era trascendente a la experiencia. Parece un enfoque poco científico, y ciertamente no era muy disruptivo con la escolástica, pero estaba inspirado en la matemática. Usaban el método deductivo a partir de axiomas o “primeros principios” (aunque suene pleonástico), al “modo geométrico euclidiano”, como hizo el racionalista Spinoza con su ética. El problema para los racionalistas era explicar de dónde salían esos axiomas o principios. La solución escolástica era Dios (dios cristiano). La solución cartesiana era psicologista, una especie de “intuición racional” que captaba “verdades evidentes” como el cogito ergo sum. Una solución tan mágica como la escolástica, así que no sorprende que igual se terminara colando la divinidad cristiana. [En mi concepto el iniciador de la Modernidad es Bacon, no Descartes como suelen exponerlo los manuales, pero ese es otro tema].

Los empiristas, por su lado, defendían la tabula rasa y usaban el método inductivo como vía ascendente desde la experiencia a las leyes generales. Era la posición de los filósofos británicos posteriores a Francis Bacon, como Locke o el caso extremo del obispo Berkeley que reducía la experiencia a la percepción, tal cual haría el antropólogo Carlos Castaneda en el siglo XX al narrar sus aventuras con el brujo Juan Matus. El empirismo encajaba mejor con la ciencia empírica, como bien lo indica Isaac Newton en sus Principia de 1687. No es casual que la Royal Society colocara el cuadro de Bacon presidiendo sus reuniones, en las cuales era común que se hicieran experimentos en vivo. Pero la idea de la tabula rasa es tan mítica como las ideas innatas o a priori.

El debate era entonces: Razón trascendente vs los fácilmente engañables sentidos humanos. Ambas posiciones estaban equivocadas. Algunos como Hume o Kant exploraron combinaciones, pero fracasaron porque faltaba Darwin, es decir, la perspectiva de la evolución biológica.

Nota Bene: Sobre el empirista Hume y el apriorista trascendental Kant ver mi artículo La filosofía biopsicologista de David Hume en revista Amauta de Uniatlántico: http://investigaciones.uniatlantico.edu.co/revistas/index.php/Amauta/article/view/657 También está en Academia.edu y Research Gate.


¿Cómo resolvió este problema epistemológico el dúo dinámico de la ciencia y la filosofía del siglo XX y la filosofía científica del siglo XXI?

Con las siguientes ideas:
  • Los axiomas son postulados, no verdades evidentes
  • La lógica y la matemática son ficción, juegos formales
  • La estructura axiomática de una teoría empírica es hipotético - deductiva
  • Lo innato en un organismo cualquiera es producto de la evolución biológica, por tanto el a priori ontogenético es un a posteriori filosgenético. Así que nada es a priori.
  • La observación tiene carga teórica y sesgos biopsicológicos. Un objetivo de la metodología científica, en cualquier ciencia empírica, debe ser perfeccionar la depuración de datos y, a la vez, hacer explícitos sus presupuestos.
  • Los datos tienen la última palabra, pero no son absolutos. Por tanto la crítica de datos exige nuevos datos.
  • No existe un fundamento último del conocimiento, no hay verdades apodícticas, el fundacionalismo ha muerto.
  • No hay Razón trascendente, apriorística. Hay razón animal como función del sistema nervioso central de algunos organismos, no necesariamente humanos. La podemos exosomatizar parcialmente en artefactos lingüísticos y no lingüísticos.
  • No podemos asignarle un valor de verdad a una teoría empírica, pero sí podemos establecer que una teoría es mejor que otra.
  • Las teorías científicas son aparatos conceptuales constructores de modelos; son los modelos, no las teorías, los que se contrastan empíricamente.
  • Dado que el conocimiento no es trascendental ni apriorístico, la epistemología debe “naturalizarse”, esto es, el problema del conocimiento debe abordarse científica y tecnológicamente. Científicamente utilizando biología evolutiva, neurociencia y psicología experimental. También usando disciplinas sociales pues el conocimiento científico es colectivo, no individual. Tecnológicamente desde la robótica e inteligencia artificial. La filosofía es transversal a todo ello.

Todo lo anterior confluye en dos conceptos que actúan como ideal regulador:
  • Rigor lógico
  • Rigor experimental
La ciencia y la filosofía actúan en llave con el objetivo de optimizar el control de calidad del conocimiento maximizando el rigor lógico y el rigor experimental.

Volviendo al tema inicial. Solía decir que la pelea secular de racionalismo y empirismo terminó en empate. Ahora prefiero decir que, cual partido de baloncesto escolar, el empirismo ganó 51 a 49.
Agregando: finalmente el pensamiento racional es racioempirista.

Jorge Senior

Coletilla: al no haber Razón Trascendental, el concepto de “universal” pierde toda connotación racionalista y se torna un concepto empírico que se refiere a una totalidad de facto como, por ejemplo, la especie humana, la humanidad actual, el planeta Tierra o el universo observable.

*“Dialéctica” aquí se debe entender en sentido clásico, griego, no comprometido con la dialéctica marxista o hegeliana.

Límites epistémicos de la historiografía

Ni lo abstracto, ni lo concreto: límites epistémicos de la historiografía

(A propósito de un debate entre historiadores en torno al proceso de mestizaje en América)

No veo cómo un historiador evitaría ser "reduccionista" (léase simplificador) en algún grado (admito que hay grados), cuando la evidencia muestra en el pasado de nuestro proceso de mestizaje latinoamericano, la coexistencia de múltiples discursos (empadronamiento, miliciano, judicial, social, político), variaciones geográficas, variaciones en el tiempo (por lo general graduales pero a distintas velocidades), polisemia, diversidad de estrategias de reconocimiento social y diversidad de escala de actores (como sujetos de esas estrategias) que van desde lo individual o familiar hasta colectivos o comunidades más amplias, identidades reivindicativas e identidades de adscripción, fronteras difusas o que se van volviendo difusas, multidimensionalidad de rasgos caracterizadores para determinar categorías, en fin, una realidad intrincada cuya riqueza o complejidad flexible ya resulta imposible de reproducir a esta distancia temporal (se perdió para siempre la trazabilidad del mestizaje)).

Lo más que se puede hacer es el llamado a la prudencia frente al peligro de la sobresimplificación, pero no hay, pues resulta imposible, una descripción exacta de esa realidad compleja en movimiento. Puedes usar información de los múltiples matices para destruir las versiones simplificadoras pero no puedes reemplazarla por una descripción mejor o más exacta, solo señalar trazos y pinceladas parciales, truncas, fragmentarias, de un paisaje inaprehensible del pasado.

Hay una asimetría entre la eficacia para destruir una determinada historiografía sobresimplificadora que describe el pasado (el proceso de mestizaje en Nuestra América) y la ineficacia o imposibilidad de construir una descripción alternativa más exacta, completa o mejor de ese pasado. Las evidencias destruyen el paisaje sobresimplificado pero nítido de algún pintor anterior, pero el nuevo cuadro es un paisaje fragmentario, incompleto, más parecido a una pintura cubista que a un hiperrealismo. A esto se le podría llamar: los límites epistémicos de la historiografía.

23 de octubre de 2014